domingo, 17 de mayo de 2009

Benedetti


Táctica y estrategia

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.

Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.

Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.

Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos

no haya telón
ni abismos.

Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.

Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

sábado, 16 de mayo de 2009

Política y ciencia


Más por obligación y urgencia, en las últimas semanas en nuestro país, el papel de la ciencia, y desde luego, de los científicos, fue sumamente valorado. La crisis de la Influenza humana replanteó una vez más, los temas que son cruciales para el desarrollo de un país en el largo plazo. Y es que más allá de las dificultades inmediatas del virus, pareciera que nuestras instituciones sólo reaccionan, en un terreno que exige planeación y alto desempeño, inteligencia e inversión. Tal como sugirió el sociólogo alemán, Max Weber, la ciencia exige una vocación distinta a la del político, y quizá por eso, la relevancia del trabajo científico se ve ofuscada por la política, que lo domina todo.

No es casualidad, que los países con mayores niveles de desarrollo, son también los que más invierten en investigación científica. Tanto en los indicadores del Banco Mundial, como los de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), México aparece como el último lugar en incentivos a la ciencia. Dos indicadores al respecto, nos sitúan contundentemente en el atraso: la inversión en investigación y desarrollo; y el número de patentes que logra registrar nuestro país. En el primer caso, en México se destina 0.4% del Producto Interno Bruto (PIB) al desarrollo de investigación científica. En el otro extremo se encuentran países como Suecia con 3.8% de inversión; Finlandia, 3.5%; Japón, 3.4% y Corea del Sur, 3.1%. El promedio de los países que integran la OCDE, refleja un 2.3% de inversión del PIB, como bien lo muestra el estudio “Regions at a Glance”, publicado el 23 de marzo de 2009.

El segundo indicador tiene que ver con las patentes registradas en el país, es decir, el número documentos en que oficialmente se le reconoce a alguien una invención y los derechos que de ella se derivan. En un bloque de treinta países, México registra tan sólo 2 patentes anuales, por cada millón de habitantes. En contraste, Finlandia registra 271 patentes anuales; Suecia 270; Suiza 275; y Dinamarca 208; tan sólo por mencionar los primeros lugares.

Después de recorrer estas cifras, uno puede entender por qué el único premio Nobel mexicano en el área de la ciencia, Mario Molina, desarrolló sus trabajos de investigación en los Estados Unidos. No obstante, a pesar de las limitantes con las que cuentan los científicos mexicanos, durante la semana, se difundió la buena noticia de que en el Instituto Nacional de Medicina Genómica, se logró descifrar el mapa del genoma mexicano. En otras palabras, la investigación realizada por los científicos mexicanos, y conducida por el Dr. Gerardo Jiménez Sánchez, permite conocer el genoma humano o el número total de cromosomas que tiene el cuerpo, los cuales son los responsables de la herencia. En este sentido, el valioso estudio, permitirá conocer qué enfermedades podrá sufrir una persona en su vida, pero también generará mejores estudios clínicos para el tratamiento de diversas enfermedades, incluyendo la Influeza.

Sin lugar a dudas, esta aportación de la ciencia, traerá beneficios para el país. En consecuencia, habría que cuestionar severamente cuáles son los beneficios de la política y los políticos en México, porque entonces, en la práctica, estamos desperdiciando valiosos recursos en la política, los cuales sólo reditúan a unos cuantos. Por ejemplo, es inaceptable, que los gastos de las elecciones sean equiparables a los de la Secretaría de Salud. Mientras la institución de Salud ejerce un presupuesto de 17 mil millones de pesos, el IFE, el TRIFE y los partidos políticos ejercerán este año, 17 mil 689 millones para gastos electorales. Bastante mal está un país que derrocha millonarios recursos, en actividades de poca utilidad pública. ¿No sería mejor invertir en ciencia y tecnología con miras al futuro, con miras a un país mejor, en vez de estar derrochando el dinero de los contribuyentes en causas de dudosa utilidad?

lunes, 11 de mayo de 2009

Después de la Influenza

Lo más cercano es lo más invisible. Y así sucede con muchas situaciones de la vida pública en el país. Por ejemplo, ciertos problemas diarios que están ahí tan presentes, tan cercanos, tan inmediatos, terminan por no ser vistos. El deterioro de la infraestructura urbana, el desastre de la instrucción pública con su productivo sindicato, el fracaso de la seguridad pública, la pobreza, por mencionar algunos. Algo similar ocurre con los anuncios del IFE, que tras el bombardeo indiscriminado, donde se satura el espacio con los mensajes, terminan por ser ignorados. Pero regreso al punto sobre las percepciones.

