Ver el vaso medio lleno o medio vacío. Todo depende de cuál perspectiva tomemos. En este caso, de cuál indicador leamos. Los cierto es que en diversos estudios internacionales, los mexicanos nos asumimos como felices. De esa manera, según el indicador, el tamaño de la felicidad. Recientemente varios estudios han confirmado la felicidad de los mexicanos. Por ejemplo, entre los países ricos, aquellos que pertenecen al club de la OCDE, México destaca no por su competencia ni desarrollo económico, sino por su declarada felicidad. Tan sólo el año pasado, 66 por ciento de los mexicanos respondió estar contento. Esta cifra supera en mucho el promedio de los países de la OCDE, no obstante que de las 34 economías que se miden, México ocupó los últimos lugares en calidad de vida.
El Índice de Felicidad Mundial 2011 mide aspectos como calidad y esperanza de vida, donde México ocupó el lugar 23 entre 143 países. Otro indicador más, el de IPSOS, registró que 43 por ciento de los mexicanos se siente “muy feliz”. De manera comparada, ese mismo índice mostró que en países ricos como Suecia, su proporción de felicidad se reduce a ¡20 por ciento! Nuestro admirado vecino, Estados Unidos sólo registra 28 por ciento de ciudadanos felices. Francia con un raquítico 15 por ciento, y Corea del Sur 7. Al revisar las cifras, no queda clara la siguiente relación: a mayor educación, mayor felicidad. Ya lo decía trágicamente San Agustín, quien reviste la lucidez, reviste la tristeza.
Tradicionalmente la teoría económica dominante, léase la escuela liberal, supone al hombre como homo economicus, es decir, un ser racional que responde a incentivos económicos (de acuerdo a la teoría de la elección racional). Sin embargo, corrientes críticas en la economía han refutado esa tesis, para asumir otros ámbitos que van desde el sentido de comunidad hasta aspectos psicológicos y afectivos. En el primer esquema, Mammon es la referencia. Por eso la principal medición es el PIB. En contraste, se han creado otros índices que miden no solamente la riqueza, sino la satisfacción de las personas. Y ahí sí, el dinero no parece ser todo.
Veamos las paradojas. Al correlacionar riqueza (PIB per cápita) con felicidad, se encuentra que Indonesia, a pesar de tener un PIB 11 veces menor al de Gran Bretaña, 51 por ciento de su población se siente “muy feliz”. Pero sólo 21 por ciento de los ingleses se dice feliz. India registra un décimo del PIB en México (10 mil dólares), pero está en la segunda posición mundial de felicidad. Los mexicanos estamos en tercer lugar. Canadá tiene un PIB de 51 mil dólares, pero sólo 27 por ciento comparte mucha felicidad. En Japón, con 45 mil dólares, sólo 16 por ciento se siente “muy feliz”. España, que se encuentra en una dura crisis económica, no obstante los 33 mil dólares que registra, sólo 11 por cierto de su población se declara en la felicidad.
Que la riqueza ayuda a la felicidad, no hay duda, pero tampoco parece ser el principal motivo.
E. M. Cioran, lo cual ya es mucho decir, admiró el profundo vitalismo de los pueblos latinoamericanos. Para el filósofo rumano, Europa era la decadencia. En cambio, a pesar de su condición económica, veía en los latinos un profundo sentido de vitalidad. Quizá con las décadas, el principal indicador de las economías del siglo XXI no será el PIB, sino la felicidad de las personas.
21 de marzo 2012
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9132838
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martes, 27 de marzo de 2012
lunes, 14 de noviembre de 2011
Barómetro de las democracias
Digitales, analógicos o con base de mercurio, los barómetros son una útil herramienta para medir la presión atmosférica. Con un poco de suerte, predecir el clima, aunque la naturaleza siempre nos da sorpresas. Desde hace años la organización chilena Latinobarómetro ha impulsado una especie de barómetro de las democracias. Sería ingenuo pretender igualar las herramientas, dicho eso, el Latinobarómetro nos ofrece anualmente (desde 1995), el estado de la democracia en 18 países de América Latina. El informe 2011 registra resultados relevantes para conocer tendencias, estados de ánimos, percepciones de los ciudadanos con su democracia.
A nivel general, la satisfacción democrática de la región registra un nivel de 39 por ciento, pero hay diferencias. Los uruguayos son los que más satisfechos están con su democracia, 72 por ciento. En México, y este dato no hay que desestimarlo, sólo 23 por ciento está satisfecho. Lo curioso es que si la democracia no nos place, tampoco hacemos gran cosa para que resulte de otra manera. En nuestro país, el apoyo a la democracia cayó 9 puntos. El año pasado, 49 por ciento de los mexicanos apoyaba la democracia, hoy el Latinobarómetro registra 40 puntos. ¿Lo estarán viendo nuestros políticos?
En Venezuela, con todo y petrodólares, 45 por ciento de sus ciudadanos está satisfecho con la democracia, hasta ahora dirigida por Hugo Chávez.
En esto también hay paradojas: Chile es uno de los estados con mejor desarrollo económico, y también es una de las democracias más educadas en la región, no obstante, sólo 32 por ciento de los chilenos está satisfecho con su democracia. En ese país, la exigencia de sus ciudadanos ha llevado el nivel más bajo de aprobación de su mandatario con a penas 28 por ciento.
