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martes, 14 de junio de 2011

El candidato de la seguridad

Si hay un problema que nos agobia, por decir lo menos, es la inseguridad. En todas sus modalidades, la inseguridad hizo un estigma visible en la región Lagunera, luego pasó al resto del estado de Coahuila. Por lo mismo, la serie de operativos de la Marina en el centro y norte del estado han dejado claro el tamaño de la descomposición.
En esa circunstancia, Guillermo Anaya, candidato panista a la gubernatura, abandera como principal oferta política atender el problema de la inseguridad: “Aquí estoy para partirme el alma…” dice en sus spots. El eslogan de Anaya lo define como el candidato de la familia coahuilense, pero sobre todo, hace énfasis en un deseo general de la entidad: “Coahuila Libre y Seguro”.

Su propuesta de campaña en materia de seguridad comienza con una breve descripción del problema donde se retoman indicadores del INEGI, como la Encuesta Nacional sobre Inseguridad 2010, además de reconocer a Torreón entre las ciudades más violentas del país. Para Anaya se debe “mejorar la seguridad, la justicia y el respeto de los derechos humanos: éstos son, sin duda, tres de los temas prioritarios para Coahuila y requieren acciones conjuntas de los tres órdenes de gobierno y de la sociedad civil”.

En diferentes foros Anaya ha denunciado que como nunca la inseguridad se desbordó con el gobierno de Humberto Moreira. Y en parte tiene razón, en tanto la mayoría de los delitos competen al fuero común. Sin embargo, a nivel de la opinión pública varias ambivalencias juegan en contra del panista. Por una parte los coahuilenses aprueban la intervención del ejército y la lucha contra el narco emprendida por el gobierno de Felipe Calderón; pero por otro lado, la responsabilidad se le asigna al ejecutivo federal. De ahí el “éxito” del discurso bravucón del exgobernador Humberto Moreira, quien culpabilizó una y otra vez al gobierno federal por la inseguridad en el estado. 

La propuesta de Anaya no es novedosa, más bien se inserta en los compromisos establecidos en el Sistema de Seguridad Pública, lo cual es deseable para integrar una política coordinada. Por ejemplo: la consolidación de la policía única.

Entre sus propuestas relevantes está verificar la confiabilidad de los agentes del Ministerio Público, custodios de los Ceresos y también los jueces del Poder Judicial. Por lo general se habla mucho de la (des)confianza en los policías, pero poco de los jueces. Y ese punto es clave para cerrar la pinza entre la fuerza y el sistema de justicia.
¿Será Anaya el candidato que pudiera aminorar en el lapso de un sexenio los problemas de inseguridad en Coahuila? Dadas las circuntancias, la tendencia y los ciclos de violencia, me quedo con la sensación que ni Anaya, ni el candidato Moreira harían una diferencia significativa.

Marcador Twitter

No hay novedad. Seguidores de Anaya: 7 473. Moreira: 13 048. 

12 de junio 2011

martes, 31 de mayo de 2011

Solución definitiva



Más que ideas, las campañas se mueven por preferencias. Se elige a un candidato por su imagen, por su presencia, por su capacidad para ser reconocido por los electores. Esto releva las propuestas, porque en el fondo las elecciones se mueven por emociones y no por sesudas disquisiciones. Las ideas, los debates y la oferta política son componentes de las campañas, pero no “El” componente. Esto no significa que las propuestas deban descuidarse. Por el contrario, dicen mucho de lo que tiene (y no tiene) un candidato con su oferta política. Tampoco faltan los improvisados, los ocurrentes. 
Revisando las plataformas electorales de los candidatos a la gubernatura de Coahuila, en especial  las propuestas de Guillermo Anaya y Rubén Moreira encontramos diferencias, pero también similitudes. No pretendo hablar de la totalidad de los documentos, pero sí enfocarme a un tema de enorme interés para los laguneros: el agua.
Anaya propone de manera general para el estado: incrementar la cobertura y calidad de los servicios de agua potable; fortalecer a los organismos operadores de agua; mejorar la infraestructura; establecer plantas de tratamiento y hacer más eficiente el gasto público en el sector.
Grosso modo, la propuesta de Moreira coincide con la de Anaya en la modernización de los sistemas operadores, pero la diferencia radica en que la plataforma priista enuncia el problema del arsénico en la región. Para el PRI, dice el documento, es urgente reducir la sobre explotación de los mantos acuíferos, “la región lagunera deberá contar con todo el apoyo” para solucionar de fondo el problema del arsénico en el agua.
Aunque la propuesta no dice cómo se hará, Moreira insiste en el “Plan Laguna Siglo XXI”, en la “solución definitiva al problema del arsénico en el agua potable”. ¿A qué se refiere con solución definitiva? ¿Al restablecimiento del cauce milenario del Nazas, lo cual implica romper paradigmas y confrontar poderosos intereses? ¿O simplemente andar por las ramas con el anuncio de filtros en los pozos contaminados y una potabilizadora de agua?
“Solución definitiva” suena ambicioso, serio y comprometedor. Pero ¿a qué se refiere Moreira? 
29 de mayo 2011

