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jueves, 1 de junio de 2017

El mundo no se va acabar



Tras el gasolinazo, el PRI acaba de asegurar el tercer lugar en la elección presidencial. Comparado con el incremento gradual de centavos en los últimos años, el nuevo aumento es voraz y rapaz. ¡Todo de un golpe! El aumento a la gasolina ha indignado a las clases medias, tradicionalmente un sector que no se moviliza. Más todavía, ese segmento suele rechazar la política,  y muchas veces, ni siquiera sale a votar. Prefieren los likes en las redes sociales y la crítica en el café. Con eso se conforman. No obstante, el gobierno federal dio buenos motivos para el enojo y la participación. Cosa curiosa. Vivimos en un país donde la corrupción no indigna tanto, porque se asume en plena normalidad. La inseguridad y la violencia, alientan el miedo y la inmovilidad. En cambio, el aumento a la gasolina enciende, y hasta surgen cadenas en el Whats para la protesta. Durante años, el gobierno promovió un subsidio multimillonario para los deciles de la población con mayores ingresos, y ahora que lo quita, todo es malestar.  Los automovilistas asumen que son los protagonistas.  
Con todo, a pesar del aumento desproporcionado a la gasolina, tengo que decepcionarlos: el mundo no se va acabar. Si les resulta difícil aceptar este argumento, recordemos que en un mundo sin gasolina, Beethoven y Mozart compusieron para la eternidad, y por entonces, las grandes ciudades de todas formas se movían. Lo que resulta inaceptable, es el entorno de una crisis económica que ya suma devaluación de la moneda, y por lo tanto, depreciación del poder adquisitivo. No hace falta ser economista del MIT para saber que el dinero vale menos. A eso súmele el aumento de los energéticos: gas y electricidad. ¡Tremenda reforma energética! Ni los políticos que hablaban maravillas de las reformas en 2013, piensa ahora lo mismo.
Pero no es todo, también debemos sumar el aumento de la tasas de interés, y por si fuera poco, un gobierno peligrosamente endeudado que ronda en el filo de la navaja. ¿López Portillo en puerta, o Carlos Salinas de Gortari? A pesar de todo el dinero que el gobierno dilapida en los medios de comunicación para que hablen bien de él, por aquello de que “lo bueno también cuenta”, no pudo ocultar aquellas promesas y spots de la presidencia sobre los “beneficios” de las reformas.  Una y otra vez se repitió el anuncio de Enrique Peña Nieto prometiendo bajas en los precios. 
Por lo pronto, busco un poco de luz ante el duro panorama. Retomo el libro de Dani Rodrik, “Una economía, muchas recetas”, para entender el fracaso de las reformas o la arrogancia de los economistas en el poder. Pero seamos optimistas, la cosas todavía pueden estar peor.
Como secretario de hacienda, José Antonio Meade, habla de un precio competitivo de la gasolina, y al mismo tiempo, quema su candidatura  rumbo al 2018. La fórmula es sencilla. Suben los precios, pero no el salario. Llego a la gasolinera y el despachador despotrica contra los diputados mientras surto unos escasos litros de combustible producto de la especulación previa al primero de enero. “A uno le suben tres pesos de salario, y los diputados, estos hijos de su… se dan bono tras bono”. La economía se divide en dos. La que disfruta la clase política a costa de los ciudadanos. Esa clase instauró una cleptocracia que se turna los puestos, las instituciones y sobre todo, el dinero de los contribuyentes. Por eso el bono de los diputados, va libre de impuestos. Nos dicen que en 2017 sí van a pagar impuestos por el bono. Este año nos van a salir con el 2018 y así sucesivamente. Por lo mismo, la otra economía es para el resto, quienes, mal que bien, aportan el dinero a las arcas públicas. Veamos un ejemplo navideño. A la Comisión Federal de Electricidad, la misma que dirigió el presidente nacional del PRI, un tal Enrique Ochoa, el gobierno la acaba de rescatar en el rubro de las pensiones. Dicho de otro manera, dinero bueno al malo. ¿Qué sería de la comisión, si no fuera una “empresa de clase mundial”?