No es casualidad lo que pasa en países como Brasil, Uruguay o Panamá. Ahí la sensación de progreso y avance es palpable para su población. 52 por ciento de los brasileños considera que su país progresa, y más aun, 64 por ciento piensa que la economía en el futuro estará mejor. Nuestro país tiene condiciones parecidas para avanzar, pero hay un serio problema de confianza porque no creemos en la posibilidad de avance. Sólo 22 de los mexicanos percibe progreso.
Entre los países que tienen una mayor imagen de progreso, están aquellos donde el futuro es percibido por los ciudadanos como promisorio. Lidera Panamá, donde 64 por ciento de su población ve alentador el futuro económico. Le sigue Uruguay, 62 por ciento, y Brasil, con 52 puntos porcentuales. No es extraño en el caso de Brasil, donde el crecimiento de su economía, el éxito de sus liderazgos políticos (Lula, Roussef) y hasta las olimpiadas futuras, construyen una imagen deseable. Brasil es el país latinoamericano con la mejor expectativa económica en el futuro. 64 por ciento de su población así lo asume. En Colombia 61 por ciento lo ve alentador y en México 39 por ciento percibe que mejorará.
La democracia necesita ante todo demócratas. Por eso, es difícil pretender un régimen democrático, cuando una buena parte de los ciudadanos no corresponde los valores de la democracia. El promedio de latinoamericanos que asume cumplir la ley es 31 por ciento en la región. En México esa cifra cae a ¡19 por ciento! Este dato es sintomático en nuestro país. 53 por ciento de los mexicanos demanda derechos, pero a la hora de las obligaciones, no está dispuesta a cumplir. Por lo mismo, somos el país de la región donde más estamos dispuestos a evadir impuestos. Los datos no nos gustan, pero ese es el nivel cívico que tenemos lo mexicanos. Sin duda habría que empezar por ahí.
13 de noviembre 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9061126
A nivel general, la satisfacción democrática de la región registra un nivel de 39 por ciento, pero hay diferencias. Los uruguayos son los que más satisfechos están con su democracia, 72 por ciento. En México, y este dato no hay que desestimarlo, sólo 23 por ciento está satisfecho. Lo curioso es que si la democracia no nos place, tampoco hacemos gran cosa para que resulte de otra manera. En nuestro país, el apoyo a la democracia cayó 9 puntos. El año pasado, 49 por ciento de los mexicanos apoyaba la democracia, hoy el Latinobarómetro registra 40 puntos. ¿Lo estarán viendo nuestros políticos?
En Venezuela, con todo y petrodólares, 45 por ciento de sus ciudadanos está satisfecho con la democracia, hasta ahora dirigida por Hugo Chávez.
En esto también hay paradojas: Chile es uno de los estados con mejor desarrollo económico, y también es una de las democracias más educadas en la región, no obstante, sólo 32 por ciento de los chilenos está satisfecho con su democracia. En ese país, la exigencia de sus ciudadanos ha llevado el nivel más bajo de aprobación de su mandatario con a penas 28 por ciento.
No es casualidad lo que pasa en países como Brasil, Uruguay o Panamá. Ahí la sensación de progreso y avance es palpable para su población. 52 por ciento de los brasileños considera que su país progresa, y más aun, 64 por ciento piensa que la economía en el futuro estará mejor. Nuestro país tiene condiciones parecidas para avanzar, pero hay un serio problema de confianza porque no creemos en la posibilidad de avance. Sólo 22 de los mexicanos percibe progreso.
Entre los países que tienen una mayor imagen de progreso, están aquellos donde el futuro es percibido por los ciudadanos como promisorio. Lidera Panamá, donde 64 por ciento de su población ve alentador el futuro económico. Le sigue Uruguay, 62 por ciento, y Brasil, con 52 puntos porcentuales. No es extraño en el caso de Brasil, donde el crecimiento de su economía, el éxito de sus liderazgos políticos (Lula, Roussef) y hasta las olimpiadas futuras, construyen una imagen deseable. Brasil es el país latinoamericano con la mejor expectativa económica en el futuro. 64 por ciento de su población así lo asume. En Colombia 61 por ciento lo ve alentador y en México 39 por ciento percibe que mejorará.
La democracia necesita ante todo demócratas. Por eso, es difícil pretender un régimen democrático, cuando una buena parte de los ciudadanos no corresponde los valores de la democracia. El promedio de latinoamericanos que asume cumplir la ley es 31 por ciento en la región. En México esa cifra cae a ¡19 por ciento! Este dato es sintomático en nuestro país. 53 por ciento de los mexicanos demanda derechos, pero a la hora de las obligaciones, no está dispuesta a cumplir. Por lo mismo, somos el país de la región donde más estamos dispuestos a evadir impuestos. Los datos no nos gustan, pero ese es el nivel cívico que tenemos lo mexicanos. Sin duda habría que empezar por ahí.
13 de noviembre 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9061126
lunes, 31 de octubre de 2011
Desde lo local
Alexis de Tocqueville escribió en La Democracia en América, que los condados en Estados Unidos son una de las razones para la fortaleza de esa nación. Visto desde el presente, ahora decimos que la fortaleza de una nación está en sus municipios. Pero ¿qué tanto los municipios en México son la fortaleza del país? En principio, lo que salta a la vista es la diversidad, la desigualdad. Hay diversas maneras de verificarlo.
