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lunes, 26 de diciembre de 2016

El Nazas regresa

Foto: https://www.elsiglo.mx/galeria/12528-27245968.llega-el-rio-nazas-y-los-problemas-tambien

Más allá de la mano del hombre, el río Nazas está de regreso. Su presencia es tan importante para los laguneros, que reconocemos en el río, al Padre Nazas. De ese tamaño es nuestra relación. Aunque parece evidente, no siempre resulta así, pero somos laguneros gracias a las aguas de los ríos Nazas y Aguanaval. Más vale que no olvidarlo, porque en el nombre llevamos la historia; la identidad.  
Por lo mismo, me llena de alegría ver tantas familias que llevan a sus niños a conocer el río Nazas. Ahí están en los puentes, en las riberas del río. Tomando fotos y selfies, como quien asume una imagen para ser recordada. Porque de alguna manera u otra, el regreso del Nazas, nos recuerda quiénes somos. Hay en la fuerza de las aguas una identidad profunda que nos llama. Muchas generaciones jóvenes no tenían a la vista inmediata el río, que por lo general está contenido en las presas del Palmito y Zarco, pero ahora que el Nazas vuelve a cruzar las ciudades metropolitanas, valoramos el significado de “laguneros”.  De esa manera, los más chicos pueden comprender el sentido de La Laguna.
Desde hace mucho, nuestra relación con el Nazas está bien documentada. Por lo menos en los archivos coloniales, se encuentran referencias al río desde 1589, y muy probablemente todavía más atrás. De esa manera, la primera delimitación de la región, provino de las aguas, y sobre todo, de esa maravilla de lagunas, ahora desaparecidas. Para sorpresa de los viajeros, hace 400 o 300 años, no había duda que la región se distinguía por el conjunto de lagunas. Cuando revisamos la cartografía antigua, sobre todo, del siglo XVIII, salta a la vista, el importante lugar de los ríos, las lagunas y las cadenas montañosas, como Jimulco y la sierra de las Noas.
Aquellos habitantes no vieron en la región un desierto, sino un sorprendente oasis. Tampoco “vencieron al desierto”, sino adaptaron pequeñas poblaciones en la cuenca del Nazas. En vez de negar al río, delimitaron el espacio desde su presencia. Con la operación del sistema de presas a partir de 1946, se cambió el curso milenario del río. Por entonces creímos que era la mejor decisión. Pero después de décadas bajo ese paradigma que niega la naturaleza, y que por lo tanto, impacta negativamente el medio ambiente, nuestra relación debe cambiar.
La segunda llamada del río Nazas nos advierte sobre el futuro. Hoy más que nunca tenemos que construir un gran acuerdo social para  que regresar el Nazas a su cauce. Por supuesto, no por nostalgia histórica, sino para tratar de remediar en las próximas décadas, el profundo daño ecológico que hemos hecho a la región. Para el caso, está ampliamente documentado que sacamos más agua del subsuelo, y no recargamos la suficiente cada años. Como en todo, la resistencia al cambio es mayor, sobre todo, de las autoridades, que no obstante la afectación, actúan como si no pasara nada. Quizá por ello, la frase, “vencimos al desierto”, significa en realidad una gran tragedia ecológica.

Antes de las presas, el río alimentaba la laguna de Mayrán. A su vez, esa derrama cíclica, alimentaba los vasos comunicantes entre el río superficial y el río subterráneo (el acuífero). Hace setenta años rompimos esa relación milenaria bajo el argumento de la modernidad y el progreso. Se consideraba que era un desperdicio esa laguna en la parte baja de la cuenca. ¿Pero en verdad lo era? Claramente no, y sin embargo, la afectación está a la vista. Necesitamos romper el mito de las presas; construir un amplio acuerdo sin precedentes (a la mayoría le da miedo el cambio); y llevarlo a la acción a través de diversos liderazgos comprometidos con el futuro y la prosperidad de la región. Hace cien años, un grupo de decididos laguneros, formó el Sindicato de Ribereños Inferiores del Río Nazas, para defender la equidad en la distribución de las aguas entre los agricultores. Hoy nos urge una gran alianza para cambiar ese paradigma fallido que tiene al río en las presas. Se trata sobre todo, de la prosperidad y el futuro de la región. ¿Nos parece poco?
5 de octubre 2016
El Siglo https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1269168.el-nazas-regresa.html

