domingo, 22 de noviembre de 2015

De imposturas e impostores

Con frecuencia vemos imposturas e impostores. Algunos, en su decidida carrera, han encontrado cierta celebridad y hasta reconocimiento. Pero lejos de resultar ajeno a la comunidad, el impostor resurge siempre, encuentra lugar en grupos, en asociaciones, en clubes. Ahora se les dice "seguidores". La Bruyère, quien nos dejó Los caracteres, lo sabía muy bien. A veces pensamos en los males de la política, pero el género de la impostura permea por todos lados: la academia, el deporte, la religión, el activismo social. Por donde sea, nunca faltará el impostor. Hace algunos años, dos profesores de física, Alan Sokal y Jean Bricmont, partieron de una broma para exhibir las "imposturas intelectuales" de ciertos lenguajes de la ciencia. En la presentación de aquél experimento, recordarían que "la reacción fue una mezcla de hilaridad y consternación. Apenas podían creer que alguien (y mucho menos intelectuales de prestigio) pudiese escribir sandeces semejantes".
Recientemente, un grupo de escritores y académicos de diversas instituciones, se pronunciaron por ejercer en México prácticas éticas, ante una serie de notables plagios cometidos por miembros del Conacyt. Como verán, la política no tiene la exclusividad de la impostura.
Hay impostores que toman el discurso como si fuera un monopolio. Por ejemplo, el monopolio del discurso ecológico. De esa manera se presentan como autoridad, como expertos en todo. No importa que no lo sean; lo que cuenta es la insistencia del yo. De esa manera, el impostor se erige superior moralmente, y por lo mismo, no permite cuestionamientos, críticas, y ni siquiera una simple duda. Para el caso, lo que vale es su palabra, no los datos duros, y mucho menos la evidencia para verificar las afirmaciones. En contraparte, hay una pérdida notable en el periodismo nacional, tan propenso a la repetición de boletines. A la transcripción acrítica de las declaraciones. Si el impostor encuentra lugar ahí, es por la ausencia de crítica, de una mínima verificación. Pero someter las declaraciones a evidencia exige esfuerzo y pensamiento. Es más fácil reproducir. Visto así, las páginas se llenan de declaraciones: Dijo, afirmó, negó. Nada más.
Pero regresemos al impostor. Escondido bajo el argumento de autoridad (porque lo digo yo), desacredita a quienes lo cuestionan, insulta, minimiza, propaga maledicencias. Cuando el cuestionamiento sube de tono, la impostura siguiente, es hacerse la víctima. Estás conmigo, o estás contra mi. Bajo la sombra de víctima, busca conmover, se dice amenazado, pero sobre todo, busca ocultar las imposturas. Así, es muy común que hable de transparencia y rendición de cuentas porque suena correcto, aunque las cuentas no salgan. En su desesperación, el impostor busca desviar la atención y no duda en recurrir a lugares comunes. Se dice víctima de un "compló". No es casual que el impostor pase de la bravuconería, a casi ocultarse.
En su estudio ya clásico sobre la cultura cívica, Robert Putnam también advirtió acerca del lado oscuro de la participación: asociaciones que funcionan como mafias. Grupos que se apoderan de la palabra, las causas y los recursos públicos. Se presentan como los únicos en la materia, y no soportan la competencia. Ante la pluralidad, el impostor busca a todo costa figurar, no tolera compartir el reconocimiento. Sabe que vive de las apariencias y en consecuencia, las alimenta constantemente. No nos extrañe que ahí donde el impostor defiende la transparencia, oculta asimismo su casa. A final, el impostor puede engañar a algunos por un tiempo, pero no a todos, todo el tiempo.
19 de agosto 2015