Con el gasolinazo, el gobierno de Peña Nieto acaba de apuntalar la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, quien ya ofreció perdonar a la “mafia”. Pese a todo, el mundo no se va acabar.
4 de enero 2017 

lunes, 12 de enero de 2015

Mucho gobierno, poco Estado



A nadie le gusta pagar impuestos. Sobre todo cuando se tiene gobiernos como en México, donde siempre queda una sensación de profunda desconfianza, donde con facilidad el gobierno se vuelve sinónimo de corrupción. No sé a ustedes, pero cada vez que pagamos impuestos, me pregunto a dónde va ese dinero. Podemos pensar que a grandes obras públicas, o necesarias inversiones en la educación o salud. El punto viene a colación porque la semana pasada se aprobó el presupuesto billonario del gobierno federal para ejercerse en 2015. El Presupuesto de Egresos será de 4 billones 694 mil 677 millones de pesos. A simple vista la cifra parece ilegible. Tantos números, tantos miles de millones. Según la Secretaría de Hacienda, encargada de extraer rentas a los mexicanos, "se trata de un presupuesto austero, eficiente y responsable, que refleja el compromiso y trabajo conjunto de las y los diputados federales… para impulsar el crecimiento y el desarrollo económico y social del país". Pero dejemos la solemnidad gubernamental, porque si algo demuestran los hechos, es un gobierno incapaz de brindar un auténtico estado derecho, ya no digamos la seguridad, que es la esencia misma del Estado.
Regresemos al presupuesto billonario. ¿Por qué si es tanto dinero, no alcanza? ¿Por qué si cada año se ejerce un mayor presupuesto, hay grandes rezagos en infraestructura? Lo que en principio parece mucho dinero, termina diluyéndose en un gobierno obeso que se va en burocracia y más burocracia. Súmele mala administración, y un excesivo gasto corriente. Para seguir con la analogía de la obesidad, tenemos un gobierno nacional con abundante colesterol y problemas de salud. De entrada el 77 por ciento del presupuesto, se destina al gasto corriente. Es decir, para pagar la operación del gobierno y sus empleados. Sólo el 23 por ciento será gasto de inversión. Esto significa que la gran mayoría del dinero no regresará a los ciudadanos en servicios, obras o atenciones del inmenso aparato gubernamental. Nada más una pequeña parte llegará a los ciudadanos. Por cada peso que capta el gobierno federal, más de 70 centavos nada más para que el gobierno exista, sin importar los criterios de eficiencia o beneficios que generen valor público.
Pero cambiemos de analogía, cuando un gobierno destina la mayoría de sus recursos al gasto corriente, significa tanto como gastar en la borrachera la mayoría del salario, para sólo regresar a casa con un raquítico 20 por ciento. En esa relación de ingresos y egresos del gobierno federal, no hay dinero que alcance para invertir a fondo en áreas estratégicas como la educación o la salud. Mucho menos en seguridad. En pocas palabras tenemos una riqueza nacional mal administrada y mal distribuida: mucho gasto y poca inversión. ¿Para qué sirve un gobierno así?
Recientemente visité la biblioteca de una universidad pública en el norte del país. Lo que más me impactó de esa biblioteca fue la falta de inversión y mantenimiento. Lejos de llevar lo mejor a los estudiantes, la inversión queda relegada o sencillamente no llega. Entonces ¿adónde va todo el dinero? A pagar campañas publicitarias. A pagar obras millonarias que benefician a una minoría. A pagar las deudas irresponsables de los gobernadores. A pagar instituciones disfuncionales o en el peor de los casos, a pagar policías corruptas que se vuelven contra la población. Ya no digamos los líderes sindicales y las dinastías en el poder. O las mansiones de los políticos en turno... Cuando conocemos cómo se distribuye el dinero público, entendemos por qué tenemos mucho gobierno y poco Estado. ¡Así ni cómo!
19 de nov 2014
El Siglo

FUTBOL Y POLÍTICA



O todos coludos, o todos rabones. Sin embargo, hay unos más ciudadanos que otros. Por supuesto no es madre de la caridad, sino empresa privada. La goleada del Santos al Ayuntamiento de Torreón en eso de los impuestos lo dice todo. Para no ir tan lejos, demuestra las prioridades del gobierno.

22 de oct 2014
El Siglo

sábado, 18 de mayo de 2013

#SATHazmeUnParo

3 mil millones de pesos no son nada, cuando de favores se trata. Veámoslo de otra manera. ¿Cuál será el compromiso del Gobierno Federal con Televisa para hacerle semejante favor? ¿Será que finalmente aquellas relaciones entre el entonces candidato a la presidencia y la empresa televisora ahora fructifican?