lunes, 23 de mayo de 2011

Las campañas en Internet


Las campañas se desarrollan en varios niveles y se disputan en distintas trincheras. La red es una de ellas. Desde hace años en países como Estados Unidos la red se utiliza como un medio en la política para recaudar fondos, así financió su campaña el actual presidente de ese país, Barack Obama. De la misma manera en la red también se gana una campaña. Desde luego, este planteamiento no aplica en México por notables razones.
A diferencia de otros países donde la competencia, la tecnología e incluso la promoción del gobierno han logrado una cobertura envidiable de Internet para su población, en México vivimos tan despacio, que ya ni nos consideran economía emergente. Datos del INEGI en 2010 registraron que 17% de los hogares en el país cuentan con Internet. Dicho de otro modo: sólo la tercera parte de la población utiliza la red. En un contexto más amplio estamos en el subdesarrollo digital entre los países miembros de la OCDE. En Corea del Sur, ahí donde el gobierno promovió el Internet como carreteras para el desarrollo, la población tiene una cobertura del 95 por ciento. En Estados Unidos 68 por ciento accede a la red, y en España 54 por ciento.
Estos datos son desalentadores en nuestra circunstancia, pero no debemos subestimar el potencial de la red para la política. Hace unos meses parecía impensable la sacudida que desde las redes sociales miles de jóvenes provocaron en los países árabes. En México el 76.5 por ciento de los cibernautas mexicanos tienen menos de 35 años.
Un vistazo a las páginas de Guillermo Anaya y Rubén Moreira, candidatos a la gubernatura por Coahuila, da una idea de las campañas en la red. El sitio del panista es www.mifamiliaescoahuila.org.mx; y el del priista, www.masmejor.org.mx.
Anaya tiene su propuesta en documento y Moreira la informa en docenas de videos para cada municipio. En la página de Anaya aparecen dos videos. Uno es el promocional para la televisión y el otro anuncia un noticiero, aunque no ha sido actualizado. Ambos candidatos muestran un registro diario de sus actividades y cuentan con ligas a las redes sociales. Moreira invita a mandar propuestas y a cambio sugiere una posible incorporación al gobierno.
Pero ¿cómo medir el impacto de las campañas en Internet? Sigamos Twitter. Esta semana Anaya ganó 548 seguidores en relación a la semana anterior. A su vez Moreira ganó 616 seguidores, pero la diferencia entre uno y otro es de dos a uno. Al veinte de mayo, Anaya registró 5 932 y Moreira lo duplicó con 11 064. ¿Será Twitter una tendencia electoral?

22 de mayo 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/8962630

miércoles, 11 de mayo de 2011

Marcador Twitter


Mañana inician las campañas en toda forma, aunque en sentido estricto, un candidato se construyó hace años desde el poder y otro adelantó su campaña lo más que pudo. La tendencia electoral parece clara, inamovible y hasta cierto punto anuncia un proceso electoral aburrido, tanto como en los tiempos gloriosos del carro completo. Por lo mismo, necesitamos vías para salir de lo ordinario. Tres o cuatro debates podrían sacudir la modorra. Bajo otras formas de comunicación,  el trabajo en internet, más allá de las campañas negativas, podría alentar a los electores al diálogo directo con los candidatos. Sin duda estas formas horizontales de comunicación llamadas Facebook o Twitter facilitan la irrupción del ciudadano en las campañas
En este sentido, entre las maneras de medir una campaña ahora se incorpora el uso y la presencia de los candidatos en las redes sociales. Twitter se ha convertido en la herramienta favorita de muchos políticos, aunque todavía son pocos lo que tienen una presencia consistente en la red.
En México no se puede decir que el internet tiene una penetración representativa en la población, pero esto no significa que deba subestimarse el uso de la red. Si en Estados Unidos las condiciones permitieron innovar en las formas de hacer campañas políticas, en México, a pesar de la modesta cobertura, no debemos ignorar ese campo.
Desde hace tiempo sigo a Guillermo Anaya y Rubén Moreira en Twitter y de manera periódica he documentado el comportamiento de sus tweets y el aumento de sus seguidores. Hace cuatro meses cuando se definieron las candidaturas de ambos, se incrementaron claramente sus seguidores. ¿También hay cargada en el Twitter.
En enero los seguidores de Anaya  crecieron a 1 270. Los de Moreira registraron 5 258. Al mes de mayo Anaya aumentó hasta 4 997 seguidores, mientras que Moreira alcanzó los 9 942. Si los seguidores fueran votantes, la diferencia entre uno y otro es visible. 67% Moreira contra 33% de Anaya, es decir, una diferencia de ¡34 puntos! Desde luego que la relación no es así, pero algo nos dice de las campañas. Actualmente las campañas políticas ya integran a su seguimiento el comportamiento de las redes sociales. Incluso encuestadores como Edmundo Berúmen, hacen relaciones de las encuestas y la presencia en la Internet. 
Sin embargo, es difícil ignorar que Coahuila no vive buenos tiempos, sobre todo, por la irrupción de la criminalidad que ha roto el viejo orden. Por lo mismo, las redes sociales son un canal directo para expresar las propuestas en esta materia y por qué no, para que los ciudadanos podamos cuestionarlas y debatirlas. No es todo, pero es un principio.

