Mostrando entradas con la etiqueta historiador. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historiador. Mostrar todas las entradas
domingo, 2 de abril de 2017
Reconocimientos póstumos al Dr. Sergio A. Corona Páez
El historiador Carlos Manuel Valdés en Vanguardia: http://www.vanguardia.com.mx/articulo/dos-laguneros
"Titulé “Dos laguneros”, ¿quién es el otro? Se llamaba Sergio Antonio Corona Páez. Utilizo el imperfecto porque este magnífico historiador torreonense murió hace unos días. Sergió publicó varios libros sobre historia coahuilense, uno de éstos sobre la Hacienda de los González, en Saltillo, varios sobre Santa María de las Parras, uno de teoría de la historia para preparatorianos y dos o tres sobre los jesuitas laguneros. En uno de ellos, Sergio plasmó su talento rescatando la historia de la vitivinicultura de Parras. Libro fundamental para entender el significado de la producción de vinos y licores generados por los marqueses de Aguayo y por los jesuitas. Hizo un descubrimiento de importancia al encontrar que también hubo viticultores tlaxcaltecas y un sacerdote diocesano enólogo. Ahora que vemos que el cultivo de la vid está siendo cada día más practicado es obligado recurrir al libro de Sergio. Lo aprecié. Le publiqué un libro en la SEP. Somos coautores de dos libritos sobre los indios de Coahuila: razones de peso para recordarlo como amigo, colega e intelectual. Sergio Corona se ganó un lugar de privilegio en la historiografía coahuilense".
El escritor y gran amigo de Sergio, Jaime Muñoz Vargas en Milenio: http://www.milenio.com/firmas/jaime_munoz_vargas/Maestro-amigo-hermano_18_913288737.html
"Borges escribió un poema de homenaje póstumo para Alfonso Reyes, amigo luminoso que se le adelantó en 1959. El título del poema es “In memoriam A.R.”, y comienza con la siguiente estrofa: “El vago azar o las precisas leyes / que rigen este sueño, el universo, / me permitieron compartir un terso / trecho de curso con Alfonso Reyes”. Nadie puede mejorar eso, así que incurro en la comodidad de parafrasearlo: el vago azar o las precisas leyes que rigen este sueño, el universo, me permitieron compartir 25 años, un maravilloso trecho de mi vida, con Sergio Antonio Corona Páez. Sergio murió el pasado primero de marzo de 2017. Nació en Torreón el 12 de octubre de 1950, y en poco más de 66 años construyó una existencia que, como se lo dije muchas veces, me parecía asombrosa y ejemplar, tal vez la más asombrosa y ejemplar de cuantas he conocido. Tímido, introspectivo, sobrio siempre, Sergio fue desde niño un hombre dedicado a trabajar con las dos facetas del espíritu: la de su fe en lo trascendente y la de su amor al conocimiento. En ambos casos no descansó un solo día para mejorar, para mejorarse como ser humano. Sin grandilocuencia, siempre en el más bajo de los perfiles e íntimamente orgulloso y seguro de lo que hacía, supo desde niño que su vida se vincularía estrechamente, en el plano de lo privado, en una relación personal, directa, con dios, y en el profesional, en el público, con el conocimiento de la historia. A los ocho años comenzó su carrera de historiador y la concluyó hasta el final de su vida, sin parar, lo que dejó a La Laguna aportaciones hoy fundamentales para entender nuestro pasado. Metódico, pacífico, sereno, respetuoso de la dignidad de hombres y animales, Sergio se consumó como científico social en el campo de la historia. Su divisa fue la de Marrou: “La historia se hace con documentos; sin documentos no hay historia”, por lo que desconfiaba de toda ficcionalización del pasado por intereses ideológicos o ingenuidades. Jamás se sintió dueño de ninguna verdad, y consideraba su obra un punto de partida para nuevas exploraciones, no de llegada. Le adeudo mucho, muchísimo, y por fortuna se lo expresé a tiempo. Fue mi maestro, se lo dije incontables veces, pero él jamás aceptó serlo. Tampoco aceptó ser mi amigo. Él prefirió algo mejor, como buen sabio: ser mi hermano".