Padre Nazas

Foto: http://www.milenio.com/region/Rio_Nazas-simbolo_de_Coahuila_y_Durango-Padre_Nazas_0_432556899.html

Agua. En el nombre llevamos el destino. Así los laguneros con los ríos Nazas y Aguanaval, que sorprendentemente reaparecen entre nosotros tras unas intensísimas lluvias en la sierra. Somos laguneros por la generosidad de los ríos. Antes de que existieran las ciudades, por mencionar Torreón, Gómez y Lerdo, dominaba en la región un conjunto de lagunas y un poblado bosque de mezquites. Durante siglos, el río Nazas alimentaba las lagunas de Mayrán, hacia lo que hoy es San Pedro de las Colonias, y también, en algunas épocas, el Nazas llegó a formar una enorme laguna en Tlahualilo. Vean la foto de satélite en Google maps. A su vez, el río Aguanaval, que serpentea por el cañón de Jimulco, formó un fértil oasis en lo que hoy es Viesca. De esa manera, trato de imaginar la enorme impresión, y sobre todo, el impacto de los primeros colonizadores al dar con tanta agua. Después de recorrer los yermos, llegaron a las lagunas. Fue tal la referencia lacustre, que no dudaron desde el siglo XVI, en nombrar a esta región, como  “país de la Laguna”. El Dr. Sergio A. Corona Páez, cronista de Torreón, y nuestro mayor historiador, ha escrito profusamente sobre el significado de ese paisaje lagunero. Lean su libro, El país de La Laguna.
Para gozo de las nuevas generaciones, el río reclamó nuevamente su cauce y así revivió la grandeza, pero sobre todo, recordó el sentido de identidad en la región. Ahí estamos admirando el Nazas en un especie de malecón. Paseamos, tomamos fotos y observamos la fuerza de la corriente. Abundan las selfies y familias con niños. El agua llama. En la rivera del Nazas se respira alegría y esperanza, como quien recupera algo perdido. El río reconoce su paso milenario, y con él, también nos reconocemos. La avenida es extraordinaria e inesperada, pero al final, quienes vamos al río, recordamos lo que significa el Nazas para La Laguna: ¡Grandeza!
Los viejos agricultores de la región, me refiero a las generaciones anteriores al sistema de las grandes presas (Palmito, 1946; Zarco, 1969), habían adaptado la agricultura a los ciclos naturales del Nazas. A veces las avenidas eran sumamente abundantes, otras terriblemente escasas. Aún así, esos agricultores, que tuvieron notable auge en el capitalismo porfiriano, adaptaron la agricultura a los límites que el mismo Nazas imponía. Con sabiduría sembraban lo que el Nazas disponía, no lo que el hombre quería. Desde el siglo XIX, los laguneros identificaron al río, como “Padre Nazas”. De ese tamaño era el respeto, pero también el amor que generaba el caudal. Cada año los agricultores esperaban la llegada del río con veneración religiosa. Nuevamente, esa veneración regresó en quienes esperamos el río por los históricos puentes: plateado y ferrocarril. 
Por casi setenta años, nos acostumbrados a la ausencia del Padre Nazas a lo largo de la cuenca que atraviesa la zona urbana de Lerdo, Gómez Palacio y Torreón. Pero de vez en vez, el río se encargó de decirnos por qué somos laguneros. A pesar de las presas, hubo avenidas en 1958, tras una larga sequía. La hazaña se repitió en 1968, causando temor por las inundaciones.  Pasaría dos décadas, hasta que en 1991 y 1992, regresó el río. En 2008 retomó su cauce, y también en 2010.  Hoy nos toca vivir nuevamente otra avenida.
Pero más allá del entusiasmo que genera el Nazas para muchos, aunque para otros es desgracia, vale retomar el debate sobre el impacto negativo de las presas en la región Lagunera. Desaparecieron las lagunas que nos dieron identidad. Viesca y San Pedro son un desierto. Padecemos el abatimiento del acuífero, además de la desaparición de flora y fauna a lo largo de la cuenca. Paradójicamente se riega menos que antes del sistema de presas. Pero todavía decimos que “vencimos el desierto”, cuando en realidad, detrás de esa frase, se esconde un enorme ecocidio. Hay que leer los trabajos de Carlos Cháirez Araiza y Jacinta Palerm, científicos críticos y comprometidos, para entender la urgencia que tenemos los laguneros de recobrar el curso natural del Nazas. Durante décadas pensamos que las presas eran lo adecuado. Hoy sabemos que no. Para bien del futuro de la región, ojalá cambiemos en los siguientes años. Ojalá logremos un gran acuerdo social para restaurar la grandeza de la región. Al fin, para no negar más a nuestro Padre Nazas.  