http://impreso.milenio.com/node/8955335 

miércoles, 23 de marzo de 2011

Campañas sucias


Inevitable, en cada campaña política hay suciedad. Sea en las democracias más consolidadas o en las más incipientes. El fenómeno de la “guerra sucia” no es exclusivo de un estado o un país, porque más bien está en la naturaleza de la política, sobre todo, en contextos democráticos. En una dictadura la oposición es encerrada o simplemente se liquida: de Gadaffi a Castro los ejemplos se multiplican.
En las democracias es común, aunque para algunos parezca deseable, ver confrontaciones, acusaciones o disputas. También, y esto no lo perdamos de vista, hay consensos.  En su competencia por el poder, los actores hacen cualquier cantidad de acusaciones, muchas veces infundadas, por aquello de, “difame algo quedará”. Otras, los electores terminan comprobando los señalamientos previos.   
Por eso, cada vez que se realiza una campaña no está de más recordar  el origen de la palabra y su referencia militar al campo. De manera simbólica los militantes de un partido se diputan el poder con otros. Insisto, compiten por el poder los partidos, su candidatos y los grupos que los apoyan. Pero la política no es caridad ni tampoco una congregación religiosa. Con razón Max Weber la calificó como un pacto con el diablo.
Durante la elección presidencial de 2006, los partidos, sobre todo el PRD, impulsaron una absurda prohibición en el Cofipe con la finalidad de limitar las campañas sucias. A la fecha no hay campaña federal que no implique poco o mucho lodo. En el fondo, hay en los partidos una actitud paternalista: yo te digo que puedes ver y lo que no.
Detrás del argumento de la limpieza en las campañas, se esconde un celo autoritario que supone a los ciudadanos menores de edad. Aunque al final lo nieguen, son los mismos partidos quienes impulsan esas campañas.  Nadie más interesado en una campaña, que un candidato para buscar o aprovechar la ocasión de hacer perder a su oponente. En su afán por conseguir la candidatura  presidencial, Roberto Madrazo, exhibió la explicable riqueza de su opositor Arturo Montiel, de esa manera logró descarrilar su candidatura rumbo a los Pinos. 
En Coahuila estamos en un proceso electoral que no está exento de propaganda negra. Al menos desde el año pasado se ha intensificado entre el PRI y el PAN, ya sea en medios electrónicos, pintas o volantes. Claro está que ninguno lo va reconocer. Por eso,  las campañas sucias no son exclusividad de los opositores del PRI, como hace unos días sugirió el ex gobernador de Coahuila, Enrique Martínez y Martínez. Se dan en varios niveles y entre partidos. Si hoy el PRI apunta al PAN, mañana el PAN lo hará con el PRI. Lo mismo sucede en la entidades con gobierno perredistas.  
Al final, son los electores quienes deciden tomar o desechar lo que se dice de los candidatos. Porque al final, donde no hay campañas sucias es en las dictaduras, ahí la normalidad es el encierro, la represión.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Rumbo a la gubernatura (otra encuesta)





Ya circula la encuesta de Mitofsky sobre la tendencia electoral en Coahuila, donde el próximo 3 de julio se renovarán diputaciones locales y la gubernatura del Estado. El panorama señala otro "carro completo" para el PRI, pero todavía faltan casi seis meses. Anulados los partidos de oposición, resultan una insignificante competencia para el partido en el poder.