domingo, 26 de junio de 2011

Deuda y más deuda

fuente: aregional, índice 2011

Revelador que a estas alturas de la campaña el IEPEC pretenda organizar un debate. Hasta ahora la acción más visible del instituto fue repetir ad nauseam la imaginativa campaña de promoción del voto. Pero los debates sólo son un dimensión de la campaña, en ocasiones pueden ayudar a definir una elección, Kennedy fue el modelo histórico. En general el debate es común en las agendas de los candidatos. Recientemente en el Estado de México presenciamos varios debates organizados por la autoridad electoral y otros más fueron convocados por los medios de comunicación. La confrontación directa entre los candidatos no alteró la tendencia electoral. En Coahuila, ante la ausencia sistemática del candidato priísta, Rubén Moreira, hubo debates a medias. Aunque en la última recta de las elecciones, el Instituto Electoral anunció un encuentro para el lunes. Veremos.

En el camino los candidatos han prometido de todo, incluso han entregado “atractivas” tarjetas. Sin embargo, al “qué” de la oferta política se olvida añadirle el “cómo”, y ya no digamos el “cuánto”. En este sentido, más que declaraciones individuales, hacen falta confrontaciones directas sobre un tema que nos debería ocupar a los contribuyentes: la deuda pública del estado.
En principio que un gobierno contrate deuda no debe alarmar, dado que es un mecanismo normal en la finanzas públicas. Y en ese punto tiene razón Rubén Moreira al hablar de inversión y desarrollo. Lo que en realidad hace ruido es el ritmo abrupto de la deuda que ya ronda los 8 mil millones y quién sabe en cuánto más podría terminar… En su último informe (7 de junio, 2011), Standard & Poor's bajó la calificación de riesgo crediticio por considerar que “la política financiera del estado es poco clara y la difusión de su información financiera es parcial”.

Meses antes (abril 2011), Fitch llegó a una conclusión similar y también bajó la calificación crediticia por “los altos niveles contratados de deuda bancaria de corto y largo plazo tanto del Estado como de sus organismos descentralizados; así como por la falta de claridad en sus políticas y prácticas administrativas en los temas de endeudamiento actual, futuro, y su registro contable”.

En tiempos de transparencia, las resistencias son el pan de cada día. Así, en el Índice de Transparencia y Disponibilidad de la Información Fiscal de las Entidades Federativas elaborado por la consultora aregional, se mide con regularidad la disponibilidad y calidad de la información fiscal generada por los gobiernos estatales. En vez liderar posiciones, el gobierno estatal se empeña en ocupar lugares mediocres. No sólo hay negligencia ahí, también la falta de contrapesos coloca al estado en una posición muy cómoda. 
Durante las últimas semanas las sospechas de corrupción ha generado más dudas sobre el manejo de los dineros públicos en el estado y la defensa de los funcionarios parace limitarse “a los tiempos electorales”. Me temo que estamos ante una historia más de impunidad donde los ciudadanos parecen espectadores.

Marcador Twitter
Anaya, 8 374 seguidores. Moreira, 14 119.

26 de junio, 2011

viernes, 24 de junio de 2011

Diálogo Calderón-Sicilia 1

   

   
   
Modificado por Joombly
   

   

Diálogo Calderón-Sicilia 2

   

    
  
Modificado por Joombly
    

  

Diálogo desde el Castillo

fuente: presidencia.gob.mx
El diálogo inició con un silencio. El encuentro fue honesto, necesario, crítico. Habló Javier Sicilia, habló Julián Le Barón, hablaron otras víctimas, entre ellas una madre de Torreón partida por la desaparición de su hijo. Ahí estaban los secretarios, la procuradora, el presidente Felipe Calderón. No creo, como quienes quieren ver todo fracasar, que el encuentro se convirtió en un monólogo. Ahí estaban frente a frente, viéndose lo rostros, acaso con la esperanza de ver, que de todo esta desgracia se pueden sembrar tiempos mejores. Bien el presidente, bien Sicilia como representante de muchos que no tienen voz. Hubo respeto, también claras diferencias.

El poeta demandó una disculpa al presidente por los cuarenta mil muertos de la “guerra”. También llevó a la mesa varios puntos como la petición de crear una Fiscalía Social de la Paz; hacer una ley de atención y protección a las víctimas; cambiar el enfoque militar de la estrategia a un sentido social para atender el problema desde la salud pública; despenalizar el consumo de algunas drogas; crear la figura del auditor externo de la Policía Federal; aumentar los recursos destinados a la educación, tanto o más como los destinados a las instituciones de seguridad y acabar con los privilegios del Sindicato de la Educación; finalmente, la reforma política.

