domingo, 22 de noviembre de 2015

Discursos sobre la pobreza

El vaso medio lleno, el vaso medio vacío. Así son los discursos sobre la pobreza. Unos a celebrar la "eficiencia" asistencial del gobierno. Otros más optimistas, ya ven un país de clases medias. ¿Pero cómo estamos? Lo datos más recientes del Inegi, a través de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2014, ofrecen un perfil puntual sobre el bolsillo de los mexicanos. Cuánto se percibe, cómo se gasta, quiénes ganan más, o cuan desiguales somos como país. De entrada no hay buenas noticias, de acuerdo con los resultados de la ENIGH, el ingreso corriente total decreció en 3.2 por ciento en términos reales, con respecto a 2012. Dicho de otra forma, el crecimiento de la economía mexicana no alcanza, más todavía, vivimos un entorno de devaluación de la moneda frente al dólar, aunado a una baja expectativa de crecimiento a mediano plazo. Sumen también la caída de los ingresos del petróleo y el aumento de la deuda del gobierno federal. Menos mal que las finanzas están a cargo del "mejor" ministro de hacienda del mundo.
Pero regresemos a los datos de la encuesta. En 2014, el 30 por ciento de los hogares con mayores ingresos, concentró el 62.5 por ciento de los ingresos corrientes totales, mientras que el restante 70 por ciento de los hogares obtuvieron sólo el 37.5 % del ingreso. Ante semejante disparidad y concentración de la riqueza en los segmentos más altos de ingresos, el doctor Roger Bartra ve un país de clases medias. Sin duda en el futuro, incluso a pesar de los gobiernos, México podría emerger como un país de clases medias, sin embargo, todavía nos falta un buen tramo para que eso suceda. Vayamos nuevamente a los datos. En general, la pobreza aumentó en el país. Pasamos en 2012 de 53.3 millones de pobres a 55.3 millones en 2014. Lejos estamos de un país dominado por clases medias, en tanto más del 50 por ciento de la población está en alguna condición de pobreza.
Entre los diez niveles de ingresos de los mexicanos, todos decrecieron, excepto el segundo decil, que mostró una variación porcentual favorable de 2.1 por ciento. Esto significa que un segmento de la población de muy bajos ingresos, mejoró algo, casi nada si vemos las cifras en su contexto. Un poco menos pobre, pero pobre al fin. ¿Cuánto significa esto? El Consejo Nacional de Evaluación (Coneval), mide varias dimensiones de la pobreza en México. Específicamente la pobreza extrema disminuyó de 11.5 millones a 11.4. ¿Es mucho o poco? ¿Cuánto representa? Para la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, es una victoria, porque funciona la política contra la pobreza. Pero en dado caso, habría que agregar que se trata de un victoria pírrica. Tanto como decir, "estamos menos peor". El presidente Enrique Peña Nieto, afirmó que su gobierno contuvo la pobreza, y reconoció que falta mucho por hacer. Esperamos que ese hacer sea entregar algo más que televisores digitales, de preferencia antes de las elecciones.
La gran apuesta del gobierno federal para tratar de cambiar el rumbo de la economía fue en dos sentidos: una agenda de reformas, con énfasis en la energética, y la Cruzada nacional contra el hambre. La primera no ha resultado en beneficios claros para la economía, y en cuanto a las rondas de reforma energética, se desinflaron las inversiones que habría de llegar a cántaros. Sobre la pobreza en México, la Cruzada y los programas de beneficio social, parecen más un gran aparato para mantener clientelas políticas y ganar elecciones, que políticas para disminuir la pobreza. Dos décadas después, el país sigue en el mismo punto: estancado. De acuerdo con el Coneval, el número de carencias promedio de la población en pobreza se redujo entre 2012 y 2014 de 2.4 a 2.3 por ciento. Las carencias promedio de la pobreza extrema también bajaron de 3.7 a 3.6 por ciento. Pero esas ligerísimas bajas no representan cambios significativos para sacar a numerosos grupos de la pobreza. Se necesita ante todo un impulso económico mayor, un crecimiento consistente de la economía que pueda ofrecer oportunidades. Sin productividad, sin crecimiento económico sostenido, seguiremos hablando de pobres y desigualdad durante largo tiempo.
 EN COAHUILA CRECIÓ LA POBREZA
En vano busqué las declaraciones del secretario de Desarrollo Social en Coahuila, Rigo Fuentes Ávila, sobre el incremento de la pobreza. En el estado creció la pobreza de 27.9 a 30.2 por ciento. Y también aumentó la pobreza extrema: de 3.2 a 3.7 por ciento. Para el gobernador Moreira II, sencillamente las cifras no "cuadran". Sólo falta que culpen a los medios… o que decreten una ley para abolir la pobreza.
29 de julio 2015
El Siglo de Torreón 

