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lunes, 26 de diciembre de 2016

El Nazas regresa

Foto: https://www.elsiglo.mx/galeria/12528-27245968.llega-el-rio-nazas-y-los-problemas-tambien

Más allá de la mano del hombre, el río Nazas está de regreso. Su presencia es tan importante para los laguneros, que reconocemos en el río, al Padre Nazas. De ese tamaño es nuestra relación. Aunque parece evidente, no siempre resulta así, pero somos laguneros gracias a las aguas de los ríos Nazas y Aguanaval. Más vale que no olvidarlo, porque en el nombre llevamos la historia; la identidad.  
Por lo mismo, me llena de alegría ver tantas familias que llevan a sus niños a conocer el río Nazas. Ahí están en los puentes, en las riberas del río. Tomando fotos y selfies, como quien asume una imagen para ser recordada. Porque de alguna manera u otra, el regreso del Nazas, nos recuerda quiénes somos. Hay en la fuerza de las aguas una identidad profunda que nos llama. Muchas generaciones jóvenes no tenían a la vista inmediata el río, que por lo general está contenido en las presas del Palmito y Zarco, pero ahora que el Nazas vuelve a cruzar las ciudades metropolitanas, valoramos el significado de “laguneros”.  De esa manera, los más chicos pueden comprender el sentido de La Laguna.
Desde hace mucho, nuestra relación con el Nazas está bien documentada. Por lo menos en los archivos coloniales, se encuentran referencias al río desde 1589, y muy probablemente todavía más atrás. De esa manera, la primera delimitación de la región, provino de las aguas, y sobre todo, de esa maravilla de lagunas, ahora desaparecidas. Para sorpresa de los viajeros, hace 400 o 300 años, no había duda que la región se distinguía por el conjunto de lagunas. Cuando revisamos la cartografía antigua, sobre todo, del siglo XVIII, salta a la vista, el importante lugar de los ríos, las lagunas y las cadenas montañosas, como Jimulco y la sierra de las Noas.
Aquellos habitantes no vieron en la región un desierto, sino un sorprendente oasis. Tampoco “vencieron al desierto”, sino adaptaron pequeñas poblaciones en la cuenca del Nazas. En vez de negar al río, delimitaron el espacio desde su presencia. Con la operación del sistema de presas a partir de 1946, se cambió el curso milenario del río. Por entonces creímos que era la mejor decisión. Pero después de décadas bajo ese paradigma que niega la naturaleza, y que por lo tanto, impacta negativamente el medio ambiente, nuestra relación debe cambiar.
La segunda llamada del río Nazas nos advierte sobre el futuro. Hoy más que nunca tenemos que construir un gran acuerdo social para  que regresar el Nazas a su cauce. Por supuesto, no por nostalgia histórica, sino para tratar de remediar en las próximas décadas, el profundo daño ecológico que hemos hecho a la región. Para el caso, está ampliamente documentado que sacamos más agua del subsuelo, y no recargamos la suficiente cada años. Como en todo, la resistencia al cambio es mayor, sobre todo, de las autoridades, que no obstante la afectación, actúan como si no pasara nada. Quizá por ello, la frase, “vencimos al desierto”, significa en realidad una gran tragedia ecológica.

Antes de las presas, el río alimentaba la laguna de Mayrán. A su vez, esa derrama cíclica, alimentaba los vasos comunicantes entre el río superficial y el río subterráneo (el acuífero). Hace setenta años rompimos esa relación milenaria bajo el argumento de la modernidad y el progreso. Se consideraba que era un desperdicio esa laguna en la parte baja de la cuenca. ¿Pero en verdad lo era? Claramente no, y sin embargo, la afectación está a la vista. Necesitamos romper el mito de las presas; construir un amplio acuerdo sin precedentes (a la mayoría le da miedo el cambio); y llevarlo a la acción a través de diversos liderazgos comprometidos con el futuro y la prosperidad de la región. Hace cien años, un grupo de decididos laguneros, formó el Sindicato de Ribereños Inferiores del Río Nazas, para defender la equidad en la distribución de las aguas entre los agricultores. Hoy nos urge una gran alianza para cambiar ese paradigma fallido que tiene al río en las presas. Se trata sobre todo, de la prosperidad y el futuro de la región. ¿Nos parece poco?
5 de octubre 2016
El Siglo https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1269168.el-nazas-regresa.html

