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viernes, 18 de abril de 2014

Riquelme, 100 días y contando



Esta semana se cumplen los primeros 100 días del alcalde Miguel Ángel Riquelme a cargo del gobierno municipal de Torreón. Un período altamente simbólico donde la mayoría de los gobernantes busca mostrar la hechura de sus gobiernos. Algunos echan todas las ganas para un gran arranque y otros nomás ahí se quedan. En poco más de tres mes ya tenemos un pulso del gobierno de Riquelme. En principio se notan las diferencias con su antecesor en el cargo. Se pasó de una línea de mando difusa, a una línea clara y casi exclusiva del alcalde. Por lo mismo, antes que las obras, el alcalde empezó por la comunicación. Él y nadie más comunica en un medio donde la percepción lo es todo. De esa manera, insiste una y otra vez en las acciones de su gobierno, principalmente dirigidas a mejorar los servicios públicos de Torreón. Ahí está paulatinamente el nuevo alumbrado por colonias y bulevares. El barrido de calles por la llamada "marea roja". El mantenimiento de camellones y la pintura en cordones, puentes y principales avenidas de la ciudad. Igualmente es visible el programa de bacheo y hasta la infaltable pavimentación en una concurrida vialidad. Sin duda acciones que se palpan de la administración.
Bajo ese sello, Riquelme ha demostrado eficiencia y atención para mejorar la decaída imagen del gobierno municipal y la ciudad. De acuerdo con la evaluación del Barómetro de México Avanza (marzo 2014), los ciudadanos otorgaron una calificación aprobatoria de 6.5 al alcalde. Al ritmo actual de la administración, es factible reconocer un cambio positivo en los próximos meses. ¿Pero por qué los cambios ahora sí se notan?
Salvo dos o tres directores con perfil ciudadano o externos al PRI, el resto del equipo de trabajo es el mismo de la tan criticada administración anterior. ¿Cambiaron porque el liderazgo cambió, o sólo guardan las apariencias? Incluso ahí donde se provocaron graves problemas financieros como en el Simas, no sólo se recicló, sino se premió a los responsables del desastre en la paramunicipal. ¿Corrupción tolerada?
Mas a largo plazo, la aprobación del Instituto Municipal de Planeación, dirigido por el excrítico y buen amigo Eduardo Holguín, podría ser una de las áreas estratégicas más relevantes para mejorar sensiblemente la ciudad. Por supuesto no en los próximos 100 días, sino en los siguientes quince años. Hago votos para que así sea, porque si algo ha caracterizado la planeación urbana y la obra pública en Torreón, es una larga serie de despropósitos y disfuncionalidades. ¿Ya se nos olvidó el DVR?
En el área de la Tesorería, es destacable el manejo prudente y discreto del tesorero Enrique Mota. En verdad, después de venir de los disparates y las ocurrencias pasadas, se agradece la personalidad adecuada y seria que amerita el cargo. Ojalá pronto informe sobre el avance de la Ley de contabilidad gubernamental en las finanzas municipales.
¿Y qué decir del Cabildo? Muy lejos estamos de la dura oposición de los panistas Natalia Virgil y Rodolfo Walss. Pienso que la ciudad pierde al tener un Cabildo tan pasivo y complaciente como el actual. Aunque en lo político, se nota claramente el control de Riquelme, acaso con la excepción del primer regidor, Miguel Mery Ayup, que ya hace todo por aparecer y ser el próximo alcalde.
Comenté que la comunicación es fundamental, pero también hay mucho de vacua escenografía. Presumir por aquí y por allá consejos ciudadanos irrelevantes aporta muy poco, y para prueba, el consejo de Simas fue la cumbre del fracaso. No veo por qué ahora sería diferente. Hablar del teleférico suena más mediático, que rentable para la ciudad. O presumir un edificio libre de humo como la presidencia, sólo se trata de un pleonasmo legal. Ni qué decir de la sesión solemne del Congreso en la Plaza Mayor con un lleno de burócratas y funcionarios.
En su primeros 100 días Riquelme ha hecho un gobierno razonable, sobre todo en atender los rezagos inmediatos de la ciudad. Además, tiene el poderoso incentivo de ser el próximo candidato a gobernador. Casi no hay evento donde el actual gobernador de Coahuila, Rubén Moreira, lo elogie públicamente. Pero todavía falta mucho para caer en la tentación del futurismo y sobre todo, falta librar el previsible recelo de los priistas de Saltillo hacia Riquelme. Más, cuando Moreira II está muy cargado en promoverlo.
Pero dejemos ese tema de Riquelme gobernador. Ante todo, el alcalde tiene la obligación de levantar Torreón, más allá de las muy próximas elecciones de diputados locales. Entonces sí, después de las elecciones conoceremos la consistencia de su gobierno. Pero sobre todo, sabremos si Riquelme como político, superó al antiguo líder electoral en las colonias. 100 días y contando.

