lunes, 2 de enero de 2012

El fin de la guerra

Cierra el año y una de las noticias que más lo marca es el fin de la guerra en Irak. Aunque se anuncia el fin, todavía no sabemos cuándo terminen sus efectos. Casi 10 años después Estados Unidos, bajo el mandato de otro presidente, cumple una de sus promesas de campaña: sacar al ejército norteamericano de Irak. 


Los costos fueron estratosféricos, tanto que ahora son una pesada carga, en conjunto con el fobaproa gringo, para la economía. Ya dice su carismático presidente: ¡hay que salvar a la clase media! Las cifras oficiales emitidas por la Casa Blanca redondean en 4500 muertes las bajas de los soldados estadounidenses. 137 mil vidas de civiles y “enemigos” tan sólo en Irak. El costo de esa guerra basada en una serie de supuestos falsos fue de un trillón de dólares (un mil millones de billones).


En su conjunto, la Universidad de Brown calculó el costo de las guerras post 9/11 en Oriente (Irak, Afganistán y Pakistán), en unos 4 billones de dólares. Más de 31 mil norteamericanos murieron incluyendo las fuerzas de seguridad iraquí, afgana y otras fuerzas aliadas con Estados Unidos. La otra cara de la moneda: 225 mil civiles muertos. Esas guerras además crearon 7.8 millones de refugiados en la zona (véase costsofwar.org).
A ese nivel, hablar de cifras resulta descomunal. En México, el problema de la cristiada (entre 1926 y 1933), costó de acuerdo con Jean Meyer, unas 250 mil vidas. Actualemente sin “guerra”, la errática política contra las drogas emprendida por el gobierno federal en 2006, ya contabiliza unas 60 mil vidas. ¿En dónde iremos a parar?



Entre los muchos libros, reportajes y documentos oficiales sobre las guerras post 9/11, se hace ya una suma del terror. Recientemente leí la breve crónica, Diario de Irak, escrita a “salto de mata” por Mario Vargas Llosa. El novelista estuvo ahí en 2003, y por entonces escribió sobre la libertad salvaje: “Irak es el país más libre del mundo, pero como la libertad sin orden y sin ley es caos, es también el más peligroso”. En algún momento, el novelista peruano dialogó con un abogado sobre la terrible situación del país. ¿Cómo le hacía para sobrevivir? No perdía el humor: “El cinismo estoico es una bocanada de civilización en estos casos, una excelente estrategia de los seres pensantes contra la desesperación”.


En otra de sus andanzas Vargas Llosa dio con una librería ambulante, donde encontró el libro de Neruda, Confieso que he vivido, traducido al persa y publicado en Teherán.
Hace algunos años vi la exposición de Fernando Botero sobre la infamia norteamericana de Abu Ghraib. El pintor colombiano explicó que esas pinturas la hizo no porque creyera que iba a cambiar la realidad, sino sencillamente, para que al paso de los años no se olvidara. Y en efecto, su interpretación es tan impactante que uno sale de ahí estupefacto.



Ahora se anuncia que la guerra en Irak terminó, pero ¿cuándo empieza la paz si el leguaje la política se sigue hablando a bombazos?


28 de diciembre 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9086149