Bikes vs Cars

A pie o en automóvil, en camión o bicicleta, el transporte es el pan de cada día en las ciudades. No sé a ustedes, pero a mí me aburre manejar, más cuando se trata de largas distancias. Cada vez que puedo, prefiero andar o trasladarme en bicicleta. En el pasado lejano nos forjamos como grandes caminantes. Uno puede imaginar la necesidad vital de aquellos hombres al caminar, al observar, al construir el espacio desde esos recorridos pedestres. En el presente somos irredentos sedentarios y el automóvil parece "facilitarnos" todo. No es casual que bajo esa lógica, el diseño de nuestras ciudades también pierda sentido para las personas y por lo tanto, la dimensión de la escala humana. En la modernidad, construimos sin pensar en el viento y la luz, porque sencillamente tenemos refrigeración e iluminación artificial. Bajo esa referencia, tenemos generaciones de arquitectos que se olvidaron del entorno. Igual sucede con las ciudades, que han sido modeladas a imagen y semejanza de los automóviles, y no de las personas.
Para no ir tan lejos, en mi ciudad, Torreón, las principales obras públicas de los gobiernos son millonarios puentes vehiculares. Recientemente se inauguró un centro deportivo y comunitario con una inversión de 60 millones de pesos. Pero dos puentes, que actualmente se construyen, consumirán 450 millones. ¿Cuántas plazas y espacios de convivencia abiertos se harían con ese dinero? Sin embargo, esta situación local de inequidad y mala política, no es exclusiva de una ciudad, sino es compartida por muchas ciudades.
Gracias al colectivo de mujeres ciclistas, Bicionarias Laguna, por fin vi el tan esperado documental del director sueco Fredrik Gertten, "Bikes vs Cars" (2015). Oportuna fue la exhibición de Bicionarias, porque tomaron la calle el sábado pasado, para hacer una presentación abierta a los peatones durante Moreleando.
El documental llega a nuestro país por la promoción de la Red Nacional de Ciclismo Urbano, en conjunto con Ambulante y Greenpeace México. "Bikes vs Cars" expone de manera puntual los problemas y el malestar que viven tantas ciudades en el mundo por el dominio de los automotores, incluso en detrimento del ambiente y las personas mismas. Al mismo tiempo, aunque la narrativa es avasallante en cuanto a la hegemonía de los vehículos para el diseño urbano, aparece también una minoría alentadora que se mueve en dos ruedas: los ciclistas. Los Ángeles, ciudad de México, Sao Paulo, Toronto, por mencionar algunas ciudades, presentan el común denominador de tener grandes problemas de movilidad urbana, no sólo por el tráfico, sino por las inequidades que genera un modelo basado en el automóvil. Entre otras cosas, se tienen más carreteras y espacios para estacionamientos, que espacios públicos como parques y banquetas. Por lo mismo, la imagen que más representa a las ciudades del automóvil, es la bahía de un estacionamiento. Y sin embargo, como plantea el documental de Gertten, subyace en el uso de la bicicleta una alternativa revolucionaria a los problemas que conllevan 1,000 millones de automóviles. Insisto en la palabra subyace, porque a pesar de los graves problemas de movilidad en las ciudades (mayor costo, mayor tiempo en el tráfico, contaminación ambiental, muertes), la tendencia actual apunta a un crecimiento mundial de la industria automotriz. En la próxima década podríamos escalar a 2,000 millones de vehículos. Ante esa cultura dominante, es utópico tratar de pensar de otra manera, no obstante hay minorías que se resisten: colectivos ciclistas, ciudades como Copenhague y Ámsterdam. Para el caso, también podemos agregar esfuerzo notables en Curitiba y Bogotá con acceso a transportes urbanos masivos, más eficientes que los automóviles.
"Bikes vs Cars" es una reflexión bien fundamentada sobre la relación entre la calidad de vida y la movilidad en las ciudades. Encontrarán buenos datos y testimonios, comparaciones, y sobre todo, alternativas. Vean el corto en You Tube: https://www.youtube.com/watch?v=et8iEIPhooM
5 de agosto de 2015
El Siglo 