9 de abril 2014
El Siglo de Torreón 

domingo, 17 de marzo de 2013

100 días @EPN



100 días del gobierno a cargo de Enrique Peña Nieto. El número es simbólico de lo que puede venir el resto del sexenio y ya varias acciones han marcado el carácter del nuevo gobierno. Se podrá estar de acuerdo o no, pero en principio, los 100 de días del gobierno actual no nos dejan indiferentes. Hay claramente una opinión al respecto. Si bien los proyectos de largo plazo no los podemos medir, sí tenemos en cambio una serie de acciones emprendidas que nos dejan en claro dos cosas: uno, que tenemos presidente; dos; que hay un acuerdo entre las principales fuerzas políticas capaz de sumar en temas estratégicos para el país. Después de los primeros 100 ya no podemos subestimar a Peña Nieto, ni mucho menos quedarnos con el cliché del mexiquense. Ha demostrado pragmatismo y eficiencia, dos ingredientes esenciales para una política exitosa.

Mucho se ha comentado de la espectacularidad, el efectismo y la imagen proyectada por el gobierno nacional. También se han criticado los golpes político-mediáticos, sin embargo, todo gobierno que busque un lugar entre los ciudadanos (el inevitable punto de la legitimidad), no sólo tiene que ser, sino parecer. En esa lógica, durante los primeros 100 días, el gobierno federal ha logrado entusiasmar a la opinión pública, y mandar el mensaje de que hay Estado. Nada más desalentador para la ciudadanía durante el pasado sexenio que aprobar por un lado el combate al crimen, y por otro asumir, que los criminales le van ganando al Estado. Por lo mismo, no basta ahora con haber sacado de la comunicación oficial el problema de la violencia, los muertos y la inseguridad. El problema sigue ahí, no desaparece aunque se omita. Para convencer a los ciudadanos, sobre todo, a los que viven en las ciudades más afectadas, tendrán que dar resultados visibles y duraderos. Urge y es una obligación, pero ahí los cambios difícilmente los podremos ver en 100 días. Serán varios años, o hasta el sexenio completo.

Sin pretender agotar el análisis, la otra gran vertiente está en el Pacto por México. Hasta ahora, es un alentador acuerdo político con acuerdo casi inmediatos. Van dos de dos. Me refiero a la reforma a la educación y las telecomunicaciones. Pero todavía vienen otras batallas impopulares como el IVA y Pemex. Sólo entonces sabremos si el Pacto da para más.

Igualmente, para el largo plazo está la cruzada nacional contra el hambre, que si no logra empatarse con políticas hacendarias y económicas, el programa no pasará de ser un instrumento asistencialista y peor aún, una maquinaria electoral. Tal vez sea la esperanza o el optimismo de los primeros días, pero este gobierno parece traer más sustancia para el Estado y el país. Con la salvedad, con la razonable duda, de que corrupción, casi innata al PRI, no gane.

15 de marzo 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9175065

viernes, 16 de marzo de 2012

Rubén contra Humberto

Un frenesí legislativo marcó el paso de los primeros 100 días del gobernador Rubén Moreira. Reformas, leyes, decretos y acuerdos en el Congreso local apuntan el estilo personal de Moreira II. Hay un evidente interés por lo jurídico. Así, la nueva legislatura reproduce las propuestas del gobernador a pies juntillas. Reformas a la constitución del estado. Reformas a la ley de educación, turismo, desarrollo y asistencia social. Reformas al código penal, al sistema de seguridad pública, a la procuraduría y a la ley orgánica del Congreso. Además hay que sumar una sucesión de leyes sobre la venta y consumo de alcohol; prevención social y delincuencia; planeación para el desarrollo; asistencia social.

En realidad, el actual ritmo legislativo lleva un continuo con la legislatura anterior, sobre todo, los últimos meses donde se lanzó la nueva ley de deuda pública (con la cual se legalizó el colosal fraude); una ley para el desarrollo de la juventud; una más sobre bebidas alcohólicas (¿cuál es la obsesión moral con el alcohol?); una ley para distribuir las participaciones federales a los municipios; y sobre todo, la ley orgánica de la administración pública.


Sin ánimo de compilar la actividad legislativa, conviene concentrarnos en dos puntos: las finanzas estatales y la seguridad. En esos dos ámbitos, Rubén deshizo las instituciones que promovió Humberto, entonces Moreira I. El SATEC, que habría de blindar la administración de Humberto por no sé cuántos años, se coronó con la salida y luego “misteriosa” desaparición de Javier Villarreal. Hoy esa institución fue derogada por Rubén. Pero los cambios no son muchos. Sí hay un nuevo nombre, “Administración Fiscal General”, a cargo precisamente de Ismael Ramos, aquél funcionario que desde la Función Pública nunca vio nada, y mucho menos advirtió irregularidades con el desfalco de la deuda.

El segundo punto es más grave por tratarse no sólo de los impuestos, sino de la seguridad de los coahuilenses. El gobierno de Moreira II acaba de derogar el marco de la Fiscalía instaurada por Moreira I. La finalidad es retornar al esquema anterior de Procuraduría General de Justicia y Secretaría de Seguridad Pública. No quedó de otra, sobre todo por las detenciones de funcionarios y las acusaciones formales de nexos con el crimen organizado. Ahí, “misteriosamente” desapareció el célebre hermano del anterior fiscal.


