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lunes, 12 de enero de 2015

¿El PRI de siempre?


Crisis política y corrupción, deuda nacional por segundo año, devaluación del peso, dólar a la alza, petróleo a la baja… y una espléndida casa blanca. Es decir, los ingredientes de un crisis a la antigua. Al final de su sexenio Ernesto Zedillo entregó buenas cuentas, y rompió con la tradición de quebrar al país. Vicente Fox, a pesar de ser un frívolo en el gobierno, mantuvo la estabilidad. Felipe Calderón, que nos metió en una sangrienta e "imbécil" guerra, tampoco quebró al país. En el pasado, tuvimos una camada de presidentes que cada sexenio provocaban una crisis desde el gobierno. Luis Echeverría inauguró la infame tradición. Le siguió José López Portillo, Miguel de la Madrid, y sólo Carlos Salinas de Gortari los pudo superar. Rezo, imploro y hago votos porque la presidencia de Enrique Peña Nieto, prematuramente desgastada, no opte por la vieja tradición.
10 de dic 2014
El Siglo

viernes, 1 de noviembre de 2013

Decálogo para la defensa del petróleo


Siempre hay textos sagrados, decálogos para mantener la pureza. En México todo lo que huela a petróleo está santificado por la Revolución y uno de los principales patriarcas: Lázaro Cárdenas. Hoy que se invoca el pasado para construir el futuro, las corrientes políticas chocan. Una por el pecado, otra por la pureza. El monopolio de Pemex no sólo es exclusivo para el Estado, el apellido Cárdenas también reclama el monopolio de la palabra, según ha predicado el ingeniero. Repasemos el decálogo para la defensa del petróleo.

1. Amarás a Pemex por sobre todas las cosas. Incluso por encima de cualquier reforma energética que pretenda eficacia, competencia y mayores ganancias. El petróleo es de los mexicanos, de nadie más. No importa que usted no lo vea, recuerde que es un asunto de fe en la patria.

2. No dirás el nombre de “Lázaro Cárdenas” en vano. Tampoco lo repetirás palabra por palabra, ni lo usarás de una manera falaz y ofensiva para atentar contra preciados bienes de la nación.

3. Santificarás la expropiación petrolera cada 18 de marzo. Desde el glorioso año de 1938, cuando Lázaro Cárdenas recuperó el petróleo de las pérfidas manos extranjeras, México reafirmó su soberanía y su vocación revolucionaria. El santoral demanda una celebración anual.

4. Honrarás a Lázaro Cárdenas y a la Revolución. No tendrás falsos ídolos en el PRI ni en el PAN, sólo el PRD es el partido que puede ostentar legítimamente la historia y el apellido Cárdenas. Hasta Andrés Manuel López Obrador reconoce al líder moral en estos difíciles momentos.

5. No matarás a Pemex con ninguna reforma energética antipatriótica y entreguista. Pemex es una de las empresas más eficientes y productivas del mundo. Mejor dejarla como está.

6. No pecarás atentando contra la Constitución de lo Estados Unidos Mexicanos, ni serás tramposo con la promesa de reforma energética. Serás ante todo un buen mexicano, es decir, un buen sindicalizado.

7. No robarás como Carlos Romero Deschamps, ni desviarás el dinero para ninguna campaña política del PRI o del PAN. Nada de elecciones, nada de departamentos en Polanco.

8. No dirás falsos testimonios ni mentiras, ni usurparás las palabras del general Cárdenas. Pemex es una gran empresa.

9. No desearás a la empresa de los mexicanos, más todavía si eres extranjero y buscas a toda costa una reforma. Pemex es lo poco que aún nos queda.

10. No codiciarás los bienes ajenos ni privatizarás el petróleo. Pemex necesita modernizarse, pero de ninguna manera necesita una reforma.