Discursos sobre la pobreza

El vaso medio lleno, el vaso medio vacío. Así son los discursos sobre la pobreza. Unos a celebrar la "eficiencia" asistencial del gobierno. Otros más optimistas, ya ven un país de clases medias. ¿Pero cómo estamos? Lo datos más recientes del Inegi, a través de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2014, ofrecen un perfil puntual sobre el bolsillo de los mexicanos. Cuánto se percibe, cómo se gasta, quiénes ganan más, o cuan desiguales somos como país. De entrada no hay buenas noticias, de acuerdo con los resultados de la ENIGH, el ingreso corriente total decreció en 3.2 por ciento en términos reales, con respecto a 2012. Dicho de otra forma, el crecimiento de la economía mexicana no alcanza, más todavía, vivimos un entorno de devaluación de la moneda frente al dólar, aunado a una baja expectativa de crecimiento a mediano plazo. Sumen también la caída de los ingresos del petróleo y el aumento de la deuda del gobierno federal. Menos mal que las finanzas están a cargo del "mejor" ministro de hacienda del mundo.
Pero regresemos a los datos de la encuesta. En 2014, el 30 por ciento de los hogares con mayores ingresos, concentró el 62.5 por ciento de los ingresos corrientes totales, mientras que el restante 70 por ciento de los hogares obtuvieron sólo el 37.5 % del ingreso. Ante semejante disparidad y concentración de la riqueza en los segmentos más altos de ingresos, el doctor Roger Bartra ve un país de clases medias. Sin duda en el futuro, incluso a pesar de los gobiernos, México podría emerger como un país de clases medias, sin embargo, todavía nos falta un buen tramo para que eso suceda. Vayamos nuevamente a los datos. En general, la pobreza aumentó en el país. Pasamos en 2012 de 53.3 millones de pobres a 55.3 millones en 2014. Lejos estamos de un país dominado por clases medias, en tanto más del 50 por ciento de la población está en alguna condición de pobreza.
Entre los diez niveles de ingresos de los mexicanos, todos decrecieron, excepto el segundo decil, que mostró una variación porcentual favorable de 2.1 por ciento. Esto significa que un segmento de la población de muy bajos ingresos, mejoró algo, casi nada si vemos las cifras en su contexto. Un poco menos pobre, pero pobre al fin. ¿Cuánto significa esto? El Consejo Nacional de Evaluación (Coneval), mide varias dimensiones de la pobreza en México. Específicamente la pobreza extrema disminuyó de 11.5 millones a 11.4. ¿Es mucho o poco? ¿Cuánto representa? Para la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, es una victoria, porque funciona la política contra la pobreza. Pero en dado caso, habría que agregar que se trata de un victoria pírrica. Tanto como decir, "estamos menos peor". El presidente Enrique Peña Nieto, afirmó que su gobierno contuvo la pobreza, y reconoció que falta mucho por hacer. Esperamos que ese hacer sea entregar algo más que televisores digitales, de preferencia antes de las elecciones.
La gran apuesta del gobierno federal para tratar de cambiar el rumbo de la economía fue en dos sentidos: una agenda de reformas, con énfasis en la energética, y la Cruzada nacional contra el hambre. La primera no ha resultado en beneficios claros para la economía, y en cuanto a las rondas de reforma energética, se desinflaron las inversiones que habría de llegar a cántaros. Sobre la pobreza en México, la Cruzada y los programas de beneficio social, parecen más un gran aparato para mantener clientelas políticas y ganar elecciones, que políticas para disminuir la pobreza. Dos décadas después, el país sigue en el mismo punto: estancado. De acuerdo con el Coneval, el número de carencias promedio de la población en pobreza se redujo entre 2012 y 2014 de 2.4 a 2.3 por ciento. Las carencias promedio de la pobreza extrema también bajaron de 3.7 a 3.6 por ciento. Pero esas ligerísimas bajas no representan cambios significativos para sacar a numerosos grupos de la pobreza. Se necesita ante todo un impulso económico mayor, un crecimiento consistente de la economía que pueda ofrecer oportunidades. Sin productividad, sin crecimiento económico sostenido, seguiremos hablando de pobres y desigualdad durante largo tiempo.
 EN COAHUILA CRECIÓ LA POBREZA
En vano busqué las declaraciones del secretario de Desarrollo Social en Coahuila, Rigo Fuentes Ávila, sobre el incremento de la pobreza. En el estado creció la pobreza de 27.9 a 30.2 por ciento. Y también aumentó la pobreza extrema: de 3.2 a 3.7 por ciento. Para el gobernador Moreira II, sencillamente las cifras no "cuadran". Sólo falta que culpen a los medios… o que decreten una ley para abolir la pobreza.
29 de julio 2015
El Siglo de Torreón 

Adiós al Francia

En alguna visita del gran historiador Luis González a Torreón, comentó que por sus pocos años, la historia de la ciudad "todavía anda a pie". Así, no dejan de sorprenderme conversaciones sobre la ciudad y sus historias. Ya sea a pie de banqueta o por encuentros fortuitos, encuentro esos espacios de la memoria que guarda la ciudad. Una calle, un edifico, un monumento olvidado, un viejo anuncio de neón. Más todavía, los pacientes diálogos con tantas personas que me han confiado su presente del pasado.