Sin embargo, a pesar de los cambios legales, está latente la corrupción en esas dos áreas. Por lo mismo, la derogación de aquellas instituciones no limpia la mancha que dejaron aquéllas. Cambian los nombres, ¿también las mañas?


Si bien, es significativo que Rubén cambie el rumbo que estableció Hu
mberto, la hermandad todavía deja en vilo la justicia, la verdad sobre la deuda y el llamado a cuentas sobre los responsables de los dineros públicos y la seguridad. Ahí, para colmo de males, no hay Rubén contra Humberto. 


16 de marzo 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9130187

sábado, 10 de abril de 2010

100 días de Lalo Olmos



Cien días, ¿son pocos o muchos para conocer a un gobierno, valorarlo? Desde la inmediatez, cien días apuntan actitudes, muestran pulsos, forman impresiones. En este sentido, los primeros cien días del gobierno municipal en Torreón, a cargo del alcalde Eduardo Olmos Castro, han marcado actitudes, pulsos e impresiones en los ciudadanos.
Una primera actitud la conocimos desde la sesión solemne de Cabildo en el teatro Nazas, cuando el gobernador Humberto Moreira anunció de propia voz el arranque de obras estatales en el municipio y el claro apoyo al alcalde. Lo más visible de ese apoyo ha sido la pavimentación y el mantenimiento urbano de las principales vías de la ciudad. Este hecho, espectacular por su arranque, dejó en claro la naturaleza de la relación entre el municipio y el estado, sobre todo, por emanar del mismo partido ambos gobernantes. Algunos han criticado la actitud al acusarla como partidista o de plano, por dejar el gobierno municipal al estado.

Aunque en principio, el protagonismo del gobierno estatal en Torreón es positivo y palpable para el mejoramiento de la ciudad, también resulta ambivalente. ¿Quién genera la directriz, quién marca el rumbo? Por lo pronto, no podemos negar que ahora sí tenemos gobernador con todas sus letras en Torreón y ojalá esto concrete inversiones, avances y un apoyo irrestricto, sobre todo, en la tan deteriorada seguridad pública.
Asimismo, el pulso de estos primeros cien días exhibió algunos funcionarios carentes de la experiencia que exige el servicio público. Entre ellos, el tesorero Pablo Chávez Rossique se llevó la mayoría de las menciones. Y vaya que hay diferencias entre la administración pública y privada como lo ha demostrado el desempeño del novel funcionario. Desde el manejo de la nómina, hasta el “buen” trato a instancias ciudadanas que administran parques, institutos, asociaciones, organizaciones no gubernamentales. Pero más allá de este primer pulso, si Chávez Rosique quiere ayudar al gobierno de Eduardo Olmos, deberá demostrar en el largo plazo dos aspectos: un manejo transparente y pulcro de las finanzas municipales; aunado a un fortalecimiento de los principales indicadores financieros que hacen de Torreón, un ayuntamiento competitivo. Caso contrario, podría llevar al desastre de la “exuberancia irracional” que ocurre con el ayuntamiento de Saltillo, donde la mayoría del dinero de los contribuyentes se destina a burocracia y gasto corriente.

Otro pulso que todavía está por definirse, es el desempeño de la Contraloría al mando del ingeniero Lauro Villareal. Ahí se han anunciado irregularidades, supuestos malos manejos que la administración anterior cometió, sin embargo, para tener credibilidad, es necesario (antes de acudir a los medios), fundar los hechos, y no presentar simulaciones de rendición de cuentas. A lo mejor le conviene a este funcionario, recodar por qué fracasó la alternancia panista en su “intento” de mejorar el gobierno.
Porque si de mejorar se trata, dónde quedaron los pocos indicadores de desempeño que venían operando. ¿Cuál será la propuesta del Contralor para impulsar mecanismos de control, transparencia y rendición de cuentas que a la vez conozcan los ciudadanos?

Pero cien días son pocos, si queremos evaluar con seriedad el desempeño de programas y acciones de largo aliento. Por eso, áreas como la Dirección de Seguridad Pública, a cargo del General Bibiano Villa, necesitan de una construcción persistente, constante, consistente. La depuración de malos elementos policiacos, puede ser rápida como recientemente sucedió en el mes de marzo, pero generar las bases de una corporación confiable y eficiente, comprometida y honesta, llevará años de duro trabajo donde las decepciones no serán pocas.

Una forma razonable de evaluar la seguridad más allá de las opiniones o los datos periodísticos, es la publicación puntual de un “barómetro del delito” (véase mi blog, 1/11/2008). En este punto, la página de internet del ayuntamiento podría ser un buen medio para conocer la evaluación. Sin embargo, resulta todavía pobre el uso de ese medio. La subutilización de la página expresa la limitada “idea” que se tiene sobre el gobierno electrónico. Por cierto, alejada de las obligaciones que en transparencia debe contener.
El alcalde Olmos, tras sus primeros cien días, sabe que el éxito de su gobierno, depende en buena medida de los resultados que entreguen sus colaboradores, pero al mismo tiempo, de la visión e inteligencia que guíe al gobierno. ¿Habrá tal?

twitter.com/uncuadros