Hace unos días, con justa razón Juan E. Pardinas recordaba que “la impunidad ha sido un hilo conductor” en México. Se trata de un aspecto tan viejo como vigente en el país. Una serie de casos tristemente célebres alimentan la ignominia. Que si las ladies de Polanco, que si las otras de la Roma, que el profesor ahorrador, o el líder sindical de Pemex que lleva la vida de jeque. Todo eso nos recuerda la insuficiencia del Estado Mexicano y sobre todo, su permisividad hacia la impunidad. Pero más allá de los casos personales, es paradigmático el trato privilegiado que dio recientemente el gobierno federal a la principal televisora del país. El Servicio de Administración Tributaria (SAT) prácticamente condonó a Televisa un crédito fiscal por 3 mil 334 millones de pesos. ¡Casi nada! sólo un pequeño favor para que esté al corriente. La empresa, que bien sabe aprovechar el poder de su medio, se benefició del trato prioritario del SAT. Por cantidades insignificantes en comparación al trato SAT-Televisa, a muchos contribuyentes los persiguen, les generan multas y recargos. No se te olvide un mes, ni tampoco retrasarte un día, porque inmediatamente te caen los cancerberos de hacienda. Pero si alguna lección deja el favor del SAT a la televisora es que unos contribuyentes son más iguales que otros. ¡Y vaya que se nota!

En estos tiempos la indignación corre rápido en las redes sociales. En Twitter por ejemplo, se posicionó una tendencia: #SATHazmeUnParo. ¡Y cómo no! Después de descuentazo a Televisa, no puedo uno menos que pedir el mismo trato. Mal, muy mal anda nuestra política de Estado cuando una empresa doblega las instituciones y de paso, hasta le dan las gracias, pues antes había demandado al gobierno. Para el SAT sólo es una cuestión de eufemismos, por eso emitió un comunicado en respuesta a las críticas, para decir que hay un programa llamado “Ponte al corriente” y que es legal el trato hacia la televisora. De haberlo sabido, dejo de pagar impuestos y buen día digo: #SATHazmeUnParo.

En los próximos meses, seguramente después de la elecciones locales del 7 de julio, el gobierno de Enrique Peña Nieto promoverá una reforma hacendaria para subir impuestos y dotar de más dinero al gobierno. ¿Pero con qué legitimidad pretenden recaudar más mientras conocemos tratos privilegiados? ¿En verdad, así quieren que los contribuyentes cautivos paguen más impuestos?
Dentro de todo nos enteramos cuánto y a quién el SAT privilegió. Pero no se trata de los únicos. Los gobiernos también son consentidos. Recientemente el IFAI ordenó al SAT, revelar los nombres de los municipios y estados a los que regaló el pago del Impuesto Sobre la Renta (ISR) desde 2008. Tal vez sea una pequeña victoria en el reino de la impunidad saber quiénes y cuánto se han beneficiado de estos incentivos perversos que el propio gobierno estimula. Al final, el cargo, los impuestos y hasta las condonaciones a terceros, son con cargo a los contribuyentes. Nadie más paga, nadie más lo soporta.
15 de mayo 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9180645

lunes, 29 de abril de 2013

De impuestos y tenencia

Muchas cosas se dicen de los ciudadanos y del gobierno, pero en concentro, los derechos y sobre todo, las obligaciones nos dicen más de ambos en una democracia. A los ciudadanos nos gustan los derechos, ¡y a quién no! Pero cuando se trata de obligaciones parecemos rehuir. Algo así como ciudadanos a medias. Para recibir estamos atentos, para aportar nos vemos más tarde...
A nadie le gusta pagar impuestos, pero indudablemente, es una condición mínima para el orden del Estado y las instituciones. Mucho o poco, los impuestos, son el dinero público detrás de la mayoría de las obras, los espacios comunes, e inversiones. En ese sentido, hay toda una discusión acerca de la legitimidad de los impuestos, pero en lo que no hay duda, es en la inevitabilidad de los mismos. De acuerdo o no, la obligación de los impuestos es una condición de los ciudadanos. ¿O cómo pensar que se hace el gobierno?

Es cierto, hay unos impuestos más odiosos que otros. Por ejemplo la tenencia, que de unos años para acá se ha puesto de moda quitarla en algunos estados de la República: Querétaro, Durango, Chiapas, Morelos, Puebla, Guanajuato y Jalisco. En otros estados, como en Sonora la promesa no cumplida del gobernador Guillermo Padrés, originó un escandaloso movimiento por la no tenencia. Con menos fuerza, en Coahuila también han surgido grupos en contra de la tenencia. Nada más en Torreón, 18 mil automovilistas han “presentado” amparos contra el impuesto, según declaró Sergio Nava, dirigente de “Sociedad Civil Organizada”.

Uno de los argumentos que dan los quejosos, es la promesa incumplida del gobernador Rubén Moreira, pero aún y cuando la promesa se firme ante notario, ésta no tienen validez para obligar al gobernante. Por lo tanto, es un argumento improcedente.
El líder automovilista da también un argumento económico: “Hemos promovido alrededor de 18 mil demandas de amparo, que equivalen a vehículos que no podemos pagar el alto y excesivo impuesto de control vehicular”. Pero curiosamente entre los amparos están autos de lujo y modelos un tanto recientes. ¿En verdad no pueden o no quieren pagar los impuestos? Regresamos al punto. Derecho: sí queremos usar autos. Obligación: no queremos pagar impuestos por el uso.

