lunes, 29 de abril de 2013

Electorero

Se acerca el tiempo de elecciones, y con ello, viene todo tipo de sucesos, disputas, ánimos y hasta declaraciones insólitas. Pero no perdamos de vista que se disputa el poder. Nada más, ni nada menos. Todo lo demás es accesorio: “mejorar la ciudad”, “servir a los ciudadanos”, “arreglar las condiciones…” Así, lo que se dice en campaña trata de endulzar los oídos de los electores, cuando en realidad lo que mueve es la búsqueda del poder.

El próximo 7 de julio habrá elecciones para renovar ayuntamientos y diputaciones locales en los estados de Aguascalientes, Baja California, Coahuila, Durango, Chihuahua, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas. Sólo habrá un proceso electoral de gobernador en Baja California. A pesar de las diferencias, en cada elección hay ciertos comportamientos que se repiten. Algunos recursos son tan predecibles, que hasta forman un patrón. Por ejemplo, hay una palabra casi mágica que resume los tiempos electorales: electorero. La usan los opositores cuando el partido en el gobierno hace tal o cual acción: la repartición de despensas son con uso electorero. La usan los gobernantes, para descalificar los ataques de sus oponentes: esas críticas son electoras. En el Manual de arte política, hay varias definiciones de electorero. Dícese de la sospecha del uso de recursos públicos para beneficiar al partido en el poder. También se define como la costumbre bien arraigada entre la clase política de aferrarse al gobierno. Otra acepción sugiere la acción y efecto para defenderse de los ataques de la oposición. En cada elección la palabra se multiplica. De un lado y de otro todo es electorero. En consecuencia, toda campaña política implica lo electoral y lo electorero. No hay diferencia, por más que las formas de corrección política se empeñen en las buenas costumbres. Entonces, electorero es el refugio de los lugares comunes. Vayamos a algunos.

Electorero: salida fácil y económica para descalificar las críticas a cualquier gobierno. Al mismo tiempo, es toda señalamiento que se hace en la antesala de las elecciones. Como en la mitología, los tiempos electorales lo reaniman todo, y también todo lo justifican.
El Manual de arte política recomienda una defensa pragmática: Si usted no tiene cómo justificar su incompetencia en el cargo público, diga que se trata de una maniobra electorera para descalificar a su gobierno.

En la versión opuesta, si está en la oposición y carece de argumentos, diga que los programas ____________ (anote el de su predilección), son electoreros.
Por el contrario, si ya no aguante más la maledicencia de los medios a su gobierno, diga que se trata de una insidiosa campaña electorera.
Sin importar el cargo que ocupe en la federación, el gobierno estatal o en algún municipio, escúdese en una sola palabra: electorero.
Si lo sorprenden repartiendo despensas, no se enoje, sólo diga que se trata de una maniobra electorera. Las despensas al fin, son un programa social.
Si graban a sus colaboradores administrando los programas sociales, diga que son ardides electoreros.
Si está en la oposición, denuncie todo lo que haga el gobierno por tener fines electorales. Si está en el gobierno, salve su ineficiencia con una palabra: electorero. No lo olvide, e-l-e-c-t-o-r-e-r-o lo arregla todo.

21 de abril 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9178388