Padre Nazas

Foto: http://www.milenio.com/region/Rio_Nazas-simbolo_de_Coahuila_y_Durango-Padre_Nazas_0_432556899.html

Agua. En el nombre llevamos el destino. Así los laguneros con los ríos Nazas y Aguanaval, que sorprendentemente reaparecen entre nosotros tras unas intensísimas lluvias en la sierra. Somos laguneros por la generosidad de los ríos. Antes de que existieran las ciudades, por mencionar Torreón, Gómez y Lerdo, dominaba en la región un conjunto de lagunas y un poblado bosque de mezquites. Durante siglos, el río Nazas alimentaba las lagunas de Mayrán, hacia lo que hoy es San Pedro de las Colonias, y también, en algunas épocas, el Nazas llegó a formar una enorme laguna en Tlahualilo. Vean la foto de satélite en Google maps. A su vez, el río Aguanaval, que serpentea por el cañón de Jimulco, formó un fértil oasis en lo que hoy es Viesca. De esa manera, trato de imaginar la enorme impresión, y sobre todo, el impacto de los primeros colonizadores al dar con tanta agua. Después de recorrer los yermos, llegaron a las lagunas. Fue tal la referencia lacustre, que no dudaron desde el siglo XVI, en nombrar a esta región, como  “país de la Laguna”. El Dr. Sergio A. Corona Páez, cronista de Torreón, y nuestro mayor historiador, ha escrito profusamente sobre el significado de ese paisaje lagunero. Lean su libro, El país de La Laguna.
Para gozo de las nuevas generaciones, el río reclamó nuevamente su cauce y así revivió la grandeza, pero sobre todo, recordó el sentido de identidad en la región. Ahí estamos admirando el Nazas en un especie de malecón. Paseamos, tomamos fotos y observamos la fuerza de la corriente. Abundan las selfies y familias con niños. El agua llama. En la rivera del Nazas se respira alegría y esperanza, como quien recupera algo perdido. El río reconoce su paso milenario, y con él, también nos reconocemos. La avenida es extraordinaria e inesperada, pero al final, quienes vamos al río, recordamos lo que significa el Nazas para La Laguna: ¡Grandeza!
Los viejos agricultores de la región, me refiero a las generaciones anteriores al sistema de las grandes presas (Palmito, 1946; Zarco, 1969), habían adaptado la agricultura a los ciclos naturales del Nazas. A veces las avenidas eran sumamente abundantes, otras terriblemente escasas. Aún así, esos agricultores, que tuvieron notable auge en el capitalismo porfiriano, adaptaron la agricultura a los límites que el mismo Nazas imponía. Con sabiduría sembraban lo que el Nazas disponía, no lo que el hombre quería. Desde el siglo XIX, los laguneros identificaron al río, como “Padre Nazas”. De ese tamaño era el respeto, pero también el amor que generaba el caudal. Cada año los agricultores esperaban la llegada del río con veneración religiosa. Nuevamente, esa veneración regresó en quienes esperamos el río por los históricos puentes: plateado y ferrocarril. 
Por casi setenta años, nos acostumbrados a la ausencia del Padre Nazas a lo largo de la cuenca que atraviesa la zona urbana de Lerdo, Gómez Palacio y Torreón. Pero de vez en vez, el río se encargó de decirnos por qué somos laguneros. A pesar de las presas, hubo avenidas en 1958, tras una larga sequía. La hazaña se repitió en 1968, causando temor por las inundaciones.  Pasaría dos décadas, hasta que en 1991 y 1992, regresó el río. En 2008 retomó su cauce, y también en 2010.  Hoy nos toca vivir nuevamente otra avenida.
Pero más allá del entusiasmo que genera el Nazas para muchos, aunque para otros es desgracia, vale retomar el debate sobre el impacto negativo de las presas en la región Lagunera. Desaparecieron las lagunas que nos dieron identidad. Viesca y San Pedro son un desierto. Padecemos el abatimiento del acuífero, además de la desaparición de flora y fauna a lo largo de la cuenca. Paradójicamente se riega menos que antes del sistema de presas. Pero todavía decimos que “vencimos el desierto”, cuando en realidad, detrás de esa frase, se esconde un enorme ecocidio. Hay que leer los trabajos de Carlos Cháirez Araiza y Jacinta Palerm, científicos críticos y comprometidos, para entender la urgencia que tenemos los laguneros de recobrar el curso natural del Nazas. Durante décadas pensamos que las presas eran lo adecuado. Hoy sabemos que no. Para bien del futuro de la región, ojalá cambiemos en los siguientes años. Ojalá logremos un gran acuerdo social para restaurar la grandeza de la región. Al fin, para no negar más a nuestro Padre Nazas.  