En estas semanas, y sobre todo, a partir de la crisis de la Influenza humana, pareciera que de pronto, como por arte de magia, desaparecen otros problemas que afectan a la sociedad. La forma en que percibimos por estos días, puede ser sumamente parcial e injusta, incompleta y tergiversada. La alarma y el temor generados por el virus de la Influenza, impactaron mediáticamente, pero al mismo tiempo, la amenaza viral ha estado tan presente como preocupación en muchas personas, que se nos olvida otros problemas no menos graves y profundos, entre ellos el de la seguridad. Si de muertos se trata, la crisis de inseguridad es implacable. Derivado de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, pero también de la pelea violenta por el dominio del territorio, el número de muertos desde el 2006, no ha dejado de crecer. Y las cifras se mantienen a tal grado, que diariamente se contabilizan en promedio, más de 10 muertos diarios.

Tan sólo el año pasado, se registraron más de 6 mil asesinatos, lo que representa por mucho, más de lo que ha cobrado el brote de Influenza. Con esto no quiero desestimar la gravedad del virus, y las complicaciones que esto representa para las personas, los países y la economía. Sin embargo, ya es hora de volver a recodar nuestro entorno y reconocer que las circunstancias cotidianas, vienen arrastrado añejos y profundos problemas. Durante la semana, en nuestro entorno cercano, nos fuimos enterando de algo que ya parece parte de nuestra “normalidad”: asaltos bancarios a mano armada en Torreón; policías detenidos en Gómez Palacio por cometer graves actos de asociación delictuosa; y finalmente, cinco policías más detenidos en Satillo por presuntos delitos de secuestro y robo.

En realidad, más allá de la Influenza, el panorama nacional está plagado de casos como los que antes mencionaba, y no obstante, en el juego de las percepciones, la Influenza lo desplaza todo, incluso, la incompetencia de los políticos. Pero ¿qué va a suceder el día de mañana, cuando la Influenza sea a su vez desplazada y finalmente controlada? De alguna manera u otra, en el pasado la sociedad se las ha arreglado para convivir con los virus, tan inherentes a la naturaleza, pero otras problemáticas cuyo origen es social y no natural, plantean retos y dificultades distintas.

Por lo pronto, dos factores generales alientan esta situación de inseguridad: el primero tiene que ver con la impunidad, y en consecuencia, la ausencia normal de un estado de derecho, donde el imperio de la ley es una práctica asumida por la sociedad. Segundo, el estancamiento económico de las últimas décadas ha producido generaciones pauperizadas, que luego, con facilidad, engrosan las filas de la ilegalidad. Dicho de otro modo, sin riqueza y bienestar económico, los principios de la democracia pierden sentido.

¿Qué más necesita la sociedad para entender esto y en consecuencia actuar? ¿Cuándo tocaremos fondo, para entonces sí, mejorar nuestro presente y construir un futuro deseable? Por lo pronto, son las reacciones superficiales, las que siguen alimentado nuestras percepciones, mientras el fondo, nos resulta inadvertido.

9 de mayo, 2009
El Siglo de Torreón

sábado, 2 de mayo de 2009

Influenza nuestra



Nos llueve sobre mojado. Esa parece ser la percepción generalizada de la población, tras la crisis de seguridad, tras la crisis económica mundial, y ahora, una crisis más en la salud. Pero más allá de la percepción, lo cierto es que una y otra, y ahora este Virus renombrado como Influenza Humana (A H1N1), golpean de verdad nuestro entorno. En otras partes del mundo, la situación tampoco difiere mucho, dado los reportes recientes de la Organización Mundial de la Salud (consúltese en la web oficial: who.int/es), y la auténtica pandemia en la que se ha convertido la gripe. Hasta ayer, según el reporte actualizado del organismo internacional, se había notificado oficialmente 331 casos de infección humana en once países.