Otra curiosidad del argumento económico, supone que es “alto y excesivo impuesto”, pero tener un auto, cuesta anualmente, según el vehículo entre 15 mil y 45 mil pesos nada más en gasolina. Por mucho, varias veces más que la misma tenencia. ¿En verdad no pueden o no quieren pagar el impuesto? A nadie le gusta pagar impuestos, y más con los gobierno que nos cargamos, pero independientemente del gusto, es una obligación del ciudadano. Y si no, ¿con qué cara reclamar luego? Hay quienes han encontrado la salida para evadir impuestos a través del amparo. Pero en el fondo, los supuestos 18 mil amparados, lo que están evitando no es el pago de los derechos vehiculares y la tenencia, sino la corresponsabilidad que implica la ciudadanía. Como su pares, los ciudadanos Onapaffa, lo que promueven los supuestos amparados son versiones de ilegalidad y evasión de impuestos. Tanto gusto encontraron, que hasta se indignan cuando se les cuestiona. En pocas palabras, nada más truhán que promover la evasión con miles de firmas bajo el pretexto de “sociedad civil”.

24 de abril 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9178659

De impuestos en la Corte

De acuerdo a la agenda política nacional, para el verano los diputados estarán tratando la reforma fiscal; léase “aumento de impuestos”. Por lo mismo, es relevante lo que por estos días trata la Suprema Corte sobre los gravámenes, particularmente el impuesto sobre la renta (ISR). Sí, el mismo que las empresas siempre buscan deducir, sobre todo las que tienen presupuesto para buenos abogados fiscalistas y duros contadores. Ya entradas en gasto, algunas empresas hasta pretendían descontar pérdidas en extranjero. Más de 100 amparos interpusieron grandes empresas (olvídense de pequeños e insignificantes contribuyentes) para tratar deducir unos 85 mil millones de pesos. Pero el pleno de la Corte acaba de votar en contra de esas deducciones al ISR, echando abajo los amparos. La decisión es relevante porque la máxima autoridad del sistema judicial sentó un precedente contra esas deducciones. De esa manera, la decisión de la Corte rompió la costumbre de beneficiar fiscalmente a las grandes empresas, cuando estas tuvieron pérdidas por la compra y venta de acciones en la Bolsa Mexicana de Valores. El “beneficio”, por decir un eufemismo, ocasionó que durante años, algunas empresas no pagaran el ISR. ¡Vaya regalo! De cuales estamos hablando: Banorte, Ford, Televisión Azteca, América Móvil, Vitro…

El ministro Sergio Valls resumió el sentido del fallo: “Este tipo de acciones, tiene el costo de llevar a cabo negocios o inversiones y, desde luego, de materializarse, provoca la reducción de la capacidad contributiva del causante… su deducción es demandada por la lógica y la mecánica del tributo” .
Sin embargo, el logro de la Suprema Corte se diluye al mismo tiempo con el despropósito de otro poder del Estado mexicano: el Congreso. El año pasado, los diputados decidieron premiar las finanzas de estados y municipios, su ocurrencia consistió en condonar la mayor parte de sus obligaciones para pagar el ISR. De esa manera, el Congreso les perdonó el impuesto y de paso, se quedaron con ese dinero. Comprendo que el tema de impuestos y obligaciones es árido, pero el fondo es revelador de la profunda inequidad que hay en el país. 

Y ahí, el peor ejemplo, el pésimo incentivo, provine del mismo gobierno. ¡Así ni cómo! Para tal desaliento, mejor valdría derogar ese articulito de la Constitución (el 31 si quieren reír), donde nos dice que los impuestos se deben de cobrar de manera equitativa y proporciona. Si lo derogaran, al menos lo diputados serían congruentes. Pero al promover esos privilegios, los legisladores enviaron un poderoso mensaje a los contribuyentes (tampoco crean que son mayoría en el país): hay ciudadanos de primera, y ciudadanos de segunda. Los de primera se les perdona el impuesto. A los de segunda se le cobra con todo el peso de la ley. Algunas distorsiones provienen de las empresas, y otras, lo cual es peor, vienen del mismo gobierno. A unos meses de que la reforma fiscal se lleve al Congreso y ahí se aprueben más impuestos a los contribuyentes, los legisladores federales tendrían que empezar a corregir estos beneficios. No sé ustedes, pero como contribuyente es indignante la inequidad que se promueven desde las instituciones. ¡Y todavía nos van a subir los impuestos!