21 de agosto 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9189372

domingo, 31 de marzo de 2013

Pemex para nacionalistas


La próxima batalla reformista del gobierno será en Pemex y después, ¡a subir los impuestos! De esa manera veremos en dos frentes, de qué está hecho el Pacto por México. Por lo pronto ya en el PRD han mostrado desconfianza sobre la reforma en Pemex. Aunque, el antiguo líder moral del perredismo, Cuauhtémoc Cárdenas, se muestra favorable a los cambios.  Aun así, la mancuerna PRI-PAN es suficiente para sacar adelante la reforma energética que no solo se refiere a Pemex, sino al sector en general. 
A sus 75 años, la paraestatal no deja de ser una empresa mítica. Vista así, en el imaginario nacional la empresa de todos los mexicanos es: la gran industria nacional; la enorme riqueza nacional recuperada por Tata Cárdenas de las manos extranjeras; el gran patrimonio de México. Pero también, la otra parte de la empresa es: la fuente perenne de la corrupción; el paraíso de los sindicalistas; el barril sin fondo que infla artificialmente al gobierno. Por eso las descomunales deudas de los estados; el tiradero de millones en proyectos como la Estela de luz. Por eso el financiamiento desmedido a los partidos políticos…
Durante décadas, el suceso de la expropiación petrolera se convirtió en uno e los mitos fundadores del PRI, y en lo sucesivo del viejo sistema político mexicano y la historia nacional. Lázaro Cárdenas, el presidente que promovió la expropiación en 1938, se convirtió en uno de los héroes de bronce en México, y junto a Benito Juárez, en el presidente más aclamado entre los mexicanos. Vayamos al legado. En la mitología nacionalista se dice que “Pemex es de los mexicanos”, pero en realidad la empresa es de un pequeño grupo del sindicato que controla Carlos Romero Deschamps. 
También se dice que Pemex es patrimonio de México, aunque la riqueza petrolera no genere valor público para el país, sino un enorme desperdicio en subsidios, prebendas, recursos para el gasto corriente. Pemex, el pilar del desarrollo… para las campañas presidenciales. ¿Se acuerdan de los 1500 millones? Pero nada más hueco en el aniversario de la expropiación que decir que el petróleo es de los mexicanos, si ni siquiera la empresa acumula un fondo para el futuro o bono adquirible en el mercado de valores. Hacia el futuro, países como Chile, Brasil o Noruega están invirtiendo sus recursos no renovables. En cambio, el líder sindicalista puede regalar a su hijo un modesto auto, un Enzo Ferrari de 25 millones de pesos. En esas condiciones, hablar de la supuesta privatización es irrelevante, pues la empresa ya fue privatizada antes por un pequeño grupo que la usufructa. ¿Dónde quedó entonces la empresa de los mexicanos? Sin duda en el imaginario.
Pero nunca es suficiente con esta generosa empresa pública. En esa distorsión, tenemos que la paraestatal subsidia con unos 200 mil millones de pesos, el mayor programa social del país para mantener gasolinas baratas. Por supuesto, los recursos superan los programas destinados a los pobres, no obstante de la cruzada nacional contra el hambre.
A pesar de las diferencias políticas entre los partidos, no parece haber oposición significativa a la reforma. Vamos, hasta el líder petrolero mejor se acomodó a las órdenes del presidente. No vaya a ser como “La maestra”…
En mucho dependerá el alcance de la propuesta del ejecutivo, su impacto en las reglas del juego, la capacidad para fijar un rumbo eficiente. En pocas palabras: un depurar el nacionalismo.

domingo, 27 de febrero de 2011

Libia y el gasolinazo

Lo que para unos es bueno, para otros es perjudicial. Y así sucede con el asunto del petróleo en México. Las revueltas en Egipto y sobre todo en Libia, han impulsado una alza en los precios internacionales del petróleo. Lamentablemente casi no hay revuelta sin muertos, ni revolución sin mártires; por más que estas sean de las rosas o de terciopelo.
En los últimos días Muamar Gadafi demostró que él no es como el recién derrocado homólogo de Egipto, Hosni Mubarak. Gadafi ha reafirmado lo peor de un régimen autocrático contra la población, al grado de imponer la muerte antes de caer. 