El Gobierno de los Estados Unidos de América había registrado 109 casos humanos confirmados por medio de análisis de laboratorio, uno de ellos mortal, y en México otros 156 casos humanos confirmados, 9 de ellos mortales. También se notificaron casos confirmados mediante pruebas de laboratorio, ninguno de ellos mortal, en los países siguientes: Alemania (3), Austria (1), Canadá (34), España (13), Israel (2), Nueva Zelandia (3), Países Bajos (1), Reino Unido (8) y Suiza (1).
A la par de la pandemia, hubo otra que rápidamente se esparció: los rumores, las especulaciones, las opiniones irracionales, e incluso burdas y elaboradas teorías de la conspiración, tan presentes entre nosotros desde el “compló”.

De la noche a la mañana, rápidos “expertos” en epidemiología, brotaron como virus en correos electrónicos, para dar sus argumentos de conjuras, complots y conspiraciones político-electorales, económicas, internacionales, e incluso hasta terroristas. En todo esto, lo menos que se pueda aplicar es una obligada crítica, un sano escepticismo, no para descreer o desestimar irresponsablemente, sino para dimensionar la gravedad misma del problema, y en consecuencia actuar.

Al respecto, hay que reconocer la acertada actuación del Estado mexicano en general, y no solamente del gobierno a secas. Si algo hemos visto por estos días, es la decisión vertical, puntual y clara de las autoridades. Incluso, por raro que parezca, la auténtica coordinación entre los diferentes órdenes de gobiernos, más allá de partidos y competencias. En consecuencia, el Estado no escatimó en cerrar lugares, limitar tránsitos y parar labores en escuelas y comercios. Quizá algunos vean esto con desconfianza, como bien lo mostraron las encuestas de María de las Heras y las del Gabinete de Comunicación Estratégica, donde un 30% de la población considera que el gobierno oculta información. Sin embargo, las fuentes de información internacional han venido a confirmar la que oficialmente se difunde en el país. La otra parte, la que nos toca a los ciudadanos, también ha respondido inmediatamente, no solamente por el temor, sino también por la prevención, y aunque la medida no es tan efectiva como se cree, el uso cubrebocas, se ha generalizado como signo de participación.

Por otro lado, hay que recordar que el mismo Estado que hace varias semanas era señalado como “fallido”, ahora responde sólidamente como institución. Y justamente, este es el sentido de institución pública que quisiéramos ver los ciudadanos, no solamente en casos de excepción o contingencias como la presente, sino todos los días en los servicios que presta el Estado, en la calidad del gobierno y sobre todo, en la responsabilidad pública para con los ciudadanos.

2 de mayo
El Siglo de Torreón

sábado, 25 de abril de 2009

Política, valores y cultura



La democracia es ante todo, una práctica, un ejercicio que se asume cotidianamente. A casi 100 años de la llamada Revolución, nuestro país ha tratado de buscar un lugar en los principios democráticos escritos en la Constitución. No obstante de las luchas, los esfuerzos y hasta la esperanza en un futuro mejor, la práctica de la democracia es algo que no termina de cuajar bien en México. Aunque sí hemos avanzado en aspectos importantes, como pasar de repartirnos el poder a balazos, sangre y fuego, para organizar elecciones de manera pacífica y a través de las instituciones. Ya lo decía el filósofo Karl Popper, la democracia es un sistema que permite trasmitir el poder sin derramar sangre.

Sin embargo, la democracia no se agota, ni es solamente el voto mismo. Más bien, la democracia exige una práctica constante de valores como la libertad, la tolerancia, la confianza, la participación, la solidaridad entre los ciudadanos y la legalidad, por mencionar los principales. En su conjunto, estos valores representan la cultura cívica o la cultura política de una sociedad, en tanto costumbres, prácticas y formas de hacer. Los grandes sociólogos y politólogos del pasado, como Maquiavelo, Tocqueville o Montesquieu, carecían de instrumentos para medir esos valores. Sin embargo, recurrían a la historia, la observación, y finalmente, a la sabiduría para describir a los pueblos y su relación con la política, entendida esta como espacio público, es decir, responsabilidad común. En la actualidad, las formas y los métodos para conocer a la sociedad han cambiado, y se recurre a estadísticas y encuestas para conocer el perfil de la misma.

Desde el año 2001, la Secretaría de Gobernación, ha realizado un formidable estudio para conocer las prácticas de los mexicanos en relación a la democracia, y justamente la semana pasada, se divulgaron los datos de la cuarta Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (ENCUP). ¿Cómo viven los mexicanos la democracia? ¿Qué piensan de la política y los políticos? ¿En quién confían y cómo participan?