5 de abril 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9176878

domingo, 31 de marzo de 2013

Deuda dada, ni Dios la quita


Fuente: ASF, 2012


Literalmente, ya lo endeudado ni quien lo quita. El dicho aplica a la perfección a los estados y municipios del país que se han endeudado, algunos hasta el tope, haciendo inoperantes sus gobiernos. Se tratara del peor de los mundos para los ciudadanos, y del mejor para los políticos: las deudas carecen de responsables. Qué más da que el dinero público fuera saqueado y con el aval conveniente de los bancos; qué más da que las deudas no aumenten la inversión pública ni el valor social; qué más da, si las deudas se convirtieron en sinónimo de fraude institucionalizado.

En el México que por fortuna se nos fue, el problema de la deuda estaba en la federación. Ahí cada sexenio les daba por quebrar, pero esa costumbre institucional cambió a partir de la presidencia de Ernesto Zedillo. En el México democrático, el problema ya no es el gobierno nacional, sino los estados y los municipios. A vergüenza de los coahuilenses, el moreirazo quedó como paradigma de corrupción y deuda en los estados. Actualmente la deuda de los estados y municipios asciende a unos 400 mil millones (ASF, 2012). Y aunque no es un foco rojo, si está en amarillo por la carga que representa para las finanzas locales. Impunemente algunos deben más de lo que tienen.

Fuente: ASF, 2012


En estas circunstancias ¿qué protege a los ciudadanos? ¿cómo fijar límites a quienes comprometen el dinero de los contribuyentes? ¿Cómo defender a los ciudadanos ante deudas descomunales como en Coahuila, Nuevo León, Veracruz, Jalisco, Tamaulipas, Michoacán? (Nótese que el problema no es de partidos, sino de voracidad).    
Hace algunos días, el diputado federal priista Javier López Zavala, presentó una iniciativa de reforma para limitar la contratación de deuda en estados y municipios. La propuesta consiste en reformar los artículos 115 y 117 de la Constitución, es decir, los artículos donde se les puede amarrar las manos gobiernos estatales y municipales. El propósito de la reforma es recuperar en la legislación, la regla de oro de las finanzas: no gastar más de lo que se tiene; no endeudarse más de lo que se puede. 

De esa manera, la reforma propone limitar la deuda a un máximo, homologar los criterios de contratación, transparentar las condiciones e incluso, condicionar el endeudamiento sólo a la inversión pública. En pocas palabras, todo lo contrario de lo que ahora sucede. En el mismo sentido, la Auditoría Superior de la Federación promueve una reforma a la Ley general de deuda pública. Por su parte, el club de los gobernadores, la Conago, ya hablaron de cambios con la Secretaría de Hacienda. ¿Es el fin de la fiesta? Todavía no lo sabemos, pero regresar a los principios básicos de las finanzas, es un paso necesario para ordenar el desastre  y limitar los abusos. Entre tanto, deuda dada, ni Dios la quita.

Milenio 27 de marzo 2013

domingo, 17 de marzo de 2013

Agárrese, vienen más impuestos

Olvídense de “La maestra”, lo que viene son más impuestos. Para nadie es un secreto la debilidad de las finanzas públicas en México. En esencia el gobierno mexicano, ese actor tan odiado a la hora hablar de impuestos, depende de los contribuyentes, y también de los ingresos que obtiene de Pemex. Durante años, esa fórmula generó distorsiones que ahora se consideran derechos: desperdicio de recursos públicos, prebendas a sindicatos, miles de millones a los partidos, y para acabar pronto, el costo de la corrupción.

Al mismo tiempo, los petrodólares inflaron de manera artificial al gobierno, incluso, por encima de su capacidad real de pago. En consecuencia, tenemos un estado obeso que se traduce, entre otras razones, en comisiones inútiles, instituciones ineficientes e insuficientes, gobiernos que generan poco o nulo valor social. Ahí están los municipios como un barril sin fondo. No se diga de los gobiernos estatales… Súmele también una base de contribuyentes que por sí sola, no podría sustentar el tamaño del Estado que tenemos. En esas circunstancias, y después de tantos años de estancamiento, el nuevo gobierno está decidido a trabajar en un reforma fiscal. La noticia es positiva, pero impopular. Retrocedamos un poco la película para evitar sorpresas. Washington,  Centro Woodrow Wilson, febrero de 2011. La mano derecha del entonces gobernador Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray insiste en una conferencia: “el año clave para que México concrete reformas económicas y políticas relevantes será 2013”.