7 de sept 2016

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Río Nazas, avenidas

Las presas alteraron el curso natural del río Nazas, que durante siglo forjó su cuenca.
En 1946 empezó a operar la presa El Palmito, y posteriormente la presa Zarco terminada en 1969. No obstante las presas, el río regresó a su cauce en 1958, 1968, 1991-1992, 2008, 2010 y 2016. 
¡Ya es hora de que regrese el río a su cauce natural!

1968, Horas de angustia. 

2008, video de El Siglo

2010

2010, video de El Siglo 

2016, de Video Aéreo Laguna
  

viernes, 20 de mayo de 2016

El Puente


Entre los símbolos laguneros, uno de los más emblemáticos y queridos por la gente, es el puente sobre el río Nazas. Aparece una y otra vez en el imaginario colectivo de la región. No deja de sorprenderme que hasta las nuevas generaciones ávidas de redes sociales como Facebook, Twitter, You Tube o Instagram, retoman la imagen histórica o actual de ese puente. En pocas palabras, es un pedazo de identidad hecho fotografía. Al mismo tiempo es un vía funcional y de uso cotidiano. ¿Pero por qué el puente sobre el lecho del Nazas forma parte de nuestra identidad? ¿Qué hay detrás de su historia que nos sigue entusiasmando?
En los diferentes paseos y visitas guiadas de historia que hago en Torreón, siempre vamos al puente del Nazas para refrendar con orgullo, esa lucha de nuestros abuelos. Durante muchos años las ciudades laguneras de Torreón, Gómez Palacio y Lerdo quedaban incomunicadas por las avenidas periódicas del río Nazas, a quien no dudamos en reconocer como "Padre Nazas". Para los laguneros de las tres ciudades se complicaba el tránsito cada que el agua corría. En 1926, una primera asociación civil de laguneros llamada "Puente Nazas", buscó impulsar la construcción para unir a las ciudades, pero faltaron fuerzas. Ahí estaban notables laguneros como Francisco Dingler y Agustín Zarzosa. Por entonces ya funcionaban dos antiguos puentes. Uno del ferrocarril, que actualmente funciona bien, -sí, señores "ingenieros" del gobierno-, pero que es herencia de la época porfiriana. Irónicamente La Laguna le debe más a Porfirio Díaz, que a la Revolución. Otro puente histórico era el del tranvía eléctrico de "Lerdo a Torreón", que fue hecho en la misma época, y del cual sólo nos queda, después de la desaparición de ese transporte en 1953, unos fortísimos pilotes de piedra que sostuvieron ese puente. Sin embargo, faltaba un puente para que las personas cruzaran fácilmente, sin los peligros de invadir la vía. Un puente para autos y peatones. De esa manera, unos laguneros bien comprometidos y asociados en el activísimo Automóvil Club, retomaron el proyecto del puente. Hablamos de la sociedad civil que se adelantó al gobierno.
En 1928, los ingenieros del Automóvil Club, Federico Wulff, Vicente Solís y Enrique Carrión, realizaron un primer estudio para proyectar el puente en condiciones de tierras arenosas y fuertes avenidas del río. Los cálculos nos les fallaron como podemos constatar. Sin embargo, no sería hasta abril de 1931 cuando se iniciaron las obras, a la par de la campaña ciudadana, "Coopere y habrá puente". Esa petición hizo tal eco entre los ciudadanos, que el gobernador de Durango, Pastor Rouaix, y de Coahuila, Nazario Ortiz Garza, se sumaron al proyecto. El puente costó 230 mil pesos de aquélla época, cuándo la moneda sí valía, y Videgaray no estaba en Hacienda. Como ven, no siempre hemos estado mal.
Regresemos al glorioso puente lagunero, que siempre fue naranja, y ahora es plateado. La obra fue diseñada y dirigida por el ingeniero Francisco Allen, un profesional de la construcción serio, ordenado, y sobre todo, honesto. Los resultados están a la vista y todavía disfrutamos la calidad del puente que ha vivido tremendas inundaciones del río Nazas. La estructura de acero fue hecha por la Fundidora de Monterrey, de la cual todavía se conservan unas placas. ¿No las han visto? Vayan a caminar por ahí.
La obra la empezaron el 11 de abril de 1931, y la inauguraron el 20 de diciembre de ese mismo año. ¡Nueve meses señores políticos! Es fecha que todavía no pueden terminar el puente de la Falcón. ¡Una vergüenza! No cabe duda que aquella generación de laguneros fue grande; fue ejemplar. El día de la inauguración hubo fiesta en La Laguna. De un lado y de otro las poblaciones quedaron hermanadas por el puente. Ante todo, ese puente representa la unión, el esfuerzo y la asociación de laguneros que fincaron el bien de la región. 85 años después, el puente del Nazas está en pie y sigue funcionando. Es símbolo de identidad y patrimonio cultural lagunero. En tiempos de extravío, más nos vale escuchar la historia.
El Siglo 
18 de mayo 2016