Adiós al Francia

En alguna visita del gran historiador Luis González a Torreón, comentó que por sus pocos años, la historia de la ciudad "todavía anda a pie". Así, no dejan de sorprenderme conversaciones sobre la ciudad y sus historias. Ya sea a pie de banqueta o por encuentros fortuitos, encuentro esos espacios de la memoria que guarda la ciudad. Una calle, un edifico, un monumento olvidado, un viejo anuncio de neón. Más todavía, los pacientes diálogos con tantas personas que me han confiado su presente del pasado.






Desde hace algunos meses supe la triste noticia que cerraba la cantina más antigua de Torreón, ubicada en el emblemático edificio del Hotel Francia. Justo en la mera esquina de avenida Carranza (antes llamada Ferrocarril), y Ramos Arizpe. Desde hacía 19 años que cerraron el hotel, pero no así la afamada cantina, por lo que de alguna forma quedaba vivo un cachito del siglo XIX en la ciudad.
El Francia empezó modestamente como una construcción típica del viejo oeste norteamericano: hecha de adobe y madera a unos pasos de la estación de ferrocarril. Después esa finca fue conocida como el "Anexo Francia". Actualmente esa construcción la ocupa la tradicional lonchería "Mundo". Entre los primeros dueños del hotel estuvo Pedro Michou, por allá de 1898, quien a su vez vendió a otro francés, Julio Doucet, cuando ya el Francia comenzaba la construcción que todavía sobrevive. Luego el hotel pasó por otras manos. La arquitectura del inmueble refleja la añoranza de aquellos inmigrantes europeos que llegaron a Torreón por la promesa de una vida mejor. Hablamos de los años cuando la población dejaba de ser un rancho, para convertirse en una prometedora urbe. La estación ferroviaria abundaba en mercancías y gente, en particular miles de migrantes nacionales y extranjeros que llegaban a trabajar. Así llegaron algunas franceses que dejaron huella en la ciudad.
De acuerdo con Eduardo Guerra, un pionero de la historia local, la construcción del Francia fue la primera de importancia en la población. Todavía hoy es notable esa construcción de abobes, madera y remates de cantera. Ojalá que las nuevas obras respeten y restauren con cuidado la dignidad de ese viejo edificio. Ojalá que el nuevo dueño comprenda esos valores.
Desde sus inicios el hotel anunciaba su vocación cosmopolita para atender a visitantes y pasajeros. La administración atendía a sus clientes en español, francés, inglés y hasta alemán. Para la década de 1902, la tarifa era de 2.50 y 3 pesos por día. Durante años, el hotel fue un centro de reunión de los ricos comerciantes de la Alianza, que solían hacer negocios, como se acostumbraba en esos años, en las cantinas de la ciudad.
Por algunos años, fue el mejor hotel de Torreón, hasta que en 1905, abrió sus puertas el majestuoso Hotel Salvador, hoy igualmente abandonado. Sobre este aspecto, es revelador de la ciudad cómo permite que se destruya su historia y los edificios que la contienen. En verdad es una pena. Pero regreso al hotel. Su restaurante ofrecía diariamente un menú con aires internacionales, pero sobre todo, su cantina fue referencia para propios y extraños durante más de un siglo. El hotel cerró sus puertas en 1996, sin embargo la cantina del Francia continuó abierta, gracias a Antonio Zermeño, un hombre que sin lugar a dudas es un héroe de la historia de Torreón. Para felicidad de los parroquianos, Zermeño mantuvo el Bar Francia en los últimos cuarenta años. Hoy llega su fin esa cantina emblemática de la ciudad. Escribo esto con cierta nostalgia, como seguramente la tendrán quienes frecuentamos la cantina.
Es curioso como la historia da vueltas. Durante la revolución la ciudad vivió los horrores de la violencia de un bando y de otro. Tan sólo en la batalla del 1914, en pocos días quedaron regados unos 5 mil muertos entre Gómez Palacio y Torreón, pero al final, la población sobrevivió y se repuso. En su momento, el Francia hospedó al legendario Francisco Villa en varias ocasiones, incluyendo la "visita" de 1916, cuando venido a menos el revolucionario, se dedicó a saquear la ciudad. ¡Así nada más! Más cercano en el tiempo, otra oleada de violencia, aunque no de la magnitud de aquélla, se vivió en la ciudad. Contra viento y manera, en años recientes Zermeño mantuvo abierto el bar pese a la oleada de violencia que vivimos. Recientemente nos corroboró de viva voz que la cantina al fin cerraba, como quien cierra un capítulo de la historia de Torreón. Ya en el último trago, lo menos que podemos hacer es despedir con gratitud al Bar Francia.
22 de julio 2015 
El Siglo de Torreón 

jueves, 29 de octubre de 2015

La casa del dolor ajeno (libro)