7 de sept 2016

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Río NAZAS en el Museo Arocena

Río Nazas, avenidas

Las presas alteraron el curso natural del río Nazas, que durante siglo forjó su cuenca.
En 1946 empezó a operar la presa El Palmito, y posteriormente la presa Zarco terminada en 1969. No obstante las presas, el río regresó a su cauce en 1958, 1968, 1991-1992, 2008, 2010 y 2016. 
¡Ya es hora de que regrese el río a su cauce natural!

1968, Horas de angustia. 

2008, video de El Siglo

2010

2010, video de El Siglo 

2016, de Video Aéreo Laguna
  

viernes, 20 de mayo de 2016

El Puente


Entre los símbolos laguneros, uno de los más emblemáticos y queridos por la gente, es el puente sobre el río Nazas. Aparece una y otra vez en el imaginario colectivo de la región. No deja de sorprenderme que hasta las nuevas generaciones ávidas de redes sociales como Facebook, Twitter, You Tube o Instagram, retoman la imagen histórica o actual de ese puente. En pocas palabras, es un pedazo de identidad hecho fotografía. Al mismo tiempo es un vía funcional y de uso cotidiano. ¿Pero por qué el puente sobre el lecho del Nazas forma parte de nuestra identidad? ¿Qué hay detrás de su historia que nos sigue entusiasmando?
En los diferentes paseos y visitas guiadas de historia que hago en Torreón, siempre vamos al puente del Nazas para refrendar con orgullo, esa lucha de nuestros abuelos. Durante muchos años las ciudades laguneras de Torreón, Gómez Palacio y Lerdo quedaban incomunicadas por las avenidas periódicas del río Nazas, a quien no dudamos en reconocer como "Padre Nazas". Para los laguneros de las tres ciudades se complicaba el tránsito cada que el agua corría. En 1926, una primera asociación civil de laguneros llamada "Puente Nazas", buscó impulsar la construcción para unir a las ciudades, pero faltaron fuerzas. Ahí estaban notables laguneros como Francisco Dingler y Agustín Zarzosa. Por entonces ya funcionaban dos antiguos puentes. Uno del ferrocarril, que actualmente funciona bien, -sí, señores "ingenieros" del gobierno-, pero que es herencia de la época porfiriana. Irónicamente La Laguna le debe más a Porfirio Díaz, que a la Revolución. Otro puente histórico era el del tranvía eléctrico de "Lerdo a Torreón", que fue hecho en la misma época, y del cual sólo nos queda, después de la desaparición de ese transporte en 1953, unos fortísimos pilotes de piedra que sostuvieron ese puente. Sin embargo, faltaba un puente para que las personas cruzaran fácilmente, sin los peligros de invadir la vía. Un puente para autos y peatones. De esa manera, unos laguneros bien comprometidos y asociados en el activísimo Automóvil Club, retomaron el proyecto del puente. Hablamos de la sociedad civil que se adelantó al gobierno.
En 1928, los ingenieros del Automóvil Club, Federico Wulff, Vicente Solís y Enrique Carrión, realizaron un primer estudio para proyectar el puente en condiciones de tierras arenosas y fuertes avenidas del río. Los cálculos nos les fallaron como podemos constatar. Sin embargo, no sería hasta abril de 1931 cuando se iniciaron las obras, a la par de la campaña ciudadana, "Coopere y habrá puente". Esa petición hizo tal eco entre los ciudadanos, que el gobernador de Durango, Pastor Rouaix, y de Coahuila, Nazario Ortiz Garza, se sumaron al proyecto. El puente costó 230 mil pesos de aquélla época, cuándo la moneda sí valía, y Videgaray no estaba en Hacienda. Como ven, no siempre hemos estado mal.
Regresemos al glorioso puente lagunero, que siempre fue naranja, y ahora es plateado. La obra fue diseñada y dirigida por el ingeniero Francisco Allen, un profesional de la construcción serio, ordenado, y sobre todo, honesto. Los resultados están a la vista y todavía disfrutamos la calidad del puente que ha vivido tremendas inundaciones del río Nazas. La estructura de acero fue hecha por la Fundidora de Monterrey, de la cual todavía se conservan unas placas. ¿No las han visto? Vayan a caminar por ahí.
La obra la empezaron el 11 de abril de 1931, y la inauguraron el 20 de diciembre de ese mismo año. ¡Nueve meses señores políticos! Es fecha que todavía no pueden terminar el puente de la Falcón. ¡Una vergüenza! No cabe duda que aquella generación de laguneros fue grande; fue ejemplar. El día de la inauguración hubo fiesta en La Laguna. De un lado y de otro las poblaciones quedaron hermanadas por el puente. Ante todo, ese puente representa la unión, el esfuerzo y la asociación de laguneros que fincaron el bien de la región. 85 años después, el puente del Nazas está en pie y sigue funcionando. Es símbolo de identidad y patrimonio cultural lagunero. En tiempos de extravío, más nos vale escuchar la historia.
El Siglo 
18 de mayo 2016

