domingo, 17 de marzo de 2013

¿A quién le importa el patrimonio histórico de Torreón?

Con frecuencia escucho decir que Torreón, por ser una ciudad joven, tiene poca historia. Sobre todo, cuando nos comparamos con ciudades coloniales como Zacatecas, Guanajuato, México, Durango y tantas más. Pero el hecho de que Torreón sea una ciudad moderna, que a penas en 1850 era un rancho agrícola, no significa que tenga poca historia o que sea menos en relación a otras ciudades. Simplemente es diferente y cada una tiene sus historias y particularidades. Pienso que desde ahí tenemos que valorar y reconocer nuestra propia historia. Una forma de hacerlo es a través del patrimonio histórico, en particular, las huellas materiales que tenemos en edificios, casas y construcciones que guardan un insospechado valor. Algunas notables como el Casino, el Arocena o el Hotel Salvador (tristemente en abandono). Otras fincas menos conocidas, y sin embargo, sumamente valiosas. Será mucho o poco, pero es lo que tenemos y como tal, debemos conservarlo. ¿A alguien le importa?

Hago una pausa: la conservación está relacionada con el conocimiento, el orgullo y el amor. Hace años, cuando viví en Guanajuato, me sorprendió la apropiación que los locales tienen de su historia a partir de los edificios históricos. Lo saben y están orgullosos de su patrimonio. En ese reconocimiento hay un gran valor público que conlleva el amor por lo propio; a la conservación del patrimonio material.

En los últimos meses he atestiguado la destrucción de cuatro inmuebles históricos en Torreón, incluso con el aval de la autoridad. Algunos de manufactura centenaria, ejemplares de tabique sólidamente estructurado. En la simplicidad de esos edificios recién destruidos, había un manejo estético del ladrillo. Podría decirse que esas piezas no eran extraordinarias ni valiosas, sino simples casas viejas destinadas a la ruina. A pesar de la incuria, ese patrimonio registra nuestra historia. Es lo que tenemos y representa la primera época del Torreón moderno entre 1880-1910
Arquitectura centenaria

Destrucción con el aval de las autoridades. 


Al paso que vamos, no me extrañaría que un día el cuadro histórico lo podamos ver sólo en una fotografía. No obstante, tenemos todavía un buen número de ejemplares dignos de conservación, pero necesitamos antes saber por qué son valiosos. Sin la difusión de ese conocimiento no hay orgullo, amor y conservación. A cambio abunda el desprecio, la ignorancia y una identidad difusa. Como historiador he colaborado en la preservación de esa memoria. Un caso paradigmático, es la conservación del edificio Arocena, el cual documentamos para International Council on Monuments and Sites (ICOMOS). También en otros espacios he registrado la destrucción de la memoria arquitectónica de la ciudad. Nuevamente, ¿a alguien le importa?
Ocampo y Leona Vicario, nueva destrucción. 



En los paseos sabatinos de Ruedas del desierto he tenido la dicha de recorrer el centro y redescubrir nuestra historia en edificios, casas, estilos arquitectónicos y rutas memorables. Con cierta esperanza hemos sembrado conocimiento, orgullo y amor por la ciudad. Estoy convencido que un aspecto esencial para la reconstrucción de la ciudad y su ánimo colectivo, tiene que partir de la historia. Ojalá no sea muy tarde.

Guardián de las palabras


Nadie duda del poder de las palabras. Podemos construir o derrumbar con las mismas. Pueden ser tan ligeras por triviales, o tan pesadas por su significado. Eso sí, depende de cómo las digamos, con qué fuerza, con qué intención. Hasta decimos que con “cierto tono”. En ocasiones, las palabras son materialmente vida, en otras muerte. Nombramos y entonces la representación cobra sentido. “Óyeme con los ojos” escribió Sor Juana en un precioso poema. En su famoso Tractatus, Ludwig Wittgenstein argumentó: “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Como lenguaje, las palabras evidencian nuestro mundo personal, pero también son, nuestro intento por representarlo. ¡Y vaya que los límites se notan!