Bajo el sugerente título, La casa del dolor ajeno (Random House, 2015, y coincidentemente 303 páginas), Julián Herbert acaba de publicar un libro que relata el principal episodio tabú en la historia de Torreón: la matanza de 303 chinos en mayo de 1911. Su libro es una oportuna actualización a uno de los momentos más vergonzosos y terribles en la historia de México durante el siglo XX. Armado de un rigurosa investigación, y sobre todo, una excelente pluma, Herbert ahonda en el pasado como quien relata el presente. Masacres impunes, fosas clandestinas y hasta una "verdad histórica". Si bien, el libro aborda la matanza de los chinos en Torreón, es imposible sustraernos a nuestra realidad inmediata. La desaparición forzada de 43 estudiantes en Guerrero. La masacre sucedida en San Fernando, Tamaulipas, donde 72 migrantes fueron asesinados. De la misma manera, un grupo criminal arrasó con casas y personas en Allende, Coahuila. ¿Cuántos? El gobierno prefiere callar. En La Laguna tenemos docenas y docenas de personas desaparecidas como lo ha documentado Fundec y el Grupo Vida. En ese sentido, el libro más reciente de Herbert interesa no sólo a historiadores y académicos, sino a un público más amplio, que por momentos, vive en un país delirante y barbárico. De esa manera, la historia es importante en tanto nos ofrece lecturas, perspectivas y dimensiones del presente.
El libro está narrado como un auténtico western. El escenario es el Torreón porfiriano, industrioso, empresarial. La tierra prometida del capitalismo que devora a sus propios hijos. Lejos quedan las imágenes idílicas de La Laguna o complacientes de la historia de bronce. Herbert confronta al lector con los muertos. Son ellos los que hablan y habitan sus páginas. Más vale escucharlos, aunque sus testimonios desgarren.
El libro transita por varios géneros. Crónica, ensayo, entrevista, por momentos novela histórica. Y lo que más disfruté: las digresiones personales del autor que nos adentran en la escritura de la historia. Es así como nos enteramos de circunstancias, detalles, pormenores del libro y hasta la vida personal del autor. El libro revisa y discute bibliografía fundamental del tema; recurre a fuentes de primera mano como el archivo mismo de la matanza, un escalofriante expediente que rebasa las mil fojas. En el camino, también toma esa fuente maravillosa y sorprendente que son los taxistas. Es así como el autor reproduce un diálogo luminoso. "¿Tú sabes quién mató a los chinos? En la puerta del hotel desciendo del auto, doy las buenas noches y pago. Al darme el cambio, el muchacho murmura sin mirarme: "Han de haber sido los Zetas, ¿no? Esos weyes son los que matan a todos".
El libro de Herbert se inserta en la tradición revisionista, en tanto describe el "pequeño genocidio" lagunero y lo confronta de manera crítica con la interpretación de los historiadores, y sobre todo, la que hicieron las siguientes generaciones de torreonenses. Ocultar, tergiversar la verdad. Negarla. Enterrarla. Guardar un silencio cómplice. Es lo que el historiador francés, Pierre Vidal-Naquet, ha llamado "los asesinos de la memoria". No es casualidad que la casa del Dr. Lim, un personaje extraordinario y sobreviviente de la matanza, sea un museo más de la revolución.
Por supuesto, la crítica de Herbert ya genera polémica en algunos sectores muy conservadores de Torreón. Es un libro que no deja tranquila a la "casta intelectual" lagunera, y corta más de una cabeza. Julián dibuja bien a Torreón y los laguneros como una sexualidad violenta. Su relación con la ciudad me recordó dos poemas de Efraín Huerta: Declaración de amor y Declaración de odio.
Los fallidos memoriales a la colonia china en Torreón hablan por sí mismos. La última vez, la escultura del hortelano chino en el Bosque Venustiano Carranza, terminó con una soga al cuello. Los ladrones no alcanzaron a robar el monumento para venderlo al kilo. Sobre la ausencia de esa escultura, Herbert escribe: "lejos de la vista de una sociedad liberal, abierta y migrante que todavía hoy se niega a reconocer ante sí misma lo que sucedió a la colonia china entre el 13 y el 15 de mayo de 1911".
La publicación de La casa del dolor ajeno llega en momento muy oportuno después de la exposición "303: La matanza de chinos en Torreón", que a principios del año, abrió el prestigioso e inquietante Museo Memoria y Tolerancia en la ciudad de México. Pienso que interpretaciones críticas como el libro Julián Herbert y la exposición en su momento, contribuyen a entendernos mejor, pero sobre todo, a dignificar la memoria. Por supuesto, nunca faltará quien prefiera vivir en una mentira tranquilizadora.
28 de octubre 2015
El Siglo de Torreón 