miércoles, 12 de agosto de 2015

EcoCañón

Foto: http://ecoturismogenuino.ning.com/photo/2236176:Photo:1546
Pocas veces pensamos en la naturaleza, hasta que sobreviene el desastre. Entre la sorpresa y el temor, el tornado que asoló hace unos días, ciudad Acuña, Coahuila, nos advirtió trágicamente la fuerza de la naturaleza. Sólo seis segundos fueron suficientes para causar muerte y destrucción en aquella población. Al respecto, cada vez escucho más nombrar, y no precisamente para bien, el cambio climático. Inundaciones y sequías más severas, aumento en la temperatura, y hasta desastres naturales. Fenómenos atípicos que perecen advertir los daños del hombre al medio ambiente. Sin embargo, no solemos pensar mucho en la naturaleza y la conservación del ambiente, hasta que surge un grave problema. Mientras explotamos nuestros recursos a la mano, acabamos con ríos, especies y hasta hacemos desiertos. Irónicamente en la Región Lagunera repetimos que "vencimos al desierto", sin reparar siquiera en la tragedia ecológica que eso significa.
Nuestra región, irrigada por el milagro de dos ríos endorreicos, el Nazas y el Aguanaval, todavía conserva zonas, más allá de las ciudades, que son un auténtico pulmón para los habitantes. El Cañón de Fernández, en la cuenca alta del Nazas, es un extraordinario humedal de la región. Un lugar que renueva la preciada agua que tomamos. Recorrer el Cañón nos recuerda la grandeza y natural de La Laguna. Sólo ahí cobran sentido las viejas crónicas de colonizadores y viajeros durante la época colonial, cuando asociaban esta región, no al desierto, sino al rico paraje de lagunas y bosques de mezquites, fresnos y ahuehuetes. Andar por los senderos del Cañón nos reconcilia con la grandeza de aquellos sabinos centenarios, pero sobre todo, nos ofrece un generoso remanso. Nada como descansar al arrullo de un frondoso árbol en el Cañón. Por momentos, uno se siente en otra parte, muy distinta al árido y gris paisaje que hemos hecho desde las ciudades.
Pero nuestro entorno natural, por grande que sea, no deja de ser frágil, sobre todo, a la mano del hombre. Por lo mismo, veo con gusto e interés iniciativas para conservar y proteger el Cañón de Fernández, entre ellas el Centro piloto de manejo integral sustentable conformado por las granjas Nirvana y Los Sabinos. Tales granjas son un ejemplo de integración sustentable en un área natural protegida como el Cañón. Desde ahí se desarrollan invernaderos y cultivos con base a fertilizantes orgánicos. También cuentan con una estación climatológica, equipada con instrumentos supervisados por la Comisión Nacional del Agua. Es decir, por un lado y por otro, las granjas cuentan con la colaboración y asesoría de la Universidad Juárez de Durango, la Universidad Agraria Antonio Narro, Profepa y Semarnat.
En ese sentido, es relevante el trabajo de la asociación civil, Desarrollo Ecológico y Sustentable del área Natural Protegida, "Cañón de Fernández". Aunque de reciente creación, es notable su propuesta, y sobre todo, el siempre bienvenido trabajo por la conservación de la reserva ecológica en el Cañón de Fernández. Ese gran humedal que es vital para los habitantes de La Laguna, está amenazado por plagas que invaden a los preciados árboles, pero también por la contaminación y desechos que se dejan a lo largo del área protegida.
Su cuidado no es exclusivamente una tarea individual, sino colectiva. Requiere de técnicos, pero también de ciudadanos atentos para defender el entorno natural. Por eso celebramos las acciones que tienden a integrar y conservar, a respetar y sobre todo, a cuidar nuestro más preciado bien natural.
27 de mayo 2015

miércoles, 29 de mayo de 2013

Grandeza del Río Nazas

Río Nazas, puentes. 