En general, los resultados del estudio son preocupantes, y en buena medida reflejan la profunda insatisfacción de los ciudadanos, ante su sistema político, pues a pesar de aprobar la democracia, los mexicanos no logran encontrar resultados claros y contundentes. Peor aún, los logros que se habían obtenido con tanto esfuerzo en el pasado, como la garantía de elecciones limpias, se perciben ahora con una profunda desconfianza. Para traducirlo en números, presento los resultados más significativos:

3 de cada 10 mexicanos está insatisfecho con la democracia. El dato es tajante, y revela la disfuncionalidad del sistema político y sus principales operadores en los partidos. Lo que significa que 7 de cada 3 respondió tener poca o nada de confianza en los partidos políticos. Aunado a que 3 de cada 4 encuestados expresan que los diputados y senadores toman más en cuenta sus propios intereses o los de sus partidos al elaborar las leyes. Sólo 1 de cada 10 ciudadanos cree que los funcionarios públicos toman en cuenta los intereses de la población.
Y entonces, ¿en quién confían los mexicanos? Confían en la familia, los médicos, el ejército (ahora tan presente), la iglesia (¡a pesar de los pederastas!), pero no así en los sindicatos, la policía, los partidos políticos, los senadores y los diputados, quienes invariablemente suelen ocupar con orgullo el último lugar.

En cuanto a la legalidad, el 64% considera que la ley no se respeta en México, y por si fuera poco, cuando se logra aplicar, el 68% de los mexicanos considera que se aplica para beneficio de unos cuantos.
Pero no deseo culpar de todo a los políticos y los partidos, porque finalmente estos actores de poder, emanan de la sociedad misma. Y si han hecho y deshecho, es porque del otro lado, existe una sociedad abúlica, desinteresada, irresponsable y poco participativa, que en la práctica permite y solapa esta situación. Entonces, nos encontramos en un círculo vicioso: ciudadanos apáticos, políticos cómodos.

Detrás de los números, se evidencia una sociedad pasiva que reclama derechos, pero rehúye obligaciones. A pesar de que la política nos influye a todos, puesto que los políticos toman las decisiones públicas más importantes que nos afectan para bien y para mal, 63% de los mexicanos le interesa poco y nada la política, a tal grado que un 66% de la población no le interesan las próximas elecciones para elegir diputados federales el próximo 5 de julio. Por eso, el 64% no sabe siquiera, cuánto dura un diputado en su cargo. En consecuencia, un apabullante 66% cree que las elecciones en México no son limpias.

Si hablamos de la participación ciudadana, los datos no son menos preocupantes. 3 de cada 4 no considera asociarse o colaborar con otros ciudadanos para resolver un problema que afecta a la comunidad, y 95% ni siquiera considera acudir a los representantes populares (diputados y los senadores) para atender una problemática. Llama la atención, a propósito de la inseguridad, que 78% de los mexicanos considera que es el gobierno quien debe solucionar los problemas, y sólo un 16%, piensa que la sociedad es corresponsable. En conclusión: Se buscan ciudadanos ¿Usted es uno? Porque el país, si avanza, no será por los políticos, sino por los ciudadanos.

martes, 21 de abril de 2009

Carne de cañón

Sea en Sinaloa o Michocán, o casi en cualquier parte donde el narco a penetrado como profunda raíz, la presencia de los jóvenes y adolescentes, marca también la estela de muerte y violencia

que imponen los tiempos. Las fotografías muestran a una muchacha de 20 años con apellido de pedigree; Beltrán. Segura, tranquila e impresionatemente armada.