lunes, 4 de mayo de 2015

Torreón ¿qué fue de la seguridad?


Sin duda, mejores vientos corren para Torreón y La Laguna. Hace un par de años, no veíamos lo duro, sino lo tupido en cuestiones de seguridad. Era el tema de todos los días, y el temor entre muchos, estaba a flor de piel. Por las noches había calles desiertas. En junio de 2012 alcanzamos un horrendo pico de violencia. A partir de ese año, la violencia comenzó a descender. Si bien, hoy no estamos a los niveles anteriores a 2006, es un hecho notable la disminución de los sucesos de violencia. Poco a poco Torreón se rehace como una ciudad resiliente. En los peores años, salió lo mejor de los ciudadanos a los calles. Se visibilizaron organizaciones y colectivos ciudadanos para defender de algún modo la ciudad. Para bien, nuestro principal tema actualmente no es la inseguridad, sino la economía. Es relevante conocer cómo en los últimos dos años, la economía desplazó a la inseguridad como principal preocupación entre los laguneros.

Así, me da gusto ver cómo la vida nocturna resurge en la ciudad. La apertura de restaurantes, bares y hasta antros indican otros tiempos. Iniciativas como el Distrito Colón, han inyectado nueva vida a sectores muertos y abandonados. De esa manera, poco a poco dejó de ser un estigma regresar al centro. Ahora caminar por ahí en las noches, es una buena ocasión para encontrar amigos, para divertirse un rato. Recientemente, el Consejo Cívico de las Instituciones Laguna (CCIL), publicó el informe anual2014, sobre incidencia delictiva en la Zona Metropolitana de La Laguna (ZML). En Torreón los homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes descendieron 48 por ciento, de 2013 a 2014. En Gómez Palacio el descenso fue de 52 por ciento para ese mismo lapso. 

La tendencia confirma una baja consistente de ese delito a partir de 2012. A la fecha, en los subsiguientes años las tasas cayeron visiblemente. Es cierto, el problema no se acabó, pero ya no estamos tampoco a esos niveles. Aunque todavía siguen las secuelas y los daños, ya se respira otro ambiente en la ciudad.

Es “políticamente incorrecto” reconocer la labor de contención del ejército en las calles, pero sin los soldados, las cosas habrían sido peor. Igualmente, no debemos desestimar que la policía de Torreón pasó de ser un corporación infiltrada por el crimen, a una institución pulverizada por el despido masivo de policías. Costó años rehacer la institución. Actualmente la policía local es un caso relevante por ser una corporación estable entre los municipios del país. Nos es poca cosa.
Pasó la tempestad, pero todavía hay delitos en la ZML, que registran preocupantes niveles de alta incidencia delictiva. Varias modalidades de robo se mantienen por encima de la media nacional por cada 100 mil habitantes. Como ZML el robo con violencia es dos veces mayor que la media del país. El robo a negocio, es 3.2 veces más que a nivel nacional. El robo a transeúnte, supera 2.7 veces la misma medida nacional. Y lo menos, es el robo de vehículo, que aun así, es 1.2 veces mayor que la incidencia nacional. Hago un paréntesis. Las estadísticas del CCIL se basan en los reportes oficiales de las mismas autoridades, es decir, la Procuraduría General del Estado de Coahuila, y la Fiscalía General de Durango. Son cifras oficiales que el Consejo tiene a bien hacer públicas para los ciudadanos. Estoy convencido que sólo en la medida en que esa información es pública, se pueden encontrar soluciones a las problemáticas.