También, Edgar Salinas en homenaje al Dr. Corona en Milenio: http://www.milenio.com/firmas/edgar_salinas_uribe/Memoriam-Don-Sergio-Corona-Paez_18_914488611.html
"La pluma más fina de la historiografía lagunera se ha ido: Sergio Antonio Corona Páez falleció la semana pasada. Escribir del pasado no es lo mismo que escribir el pasado. Lo primero, aunque pudiera hacerlo un historiador, es afán principal de aficionados, vendedores de espejos y divulgadores. Son legión y su olor los delata. Lo segundo, en cambio, sólo puede hacerlo el historiador. Con Ortega y Gasset podríamos decir: “así como la física no es el experimento, la historia no es el documento”. Quien piense lo contrario puede editar un libro en pasta dura y papel fino para ganar plata, pero no escribe historia. La escritura de la historia implica método, contraste de fuentes, aproximaciones, interpretaciones, búsqueda de realidad. En ese sentido, la historia se escribe, no sólo se describe. A esto último se dedicó Sergio A. Corona Páez, quien escribió el marco de referencia fundamental de la historiografía lagunera. Con su partida, La Laguna pierde a su historiador, no solo a un historiador. “La Comarca Lagunera, constructo cultural: economía y fe en la configuración de una mentalidad multicentenaria”, libro escrito por Sergio y editado por la Universidad Iberoamericana Torreón, es imprescindible lectura para quien busque comprensión profunda del ser lagunero. No hay, hasta el momento, mejor libro para responder a la pregunta por el origen, configuración y devenir de la identidad lagunera. Además de historiador y cronista, a Sergio lo recordaremos como cumplido guía para despertar la curiosidad intelectual entre sus alumnos. Luego de la primigenia tarea de un equipo de profesores, él se encargó de dar forma al Archivo y Centro de Estudios Históricos de la Ibero, listado en la Red de archivos históricos de la UNESCO. Muchas personas guardaremos en nuestro recuerdo la siempre amable cortesía y afectiva disposición de Sergio. A su familia, respetuosamente mis condolencias. A Jaime Muñoz y Carlos Castañón, sus grandes amigos, un abrazo. Coincidencia nefasta: falleció Sergio mientras la estulticia gobernante arranca el emblemático Torreón de su sitio original".
El Dr. Mario Cerruti, a nombre de la Asociación Mexicana de Historia Económica:
"Estimad@s: Con enorme pesar y mucho dolor les comunico que ha fallecido nuestro muy apreciado Sergio Corona Páez, doctor en Historia, director del archivo histórico de la Universidad Iberoamericana en Torreón, miembro muy reconocido de nuestra asociación y frecuente autor sobre temas laguneros y vitivinícolas. Fue coordinador del XVI Encuentro de Historia Económica del Norte de Mexico en octubre del 2007. Descanse en paz Mario"
domingo, 5 de marzo de 2017
Sergio Antonio Corona Páez y el oficio de historiar
(1950-2017)
La
muerte es el ciclo de la vida. Se escribe fácil, no así cuando se trata de un
ser querido, algún familiar, o un amigo muy cercano. Nos duele y sentimos ese
irremediable vacío, esa tristeza tan humana con la que todos algún día nos
doblamos. El pasado primero de marzo, falleció el Dr. Sergio Antonio Corona Páez,
cronista oficial de Torreón e historiador de primera línea. Nos conocimos hace
16 años y desde entonces mantuvimos un intenso diálogo, una entrañable amistad.
Corona Páez fue mi maestro, mentor, pero sobre todo, mi gran amigo. Por eso me
duele escribir estas palabras a manera de memoria y homenaje.
Desde
su nacimiento, un simbólico 12 de octubre de 1950, su destino quedó signado
para la escritura de la historia, para el oficio de historiar. Desde muy chico
tuvo esa consciencia histórica al comenzar a juntar las piezas del rompecabezas
genealógico. Ese tesoro familiar lo llevó a remontarse varios siglos atrás, lo
que sin duda, marcó su carrera profesional como historiador. Corona Páez fue el
mayor historiador de la región, tanto por su producción historiográfica, como
por su alcance internacional. Hace unos días, su esposa Patricia Reyes Fernández,
recibió llamadas y mensajes de condolencias desde Estados Unidos, Alemania,
España, Chile… lo que nos habla de los lazos del investigador. Como
historiador, fue un pensador original que hizo para sí un trabajo local —la
historia de la Laguna, la historia de Torreón— con una carácter global.