Desde hace algunos meses supe la triste noticia que cerraba la cantina más antigua de Torreón, ubicada en el emblemático edificio del Hotel Francia. Justo en la mera esquina de avenida Carranza (antes llamada Ferrocarril), y Ramos Arizpe. Desde hacía 19 años que cerraron el hotel, pero no así la afamada cantina, por lo que de alguna forma quedaba vivo un cachito del siglo XIX en la ciudad.
El Francia empezó modestamente como una construcción típica del viejo oeste norteamericano: hecha de adobe y madera a unos pasos de la estación de ferrocarril. Después esa finca fue conocida como el "Anexo Francia". Actualmente esa construcción la ocupa la tradicional lonchería "Mundo". Entre los primeros dueños del hotel estuvo Pedro Michou, por allá de 1898, quien a su vez vendió a otro francés, Julio Doucet, cuando ya el Francia comenzaba la construcción que todavía sobrevive. Luego el hotel pasó por otras manos. La arquitectura del inmueble refleja la añoranza de aquellos inmigrantes europeos que llegaron a Torreón por la promesa de una vida mejor. Hablamos de los años cuando la población dejaba de ser un rancho, para convertirse en una prometedora urbe. La estación ferroviaria abundaba en mercancías y gente, en particular miles de migrantes nacionales y extranjeros que llegaban a trabajar. Así llegaron algunas franceses que dejaron huella en la ciudad.
De acuerdo con Eduardo Guerra, un pionero de la historia local, la construcción del Francia fue la primera de importancia en la población. Todavía hoy es notable esa construcción de abobes, madera y remates de cantera. Ojalá que las nuevas obras respeten y restauren con cuidado la dignidad de ese viejo edificio. Ojalá que el nuevo dueño comprenda esos valores.
Desde sus inicios el hotel anunciaba su vocación cosmopolita para atender a visitantes y pasajeros. La administración atendía a sus clientes en español, francés, inglés y hasta alemán. Para la década de 1902, la tarifa era de 2.50 y 3 pesos por día. Durante años, el hotel fue un centro de reunión de los ricos comerciantes de la Alianza, que solían hacer negocios, como se acostumbraba en esos años, en las cantinas de la ciudad.
Por algunos años, fue el mejor hotel de Torreón, hasta que en 1905, abrió sus puertas el majestuoso Hotel Salvador, hoy igualmente abandonado. Sobre este aspecto, es revelador de la ciudad cómo permite que se destruya su historia y los edificios que la contienen. En verdad es una pena. Pero regreso al hotel. Su restaurante ofrecía diariamente un menú con aires internacionales, pero sobre todo, su cantina fue referencia para propios y extraños durante más de un siglo. El hotel cerró sus puertas en 1996, sin embargo la cantina del Francia continuó abierta, gracias a Antonio Zermeño, un hombre que sin lugar a dudas es un héroe de la historia de Torreón. Para felicidad de los parroquianos, Zermeño mantuvo el Bar Francia en los últimos cuarenta años. Hoy llega su fin esa cantina emblemática de la ciudad. Escribo esto con cierta nostalgia, como seguramente la tendrán quienes frecuentamos la cantina.
Es curioso como la historia da vueltas. Durante la revolución la ciudad vivió los horrores de la violencia de un bando y de otro. Tan sólo en la batalla del 1914, en pocos días quedaron regados unos 5 mil muertos entre Gómez Palacio y Torreón, pero al final, la población sobrevivió y se repuso. En su momento, el Francia hospedó al legendario Francisco Villa en varias ocasiones, incluyendo la "visita" de 1916, cuando venido a menos el revolucionario, se dedicó a saquear la ciudad. ¡Así nada más! Más cercano en el tiempo, otra oleada de violencia, aunque no de la magnitud de aquélla, se vivió en la ciudad. Contra viento y manera, en años recientes Zermeño mantuvo abierto el bar pese a la oleada de violencia que vivimos. Recientemente nos corroboró de viva voz que la cantina al fin cerraba, como quien cierra un capítulo de la historia de Torreón. Ya en el último trago, lo menos que podemos hacer es despedir con gratitud al Bar Francia.
22 de julio 2015 
El Siglo de Torreón 

jueves, 29 de octubre de 2015

La casa del dolor ajeno (libro)