Organismos internacionales, academias y asociaciones civiles han contribuido a generar estudios, índices, encuestas y comparativos que permiten situar desarrollo de los municipios en México. Desde el 2008 el Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (INAFED), con el programa Agenda desde lo local, viene midiendo las “condiciones mínimas que no deben dejar de existir en cualquier municipio”.
La Agenda está constituida por 39 indicadores y 270 parámetros de medición, que incluyen cuatro ejes de desarrollo institucional para un buen gobierno; desarrollo económico sostenible; desarrollo social sustentable y ambiental.
A través de esta metodología, el INAFED otorga a los municipios certificados de “calidad mínima aceptable”. En otras palabras, el mínimo indispensable para que un gobierno local funcione.
Para la edición 2011 participaron 603 municipios de 28 entidades, pero los resultados son desiguales: en verde están los aprobados, otros en amarillo, y los que no aprobaron quedan en rojo.
En verde quedaron Aguascalientes, Campeche, Tapachula, Chihuahua, Celaya, León, Guadalajara, Zapopan, Puebla, Querétaro, Hermosillo, Progreso, Torreón, Saltillo y Gómez Palacio. Fueron de los pocos, aunque no los únicos municipios que cumplieron con los 39 indicadores. Hay una tendencia clara: Jalisco y Chihuahua fueron los estados que aportan más municipios certificados con todos los indicadores.
Por otro lado, es significativo observar el registro de ciudad Juárez: sólo obtuvo 26 de 39 certificados. La crisis no sólo está en las calles de la ciudad fronteriza, sino se refleja también en las inconsistencias del gobierno local. Y cómo no, si su alcalde Héctor Murguía, pretende “gobernar” desde El Paso.
Monterrey, el otrora municipio ejemplo, ni siquiera participó. ¿Habrá alguna correspondencia entre la ausencia y su nefasto alcalde Fernando Larrazábal? No lo descarten.
En Coahuila tres municipios completaron la certificación: Acuña, Saltillo y Torreón.
En Durango sólo participaron tres, de los cuales Gómez Palacio, encabezado por la alcaldesa Rocío Rebollo fue el único que obtuvo la totalidad de las valoraciones. Durango capital obtuvo 24 de 39; y Lerdo sólo logró 3 en verde y 28 en ¡rojo! Ahí deberían correr a su alcalde Roberto Carmona.
Lograr la certificación del INAFED puede parecer trivial para muchos alcaldes y funcionarios que confunden con facilidad las intrigas con el gobierno, la responsabilidad con los autoelogios.
Es cierto, los indicadores no hacen por sí mismos gobiernos de calidad, pero sin duda, son una base mínima para hacer un gobierno consistente, robusto. Los municipios son la columna vertebral del país y por ahí habría que empezar para fortalecer la nación.
30 de octubre 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9053083
Organismos internacionales, academias y asociaciones civiles han contribuido a generar estudios, índices, encuestas y comparativos que permiten situar desarrollo de los municipios en México. Desde el 2008 el Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (INAFED), con el programa Agenda desde lo local, viene midiendo las “condiciones mínimas que no deben dejar de existir en cualquier municipio”.
La Agenda está constituida por 39 indicadores y 270 parámetros de medición, que incluyen cuatro ejes de desarrollo institucional para un buen gobierno; desarrollo económico sostenible; desarrollo social sustentable y ambiental.
A través de esta metodología, el INAFED otorga a los municipios certificados de “calidad mínima aceptable”. En otras palabras, el mínimo indispensable para que un gobierno local funcione.
Para la edición 2011 participaron 603 municipios de 28 entidades, pero los resultados son desiguales: en verde están los aprobados, otros en amarillo, y los que no aprobaron quedan en rojo.
En verde quedaron Aguascalientes, Campeche, Tapachula, Chihuahua, Celaya, León, Guadalajara, Zapopan, Puebla, Querétaro, Hermosillo, Progreso, Torreón, Saltillo y Gómez Palacio. Fueron de los pocos, aunque no los únicos municipios que cumplieron con los 39 indicadores. Hay una tendencia clara: Jalisco y Chihuahua fueron los estados que aportan más municipios certificados con todos los indicadores.
Por otro lado, es significativo observar el registro de ciudad Juárez: sólo obtuvo 26 de 39 certificados. La crisis no sólo está en las calles de la ciudad fronteriza, sino se refleja también en las inconsistencias del gobierno local. Y cómo no, si su alcalde Héctor Murguía, pretende “gobernar” desde El Paso.
Monterrey, el otrora municipio ejemplo, ni siquiera participó. ¿Habrá alguna correspondencia entre la ausencia y su nefasto alcalde Fernando Larrazábal? No lo descarten.
En Coahuila tres municipios completaron la certificación: Acuña, Saltillo y Torreón.
En Durango sólo participaron tres, de los cuales Gómez Palacio, encabezado por la alcaldesa Rocío Rebollo fue el único que obtuvo la totalidad de las valoraciones. Durango capital obtuvo 24 de 39; y Lerdo sólo logró 3 en verde y 28 en ¡rojo! Ahí deberían correr a su alcalde Roberto Carmona.
Lograr la certificación del INAFED puede parecer trivial para muchos alcaldes y funcionarios que confunden con facilidad las intrigas con el gobierno, la responsabilidad con los autoelogios.
Es cierto, los indicadores no hacen por sí mismos gobiernos de calidad, pero sin duda, son una base mínima para hacer un gobierno consistente, robusto. Los municipios son la columna vertebral del país y por ahí habría que empezar para fortalecer la nación.