Hoy el proyecto se va amalgamando y por eso el domingo tres de marzo, en la asamblea nacional, el PRI aprobó reformas a sus estatutos para incluir temas como gravar con IVA medicinas y alimentos; mayor apertura y modernización de Pemex. Puntos, hasta antes del elbazo, tabú en el PRI. Previo está el Pacto por México que demanda, si no se quiere quedar en el discurso, recursos de una reforma fiscal. En esa política, también continuará el aumento a las gasolinas porque en el modelo actual, los subsidios son insostenibles. ¿Cuánto más? Hasta llegar a precios internacionales. Mejor ir preparándose.

De esa manera, no hay duda de quien manda en el PRI. Tras la vigésima primera asamblea, los priistas lograron un conceso por unanimidad. Por unanimidad eliminaron candados “obsoletos y dogmas” del programa de acción, estatutos y principios. También eliminaron la frase, “el PRI defenderá la economía popular y no aceptará el IVA en alimentos y medicinas”. Luego de la aprobación, entró Enrique Peña Nieto triunfante al auditorio.

Logrado el consenso entre los priistas, este año podría concretarse la reforma fiscal (con el subsecuente aumento de impuestos) y la reforma en Pemex. Sin embargo, la detención de una intocable como La maestra, parece poco cuando se trata de aumentar impuestos y extraer más recursos de los contribuyentes. Faltan entonces otros influyentes, otros impunes en el gobierno y los partidos, pero también poderes en la iniciativa privada. Hasta entonces, el gordillazo sólo será un caso solitario.

6 de marzo 2013
http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9174211

martes, 15 de enero de 2013

Un paso adelante, un paso para atrás



Sin duda, el eslabón más débil del gobierno mexicano, es el municipio. Al mismo tiempo, es el gobierno más inmediato a los ciudadanos. Por lo mismo, mucho de lo que sucede en las ciudades, tiene su gloria o su tumba en los gobiernos municipales. Para no ir tan lejos, la transición a la democracia se dio de abajo hacia arriba, es decir, de los municipios hacia el gobierno nacional. De esa manera la alternancia primero se cultivó en las presidencias municipales, pero hasta la fecha, la capacidad de ese nivel de gobiernos es sumamente desigual.
 Por un lado tenemos un pequeño cúmulo de municipios con amplias capacidades (hablamos de unos 60 entre dos mil), pero por otro, abundan los municipios con un papel meramente testimonial, inermes para hacer frente a los problemas de la ciudad. Hace varias décadas, en 1983, se fortaleció la capacidad y la autonomía de los municipios a través de la reforma al artículo 115 constitucional. En aquella época fue un avance, pero ahora, el papel de los municipios está rebasado. No sólo por la desigualdad de las instituciones, sino por la calidad de los gobiernos. El tema de la calidad, o si quieren, de eficiencia, parece trivial para muchos alcaldes, pero en contextos de competencia, hacer una buena administración tan solo es un aval mínimo para ratificar el poder. Dicho en otras palabras, hacer una buena administración también es rentable electoralmente.
Así como en los últimos años, algunos gobiernos estatales contrajeron deudas insostenibles, Coahuila es el peor ejemplo, también es común la quiebra financiera en los municipios. Entre deudas y negligencia administrativa, hay casos paradigmáticos como Cuernavaca y Acapulco. Pero la historia no termina ahí, sino empieza con la facilidad de los alcaldes para dejar herencias tóxicas a los ciudadanos, y salvo contadas excepciones, son llamados a cuentas. Al respecto, la ley de contabilidad gubernamental es una respuesta al desorden en los municipios, pero también, es un refuerzo para la transparencia de los recursos, y entonces sí, el llamado a rendir cuentas. 
En ese sentido, es positiva la postura del Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, al negar que rescatarán las finanzas de estados y municipios: “deben tener la capacidad de crear financiamiento, de ordenar sus finanzas, realizar ajustes para disminuir las partidas de gastos y recaudar más impuestos”. 
Pero lo que es un paso para adelante, también es un paso para atrás. El 2012 cerró con un regalo de los diputados federales para continuar con las malas cuentas en los estados y municipios. Aprobaron la condonación de multas y recargos por no pagar debidamente el impuesto sobre la renta ante la Secretaría de Hacienda. Por supuesto, ese privilegio no es para los ciudadanos en general, sino para los gobiernos municipales que reciben incentivos para la ineficiencia.
Bajo esas reglas del juego, es difícil que los gobiernos locales hagan administraciones de calidad, si al final, hay pocas consecuencias para políticos que quiebran, defraudan o sencillamente dilapidan los recursos públicos. Al final, no faltará quien afirme, ¡para eso son las plurinominales!
9 de enero 2013






¿La madre de todas las reformas?