Bajo el sugerente título, La casa del dolor ajeno (Random House, 2015, y coincidentemente 303 páginas), Julián Herbert acaba de publicar un libro que relata el principal episodio tabú en la historia de Torreón: la matanza de 303 chinos en mayo de 1911. Su libro es una oportuna actualización a uno de los momentos más vergonzosos y terribles en la historia de México durante el siglo XX. Armado de un rigurosa investigación, y sobre todo, una excelente pluma, Herbert ahonda en el pasado como quien relata el presente. Masacres impunes, fosas clandestinas y hasta una "verdad histórica". Si bien, el libro aborda la matanza de los chinos en Torreón, es imposible sustraernos a nuestra realidad inmediata. La desaparición forzada de 43 estudiantes en Guerrero. La masacre sucedida en San Fernando, Tamaulipas, donde 72 migrantes fueron asesinados. De la misma manera, un grupo criminal arrasó con casas y personas en Allende, Coahuila. ¿Cuántos? El gobierno prefiere callar. En La Laguna tenemos docenas y docenas de personas desaparecidas como lo ha documentado Fundec y el Grupo Vida. En ese sentido, el libro más reciente de Herbert interesa no sólo a historiadores y académicos, sino a un público más amplio, que por momentos, vive en un país delirante y barbárico. De esa manera, la historia es importante en tanto nos ofrece lecturas, perspectivas y dimensiones del presente.
El libro está narrado como un auténtico western. El escenario es el Torreón porfiriano, industrioso, empresarial. La tierra prometida del capitalismo que devora a sus propios hijos. Lejos quedan las imágenes idílicas de La Laguna o complacientes de la historia de bronce. Herbert confronta al lector con los muertos. Son ellos los que hablan y habitan sus páginas. Más vale escucharlos, aunque sus testimonios desgarren.
El libro transita por varios géneros. Crónica, ensayo, entrevista, por momentos novela histórica. Y lo que más disfruté: las digresiones personales del autor que nos adentran en la escritura de la historia. Es así como nos enteramos de circunstancias, detalles, pormenores del libro y hasta la vida personal del autor. El libro revisa y discute bibliografía fundamental del tema; recurre a fuentes de primera mano como el archivo mismo de la matanza, un escalofriante expediente que rebasa las mil fojas. En el camino, también toma esa fuente maravillosa y sorprendente que son los taxistas. Es así como el autor reproduce un diálogo luminoso. "¿Tú sabes quién mató a los chinos? En la puerta del hotel desciendo del auto, doy las buenas noches y pago. Al darme el cambio, el muchacho murmura sin mirarme: "Han de haber sido los Zetas, ¿no? Esos weyes son los que matan a todos".
El libro de Herbert se inserta en la tradición revisionista, en tanto describe el "pequeño genocidio" lagunero y lo confronta de manera crítica con la interpretación de los historiadores, y sobre todo, la que hicieron las siguientes generaciones de torreonenses. Ocultar, tergiversar la verdad. Negarla. Enterrarla. Guardar un silencio cómplice. Es lo que el historiador francés, Pierre Vidal-Naquet, ha llamado "los asesinos de la memoria". No es casualidad que la casa del Dr. Lim, un personaje extraordinario y sobreviviente de la matanza, sea un museo más de la revolución.
Por supuesto, la crítica de Herbert ya genera polémica en algunos sectores muy conservadores de Torreón. Es un libro que no deja tranquila a la "casta intelectual" lagunera, y corta más de una cabeza. Julián dibuja bien a Torreón y los laguneros como una sexualidad violenta. Su relación con la ciudad me recordó dos poemas de Efraín Huerta: Declaración de amor y Declaración de odio.
Los fallidos memoriales a la colonia china en Torreón hablan por sí mismos. La última vez, la escultura del hortelano chino en el Bosque Venustiano Carranza, terminó con una soga al cuello. Los ladrones no alcanzaron a robar el monumento para venderlo al kilo. Sobre la ausencia de esa escultura, Herbert escribe: "lejos de la vista de una sociedad liberal, abierta y migrante que todavía hoy se niega a reconocer ante sí misma lo que sucedió a la colonia china entre el 13 y el 15 de mayo de 1911".
La publicación de La casa del dolor ajeno llega en momento muy oportuno después de la exposición "303: La matanza de chinos en Torreón", que a principios del año, abrió el prestigioso e inquietante Museo Memoria y Tolerancia en la ciudad de México. Pienso que interpretaciones críticas como el libro Julián Herbert y la exposición en su momento, contribuyen a entendernos mejor, pero sobre todo, a dignificar la memoria. Por supuesto, nunca faltará quien prefiera vivir en una mentira tranquilizadora.
28 de octubre 2015
El Siglo de Torreón 


jueves, 15 de octubre de 2015

Equidad de género, libros

La Dra. Rosario Varela Zúnñiga, investigadora especializada en equidad de género, promueve dos libros relevantes sobre el tema: Los estudios de género en el Norte de México (2014), y 15 años de políticas de igualdad (2014).