30 de octubre 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9053083
miércoles, 28 de septiembre de 2011
La generación Enlace y el México del futuro
| A nivel primaria, generación de la esperanza. Fuente: Enlace 2011 |
La educación mueve los discursos más nobles; también es una fácil justificación para lo “políticamente correcto”. De la educación esperamos mucho, no así de las exigencias para lograrlo. Los resultados de la prueba Enlace 2011, revelan tendencias que quizá nos apunten cómo estarán las próximas generaciones en México. Asimismo, se suele afirmar que la educación es la base de una sociedad desarrollada, pero ¿hasta qué punto la educación de nuestros jóvenes ahora va a impactar en el mañana del país?
En principio hablamos de tres generaciones de estudiantes mexicanos en escuelas públicas y privadas: la que actualmente cursa estudios de primaria; la que asiste a secundaria; y finalmente, la generación que va al bachillerato. Los resultados generales de la evaluación demuestran similitudes y diferencias notables. Lo primero que salta a la vista, es la consistencia con la cual han avanzado los más pequeños. En los últimos seis años (2006-2011), los estudiantes de primaria han mejorado su desempeño en matemáticas y español. 19 puntos porcentuales para el primer caso y 18 para el segundo. Si observamos la gráfica, hay un incremento sostenido de estudiantes con bueno y excelente desempeño; de la misma manera, hay un caída constante de los estudiantes con un desempeño insuficiente y elemental.
Esta situación no sucede con nuestros jóvenes de secundaria y preparatoria. Por el contrario, su avance es lento, disperso y poco significativo. Más aún: se observa un estancamiento en matemáticas y una clara debacle en español. ¿Qué pasa ahí con los profesores, los alumnos y los padres? ¿Por qué a pesar de las evaluaciones no han mejorado su desempeño?
| Retroceso en español a nivel secundaria. |
| Estancamiento en lectura a nivel preparatoria. |
Por lo pronto, si una generación de mexicanos va a marcar el rumbo del país en las próximas décadas, esa será la que estudia hoy en las primarias.
25 de septiembre 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9032394
domingo, 18 de septiembre de 2011
¿Presupuesto para qué?
Mes de septiembre, mes de la patria. Pero también el mes para discutir cómo se va a gastar el dinero de los contribuyentes el próximo año. No es poca cosa, aunque los detractores de la política prefieran no darse por enterados. Es difícil imaginar la cifra, ¡3.6 billones de pesos!, pero más difícil es tratar de dar seguimiento al ejercicio de los recursos.
El primer mito que aparece detrás de las cifras, supone que asignando más recursos se van a obtener mejores resultados. Ni una ni otra. Gastar más no es sinónimo de eficiencia, y los resultados no dependen exclusivamente de la cantidad de dinero, sino de la calidad con que se aplica. Ahí están los aumentos a las secretarías; ahí están los gobernadores frotándose las manos con su petición de 120 mil millones más para el 2012; ahí están los legisladores sumando más a su salario.
La historia ya es cotidiana y no es monopolio de partidos y ámbitos de gobierno: derroche, sobrecostos, ineficiencia, desvío de recursos, gastos sin comprobar, ausencia de resultados… No obstante, cada año se pide más. La evidencia aportada por Auditoría Superior de la Federación muestra en el mejor de los casos, un claro patrón de ineficiencias. La peor parte es la corrupción, no sólo por el costo de oportunidad que eso implica para el gobierno, sino por el costo social que se traslada a los ciudadanos.
¿Tiene sentido pagar por una seguridad que no se recibe? ¿Por qué cargar con compras exorbitantes y burdos sobreprecios? ¿Para qué seguir pagando elecciones tan caras, si los montos no se justifican?
El más reciente estudio de la OCDE en colaboración con el IMCO, Competencia en las obras públicas (2011), señala que la mayoría de los estados en el país tienen procesos desiguales e ineficientes para asignar las compras que requiere el gobierno. No sólo se trata de gastar, sino de hacerlo bien. Cuando un gobierno realiza intencionalmente una compra con sobrecosto para beneficiar a un tercero, no sólo está incurriendo en un acto de corrupción, sino además le está restando utilidad a los bienes públicos que reciben los ciudadanos.
No es sencillo, pero una buena exigencia de los ciudadanos por estos días, es buscar que nuestros gobiernos gasten, y sobre todo, lo haga bien.
16 de septiembre 2011
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9027074
domingo, 10 de julio de 2011
¿Votante pobre e ignorante?
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| Fuente: Mitofsky, encuesta de salida, 3 de julio, 2011 |
He escuchado algunos malos argumentos donde suponen que los votantes pobres e ignorantes favorecieron al PRI. La encuesta de salida que realizó Mitofsky el pasado 3 de julio en Coahuila, muestra el perfil de los ciudadanos que salieron a votar el domingo.
La encuesta revela que 54 por ciento de los votantes universitarios prefirieron al PRI, mientras que sólo 28% votó por el PAN. De la misma manera, los ciudadanos con ingresos más altos en el estado votaron en su mayoría por el PRI: 39 por ciento contra 29 del PAN. Desde hace algunos años el perfil del votante en México ha dado un viraje. Tradicionalmente los grupos de universitarios y con mejores salarios solían preferir votar por el PAN, sin embargo, esto ya cambió.