En la efervescencia del fútbol, el equipo Santos Laguna es nuestro termómetro, nuestro referente de humor. Felices porque el equipo avanza; luego deprimidos por la tremenda derrota. Y casi acariciamos el campeonato… pero en los vaivenes del balompié, los laguneros llevan bien puesta la camiseta verde. Es el orgullo regional, y a la vez la marca que nos identifica. Más allá de las localidades, decimos “Santos Laguna”, no “Santos Torreón”. Además somos guerreros por dos raíces: la norteña y la felizmente tlaxcalteca. Quienes conozcan bien la historia del equipo saben de lo que hablo. En todo esto, la identidad lagunera tiene en el Santos al símbolo más inmediato y por lo mismo, el más visible. No hay duda que nos identificamos con los guerreros, pero se trata, como los icebergs, sólo de la identidad que radica en la superficie. La parte profunda está ligada a sus ríos. Para los laguneros, el nombre es destino, es agua. Así, el río Nazas y el Aguanaval cruzan nuestra historia y conforman nuestra identidad desde al menos hace ¡seis siglos! Somos laguneros por el conjunto de lagunas que formaban los ríos. Hacia el siglo XVI los colonizadores hispano tlaxcaltecas, encontraron en la región un impresionante paraje lacustre. Así, la primera identificación que se hizo, fue con base a “las lagunas”. A partir de entonces se hablaría de la región de las lagunas; del país de la laguna. En diversos mapas coloniales, quedaron registradas tres grandes lagunas: la del caimán o Tlahualilo; la de Parras o Mayrán, y el Álamo de Parras, ahora Viesca.

¿Pero a qué viene todo este asunto? El Museo Arocena acaba de inaugurar una oportuna exposición donde retoma la identidad profunda de los laguneros: Río Nazas, identidad e historia. El propósito de la expo, en la cual tuve el honor de colaborar con la investigación, es conectar a los habitantes con la raíz profunda de su historia. A través de recursos digitales como pantallas táctiles, videos, fotografías y documentos, podemos conocer no sólo la historia, sino la interpretación que desde el presente hacemos sobre nuestro principal afluente. Por eso es significativo ver cómo las generaciones jóvenes que no conocieron el río en su cauce natural, acudieron al retorno del Nazas en el año 2008. Tan importante para los laguneros es la riqueza del agua, que hasta lo reconocemos como el “Padre Nazas”. Incluso, en el esplendor del “progreso”, los viejos agricultores del siglo XIX, lo llamaron el “Nilo lagunero”.

A pesar del mal trato que le hemos dado al padre, sobre todo después de la construcción de las grandes presas, todavía hay grandeza en el Nazas. Digo esto, porque hay poblaciones que han perdido trágicamente sus ríos.
La exposición que presenta el Arocena permite reconocernos en el río por medio de su historia, sus conflictos y sobre todo su presente. En especial me encantó la forma en que los laguneros ven al río actualmente. Por cierto, Sergio Garza hizo una espléndida compilación de videos en You Tube, además de los interactivos, donde se expresa una visión más reciente sobre el Nazas. Vayan, disfruten la exposición, que también se presenta simultáneamente en la Plaza Cuatro Caminos con motivo del día internacional de los museos. Como parte del diálogo con el museo, pueden mandar sus fotos o videos sobre el río a: info@musa.org.mx