La calidad de su labor académica llegó lo mismo a Estados Unidos que Francia, donde su libro y tesis doctoral, “La vitivinicultura en el pueblo de Santa María de las Parras” (2004), fue reconocido en la Feria Internacional del Libro, en París, en el 2011. Igualmente, otro de sus trabajos, publicado colectivamente bajo el título “Turismo del Vino. Análisis de casos internacionales”, ganó la distinción “Gourmand World Wine Book”, en ese mismo año. La trascendencia de sus estudios sobre la economía colonial en Parras durante los siglos XVII y XVIII, no sólo renovó el conocimiento historiográfico del Norte de México, sino además, se volvió, en palabras del historiador Pablo Lacoste, un libro de texto en universidades sudamericanas. Como pocos investigadores, su obra es un referente internacional para los estudiosos de la historia lagunera. Para muestra, basta ver las referencias indexadas en revistas académicas y arbitradas. En ese sentido, Torreón tuvo un cronista de lujo, un historiador bajo un notable talante de científico social.
La calidad de su labor académica llegó lo mismo a Estados Unidos que Francia, donde su libro y tesis doctoral, “La vitivinicultura en el pueblo de Santa María de las Parras” (2004), fue reconocido en la Feria Internacional del Libro, en París, en el 2011. Igualmente, otro de sus trabajos, publicado colectivamente bajo el título “Turismo del Vino. Análisis de casos internacionales”, ganó la distinción “Gourmand World Wine Book”, en ese mismo año. La trascendencia de sus estudios sobre la economía colonial en Parras durante los siglos XVII y XVIII, no sólo renovó el conocimiento historiográfico del Norte de México, sino además, se volvió, en palabras del historiador Pablo Lacoste, un libro de texto en universidades sudamericanas. Como pocos investigadores, su obra es un referente internacional para los estudiosos de la historia lagunera. Para muestra, basta ver las referencias indexadas en revistas académicas y arbitradas. En ese sentido, Torreón tuvo un cronista de lujo, un historiador bajo un notable talante de científico social.
A
Corona Páez le debemos la explicación más robusta y acuciosa sobre las raíces
coloniales de La Laguna y su sentido de identidad regional. Un claro ejemplo,
lo encontramos en el libro “El país de La Laguna, impacto hispano-tlaxcalteca
en la forja de la Comarca Lagunera” (Primera edición, 2006; segunda 2011). Se
trata de un libro imprescindible para todos
los interesados en esta región del noreste mexicano, y sobre todo, para los
laguneros ávidos de conocer sus raíces. En ese libro, muestra a la vez claridad
y sencillez del lenguaje, pero basado en un profunda investigación de fuentes
primarias. Como historiador fue un paciente documentalista, un erudito
conocedor del Antiguo régimen. Quienes lo frecuentamos constantemente,
advertíamos que vivía en dos mundos. El presente y el siglo XVIII. Para dicha
de tantos, su bagaje, su puntual conocimiento lo compartió con generosidad, no
sólo para los académicos y especialistas, sino a través de una extensa labor de
divulgación en los dos principales periódicos de la región, El Siglo de Torreón
y Milenio Laguna. Igualmente, en el blog Crónica de Torreón, con más de medio
millón de visitas, mismo que se interrumpió a finales de diciembre pasado,
cuando su estado de salud ya no le permitió actualizarlo. En cientos y cientos
de artículos, Corona Páez difundió su amor por Torreón y La Laguna. Gracias a
sus palabras, conocimos detalles, explicaciones y sucesos de la región, pero
sobre todo, nos enseñó a ver la ciudad de otra manera. Su legado mostró y demostró que la historia es
una disciplina rigurosa, metódica, y que incluso, en sus demostraciones,
alcanza una validez científica. No como verdad inamovible, pero sí verificable
y revisable a la manera que enseñó Karl Popper.
Había
en él, el espíritu de anacoreta dedicado a la historia, al pensamiento, a la
paciente búsqueda y reflexión. No había prisas; sino parsimonia, orden. Tanto
en su vida como en su trayectoria profesional, llevó calma y método. Como
estoico enfrentó los últimos dos meses de su vida. Dejó una obra prolífica en
más de una treintena de libros y varios centenares de artículos. Su valiosa
labor al frente del Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad
Iberoamericana de Torreón, también dejó huella para tantos investigadores y
estudiantes que acuden a las fuentes archivos. Lo mismo puede decirse de su labor como maestro en la Universidad Iberoamericana.
Adiós amigo, te vamos a extrañar.
Adiós amigo, te vamos a extrañar.