Caballada flaca
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| Fuente: http://www.josefina.mx/index.php |
Después de la derrota el domingo pasado, el PAN alberga alguna esperanza para los comicios del 2012 rumbo a la presidencia. No obstante, los posibles candidatos que desde hace meses desfilan por aquí y por allá, se ven tan débiles y pequeños, que ocasionalmente llega alguno a destacar por la afortunada declaración del día. Desde luego, pienso en Ernesto Cordero.
La última semana de junio, un grupo de panistas, entre los que encuentran Manuel Clouthier y Federico Doring, promovieron a Santiago Creel como el candidato más viable del PAN. Para su defensa citaron y publicaron cuatro encuestas donde el senador Creel tiene los mejores niveles de posicionamiento en comparación a los otros suspirantes. En principio el candidato más conocido en la opinión pública nacional podría ser el mejor abanderado, pero en realidad, el proceso de selección interno bien puede ignorar las encuestas.
Hace años el PAN supo lidiar con Creel, el delfín de Fox, a pesar del apoyo oficial. En esa ocasión Felipe Calderón demostró que la democracia interna pesó más que la imposición de los Pinos. Para el beneficiario de esa democracia interna, ahora en el poder, le resulta ambiguo suponer una selección de candidatos abierta. Por lo mismo, el relevo panista podría resultar en la selección del más cercano, pero no del mejor posicionado.
Aún así, la distancia frente al PRI, y ahora la percepción de la debacle panista, dificultan los escenarios para los precandidatos. Ni Lujambio ni Lozano, ni Creel ni Cordero superan el estigma de la caballada flaca. Ahora sí que cantidad no es calidad.
Una quinta en discordia es Josefina Vázquez Mota. Con seguridad la más interesante e incluso, la que podría encabezar con dignidad la candidatura del PAN, y acaso, la derrota panista.
http://impreso.milenio.com/node/8988577
domingo, 19 de junio de 2011
Las cifras y las promesas
Bien dicen que prometer no empobrece, dar es lo que aniquila. En cada campaña (casi) no hay político que se resista a las promesas, aun cuando sean poco factibles. Lo importante es ganar votos y simpatías, así sea a costa de las necesidades. Las elecciones en Coahuila no son la excepción, por eso hacen falta debates, (hasta ahora desdeñados por el PRI), análisis de fondo y ejercicios periodísticos que superen la reproducción de las declaraciones.
Rumbo a la gubernatura, los dos principales candidatos, Guillermo Anaya y Rubén Moreira han prometido dinero por medio de la entrega de tarjetas.
En el afán por lo votos, ¡vaya democracia!, los candidatos han repartido al por mayor tarjetas bajo la promesa de que el primero de diciembre alguna de las dos será efectiva.
El candidato panista ha entregado “La cumplidora”, una tarjeta individual que promete mil pesos. Veamos los escenarios. Según el candidato a diputado, Miguel Ángel Wheelock, se entregarán alrededor de un millón de tarjetas, lo cual representa poco más de la tercera parte de la población del estado (2 millones, 748 mil).
Pero supongamos que Anaya gana y el primero de diciembre depuran el padrón para atender estrictamente a la población marginada conforme al parámetro de Coneval que mide la pobreza multidimensional.
En esos términos, 3.1% de la población coahuilense se ubica bajo la línea de pobreza extrema, para no hablar de los otros niveles de pobreza que afectan al 32.9% de la población estatal.
Si Anaya atiende al grupo más vulnerable estaría trasfiriendo, bajo un cálculo conservador, más de 372 millones de pesos anuales.
Está claro que si pretendiera cubrir únicamente la mitad del millón prometido, el presupuesto estatal sería insuficiente.
A razón de 500 millones de pesos mensuales, terminarían las finanzas estatales con una carga anual de ¡6 mil millones de pesos! No hay subsidio que alcance, ni estado que aguante. Pero prometer no empobrece…
La fórmula también la podemos aplicar a Moreira y la tarjeta “Más Mejor” que promete beneficios sociales hasta por cinco mil pesos. Hay un “pequeño” detalle adicional que el candidato priísta no explica en su amplia propuesta de campaña: ¿Cómo manejará la deuda de más de 8 mil millones de pesos que dejó su hermano y que podría aumentar a 14 mil? Entre hermanos el detalle parece “menor”, pero no hay duda que compromete la operatividad del gobierno.
Al final, ambos candidatos se parecen mucho en un punto: los dos buscan domar a los electores coahuilenses con cientos de miles de tarjetas. ¡Vaya democracia!
Marcador Twitter: Anaya 7 853 seguidores; Moreira 13 637.
Milenio 19 de julio 2011
Encuestas y elecciones
El proceso electoral en Coahuila 2011 ha motivado la aplicación de miles de encuestas en el estado. Varias empresas nacionales y locales han realizado estudios. Hay quienes las descalifican; a veces por ignorancia, a veces por propaganda.
Hoy se sucita un interesante debate en Milenio Laguna sobre el papel de las encuestas. El coordinador de la camapaña del PRI, Armando Luna Canales, habla sobre las metodologías; Rodolfo Walss, regidor panista y crítico constante, cuestiona los resultados fallidos en otras elecciones; Edgar Salinas, analista político, comenta sobre la relevancia de las encuestas en escenarios de inceridumbre.
Reitero una advertencia: Las encuestas son análisis y estimaciones estadísticas, no asuntos de fe.