jueves, 15 de octubre de 2015

Equidad de género, libros

La Dra. Rosario Varela Zúnñiga, investigadora especializada en equidad de género, promueve dos libros relevantes sobre el tema: Los estudios de género en el Norte de México (2014), y 15 años de políticas de igualdad (2014). 

miércoles, 12 de agosto de 2015

La increíble y triste historia de Joaquín Archivaldo Guzmán

Su historia raya en lo increíble y lo sorprendente. Entre sobresaltos y sobrevivencias, no hay lugar para lo ordinario. Un escape, dos escapes, qué más da. Su nombre es leyenda, al igual que su alias. Cual héroe de la revolución (pero sin ideario), tiene corridos y es venerado. Para el caso, es el hijo pródigo de Sinaloa. Reconocido por propios y extraños. Una revista gringa de negocios dijo que es muy rico y poderoso, pero para los mexicanos, es verdad de perogrullo. Unos lo acusan de ser el enemigo público número uno. Para otros es un forajido ejemplar. Su historia inspira leyendas, películas y hasta historietas. Próximamente habrá más series de televisión. Nuestra realidad es tan hilarante, tan alucinante, que alimenta sobradamente guiones y novelas.
Joaquín Archivaldo Guzmán, alias el Chapo, es el criminal más buscado, el famosísimo narcotraficante, y también el hombre de mediana estatura que en pleno ambiente de impunidad y pobreza, vence al Estado una y otra vez. No importa el tamaño de los muros, ni los penales de máxima seguridad. Sin duda estamos ante un tipo paciente y metódico; un duro empresario a punta de metralla. De esa manera, la fuga del Chapo no sólo exhibe lo obvio: corrupción, impunidad, una profunda debilidad del Estado. Sobre todo muestra el vacío de gobiernos y gobernantes.
Durante años, el PRI espetó a los gobiernos del PAN los problemas de seguridad y sobre todo, la fuga del Chapo en 2001. No saben gobernar, dijeron. En el imaginario, hasta se asumió la bondad de un PRI corrupto, pero con oficio para el gobierno. A la vuelta de los años, ni una cosa ni otra. Es un mito el PRI a la hora de gobernar. En cambio, es un partido bien organizado y eficiente para ganar elecciones. Una máquina electoral para mantener el poder. El artificio del PRI con Enrique Peña Nieto en la presidencia, iba muy bien. Reformas históricas, acuerdos sin precedentes. Inseguridad a la baja, y la cereza del pastel: la captura del Chapo en 2014. Después la terca realidad derrumbó prematuramente la imagen del gobierno. Tlatlaya, Ayotzinapa, la Casa blanca y Grupo Higa. Inseguridad y corrupción. Eso sí, Peña Nieto no sacrificó su viaje a China. ¿Para qué ir a ese pobre poblado de Guerrero si puede ir al otro lado del mundo? Ahora el "gobernante" se fue a Francia con muchos acompañantes. Porque entre más pequeño el político, más grande es la comitiva. Al fin, en París las compras y los paseos son mejores. Ni "prole" que los moleste.
En 1992 el mítico Pablo Escobar, se fugó de la cárcel. Consciente de la importancia del suceso, el entonces presidente de Colombia, César Gaviria, suspendió su viaje a la cumbre de Madrid, para afrontar el problema. En México, nuestro presidente está al revés, se va de viaje para evitar los problemas.
Materialmente el túnel del Chapo es la metáfora del gobierno. El gobierno avestruz que esconde la cabeza: el desgobierno. En plena ironía, la procuradora Arely Gómez y el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, fueron a conocer el túnel. Seguramente ya nadie les platica. ¡Qué lejos estamos de las leyendas que dieron gloria a la Secretaría de Gobernación! Jesús Reyes Heroles, Fernando Gutiérrez Barrios. ¡Qué cerca estamos de la ineptitud y el ridículo! Nadie renuncia, nadie es responsable. Hasta indigna la pregunta al secretario Osorio Chong.
Como sea, antes y después de las fugas del Chapo, poco cambiaron las cosas en el país en relación a la corrupción y la terrible vulnerabilidad del Estado mexicano. El esquema prohibicionista y punitivo contra las drogas que asume México, vía los Estados Unidos, sólo ha hecho más poderosos y ricos a los cárteles mexicanos. Paradójicamente en Estados Unidos hay una tendencia a liberar el consumo y hasta la producción de droga, particularmente marihuana. En México, preferimos los desvaríos de una guerra, que las alternativas de legalización. Pero difícilmente tenemos hombres que no les quede grande el cargo para gobernar. Por el contrario, abunda el gobierno de la cleptocracia. A todo esto ¿dónde quedó la oposición?
POSDATA
Indigna la fuga del Chapo, pero no perdamos de vista que varios exgobernadores gozan igualmente de protección e impunidad. Libre Humberto Moreira que desfalcó a Coahuila con más de 35 mil millones de pesos. Libre Armando Reynoso Femat, quien "gobernó" Aguascalientes, como su empresa personal. Libre Eugenio Hernández acusado de lavado de dinero en Estados Unidos. La lista es larga…