No sabemos si estamos ante un gran movimiento democratizador en los países árabes, o si los  Mubarak de hoy van a ser sustituidos por los Gadafi del mañana. 

Tristemente la crisis política ha vuelto a impulsar precios altos del petróleo. En ese entorno, el gobierno de México ingresará mayores ganancias por las ventas de su crudo. Gobernadores, presidentes municipales y funcionarios federales podrán estar contentos con el dinero que eventualmente ensanchará sus presupuestos. 

Pero no todo es beneficio, porque mientras somos un país abastecedor de materia primia, no tenemos la capacidad de procesar. Así que una parte de la ganacia del petróleo se destina a pagar el subsidio aplicado a la gasolina que consumimos en el país. 

Otra opinión expresó el presidente Calderon al advertir el impacto negativo por la importación de combustibles. Y no es que el llamado "gasolinazo" dependa del gobierno como lo suele acusar fácilmente la oposición, sino de los precios internacinales que en México suben, pero no bajan a falta de un libre mercado. Así habrá que acostumbrarse a pagar gasolinas caras en los próximos años, mientras la posibilidad de la apertura energética es desechada para no agraviar la "soberanía nacional".

Por lo pronto el futuro está en otra parte. En su discurso ante el Congreso el presidente Obama insistió en la innovación tecnológica como un factor clave para el futuro. Anunció una meta de un millón de autos eléctricos para el 2015 en Estados Unidos. Y nosostros ¿Qué estamos haciendo frente al cambio que viene? ¿Cuándo se atreverán nuestros convencionales políticos a entrarle de fondo al tema de los energéticos? Quizá encontremos una mejor perspectiva cuando los "veneros de petróleo" no sean más la fuente de un desarrollo improductivo. 

Milenio
http://impreso.milenio.com/node/8918437

martes, 26 de octubre de 2010

Cuado el destino



No cabe duda, este país será mejor cuando se agote su petróleo. ¿De qué otra manera tendríamos que entender el crecimiento artificial e insostenible de toda esa inmensa estructura llamada gobierno? Hoy por hoy, los países con altos niveles de competencia, esos que tanto admiramos, no sólo cuentan con finanzas públicas sanas, sino un sistema fiscal eficiente, equitativo, autónomo.
Por eso, resulta decisivo para los ciudadanos, (les guste o no la política, les apasione o la desprecien), la forma en la que el gobierno obtiene los recursos y que de alguna manera los distribuye. El impuesto sobre la renta o el recaudado con el valor agregado, por mencionar algunos, representan el tamaño real del gobierno. Gracias a los ingresos del petróleo, ahora proyectado en 65 generosos dólares, el gobierno (léase estados y municipios también), ha crecido su tamaño desproporcionadamente y fuera de la realidad.
De ahí que veamos gobiernos estatales voraces, más dados a consumir la mayoría de los ingresos en gasto corriente, principalmente en sostener la obesa burocracia. Algo similar sucede con las presidencias municipales y para el caso, sobra repetir los excesos; la irracionalidad de cada día.  

Por ejemplo, la media nacional refleja que el 67% del dinero público va a nómina, los estados más gastones, de los que más reportan en el capítulo de servicios personales, son Michoacán, Verazcruz, Puebla y Coahuila. Pero todavía, hay casos extremos, donde existen nóminas adicionales: Baja California, Nuevo León y San Luis Potosí gastan por arriba del 70%. Así ni cómo avanzar en serio.   

Además del malestar para los consumidores de cigarrillos, los cuales tendrán que cargar con una votación “políticamente correcta”, la Ley de Ingresos para el 2011, en realidad exhibe la precariedad del sistema fiscal mexicano. Un sistema ineficiente, inequitativo y mal distribuido. El análisis de la mayoría de las finanzas gubernamentales, llámese federal, estatal, municipal, órganos autónomos, entre otros entes… nos da cuenta que a los mexicanos nos sale más caro sostener el gobierno, que los supuestos beneficios derivados del mismo. Ahí está por ejemplo, el caso de la seguridad, donde casi cualquier nivel de autoridad se empequeñece, se lava las manos o para acabe pronto, le echa la culpa al vecino.   