No se trata de descalificar a los gobiernos, sino de conocer primero cómo estamos, y sobre todo, dónde debemos priorizar las atenciones. Sin embargo a la autoridades no les haría mal reconocer lo que falta, y sobre todo, los puntos urgentes a cambiar. El Informe CCIL es un referente obligado para el tema de seguridad, y también, hay que decirlo, es una de las pocas organizaciones locales,  certificadas por el Observatorio Nacional Ciudadano.


El nuevo Informe del CCIL, vayan a ccilaguna.org.mx, presenta series comparables, datos duros, análisis estadísticos serios y la ocupación compartida por mejorar la región. Falta mucho por hacer, por recuperar. Podría decirse que estamos “menos peor” en la región, o que la situación ha mejorado. Pero lo que no podemos hacer es celebrar, cantar victoria a la ligera para imponer un argumento de autoridad (“yo lo digo”, ¡por favor señores lean a Ockham!). Hago votos para que en los próximos años regresemos a niveles razonables de seguridad. Ese duro trabajo no es solamente para el gobierno, ahí estamos también los ciudadanos.

11 de marzo 2015
El Siglo de Torreón
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1094966.torreon-que-fue-de-la-seguridad.html

lunes, 20 de octubre de 2014

De moyotes, mosquitos y zancudos


Por estos días, nada más lagunero que los moyotes. Nada más íntimo que su presencia. El asunto podría parecer trivial, hasta que las picaduras nos recuerdan una fina violencia. No sé cuántas veces he sido pinchado desde que empezaron las lluvias, pero la cuestión ya toma importancia cuando las marcas muestran su territorio. En sigilosa advertencia, escuchamos un ruidillo zumbado las orejas. Basta con un solo moyote para arruinar la noche. Pero no importa la hora, al fin las picaduras están a la orden del día. Hay algo omnipresente en ese ejército con alas. Si creíamos habernos librado de alguno, siempre queda el lugar para otro, otro y otro.
Tras un año notablemente lluvioso en la región, lo cual es mucho decir en nuestros páramos y ardientes yermos, los moyotes se han vuelto nuestros más fieles seguidores. La vida florece con el agua y con ella un crecimiento exponencial de hambrientos mosquitos. Así, las lluvias nos dieron tregua con el calor, no así con los millones de zancudos.
Hace unos días, Macario Schettino, quien para su suerte vive en México, me preguntó con desconcierto: ¿qué son los moyotes? Mosquitos, zancudos o moyotes, aquí no nos queda duda del significado, ni de su insistente existencia. En la capital del país, otrora sede del imperio Mexica, se perdió en el tiempo el uso de la palabra náhuatl: móyotl. Para los chilangos moyote es un vocablo incomprensible. Para los laguneros es una aguda presencia.
El escritor Saúl Rosales nos dice en su último libro, Jales sobre el habla lagunera, que la palabra moyote es un tesoro literario. Además, tenemos que agregar: también es un dolor de cabeza. Rosales nos explica que móyotl, convertida en moyote, es esa palabra que abandonó el mundo Mexica y encontró perdurable acogida en la Región Lagunera. Esta es una comarca no náhuatl en su origen, pero sí dotada de condiciones ambientales más que propicias para la sobrepoblación veraniega de los "mosquitos zancudos" mencionados por Bernardino de Sahagún. En una suerte de identidad cotidiana, cada vez que pronunciamos la palabra moyote, traemos al presente, la herencia tlaxcalteca en La Laguna.
En la desesperación por tanto moyote, mi buen amigo Heriberto Ramos, nos recomendó la planta Citronela para ahuyentar, no sé si los malos espíritus, pero al menos a los mosquitos. Quizá, de ahora en adelante necesitemos en la región una política pública que haga de esa planta, la más querida planta lagunera. A la par de las palmeras y mezquites, tendríamos abundantes Citronelas en camellones y jardines públicos.
Hace tiempo, Javier Leyva, hombre apasionado de los cactos, la historia y su comunidad, me compartió aquella terrible historia, de cómo durante años, el abuso de pesticidas y químicos en el campo lagunero, arrasó no sólo con las plagas, de paso mató a la fauna. Así se exterminaron parvadas vitales para la región. Como un principio torcido, al eliminar un mal, se provocó otro mayor. Esparcidas desde los cielos, toneladas de DDT rompieron la cadena alimenticia de las aves y también acabaron con ellas. Finalmente regreso al principio. Con los moyotes, los laguneros tenemos literalmente un lazo de sangre. Por aquí y por allá ya somos parientes.