La otra fotografía no es menos reveladora de los ejércitos de jóvenes y adolescentes -¿también debemos incluir niños?- que soportan las estructuras del crimen bien organizado. Dos de 13 años y uno más de 17 evidencian décadas de abandono e inequidad. Ante una economía estancada desde los años ochentas, ¿tienen los jóvenes de México otra alternativa?


sábado, 18 de abril de 2009

Tula


Más ligado a la corrupción y el atraso, el petróleo en México es nuevamente, el centro del tan añorado “desarrollo”. Si antes fue la “administración de la abundancia”, ahora toma la forma de soberanía y defensa del petróleo. Pero después del debate, vino la reforma petrolera en el Congreso, la cual fue presentada como una reforma energética, no obstante de basarse solamente en el petróleo. A final, el proyecto del presidente para abrir PEMEX a la inversión extranjera, terminó bajo el esquema actual donde el Estado asume todos los costos, incluyendo el de la corrupción. Y mientras los gobernadores de Puebla a Campeche, y de Tamaulipas a Hidalgo, peleaban la magna inversión del gobierno federal para construir una refinería, en la semana, el director de la paraestatal, Jesús Reyes Heroles, dio a conocer, como en los concursos televisivos, que la ultramillonaria inversión sería en Tula, Hidalgo.

9 mil millones de dólares será el monto de la inversión del gobierno en la nueva refinería, la cual se estima un tiempo de construcción de entre cinco y seis años. Pero ¿qué representa la nueva refinería? ¿Será una opción de largo plazo para el país? ¿Tendrán mejores beneficios los consumidores? Más aún, ¿beneficiará la refinería el desarrollo general de México?

Parece que la historia se repite para mal. Las inmensas expectativas que se tienen de la nueva refinería, habrá que dimensionarlas en las circunstancias que rodena el origen, destino y aplicación del petrodinero que administra el Estado y el infaltable Sindicato al mando de Romero Deschamps.

Por otro lado, no hay que perder de vista otras peculiaridades económicas del caso mexicano, porque cuando se termine la refinería, probablemente su producción no será suficiente para sustituir las importaciones de gasolina que consumimos actualmente, y por el contrario, para cuando transcurran esos cinco o seis años, las importaciones habrán aumentado más. En este sentido, surge la duda sobre la pertinencia económica, el retorno de inversión y el criterio por el cual el Estado gastará 9 mil millones de dólares.

Ahora bien, si se quiere ver el proyecto como una oportunidad para aumentar el empleo y al mismo tiempo, generar un impacto anticíclico sobre el efecto de la crisis económica, como bien puntualiza el economista Enrique Quintana, el resultado será irrelevante. En el primer caso, porque a pesar del empleo directo que genere la inversión, cuando concluya, tendrá una planta laboral con poco más de mil empleados. En el segundo caso, el tiempo de obra estimado para construir la refinería, no coincide necesariamente con el momento de la crisis, porque cuando concluya, estaremos en otra etapa económica.

Pero si pensamos en el largo plazo, no deja de sorprenderme la paradoja que representa la refinería, porque mientras en México le apostamos con todo al petróleo como si fuera éste una fuente ilimitada, en otras partes del mundo están generando las condiciones para no depender del mismo. Por ejemplo, un país árabe como Qatar, ha decidido impulsar como política de Estado, la inversión del petrodinero en proyectos educativos de alto nivel, como una forma de construir un futuro, donde las reservas del petróleo ya no serán importantes.

Y bien lo escribió Denise Dresser (Reforma, 26-III-07): “El petróleo puede idiotizar a un país. Puede volverlo flojo, complaciente, clientelar, parasitario. Más interesado en vender barriles que en educar a su población. Más centrado en la extracción de recursos no-renovables, que en la inversión en talentos humanos. Más preocupado por distribuir la riqueza entre unos cuantos que por generarla para muchos”.

En vez de hacer una reforma a fondo, el Estado mexicano prefiere seguir financiado su gasto corriente con un recurso no renovable. En vez de invertir con seriedad en la educación –no en el Sindicato–, el gobierno decide construir una refinería.

¿Cuándo construiremos el futuro? ¿Por qué no cultivamos y desarrollamos otras formas de energía sustentables? Pero al mismo tiempo, ¿por qué no aprovechar mejor ese petrodinero para hacer un país más equitativo?

Para muestra, hay que ver cómo los españoles en nuestro país, generan energía a través del viento en el Estado de Baja California. Otro ejemplo de alternativas, lo encontramos en el ejido Batopilas, ubicado en el municipio de Francisco I. Madero, donde la comunidad adoptó un esquema sustentable para producir energía y hasta dinero de los excrementos de las vacas. Formas, caminos e innovaciones los tenemos, pero el desarrollo del país, en vez de verse impulsado por el petróleo, lo tiene como un obstáculo.

16 de abril 2009
El Siglo de Torreón