5 de marzo 2016
El Siglo de Torreón
lunes, 26 de diciembre de 2016
Palacio Federal
La
historia está en sus edificios. En el hormigón, el fierro, los ladrillos, o
para acabar pronto, en las formas y los materiales. También está la historia en
la disposición de los espacios que conforman una cierta identidad. De esa
manera, la arquitectura vale, en tanto es ocupada por la gente. Un lugar, un
espacio o un edificio pueden volverse un referente reconocido. A pesar de su
juventud como ciudad, poco más de cien años, Torreón cuanta con referentes arquitectónicos
reconocibles. Sin duda, por sus características, por el contexto de su
historia, el Palacio Federal es uno de los emblemas de la ciudad. Construido
por el gobierno federal entre 1944 y 1946, el Palacio Federal fue un inmenso
edificio en la época. Su sola construcción durante el gobierno del presidente
Manuel Ávila Camacho, reveló una vez más, la importancia de la región Lagunera,
para la presidencia de la República. ¿En los últimos sexenios, qué obra de gran
calado tenemos?
Eran
otros tiempos donde la Laguna recibía gran atención de la federación. El Banco
de México, no para Saltillo ni Durango; sí para Torreón. Otras grandes obras
como la presa El Palmito, el Banco Rural, el Hospital Ejidal… pero regresemos
al Palacio. Bajo una arquitectura federalista, el edificio tiene aires brutales
que recuerdan a los gobiernos totalitarios de aquellos años, como la Alemania
dominada por el Nacional Socialismo, o la Rusia dictatorial de Stalin. También,
eran los años dorados del estado mexicano, como un estado fuerte, autoritario,
con el control de casi todo, incluida la esposa del presidente. De esa manera,
para atender directamente a la región, se construyó el Palacio Federal. De
acuerdo con los parámetros de la época, el proyecto nació grande y se destinó
una manzana para levantar ahí el pesado edificio de tres plantas y sótano. Se levantaron
fuertes columnas y robustos pilares de concreto armado y arena del río Nazas. Sus
colores son formales: blanco y gris oscuro. A la sencillez geométrica concebida
por el arquitecto Luis Prieto Souza, quien fue un buen representante de la
escuela tapatía, se agregó el conjunto escultórico que terminó por coronar el
edificio. Cuatro magníficas esculturas para representar la agricultura, la
industria, la educación y el deporte. Cada una vigila desde entonces las cuatro
esquinas del edificio. Frente a una enorme multitud, el presidente Ávila
Camacho y ex presidente Lázaro Cárdenas, inauguraron el Palacio el 5 de octubre
de 1946. Ahí estuvo el gobernador de Coahuila, Ignacio Cépeda Dávila, un hombre
de triste historia. También acompañó el joven alcalde de Torreón, político de
buena memoria entre la gente: Braulio Fernández Aguirre.
¿A
qué viene esta historia? Desde hace unos meses se realizan obras de
remodelación en el Palacio Federal, que ya cuenta con 70 años. De acuerdo con
el Instituto de Administración y Avalúos de Bienes Nacionales (INDAABIN), la
inversión asciende a 87 millones de pesos. El proyecto tiene aciertos
plausibles como las instalación de paneles solares, adecuación de plafones en
los techos, áreas verdes y mantenimiento general. Sin embargo, llama la
atención, la instalación innecesaria de plafones en los muros y columnas del
edificio. Lejos de conservar el edificio histórico bajo los criterios de intervención
y restauración, han dañado la fachada con plafones. A todas luces el palacio
requería restauración, pero ahora han perforado la fachada e instalado ahí
plafones innecesarios, como quien trae dinero para desperdiciar. En un
recorrido que hice el sábado pasado, pude constatar la manera en que han
maltratado el edificio. Sin ningún respeto de la historia y la identidad
arquitectónica. Celebro la modernización del edificio, la inversión para
dignificar el espacio, pero también condeno la ignorancia con la que
procedieron a dañar la fachada. ¿Quién asesoró el proyecto? ¿Por qué las mismas
autoridades que reconocen el edificio como “artístico” permiten el daño? ¿Por
qué no consultar antes a los expertos en restauración que tiene el mismo
gobierno en el INBA y el INAH? Es una pena lo que ahora sucede, que bien podría
enmarcarse en un manual de cómo dañar edificios históricos. En toda indolencia,
llama la atención que los historiadores están dormidos. A ellos les interesa el
mito de la revolución. De igual manera, se nota la ausencia de las ocho
escuelas de arquitectura y sus cientos de alumnos. Les pasa de noche la pérdida
del patrimonio arquitectónico en la región. ¿Dónde está el Colegio de
Arquitectos? Urge a la ciudad un consejo responsable y comprometido con el
cuidado y preservación de nuestro patrimonio. Lo que tenemos a cambio, es
ignorancia e ignominia.