Fórmulas van y vienen. Recetas hay muchas, pero lo esencial el país no parece cambiar: Instituciones anquilosadas, desigualdad, pobreza, impunidad y un mediocre crecimiento económico. Hasta es un lugar común hablar de las reformas para México como alternativa. Piénselo bien, porque si falta de qué hablar, hable de las reformas. Si se trata de esperanza para el país, enuncie las reformas. Si quiere un cambio para México, diga que hacen falta las reformas. En ese discurso casi todo cabe, aunque no se sepa acomodar. En el camino, una lapidaria realidad se encargó de desmitificar el beneficio de otras reformas.

En ese sentido, es apreciable el tono con el José Ángel Gurría, Secretario General de la OCDE, abrió el Foro México: Políticas Públicas para un Desarrollo Incluyente. Ante el presidente Peña Nieto, hizo un llamado para “evitar la complacencia y mantener un sentido de urgencia en el proceso de reformas del país”. Nuevamente, como desde hace 15 años, Gurría insistió sobre las reformas, ya no como opción, sino “absoluta necesidad, indispensable, inaplazable, urgente”.

Para el funcionario de la OCDE, la madre de todas las reformas es la fiscal, es decir, una reforma que dote de más recursos al estado y haga factible el resto de las reformas. Cito un fragmento de su diagnóstico sobre un previsible aumento de impuestos: “Hoy en México muy pocos pagan impuestos y muchos de los que pagan, pagan menos de lo que debieran.

Esto tiene implicaciones no sólo para el funcionamiento y el financiamiento del Estado, sino que explica también, ante la falta de recursos para tener mejores esquemas de solidaridad social, la creciente polarización política y social”. En otras palabras, hay que cargar más la mano a los que ya pagan…

Y claro, así desde el escritorio tiene mucha razón, vamos, hasta es lógico que lo propuesto en el Pacto por México, requiere ante todo dinero de los contribuyentes para darle viabilidad a la política del gobierno. Pero como en otras ocasiones, nuestro gobierno no tarda en dar la batalla fiscal para subir impuestos, aunque no necesariamente procure acortar los gastos, meter a dieta las obesas nóminas o aumentar la eficiencia de los recursos. Hace algunos años nos inventaron el IETU (inclúyase si usted paga impuestos y no es parte de los 29 millones de informales), con el feliz argumento de ayudar a los pobres. Era pues, el impuesto contra la pobreza. Por entonces se dijo que la nueva carga fiscal estaría a prueba por un año… el resto de la historia ya la conocemos.
Pero si hay un programa “social” por excelencia, ese no está Sedesol, sino en el costoso subsidio a la gasolina: ¡ahí no hay pobre que gane!

No es difícil prever que en los próximos meses nuestros legisladores tendrán que aumentar los impuestos si lo que desean es dar vida a las reformas que se pretenden en el Pacto por México.


Posdata
¿Funcionan las reformas? Dani Rodrik ha desmontado el mito reformista en su célebre libro: Una economía, muchas recetas.

11 de enero 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9169334

domingo, 24 de junio de 2012

Las lecciones de México

El domingo pasado fueron las elecciones en Grecia. Esas elecciones importan tanto como las nuestras el próximo primero de julio. Porque nos guste o no, vivimos en mundo globalizado. El sí griego al euro trajo un poco de calma a las expectativas financieras de las bolsas mundiales. En ese mundo, por más pequeño que sea el peso de México, en algún lugar estamos. Lo relevante del caso es que en los últimos años nuestro país tiene un comportamiento ejemplar. Por supuesto que este tipo de noticias no venden, ni tampoco llaman la atención. Pero una lectura cuidadosa deja ver la necesaria tarea que ha hecho nuestro país puntualmente. ¡Y no es para menos! Sobre todo, viniendo de las quiebras de los años setenta. 
José Agustín les llamó a esos sexenios la “docena trágica”. Más cercana en el tiempo, sucedió la crisis de los noventa con todo y que íbamos rumbo al primer mundo. Al final de todo ese marasmo, México consolidó instituciones que lograron estabilidad y cambios políticos sin sobresaltos.

En la actualidad la tendencia es otra. Ahora son las economías europeas son las que están en serios problemas financieros. Sus gobiernos gastaron al por mayor sin importar la deuda pública, ni la estabilidad financiera. El peor ejemplo es Grecia, pero hasta los gringos fueron rescatados por los chinos. Quién dijera por las vueltas que da la historia.

A todo esto, la semana pasada se celebró en Los Cabos, la cumbre de líderes del G 20. Previo al encuentro, José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, declaró: “Europa no viene a este encuentro del G-20 en México a recibir lecciones de democracia o de cómo manejar la economía. Francamente no”.