19 de mayo 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9180999

domingo, 18 de noviembre de 2012

La historia de un patrimonio lagunero



Hay símbolos que pesan. Para los laguneros, el río Nazas es el padre Nazas. A lo largo de diferentes épocas de nuestra historia, nos reconocemos en el agua. En unos tiempos más que en otros nos sentimos llamados por la riqueza de nuestro principal afluente. Aunque la historia no siempre está presente, algo queda en la memoria colectiva de los laguneros con respecto a su río. Hace años, en 2008, cuando hubo una avenida extraordinaria y el Nazas otra vez cruzó la zona urbana de las ciudades laguneras, me impresionó la cantidad de familias laguneros que acudieron diariamente a las riveras. Ahí estaban los niños y los jóvenes que conocían por primera vez al padre. Había en ese llamado algo de reverencia, algo que nos conectó con nuestra historia desde finales del siglo XVI. Por eso leí con gran interés el más reciente libro del antropólogo Hernán Salas Quintanal: El río Nazas, la historia de un patrimonio lagunero (UNAM, 2012, 213 páginas).
Se trata de un trabajo académico bien sustentado, que ofrece una historia del río Nazas desde la perspectiva de constructo cultural, y por lo tanto, de un patrimonio lagunero. Esta conceptualización permite al autor hacer una historia con una “visión más humanista y antropológica de los recursos culturales que una sociedad construye a partir de su entorno, sus recursos no renovables, porque son recreado cada generación”.
El libro tiene varios aciertos: hace una revisión amplia del estado de la cuestión; estudia el río bajo una noción que integra naturaleza, economía y sociedad; y finalmente, plantea un interés sobre los problemas ambientales de la región, particularmente la frágil relación con el agua que vivimos actualmente: sobreexplotación, hidroarsenicismo.
A diferencia de su otro libro, La globalización en la región lagunera (UNAM, 2002), la historia que nos entrega Salas Quintanal es una investigación menos teórica y más madura sobre el conocimiento de la región. Incluso en sus fuentes, para la publicación de 2011, recurrió directamente a los archivos, lo cuál enriquece visiblemente la aportación que hizo el investigador.
Para Salas Quintanal el río Nazas ha sido un símbolo paradójico: “por un lado, su agua representa a una región que ha logrado vencer las inclemencias del clima semiárido y por otro, ha sido objeto de conflictos locales y deliberaciones nacionales que ha tenido como resultado reglamentar y legislar sobre las aguas del territorio como patrimonio indiscutible de la nación”.
Continúo con la cita: “El Nazas ha proporcionado recursos naturales que se han vuelto productivos, pero también ha provisto nombres de lugares, historias locales, maneras de referirse al medio y de interactuar con éste; una organización sociojurídica, un estilo de vida y formas de uso y distribución de los recursos muy particular”.
El autor entreteje a su vez varias historias: el Nazas y su entorno natural; la historia compartida entre el río y la región; la legislación y la infraestructura hidráulica; y los problemas actuales del agua. El formato horizontal del libro, facilita la reproducción de tablas, mapas e imágenes que complementan la narrativa. Sin duda, esta historia de un patrimonio lagunero vista con una mirada externa, nos permite comprendernos mejor, y por qué no, a la luz del pasado, encontrar salidas más adecuadas a nuestros problemas ambientales del presente.
18 de noviembre 2012

sábado, 27 de septiembre de 2008

Tres estampas del Nazas


Por supuesto que los laguneros tenemos una identidad más profunda que un equipo de doce jugadores persiguiendo una pelotita. La extraordinaria avenida de los ríos, el Aguanaval, pero sobre todo, el Nazas, reflejan entre nosotros, ese viejo sentimiento “lagunero”, que ahora comparten también las generaciones jóvenes que no conocían el río en su cauce natural. No deja de asombrarme gratamente, la expectativa que genera en las personas el río cuando disfrutan el revivido paisaje, ya sea desde las ventanas de sus coches o en breves recorridos por la rivera, incluso, no faltan los incautos que se meten a nadar.
Entre tanto, he pensado en tres estampas que quiero comentar sobre el Nazas. La primera me recuerda la percepción que los agricultores de antaño tenían sobre el río. No son pocos los testimonios y documentos que recuerdan el respeto y la gratitud, a tal grado que reconocían al Padre Nazas. Cada avenida los agricultores recibían al río festejando la riqueza y prosperidad que traía a la región. Entre otros beneficios, resaltaban el limo que traía el afluente a su paso desde la cuenca alta. Ese limo era un fertilizante natural para sus tierras sembradas de algodón. Actualmente el río, dado el respeto que le hemos prodigado al Nazas, trae consigo un limo posmoderno: basura, cadáveres, tóxicos, aguas negras y hasta colchones. Ese es nuestro triste fertilizante actualizado, ¿a alguien le avergüenza?