La respuesta del presidente comenzó como un “me duele” y recordó los casos de tantos policías y ciudadanos inocentes que han perdido la vida a manos de los criminales. Calderón aceptó el perdón, pero también, en un tono de regaño le contestó a Sicilia: “Y coincido en que debemos pedir perdón por no proteger la vida de las víctimas pero no por haber actuado contra los criminales que están matando a las víctimas, eso definitivamente es un error y en eso, Javier, sí estás equivocado. Sí, sí es de pedir perdón por la gente que murió a manos de los criminales, por no haber actuado contra esos criminales.Pero si de algo me arrepiento en todo caso no es de haber enviado fuerzas federales a combatir criminales que nadie combatía por miedo o estaba comprado con ellos”.
Durante el diálogo hubo razón de las partes y la crítica no estuvo ausente. Pero a estas alturas, lo que ya no podemos hacer es culpar al gobierno en la persona de Calderón. La responsabilidad en este tema es corresponsabilidad, y ahí los gobernadores, los presidentes municipales, los jueces, los ministerios públicos han llegado tarde.

¿No así los ciudadanos? Para decirlo con otras palabras: nos quedan a deber, y mucho. Pero igualmente como sociedad hay incuria, desprecio por lo público, tolerancia a la corrupción.
Quizá el día de mañana el presidente Calderón sea recordado como el presidente de la violencia y la guerra contra el crimen. Pero entonces, más allá de las conocidas mentadas al ejecutivo ¿cuándo será depurado el sistema de justicia? ¿Cuándo se responsabilizará a los jueces y ministerios públicos por el fracaso de la seguridad? ¿Cuánto más debemos esperar para que los legisladores desde el Congreso impulsen un cambio institucional?
La respuesta no está en los políticos, sino en una sociedad que no se decide a cambiar. 

24 de junio 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/8981046

miércoles, 22 de junio de 2011

Más escándalos

Considerado el segundo a bordo en la presidencia, el funcionario movía importantes relaciones. Con el tiempo su fortuna creció generosamente y también su influencia. Hacía las veces de vicepresidente como jefe del gabinete, lo cual le demandó tiempo completo, pero eso no impidió que encontrara el espacio para fructíferos negocios privados. A pesar de que la suerte le sonreía, las cosas cambiaron abruptamente, lo cual nos recuerda que hasta el más poderoso puede encontrar límites.

El florentino decía: la política es como la rueda de la fortuna, hoy estás arriba, mañana abajo. Por eso, después de la publicación de una investigación fue evidente que el patrimonio personal del influyente funcionario se multiplicó notablemente. Para ser exactos: 20 veces en los últimos cuatros años. A fin de disimular su fortuna, el político utilizó testaferros para ocultar su patrimonio, lo cual no impidió conocer la ruta del dinero. Tras el escándalo, el poderoso funcionario tuvo que renunciar y a su jefa no le quedó más recurso que echarlo del gobierno.

Desde luego esta historia suena conocida en México, pero ¡no!, se trata de Brasil. El escándalo de corrupción ventilado hace algunas semanas, manchó al gobierno de Dilma Rousseff y terminó con la caída del ministro brasileño, Antonio Palocci, el mismo que desde el poder aumentó su patrimonio por veinte.
En los últimos días en Coahuila no han faltado los candidatos a la gubernatura que se pisan la “cola” entre ellos, sus equipos de campaña y hasta sus familiares. Tampoco han faltado los escándalos de corrupción a nivel nacional. Pero a diferencia de Brasil, en nuestro país no caen, ni tampoco pasa mucho después de las revelaciones. Por el contrario, a pesar de los escándalos, la impunidad se reafirma. En este punto, una de las grandes ausencias de la alternancia mexicana en el 2000, fue la rendición de cuentas. Se ganó en transparencia y acceso a la información, de eso no hay duda, pero pocas veces esa información llevó al llamado de las responsabilidades.

Es común que en una democracia funcional los actores políticos evidencien y destapen los malos pasos de sus competidores. Lo que no es común, y es el caso de la nuestra, es la ausencia regular de sanciones.
La rendición de cuentas es un contrapeso al uso y abuso del poder, pero el contrapeso que tenemos con el sistema de justicia sencillamente no funciona, y cuando lo hace, nos recuerda aquella máxima juarista: para los amigos la justicia, para los enemigos la ley.

22 de junio 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/8979753

lunes, 20 de junio de 2011

Malas señales

Escándalos mediáticos no faltan, evidencia acusatoria tampoco. Así, nos hemos acostumbrado a conocer con cierta regularidad los pequeños o grandes escándalos de corrupción gubernamental en el país. Funcionarios que utilizan el cargo público para fines privados, empleados que se enriquecen “explicablemente”, gobernantes que hace de la política un gran negocio. Sin embargo, dichas historias pocas veces tienen responsables tras las rejas o procesos administrativos sancionatorios.