Lo cierto es que el México de la alternancia, o incluso el México del siglo XXI no ha podido concretar un aparato fiscal competitivo, capaz de sostener con estabilidad al estado. En las comparaciones, se suele hablar de la exitosa transición española y los famosos pactos de la Moncloa, sin embargo, esos pactos en esencia, fueron fiscales. El caso del milagro irlandés ilustra también sobre el compromiso de su clase política para cobrar impuestos, pero con la condición de que los ingresos recaudados quedaron  vedados al gasto corriente. Para decirlo claro, el gasto corriente termina siendo un barril sin fondo, un fiesta de la cual ya pagamos la consecuencias de la resaca.

Aún así, no se ve en el PAN, el PRI o el PRD un pacto por construir una reforma fiscal. Si a los azules les falló la política, a los tricolores les gana el temor por el costo político, máxime con la elección presidencial en puerta. Y de lo perredistas, estos ya no saben qué hacer con el tabasqueño.
El año pasado los legisladores prometieron ahora sí empujar una reforma fiscal. Desde luego que esto rápido se olvidó. Por lo pronto, la recién aprobada Ley de Ingresos terminó por ser un fiasco, eso sí, calificada como "responsable" por el partido en el poder.     

Hay varios puntos insostenibles. La relación asimétrica entre quienes pagan formalmente impuestos y sostienen inequitativamente los servicios públicos que consume la mayoría. Desde esa relación, no hay institución que aguante. Y para prueba las pensiones que ha alcanzado el IMSS. ¿Se entenderá la gravedad del problema francés que ahora mismo tiene en jaque a sus autoridades? 


El 40% del gasto público total es financiado mediante la menguante y volátil riqueza petrolera. De acuerdo a una estimación del IMCO (2010), el declive en la producción de hidrocarburos tocará fondo en 2017. Para entonces México dejará de ser exportador de petróleo. Por otro lado, como muestra el estudio del competitividad del IMCO, existe el riesgo latente que representan los sistemas de pensiones estatales de los cuales depende poco más de un millón y medio de personas. Cuando el destino nos alcance, habrá tres caminos para cubrir el déficit público: aumentar impuestos, incurrir en más deuda y bajar el gasto. 
Quizá después del 2017 se logre un gran pacto, no de gobierno, sino de estado. Mientras tanto, la cuenta de la fiesta seguirá corriendo a costa de los contribuyentes. Eso sí, cuando el destino nos alcance. 

Twitter/uncuadros

domingo, 3 de agosto de 2008

¿A dónde va el petróleo?

Pago por obras no ejecutadas; trabajos cuya ejecución fue deficiente; registros contables mal elaborados; inconsistencias en la información presupuestal, contable y fiscal; adjudicación de contratos con dictámenes sin fundamento ni motivación. La historia suena conocida y en varios sentidos se parece a nuestro recién desaparecido DVR, sin embargo, no estoy describiendo la triste y célebre obra de la corrupción, sino el estado actual que guardan los recursos “públicos” generados por el petróleo mexicano.

La pregunta adecuada no es, ¿dónde está el petróleo?, más bien ¿a dónde va?, y sobre todo, dónde y cómo se aplican los recursos producidos. Y esas son justamente las preguntas que hay detrás del informe, que el pasado 29 de julio dio el contador Arturo González de Aragón, como representante de la Auditoría Superior de la Federación.
Expuesto en el marco del Foro Nacional sobre la reforma energética, particularmente en la mesa relativa a los excedentes de petroleros en los estados, el auditor señaló cifras y resultados alarmantes. No obstante, su alarma no proviene de la crisis energética, la escasez, los altos precios y toda esta tendencia de que el tesoro se agota. Se refirió a un ámbito no menos importante: la transparencia y la rendición de cuentas de los recursos públicos provenientes del “sacrosanto” petróleo.