Hoy se sucita un interesante debate en Milenio Laguna sobre el papel de las encuestas. El coordinador de la camapaña del PRI, Armando Luna Canales, habla sobre las metodologías; Rodolfo Walss, regidor panista y crítico constante, cuestiona los resultados fallidos en otras elecciones; Edgar Salinas, analista político, comenta sobre la relevancia de las encuestas en escenarios de inceridumbre.
Reitero una advertencia: Las encuestas son análisis y estimaciones estadísticas, no asuntos de fe.
lunes, 10 de enero de 2011
Anaya, Moreira, Twitter
Estamos nuevamente ante un proceso electoral. Quizá el interés sea mayor por tratarse de las campañas para renovar la tan deseada gubernatura del Estado de Coahuila. Así, el miércoles de esta semana iniciaron formalmente los tiempos para las precampañas. Y ya hay precandidatos registrados, spots y hasta quejas ante el Instituto Electoral. Para saltar rodeos y eufemismos, sobra decir que hay dos candidatos, y casi un partido. Guillermo Anaya por el PAN y Rubén Moreira por el PRI. Cada uno, desde la antesala de sus anteriores cargos, el Senado y la Cámara de Diputados, dibujaban las candidaturas.
Si atendemos a la estadística registrada en los últimos dos procesos electorales, de 1999 y 2005 para elegir gobernador, el PRI logró un 58 por ciento de la votación, mantenido así una distancia de 25 puntos de diferencia a su favor. El PAN mantuvo para ambas elecciones, el 33 por ciento de los votos. Por otro lado, en las últimas tres elecciones, la de diputados locales, diputados federales y finalmente las municipales, el PRI ha arrasado como en antaño. En tales condiciones, no resulta difícil suponer un resultado. Sin embargo, nada está escrito y todavía están por conocerse sorpresas, debates, propuestas, y sobre todo, el largo curso hasta el domingo tres de julio.
Por estos días se han escuchado un par de spots. De Anaya, se presenta una imagen triunfalista que busca recordar su trayectoria política: “Guillermo Anaya sí gana”. Del PRI, que al final no optó por personalizar la precampaña en Rubén Moreira, ha difundido un mensaje institucional donde pondera el orgullo, la continuidad y el bienestar que le ha llevado a la entidad. ¿De verdad Coahuila está tan bien? Quizá el resto del estado no presente los niveles intolerables de inseguridad y violencia que se presentan en La Laguna, pero de eso, al bienestar pregonado, hay una notable distancia. ¿No será por eso que Moreira prefiere escribir de Vasconcelos?
Por su parte, Anaya dedicó su texto semanal publicado en un diario de la localidad, a criticar el crecimiento desmedido de la deuda que carga el gobierno estatal. En su artículo hace un llamado a la alternancia. En este sentido, ya he explicado en otras ocasiones, cómo la alternancia en el país no ha provocado la rendición de cuentas y mucho menos la justicia, lo cual ha resultado en un plano general, en la mayor decepción democrática (véase el Latinobarómetro).
Pero regreso a los textos, los mensajes y la presencia en la red de los actuales precandidatos. Está claro que las campañas modernas ya no se pueden hacer sin Internet, en particular en aquellas sociedades con mayores niveles de desarrollo económico.
En México no sólo seguimos rezagados, a pesar de que el sector de telecomunicaciones es uno de los que crece constantemente. Por eso, el uso de las redes sociales parece no tener un impacto relevante, máxime cuando el acceso a la red no es un asunto de mayorías. Sin embargo, como ha advertido el demógrafo, Edmundo Berumen, la presencia en la red se está volviendo un indicador cotidiano para conocer el seguimiento de las campañas.
Si echamos una mirada a este criterio, encontramos entre Anaya y Moreira, detalles que aparentemente son triviales. Parto de Twitter y las cuentas que ambos políticos utilizan: @rubenmoreiravdz y @memo_anaya.
Si los seguidores de uno y otro votaran, la diferencia sería contundente. Moreira cuenta con 5 mil 258 seguidores, mientras que Anaya suma mil 270. Una distancia de 62 por ciento. ¿Pero con qué frecuencia “tuitean”? Según la calculadora de Tweetwaster, Anaya envió 544 mensajes, lo que equivale a 272 minutos. Moreira ha escrito 330 “tuits” con un valor de 165 minutos.
Por ejemplo, si comparamos la presencia de otros políticos en plano nacional, sabemos que el presidente Calderón tiene 353 mil 507 seguidores, pero sólo ha “tuiteado” 922 veces. El político más activo en esta red social es el estridente diputado petista, Gerardo Fernández Noroña, quien suma más de 18 mil seguidores. Su número de tweets rebasan los 18 mil. El secretario del Trabajo, Javier Lozano ha escrito más de 7 mil 800 twets, y cuenta con 22 886 seguidores. Luis Videgaray, sin duda unos de los diputados priístas más interesantes y preparados, cuenta con 13 134 seguidores, y ha escrito más de 3 mil tweets.
Regreso a los candidatos coahuilenses: ¿Qué tanto los “tuits” se reflejaran en la campaña rumbo a la gubernatura? ¿De qué manera la presencia en la red puede detectar preferencias electorales? Todavía no lo sabemos con precisión, pero sin lugar a dudas, esos movimientos podrían revelar algo decisivo.
lunes, 22 de noviembre de 2010
El barril sin fondo
Fue la semana de los millones. Más bien, de los 3.4 billones de pesos. La cifra contiene muchos ceros y es difícil imaginarla. Al mismo tiempo, el tema no es popular, ni tampoco fácil, sin embargo, la aprobación del presupuesto de egresos para 2011 realizada por los diputados, es un asunto crucial para los ciudadanos. De entrada, el presupuesto expresa el dinero público que el gobierno destina en dos sentidos: el sostenimiento y la operación del estado; y el dinero destinado a la inversión pública y social para los ciudadanos. Así que el interés no debe ser menor, porque el presupuesto suele ser revelador del rumbo, los compromisos, las prioridades y las atenciones del gasto público destinado a la sociedad.