A nivel nacional la Auditoría Superior de la Federación ha documentado con sólida evidencia atracos burdos al erario, incluso ha realizado señalamientos directos a funcionarios, pero al final, la historia termina en el mismo punto: la impunidad.
“No pasa nada” podría ser el argumento principal de esta historia que se repite. Pero lejos de procurar equidad con la ley, las formas de justicia promueven diferencias entre quienes detentan poder económico o poder político. Por alguna razón la “libran” aunque la sospecha se verifique.

Tras la esperanza que motivó la alternancia en el año 2000, uno de los temas a propósito olvidado, fue el fortalecimiento del sistema de justicia. Al final el PAN no sólo terminó siendo una mala copia del PRI, sino que incluso, se sintió cómodo con las inercias del viejo régimen. La lógica del gatopardo: cambiar para no cambiar.
De manera tardía el presidente Felipe Calderón fustiga al PRI por el aberrante pasado, pero en su presente, el panista poco hizo por alterar el estatus quo. Al contrario, toleró y gobernó desde ese pasado que ahora recuerda con sentimiento en un discurso pronunciado en Stanford, la prestigiosa universidad estadounidense. El tiempo se agotó, y los golpes fallidos alimentaron más la arraigada costumbre de la impunidad. Acaso son el inicio del derrumbe panista frente al 2012.

Después de los vergonzosos fiscos orquestados por el gobierno federal, se ve con desconfianza los escándalos en Coahuila sobre enriquecimiento ilícito o para decirlo con el eufemismo, “enriquecimiento inexplicable”. Si la exhibición mediática no va acompañada en el corto plazo de una sanción considerable, entonces, la mala señal que se envía a los ciudadanos sólo fortalece la imagen de la impunidad.

17 de junio 2011

domingo, 19 de junio de 2011

Las cifras y las promesas

Bien dicen que prometer no empobrece, dar es lo que aniquila. En cada campaña (casi) no hay político que se resista a las promesas, aun cuando sean poco factibles. Lo importante es ganar votos y simpatías, así sea a costa de las necesidades. Las elecciones en Coahuila no son la excepción, por eso hacen falta debates, (hasta ahora desdeñados por el PRI), análisis de fondo y ejercicios periodísticos que superen la reproducción de las declaraciones.

Rumbo a la gubernatura, los dos principales candidatos, Guillermo Anaya y Rubén Moreira han prometido dinero por medio de la entrega de tarjetas.
En el afán por lo votos, ¡vaya democracia!, los candidatos han repartido al por mayor tarjetas bajo la promesa de que el primero de diciembre alguna de las dos será efectiva.
El candidato panista ha entregado “La cumplidora”, una tarjeta individual que promete mil pesos. Veamos los escenarios. Según el candidato a diputado, Miguel Ángel Wheelock, se entregarán alrededor de un millón de tarjetas, lo cual representa poco más de la tercera parte de la población del estado (2 millones, 748 mil).

Pero supongamos que Anaya gana y el primero de diciembre depuran el padrón para atender estrictamente a la población marginada conforme al parámetro de Coneval que mide la pobreza multidimensional.
En esos términos, 3.1% de la población coahuilense se ubica bajo la línea de pobreza extrema, para no hablar de los otros niveles de pobreza que afectan al 32.9% de la población estatal.
Si Anaya atiende al grupo más vulnerable estaría trasfiriendo, bajo un cálculo conservador, más de 372 millones de pesos anuales.
Está claro que si pretendiera cubrir únicamente la mitad del millón prometido, el presupuesto estatal sería insuficiente.
A razón de 500 millones de pesos mensuales, terminarían las finanzas estatales con una carga anual de ¡6 mil millones de pesos! No hay subsidio que alcance, ni estado que aguante. Pero prometer no empobrece…

La fórmula también la podemos aplicar a Moreira y la tarjeta “Más Mejor” que promete beneficios sociales hasta por cinco mil pesos. Hay un “pequeño” detalle adicional que el candidato priísta no explica en su amplia propuesta de campaña: ¿Cómo manejará la deuda de más de 8 mil millones de pesos que dejó su hermano y que podría aumentar a 14 mil? Entre hermanos el detalle parece “menor”, pero no hay duda que compromete la operatividad del gobierno.
Al final, ambos candidatos se parecen mucho en un punto: los dos buscan domar a los electores coahuilenses con cientos de miles de tarjetas. ¡Vaya democracia!

Marcador Twitter: Anaya 7 853 seguidores; Moreira 13 637. 

Milenio 19 de julio 2011