En una pugna por las palabras, la Suprema Corte de Justicia de la Nación acaba de emitir un fallo insólito. Todo comenzó con una pelea entre periodistas que recurrieron al insulto y las acusaciones como argumento. El pleito terminó en los tribunales y a su vez llegó hasta la máxima autoridad judicial. Como resultado, la Suprema Corte decidió que las palabras “maricón” y “puñal” en notas periodísticas, no están protegidas por la libertad de expresión, y por lo tanto, al utilizarlas en dichos medios, son causa de demanda por daño moral. De acuerdo con el polémico fallo de la Corte, se trata de expresiones homofóbicas que llaman a la discriminación. Con tres votos a favor y dos en contra, la Corte se acaba de erigir como guardián de las palabras. 

Al paso que va, es posible que hasta se convierta en un brazo judicial de la Real Academia de la Lengua Española. Pero el argumento de la Corte va más en el sentido de lo políticamente correcto, que de la libertad de expresión garantizada en la constitución. Es cierto, nada garantiza que esa libertad se use con prudencia, o con tolerancia, sin embargo, tampoco, el fallo de la Suprema Corte garantiza el uso o la restricción de los insultos o las descalificaciones. Tan absurdo como suponer un policía detrás de cada ciudadano. En dado caso, son las personas y las sociedades las que instituyen el uso, y no las autoridades judiciales. Aunque por supuesto, nunca falta quien aspira a un Big brother orwelliano.

Pero no pensemos solamente en dos palabras referidas al sexo, sino en muchas más que también insultan, degradan, llaman al odio. ¿Esas palabras también las restringirá la Corte? ¿Por qué prohibir unas y no otras? ¿Habrán de publicar un diccionario de la pureza, de lo políticamente correcto?
Hace unos días el historiador Enrique Krauze tuiteó con razón: “Sólo para troles: en mis textos -acertados o no- jamás encontrarán calumnias ni insultos. Mucho menos deseos de muerte contra nadie”. Si algo abunda en las redes sociales o en los comentarios virtuales en los medios, es el insulto, la descalificación, el odio como argumento. Pero también, las redes sociales y los medios han abierto espacios de comunicación, lazos y hasta formas de solidaridad. ¿Tendríamos que prohibir las palabras por los evidentes abusos? ¿Cómo le haríamos después en un estadio de fútbol o en la lucha libre?

No cuestiono que las dos palabras sancionadas por la Corte sean discriminatorias. Cuestiono sí, la imposibilidad de restringir cualquier cantidad de palabras para la discriminación y el odio. Es, para fines prácticos, un contrasentido constitucional. Un régimen de excepciones al que sólo le falta un Instituto Correctivo de la Moral Pública (ICMP). ¿Quién habrá de administrar ese laberinto?

8 de marzo 2013 
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Morir en el poder (Hugo Chávez)



El 5 de marzo murió Hugo Chávez después de una larga incertidumbre y agonía. Su permanencia en el poder no fue limitada por los votos ni la democracia, sino por el cáncer.

Agárrese, vienen más impuestos

Olvídense de “La maestra”, lo que viene son más impuestos. Para nadie es un secreto la debilidad de las finanzas públicas en México. En esencia el gobierno mexicano, ese actor tan odiado a la hora hablar de impuestos, depende de los contribuyentes, y también de los ingresos que obtiene de Pemex. Durante años, esa fórmula generó distorsiones que ahora se consideran derechos: desperdicio de recursos públicos, prebendas a sindicatos, miles de millones a los partidos, y para acabar pronto, el costo de la corrupción.

Al mismo tiempo, los petrodólares inflaron de manera artificial al gobierno, incluso, por encima de su capacidad real de pago. En consecuencia, tenemos un estado obeso que se traduce, entre otras razones, en comisiones inútiles, instituciones ineficientes e insuficientes, gobiernos que generan poco o nulo valor social. Ahí están los municipios como un barril sin fondo. No se diga de los gobiernos estatales… Súmele también una base de contribuyentes que por sí sola, no podría sustentar el tamaño del Estado que tenemos. En esas circunstancias, y después de tantos años de estancamiento, el nuevo gobierno está decidido a trabajar en un reforma fiscal. La noticia es positiva, pero impopular. Retrocedamos un poco la película para evitar sorpresas. Washington,  Centro Woodrow Wilson, febrero de 2011. La mano derecha del entonces gobernador Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray insiste en una conferencia: “el año clave para que México concrete reformas económicas y políticas relevantes será 2013”.