De esta manera, una problemática en específico no requiere solamente de buenos discursos o de una identificación precisa, sino que la política vaya acompaña de un presupuesto para su operación. Por eso resulta tan relevante conocer cómo el gobierno se gasta el dinero de los ciudadanos.
Así, esta semana se ha repetido en boca de funcionarios y diputados una afirmación tan entusiasta como ordinaria: logramos un “presupuesto histórico”. Y en parte tienen razón porque se trata del mayor presupuesto aprobado por el gobierno mexicano, no obstante de la crisis mundial y de la caída estrepitosa de la economía.
Al respecto, conviene preguntar si los “recursos históricos” del gobierno han hecho de este país algo mejor para sus ciudadanos. Por ejemplo, el rubro donde más se destinó dinero fue a la educación pública: 230 mil millones de pesos. ¿Es mucho o es poco? Si comparamos lo que destina México en la educación con respecto a lo que gastan los principales países de la OCDE, nos damos cuenta que el gobierno mexicano no solamente gasta mucho, sino gasta más que varios países ricos en el mundo con notables desempeños. ¿Entonces, por qué si gastamos mucho los resultados son tan pobres? La clave no está tanto en el dinero que se destina a un determinado ámbito o problema, sino en la calidad y eficiencia con la que se aplica ese dinero público. Varios son los factores que ensombrecen la efectividad del gasto en educación: un elevado gasto corriente destinado a nómina, baja inversión en infraestructura y por tanto, un desempeño reprobatorio e insuficiente de los alumnos. Otro pernicioso ingrediente más ha señalado la OCDE: el sindicato.
De los “recursos históricos” pasamos a la cartera abultada para pretender arreglar los problemas. La fórmula mágica es la siguiente: aumentar el presupuesto mejora el desempeño gubernamental. Por lo general esta tesis gusta bastante a políticos y funcionarios que ejercen recursos públicos porque supone que ante el aumento de recursos, el desempeño del gobierno para atender problemáticas o proporcionar servicios mejorará. No obstante, en los últimos años, la evidencia empírica de evaluaciones nacionales e internacionales muestra lo contrario.
Por ejemplo, las diferentes instituciones de seguridad y orden, como la Secretaría de Seguridad Pública o el Ejército, han ejercido mayores presupuestos, sin embargo, el deterioro exponencial de la seguridad en las calles, ha aumentado significativamente. Dicho de otro modo, la fórmula parece revertirse: ¡más dinero, menos seguridad!.
Recientemente conocimos las declaraciones contradictorias de dos instancias gubernamentales. Mientras el secretario de Desarrollo Social, Heriberto Félix Guerra supone que la pobreza alimentaria acabará en el 2015, el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), resaltó en su más reciente estudio sobre la niñez y la adolescencia en el contexto de la crisis económica global, que la cifra de niños en pobreza alimentaria se duplicó en los últimos dos años, lo que equivale a 3.4 millones de niños en riesgo.
Durante el verano pasado, la Cepal (2010) publicó el informe, “El Progreso de América Latina y el Caribe hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio”. Ahí se señala que Brasil, Chile y Perú superaron a México en el cumplimiento de la meta del milenio para reducir a la mitad el porcentaje de la población que vive en situación de pobreza extrema. Entonces ¿qué sucede con tantos recursos destinados al desarrollo social? Es, para decirlo con Santiago Levy, un programa de buenas intenciones con malos resultados.
Pero esta situación ineficiente en manejos de los recursos públicos, no es particular del gobierno federal, sino que la tendencia se extiende a estados, municipios y organismos autónomos como recientemente lo han demostrado descarnadamente los estudios publicados por el CIDE: una Suprema Corte que resuelve la mitad de los casos que en otros países, pero nos cuesta más que la Corte en Estados Unidos. Un IFE que gasta a manos llenas en burocracia o una Comisión Nacional de Derechos Humanos obscenamente alimentada.
Con estos antecedentes, el histórico presupuesto para 2011 se parece cada vez más a un barril sin fondo, porque no importa tanto la cantidad de dinero que destina el gobierno a sus ciudadanos, sino la eficiencia de su aplicación. Y esto, nunca será poca cosa.
20 de noviembre 2010
el siglo de torreón
martes, 26 de octubre de 2010
Cuado el destino
No cabe duda, este país será mejor cuando se agote su petróleo. ¿De qué otra manera tendríamos que entender el crecimiento artificial e insostenible de toda esa inmensa estructura llamada gobierno? Hoy por hoy, los países con altos niveles de competencia, esos que tanto admiramos, no sólo cuentan con finanzas públicas sanas, sino un sistema fiscal eficiente, equitativo, autónomo.
Por eso, resulta decisivo para los ciudadanos, (les guste o no la política, les apasione o la desprecien), la forma en la que el gobierno obtiene los recursos y que de alguna manera los distribuye. El impuesto sobre la renta o el recaudado con el valor agregado, por mencionar algunos, representan el tamaño real del gobierno. Gracias a los ingresos del petróleo, ahora proyectado en 65 generosos dólares, el gobierno (léase estados y municipios también), ha crecido su tamaño desproporcionadamente y fuera de la realidad.