26 de octubre 2016El Siglo https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1276301.palacio-federal.html
-->
Etiquetas:
arquitectura,
colegio de arquitectos,
conservación,
historiador,
histórico,
identidad,
inah,
inba,
palacio federal,
patrimonio arquitectónico,
restauración,
Torreón
jueves, 24 de noviembre de 2016
lunes, 29 de junio de 2015
miércoles, 3 de octubre de 2012
Historiar desde abajo
Longevo, como su temas de historia, murió el pasado lunes a los 95 años, el gran historiador británico, Eric Hobsbawm (1917-2012). Acaso, debo aclarar que nació en la otrora capital del mundo antiguo, Alejandría (Egipto), pero su formación y sus intereses fueron esencialmente europeos. Como buen historiador neomarxista (después de la caída del Muro la palabra ya no genera escozor), el eje de sus trabajos está en la economía y la historia social.
Son clásicos ya entre los profesionales de la historia y las llamadas ciencias sociales, sus libros: La era de la revolución: Europa 1789-1848; La era del capital: 1848-1875; La era del Imperio: 1875-1914. Gracias a esos trabajos comprendemos mejor la historia del capitalismo y su influencia mundial hasta los rincones más insospechados. La manera de escribir historia para Hobsbawm, se asemeja a la manera en que leemos las capas geológicas de una roca. Su historia del capitalismo puede leerse desde varios niveles: las historias de las palabras (“industria”, “clase media”, “ferrocarril”, “fábrica”, “huelga”, “clase trabajadora”, “ingeniero”). La historia vista por los obreros y los desplazados del cambio tecnológico. La historia política y las demandas sociales. La expansión de la democracia y los avances de la ciencia.
En Hobsbawm hay un todo económico que amalgama las capas de la historia. Por eso lo leemos y lo releemos. Para el historiador “las palabras son testigos que a menudo hablan más alto que los documentos”. Su mundo historiográfico fue y vino entre los siglos XVIII y XIX, pero eso no le impidió estar atento a lo que sucedía en su propio siglo. Por eso escribió el libro sobre la Historia del siglo XX, donde introdujo el concepto de “siglo XX corto”, por empezar en una guerra, 1914, y terminar con el colapso del bloque socialista, 1991. Más reciente, publicó Guerra y paz en el siglo XXI.
Con maestría Hobsbawm explicó ciertos momentos claves de la historia mundial a partir de las revoluciones en Inglaterra y Francia. Una económica y otra política. Pero advierte con reticencia personal, que “la revolución industrial (británica) se había tragado a la política (francesa)”. Por eso su obra, a pesar de hacer la historia del capital, nos remite una y otra vez a la gente sin voz y sin nombre. Hablan en sus libros los miles de anónimos que sostuvieron los duros inicios de un sistema económico mundial que va de Occidente a China, hasta América Latina. Por momentos sus historias y contrahistorias (también escribió sobre los rebeldes, los bandidos y las revoluciones violentas), parecen la historia de Inglaterra, pero no por una sesgo eurocentrista, sino por el inmenso dominio que significó la “era del capital”.
Con Hobsbawm comprendemos que el mundo contemporáneo le debe mucho, a veces para mal, al capitalismo desarrollado en Inglaterra. Somos hijos de aquella revolución que ahora tiene muy poco de revolucionario, y mucho de autodestructiva. Ya la crisis de 2008 desató el marasmo y el fraude mundial. Eso sí, ¡con cargo a los contribuyentes!
Junto a E. P. Thompson, otro gran historiador británico, Hobsbawm fue un gran maestro del oficio de historiar “desde abajo”. Descanse en paz, el incasable historiador.