No obstante el desastre financiero en Europa, al funcionario sólo le quedó la arrogancia. Pero sin proponérselo, hizo un elogio involuntario de nuestro país. Porque si algo muestra el país es la fortaleza y estabilidad de su sistema financiero. Aunque las lecciones no fueron explícitas, ni era necesario hacerlas, México ofrece una gran lección a las economías Europeas e incluso, aunque suene extraño, a los Estados Unidos. Por ejemplo, tanta laxitud en las reglas para otorgar créditos, llevó al estallido de una burbuja financiera envuelta en corrupción


Lehman Brothers se volvió el paradigma.

Tras la quiebra, las reglas bancarias estadounidenses endurecieron sus controles. Igualmente en Europa se promueve con dinero de los contribuyentes, el rescate de los bancos. Dicho de otra manera, las deudas privadas se convirtieron en deudas públicas. En esos casos, el liberalismo económico se suspende convenientemente y nadie se espanta. Muy distinto a la heterodoxa decisión que tomó hace varios años el gobierno de Islandia. Después de un referéndum, los pocos miles de habitantes de ese país decidieron no socializar las deudas a los ciudadanos. El singular país ya se recupera y hasta los tribunales encontraron culpable de negligencia al ex primer ministro, Geir Haarde.

Como país, hay muchas cosas en las cuales debemos avanzar, pero sin duda, la política financiera que se consolidó desde la presidencia de Ernesto Zedillo demuestra que tenemos las bases para fortalecer otras instituciones y ámbitos de la vida nacional. Los retos son muchos y las necesidades todavía más. Pero los elementos los tenemos. Ojalá pronto los hagamos andar.


24 de junio 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9151255

lunes, 16 de enero de 2012

Estimado Gobernador


Rubén Moreira Valdez


por estos días usted nos envía un mensaje a los “estimados contribuyentes”. Como tantos otros ciudadanos coahuilenses, recién recibo la notificación de las obligaciones fiscales por derecho vehicular. Es cierto, enero no sólo es el mes de las fiestas, sobre todo, es el mes de los impuestos. No voy a objetar las obligaciones que como ciudadanos tenemos, porque sencillamente el gobierno se construye con la sociedad, aunque a veces parece desentenderse de ella.

Respetuosamente nos comunica que el Gobierno a su mando, estableció durante el mes de enero, el Fondo para otorgar estímulos fiscales de contribuciones estatales, “en reconocimiento a la acción responsable” de los ciudadanos. Luego nos dice: “Sin duda, el pago oportuno de nuestras contribuciones, permitirá disfrutar de más obras y programas sociales en beneficio de todos los coahuilenses, acciones que se harán de su conocimiento, señalando el destino de dichos recursos, compromiso primordial de mi Administración”.

Así, recientemente se le ha criticado por no cumplir su promesa de campaña de eliminar la tenencia. Pero esa crítica no va al fondo de la cosas. El problema de fondo en Coahuila, y ese el punto que a muchos contribuyentes responsables nos indigna, es que el dinero de las aportaciones  no va a parar en inversión pública o beneficios sociales. Va para pagar una descomunal deuda que todavía no se explica ni se puede explicar. Mejor hablar con la verdad gobernador: el Estado le urge dinero porque ya no le alcanza para cubrir la deuda que dejó su hermano. Un deuda por cierto, que el Congreso “legalizó” en una sola bolsa, como si 5 mil 300 millones de pesos fueran una minucia firmada con documentos falsificados.

Este es el punto que debería decir de frente a los coahuilenses: sus impuestos se destinan a pagar una buena parte de la deuda que se contrató con documentos falsos; al mismo tiempo, sus impuestos pagan la riqueza y buena vida de una red de corrupción que goza todavía de impunidad.  Estimado gobernador, deje la retórica de la “confianza” y “el nuevo pacto social”. Mejor reconozca con todas sus palabras que los impuestos estatales no son para “beneficio de todos los coahuilenses”. Más bien son para beneficios de unos cuantos: los funcionarios que usted conoce del gobierno anterior; los banqueros que también ganaron al tomar como “buenos” documentos apócrifos.  ¡Esos sí que disfrutan!

Responsabilidad no sólo es pagar impuestos, sino que el gobierno a su cargo esclarezca y llame a cuentas a los responsables de un atraco que deja mal parados a los ladrones de banco. Hasta entonces sí hablaremos de confianza y legitimidad, de transparencia y legalidad, de un Coahuila próspero y competitivo. Mientras tanto, pagar impuestos en Coahuila es una obligación que asumo bajo protesta.         


13 de enero 2012
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9094060