De ahí que veamos gobiernos estatales voraces, más dados a consumir la mayoría de los ingresos en gasto corriente, principalmente en sostener la obesa burocracia. Algo similar sucede con las presidencias municipales y para el caso, sobra repetir los excesos; la irracionalidad de cada día.
Por ejemplo, la media nacional refleja que el 67% del dinero público va a nómina, los estados más gastones, de los que más reportan en el capítulo de servicios personales, son Michoacán, Verazcruz, Puebla y Coahuila. Pero todavía, hay casos extremos, donde existen nóminas adicionales: Baja California, Nuevo León y San Luis Potosí gastan por arriba del 70%. Así ni cómo avanzar en serio.
Además del malestar para los consumidores de cigarrillos, los cuales tendrán que cargar con una votación “políticamente correcta”, la Ley de Ingresos para el 2011, en realidad exhibe la precariedad del sistema fiscal mexicano. Un sistema ineficiente, inequitativo y mal distribuido. El análisis de la mayoría de las finanzas gubernamentales, llámese federal, estatal, municipal, órganos autónomos, entre otros entes… nos da cuenta que a los mexicanos nos sale más caro sostener el gobierno, que los supuestos beneficios derivados del mismo. Ahí está por ejemplo, el caso de la seguridad, donde casi cualquier nivel de autoridad se empequeñece, se lava las manos o para acabe pronto, le echa la culpa al vecino.
Por ejemplo, la media nacional refleja que el 67% del dinero público va a nómina, los estados más gastones, de los que más reportan en el capítulo de servicios personales, son Michoacán, Verazcruz, Puebla y Coahuila. Pero todavía, hay casos extremos, donde existen nóminas adicionales: Baja California, Nuevo León y San Luis Potosí gastan por arriba del 70%. Así ni cómo avanzar en serio.
Además del malestar para los consumidores de cigarrillos, los cuales tendrán que cargar con una votación “políticamente correcta”, la Ley de Ingresos para el 2011, en realidad exhibe la precariedad del sistema fiscal mexicano. Un sistema ineficiente, inequitativo y mal distribuido. El análisis de la mayoría de las finanzas gubernamentales, llámese federal, estatal, municipal, órganos autónomos, entre otros entes… nos da cuenta que a los mexicanos nos sale más caro sostener el gobierno, que los supuestos beneficios derivados del mismo. Ahí está por ejemplo, el caso de la seguridad, donde casi cualquier nivel de autoridad se empequeñece, se lava las manos o para acabe pronto, le echa la culpa al vecino.
Lo cierto es que el México de la alternancia, o incluso el México del siglo XXI no ha podido concretar un aparato fiscal competitivo, capaz de sostener con estabilidad al estado. En las comparaciones, se suele hablar de la exitosa transición española y los famosos pactos de la Moncloa, sin embargo, esos pactos en esencia, fueron fiscales. El caso del milagro irlandés ilustra también sobre el compromiso de su clase política para cobrar impuestos, pero con la condición de que los ingresos recaudados quedaron vedados al gasto corriente. Para decirlo claro, el gasto corriente termina siendo un barril sin fondo, un fiesta de la cual ya pagamos la consecuencias de la resaca.
Aún así, no se ve en el PAN, el PRI o el PRD un pacto por construir una reforma fiscal. Si a los azules les falló la política, a los tricolores les gana el temor por el costo político, máxime con la elección presidencial en puerta. Y de lo perredistas, estos ya no saben qué hacer con el tabasqueño.
El año pasado los legisladores prometieron ahora sí empujar una reforma fiscal. Desde luego que esto rápido se olvidó. Por lo pronto, la recién aprobada Ley de Ingresos terminó por ser un fiasco, eso sí, calificada como "responsable" por el partido en el poder.
Hay varios puntos insostenibles. La relación asimétrica entre quienes pagan formalmente impuestos y sostienen inequitativamente los servicios públicos que consume la mayoría. Desde esa relación, no hay institución que aguante. Y para prueba las pensiones que ha alcanzado el IMSS. ¿Se entenderá la gravedad del problema francés que ahora mismo tiene en jaque a sus autoridades?
El 40% del gasto público total es financiado mediante la menguante y volátil riqueza petrolera. De acuerdo a una estimación del IMCO (2010), el declive en la producción de hidrocarburos tocará fondo en 2017. Para entonces México dejará de ser exportador de petróleo. Por otro lado, como muestra el estudio del competitividad del IMCO, existe el riesgo latente que representan los sistemas de pensiones estatales de los cuales depende poco más de un millón y medio de personas. Cuando el destino nos alcance, habrá tres caminos para cubrir el déficit público: aumentar impuestos, incurrir en más deuda y bajar el gasto.
Quizá después del 2017 se logre un gran pacto, no de gobierno, sino de estado. Mientras tanto, la cuenta de la fiesta seguirá corriendo a costa de los contribuyentes. Eso sí, cuando el destino nos alcance.
Twitter/uncuadros
Quizá después del 2017 se logre un gran pacto, no de gobierno, sino de estado. Mientras tanto, la cuenta de la fiesta seguirá corriendo a costa de los contribuyentes. Eso sí, cuando el destino nos alcance.
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