La segunda estampa tiene que ver con la crisis del agua que arrastramos en la región, no sólo la obscena e irracional sobreexplotación del acuífero principal, ese río subterráneo al cual le sacamos más agua de la que recibe. Ya desde 1949 el gobierno federal había emitido vedas a través de decretos por la gravedad del problema, no obstante, se siguió explotando y concesionado nuevamente el agua. La historia resulta conocida de la mexicanidad: la ley existe, pero no se acata. Como consecuencia tenemos a la vuelta de los años, una presencia alarmante de arsénico en el agua que diariamente bebemos. Sin embargo, esto me hace pensar en los vasos comunicantes que dispone la propia cuenca del Nazas, y que debido a esta avenida, tendremos un impacto favorable en la recarga del tan vapuleado acuífero. Al respecto, un estudio realizado por los investigadores Levine y Cruz (1998), bajo el auspicio del IWMI, demostró con evidencia verificable, que la avenida del 1991-1992 recargó significativamente el acuífero, lo cual nos indica caminos sustentables para la recarga.

La tercera estampa la refiero a un tema más polémico: el sistema de presas. Antes de la construcción y funcionamiento de la gran presa El Palmito o Lázaro Cárdenas, el azar del río traía lo mismo prosperidad que ruina, dado que el cauce corría naturalmente y era captado por canales, acequias y represas, bajo el sabio sistema de aniegos o riego por inundación. Sin embargo, este método estaba sujeto al volumen que trajera el río, y por lo tanto, no se tenía la certeza de asegurar el riego, aún así, se generaron en la Comarca, capitales espectaculares. Hubo un gran debate entre agricultores, políticos y usuarios del río desde principios del siglo XX hasta 1930. Se creía que la solución a la contingencia del Nazas era la construcción de una presa que almacenara y controlara el caudal, para así poder disminuir la variabilidad del afluente, y consecuentemente, compensar los malos años con los buenos. A pesar de la oposición de muchos, con el tiempo la idea tuvo un gran consenso social, y se concretó el proyecto en el periodo de 1936-1946. Ahora, tengo la impresión, ante la gravedad de los problemas que tenemos con el agua, por más que las autoridades le den la vuelta, que estamos en la base de un nuevo consenso social para retornar el río a su cauce natural. Sé que la idea no les gusta a muchos, pero no se trata de una cuestión de gustos lo que nos estamos jugando en el presente, sino el fututo mismo de la región, en esa triada que incluye economía, ecología y sociedad.

Cada vez más la tendencia mundial tiende a reconocer que el éxito económico también depende del cuidado sustentable del ambiente, y por lo tanto, de la relación que asumimos como sociedad. De otra manera, seguiremos creyendo que el agua, un bien de interés público, se puede gastar irracionalmente sin reparar en las consecuencias que ello implica, porque al final, desestimamos que el arsénico es un problema de salud pública.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Limo del Nazas


Sorprendente los ánimos que a logrado la histórica avenida del Nazas entre los laguneros. No deja de impresionarme la cantidad de personas disfrutando del paraje inusitado.
Lo que ya no me sorprende es la negligencia de ciudadanos y gobierno. Me explico, si en el pasado (me refiero, antes de las presas Lázaro Cárdenas y Fco. Zarco), el río traía los beneficios del limo que fertilizaban la tierra, ahora el río trae consigo basura, cadáveres, tóxicos, aguas negras y desechos industriales peligrosos... Este es el nuevo limo, como signo de nuestros tiempos.

martes, 9 de septiembre de 2008

Río Nazas


Confirmado, las autoridades ya están tomando las precauciones para la inminente avenida del Nazas. La última que vez que cursó el río por su cause natural fue en 1991. Hay que recordar que desde 1946, la inauguración de la presa Lázaro Cárdenas, conocida como Palmito, controló artificialmente el caudal, abandonando su antiguo curso que por siglos irrigó y mereció el nombre de La Laguna en el siglo XVI.
Un estudio realizado por los especialistas Alejandro Cruz y Gilbert Levine (1998) midió el impacto de aquel extraordinario escurrimiento del río, concluyendo que tuvo un impacto positivo en la recarga del acuífero. El tiempo ofrece una valiosa oportunidad para volver a medir el impacto y conocer el estado del acuífero lagunero, y por qué no, revitalizar nuevamente el río Nazas con sus vasos comunicantes del acuífero.