3 de octubre 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9160510
Son clásicos ya entre los profesionales de la historia y las llamadas ciencias sociales, sus libros: La era de la revolución: Europa 1789-1848; La era del capital: 1848-1875; La era del Imperio: 1875-1914. Gracias a esos trabajos comprendemos mejor la historia del capitalismo y su influencia mundial hasta los rincones más insospechados. La manera de escribir historia para Hobsbawm, se asemeja a la manera en que leemos las capas geológicas de una roca. Su historia del capitalismo puede leerse desde varios niveles: las historias de las palabras (“industria”, “clase media”, “ferrocarril”, “fábrica”, “huelga”, “clase trabajadora”, “ingeniero”). La historia vista por los obreros y los desplazados del cambio tecnológico. La historia política y las demandas sociales. La expansión de la democracia y los avances de la ciencia.
En Hobsbawm hay un todo económico que amalgama las capas de la historia. Por eso lo leemos y lo releemos. Para el historiador “las palabras son testigos que a menudo hablan más alto que los documentos”. Su mundo historiográfico fue y vino entre los siglos XVIII y XIX, pero eso no le impidió estar atento a lo que sucedía en su propio siglo. Por eso escribió el libro sobre la Historia del siglo XX, donde introdujo el concepto de “siglo XX corto”, por empezar en una guerra, 1914, y terminar con el colapso del bloque socialista, 1991. Más reciente, publicó Guerra y paz en el siglo XXI.
Con maestría Hobsbawm explicó ciertos momentos claves de la historia mundial a partir de las revoluciones en Inglaterra y Francia. Una económica y otra política. Pero advierte con reticencia personal, que “la revolución industrial (británica) se había tragado a la política (francesa)”. Por eso su obra, a pesar de hacer la historia del capital, nos remite una y otra vez a la gente sin voz y sin nombre. Hablan en sus libros los miles de anónimos que sostuvieron los duros inicios de un sistema económico mundial que va de Occidente a China, hasta América Latina. Por momentos sus historias y contrahistorias (también escribió sobre los rebeldes, los bandidos y las revoluciones violentas), parecen la historia de Inglaterra, pero no por una sesgo eurocentrista, sino por el inmenso dominio que significó la “era del capital”.
Con Hobsbawm comprendemos que el mundo contemporáneo le debe mucho, a veces para mal, al capitalismo desarrollado en Inglaterra. Somos hijos de aquella revolución que ahora tiene muy poco de revolucionario, y mucho de autodestructiva. Ya la crisis de 2008 desató el marasmo y el fraude mundial. Eso sí, ¡con cargo a los contribuyentes!
Junto a E. P. Thompson, otro gran historiador británico, Hobsbawm fue un gran maestro del oficio de historiar “desde abajo”. Descanse en paz, el incasable historiador.
3 de octubre 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9160510
lunes, 1 de octubre de 2012
sábado, 16 de octubre de 2010
Friedrich Katz
Me entero hoy por la tarde que murió en Filadelfia el gran Friedrich Katz (1927-2010). Queda, como una gran raíz, su obra, la cual es una referencia obligada para los profesionales de la historia.
En los últimos años su libros me han acompañado y todavía lo recuerdo en aquella tarde, ante un concurrido público en el INEHRM. También, en alguna ocasión, visitó La Laguna el académico de Chicago.
Katz no sólo fue el autor de la obra más completa y profunda sobre Pancho Villa, sino un gran historiador de México, país que adoptaron sus padres en la época de Cárdenas.
Hasta pronto, Dr. Katz.
viernes, 29 de enero de 2010
Cronista de Torreón
Leo con gusto el artículo, “Blogs sobre historia regional en México,” escrito recientemente por el prestigioso investigador Felipe Castro, quien es doctor en antropología e historiador de la UNAM. Al respecto escribió sobre el blog cronicadetorreon.blogspot.com, del Dr. Sergio Antonio Corona Páez, quien es además Cronista de la ciudad: “es un buen candidato al título de blog activo más antiguo sobre historia de México, dado que está en línea desde septiembre de 2006. El autor es un estudioso de la historia local, con varias publicaciones sobre el tema, y en este blog ha escrito asiduamente sobre lugares, acontecimientos y tradiciones del pasado. No olvida, tampoco, que un historiador se interesa por el pretérito, pero no es un anticuario, de modo que comenta y opina sobre los sucesos contemporáneos de su ciudad, particularmente en lo que se refiere a su patrimonio histórico”. Desde estas líneas felicitamos al cronista por difundir la historia en uno de los blogs más activos del país. Las más de 122 mil visitas y los cientos de artículos lo demuestran. No dejen de visitar frecuentemente el blog.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