Hoy el proyecto se va amalgamando y por eso el domingo tres de marzo, en la asamblea nacional, el PRI aprobó reformas a sus estatutos para incluir temas como gravar con IVA medicinas y alimentos; mayor apertura y modernización de Pemex. Puntos, hasta antes del elbazo, tabú en el PRI. Previo está el Pacto por México que demanda, si no se quiere quedar en el discurso, recursos de una reforma fiscal. En esa política, también continuará el aumento a las gasolinas porque en el modelo actual, los subsidios son insostenibles. ¿Cuánto más? Hasta llegar a precios internacionales. Mejor ir preparándose.

De esa manera, no hay duda de quien manda en el PRI. Tras la vigésima primera asamblea, los priistas lograron un conceso por unanimidad. Por unanimidad eliminaron candados “obsoletos y dogmas” del programa de acción, estatutos y principios. También eliminaron la frase, “el PRI defenderá la economía popular y no aceptará el IVA en alimentos y medicinas”. Luego de la aprobación, entró Enrique Peña Nieto triunfante al auditorio.

Logrado el consenso entre los priistas, este año podría concretarse la reforma fiscal (con el subsecuente aumento de impuestos) y la reforma en Pemex. Sin embargo, la detención de una intocable como La maestra, parece poco cuando se trata de aumentar impuestos y extraer más recursos de los contribuyentes. Faltan entonces otros influyentes, otros impunes en el gobierno y los partidos, pero también poderes en la iniciativa privada. Hasta entonces, el gordillazo sólo será un caso solitario.

6 de marzo 2013
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Adiós Don Pablo, adiós.

Fuente de la imagen: Noticias

El viernes 1 de marzo murió Don Pablo Amaya Ramírez (1952-2013), cronista oficial de Gómez Palacio y miembro de la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas. Hombre bonachón, generoso en su plática y sobre todo, en sus ganas por compartir la historia lagunera. Todavía hace algunas semanas coincidimos en una librería. Hablamos y quedamos en hacer un recorrido por sitios históricos de Gómez. Ya será para la otra Don Pablo. Por lo pronto, quedo agradecido por la atención que el cronista siempre tuvo conmigo para orientar investigaciones que luego se convirtieron en libros. Nuevamente gracias, Descanse en paz.

http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9173933

Torreón, una ciudad deprimida



Como las personas, también las ciudades se deprimen. Hay un estado de ánimo colectivo que se siente, se percibe, se respira. Imposible no notarlo en una ciudad como Torreón, donde 7 de cada 10 identifican, hablan y padecen un problema: la violencia. Pero el padecimiento no es nuevo, sino crónico. Lleva años y de alguna triste manera nos hemos acostumbrado. Por lo mismo, ya ni me extrañó que en el recién publicado estudio, Ranking de Felicidad en México 2012, Torreón ocupó el lugar 99 de 100. No deja de ser sintomático, pero ya es hora de ir pensando en cómo salir de esto. Nos urge contar otra historia y construir otro futuro. Tomo algunos datos para repensar: 52% se siente orgulloso del municipio. El resto se diluyó. Otro dato preocupante en Torreón son los indicadores de satisfacción con los servicios públicos. Entonces, no todo está en la inseguridad. Sobre la satisfacción del trabajo y la economía mejor no hablamos…

Paradójicamente, los dos primeros lugares de felicidad, los ocuparon municipios norteños. El primero, lo obtuvo Apodaca, Nuevo León. El segundo lo ocupó Lerdo, Durango. Le siguen hasta el décimo lugar de felicidad: Guadalupe, Nuevo León; La Paz, Baja California; Coyoacán, DF; Manzanillo, Colima; Tuxtepec, Oaxaca; Álvaro Obregón, DF; Tlalpan; DF; y Corregidora, Querétaro.
En los últimos años, cada vez más gana terreno la tendencia de incluir en los indicadores, variables como la satisfacción personal y la percepción de felicidad. Entre otras cosas, estas mediciones proponen instrumentar políticas más adecuadas para mejorar el bienestar de las ciudades. El estudio fue auspiciado por la asociación Civil Imagina México, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.

De acuerdo con los promotores del Ranking de Felicidad, el objetivo fue presentar la primera medición de felicidad para 100 municipios en México, a fin de ofrecer información valiosa para buscar mejorar el bienestar de los mexicanos. Polémico o no, la medición de la felicidad muestra el grado de satisfacción en las ciudades y sobre todo, nos permite encontrar prácticas y condiciones propicias para el bienestar. Por algún lado tendremos que empezar.

3 de marzo 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9173933