Actualmente el Estado Mexicano y su enorme burocracia dependen notablemente de lo recursos que genera el “oro negro”. Entre el periodo 2000 a 2007 el petróleo contribuyó a generar el 35% de los ingresos públicos y los fabulosos presupuestos que conllevan, pero también representa casi el 40% de los recursos del gasto federal. Para bien y para mal el Gobierno Federal y los Estados dependen de manera importante del recurso generado por PEMEX. Como nunca, en los últimos años el gobierno mexicano ha tenido ingresos multimillonarios y jugosos excedentes para los estados y municipios, estos dos últimos con una bolsa de 367 mil millones para el periodo 2000 a 2006.

Pero al mismo tiempo podemos decir que como nunca, las entidades federativas, incluyendo Coahuila, habían ejercido tantos recursos públicos con tanta discrecionalidad y opacidad. Y ya sabemos que un deficiente sistema de alumbrado incentiva la corrupción y la malversación del erario. A todo esto, alarman las bien fundamentadas y autorizadas palabras de González de Aragón: no podemos seguir perdiendo todos los días y a cada instante el patrimonio público que pertenece a todos los mexicanos.

Otra vez la pregunta, ¿a dónde va el dinero del petróleo? ¿Por qué tantos golpes de pecho con la soberanía y la privatización si lo recursos son frecuentemente malversados? Después de siete años a partir del 2000, la conclusión acerca de los beneficios del petróleo es lapidaria. El importante monto de recursos excedentes transferidos a las entidades federativas, contrasta con el bajo incremento que las mismas han observado en su infraestructura física patrimonial, con la finalidad de impulsar mayores oportunidades de desarrollo para la sociedad. ¿Y dónde quedó el multicitado desarrollo que los políticos nos venden en nombre de PEMEX?

Hay un aspecto fundamental en todo esto del petróleo y a lo cual no valen las propuestas del ejecutivo federal y el PAN, ni tampoco las del PRI (el PRD aún sigue pensando). Me refiero a que una buena de los recursos que tiene el gobierno -desde el federal hasta el municipal- terminan destinándose al gasto corriente. Ni inversión, ni desarrollo, ni largo plazo. Recuerdo con envidia el caso de Irlanda. Un país pobre en la década de los ochentas del siglo pasado, es decir, la década en la nuestro país también hizo reformas económicas similares. Los irlandeses hicieron una reforma económica que generó los suficientes recursos para promover el desarrollo, pero no el gasto corriente de la burocracia gubernamental. Ese fue el compromiso que los políticos irlandeses respetaron como parte del futuro que estaban construyendo. Hoy por hoy, el presente de Irlanda supera con mucho el desarrollo de las mejores economías europeas.

¿Y en México, cuándo nos alcanzará el desarrollo? Así como están las cosas, no obstante la reforma fiscal aprobada el año pasado, donde refuerza el control de los recursos petroleros transferidos a los estados, la tendencia no parece cambiar y el panorama no es alentador. Cualquier monto de recursos -advierte el auditor-, que se transfiera a las entidades federativas proveniente de los excedentes del petróleo, resultará ineficaz si no se garantiza su aplicación hacia programas de desarrollo estatal, y si no se transparenta mediante una apropiada rendición de cuentas y evaluación de su destino.

Si bien, la debilidad de la Auditoría Superior de la Federación radica en carecer de dientes para fincar sanciones y responsabilidades, no deja de advertir que debemos cerrar los espacios al uso inadecuado de los recursos excedentes que se generan, a la opacidad con la que se manejan y a la discrecionalidad con la que se aplican. Los muros de la opacidad y de los intereses patrimoniales distorsionan la correcta aplicación de los fondos públicos. En esto, más allá de las ideologías, se nos va el petróleo.
2 de agosto 2008
El Siglo de Torreón