Porfirio


Es impresionante que de Oaxaca salieran dos de los hombres más influyentes del XIX en México: Benito Juárez y Porfirio Díaz. Ambos combatieron por el país y llevaron la construcción del Estado moderno. También ambos se disputaron el poder y a la larga, fue Díaz, ya como presidente quien levantó los altares eternos a Juárez. El pasado 2 de julio se cumplieron cien años de la muerte de Díaz, quien murió en Francia en 1915. A primera vista, el suceso despierta polémica y discusión acerca del legado de Díaz. Estoy seguro que no faltará quien se desagarre las vestiduras por siquiera pronunciar su nombre. Pero el terreno de la historia, al menos en el campo profesional, no se trata de escribir historia como quien prende hogueras para quemar villanos. Por lo mismo, cada vez más, se ha revalorado el porfiriato en México desde diversos ámbitos.
Antes del porfiriato, México vivió un largo y turbulento período durante el siglo XIX. Entre guerras internas, disputas políticas, invasiones extranjeras de Francia y Estados Unidos, por fin el país pudo rehacerse hacia el último tercio de ese siglo. En buena medida, la consolidación del Estado moderno fue obra de Porfirio Díaz. Se logró la paz (hoy diríamos seguridad), y hasta hubo un importante crecimiento económico. Se instaló de lleno la revolución industrial con sus avances. El Estado tomó forma y se restablecieron relaciones con los potencias. Ya no era la guerra, sino la inversión, la diplomacia y el intercambio económico. Al mismo tiempo, el ferrocarril se convirtió en el emblema del porfiriato. Unió al país no sólo económicamente, sino políticamente. Por primera vez tuvimos unidad como nación. Es innegable la aportación al desarrollo del país, como también es innegable la condición de dictadura, pero sobre todo, la desigualdad, que hasta la fecha tiene a la mitad de la población sumida en la pobreza.
Díaz fue el dictador y el hombre obsesionado con el poder. Pero también Díaz fue el constructor del Estado moderno y el hombre que unió al país a través del ferrocarril. Díaz fue el gobernante de mano dura que sofocó a sus críticos y oponentes. Pero al mismo tiempo, fue el presidente que dio paz y estabilidad al país después de un convulso siglo XIX. Díaz fue el exitoso combatiente de la invasión francesa y después como presidente, supo equilibrar el poderío de Estados Unidos, con las potencias europeas como Inglaterra, Francia y Alemania.
Sin embargo, no supo ni quiso retirase del poder y sobrevino la revolución con sus fatales consecuencias. A cien de años de su muerte, es oportuno revalorar el papel de Díaz en el desarrollo del país. Por cierto, a diferencia de tantos presidentes, don Porfirio no se enriqueció. A la distancia, un excombatiente francés de los tiempos de Maximiliano en México, Gustave Niox, le ofreció la espada con que Napoleón Bonaparte triunfó en Austerliz. De ese tamaño fue el reconocimiento hacia el expresidente en su exilio. Pese a estar enfrentados en el pasado, allá no les impidió reconocer la grandeza del viejo gobernante.
Para el caso, ayuda más conocer la historia en su riqueza y complejidad, en sus contradicciones y sentidos, que pretender una visión simplista e ingenua del pasado. Desde hace años algunos se han propuesto traer los restos de Díaz a México, pero mejor dejemos en paz a los muertos. En cambio, atendamos la memoria, y sobre todo, los problemas del presente. Es fecha que no tenemos un Estado para el buen servicio de los ciudadanos. Lo que sobra hoy, es un Estado para servicio de la oligarquía partidista. No hay más.
12 de agosto 2015