El Siglo de Torreón
24 de sept 2014
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1040405.de-moyotes-mosquitos-y-zancudos.html

domingo, 17 de agosto de 2014

Orgullo lagunero


En La Laguna tenemos muchas razones para estar orgullosos, pero la principal es su gente. Luchona, abierta, hospitalaria, y sobre todo, esforzada en salir adelante a pesar las difíciles circunstancias que hemos vivido en los últimos años. Así somos los laguneros, dispuestos al esfuerzo y también al cambio. Con su clima árido y desértico, tenemos puntuales tolvaneras y calor de sobra. Pero a falta de la belleza de otras ciudades, o la benevolencia de otros climas, nosotros compensamos con trabajo y servicio esas carencias. Ya sea por labores o por visita, quienes vienen de fuera de la Comarca, bien dicen que no se sienten forasteros, sino se sienten como en casa.
Quizá esa virtud proviene del origen mismo de nuestras tierras. En buena medida la población de la región se hizo con migrantes de otras ciudades del país como Zacatecas, Durango, San Luis Potosí, Guanajuato, y en menor número, extranjeros que hicieron de La Laguna, su nueva patria. Gracias a las migraciones crecieron poblaciones como Torreón y Gómez Palacio por allá de la década de 1880, cuando el ferrocarril nos resaltó en el mapa nacional. Los laguneros de esa generación hicieron las ciudades con gran empuje, y sobre todo, conscientes de que el futuro estaba en sus manos. No había fatalismo, sino esperanza. Por lo mismo, las primeras empresas que fincaron la riqueza de la región, se nombraron casi como virtudes teologales: La Fe, La Esperanza, La Constancia, La Alianza, La Unión, La Amistad.
Ahora los laguneros comenzamos a salir poco a poco de una dura crisis de violencia e inseguridad. Es algo que se siente y se palpa en las calles. Ahí están los numerosos grupos de ciclistas urbanos que han tomado las calles. Ahí están tantas y tantas asociaciones que vienen haciendo trabajo comunitario. Ahí están las organizaciones civiles ocupadas en cambiar la región. De esa manera tenemos un conjunto de valiosísimos granos de arena que están construyendo otra ciudad. Y es justo la narrativa de esperanza que debemos difundir y acrecentar. Sin lugar a dudas, las adversidades que vivimos en los últimos años, llevaron a los laguneros a organizarse para sacar lo mejor de la sociedad. Como aquellos laguneros de antaño que al cooperar levantaron un puente para unir Torreón con Gómez Palacio y Lerdo, los de ahora nos demuestran que a pesar de las dificultades, es posible salir adelante.
Esas historias que ahora estamos construyendo, son motivo de esperanza, y sobre todo, de orgullo. Orgullo de nuestro pasado de lucha. Pero más orgullo por su gente. Por lo mismo, celebramos que un grupo de importantes asociaciones laguneras conformaron "OrguYo Lagunero", una asociación que se ha propuesto resaltar la identidad y el orgullo entre los laguneros. Hoy, más que nunca los necesitamos.

30 de julio 2014
El Siglo de Torreón

Honduras en La Laguna

La historia humana es migración: tránsito. Casi no hay episodio donde las migraciones no intervengan. Grandes desplazamientos, oportunidades económicas, guerras y conflictos violentos motivan las migraciones. En La Laguna lo sabemos bien, que hacia finales del siglo XIX se volvió un notable polo migratorio de nacionales y extranjeros gracias a la riqueza económica de la región. Acaso por lo mismo, entre los laguneros todavía subsiste un grato espíritu de hospitalidad hacia los foráneos. Decimos y con razón, que aquí nadie se siente de fuera.
Pero las migraciones cambian y también evidencian los problemas de otras sociedades. Entre Palestina e Israel se repiten los odios irracionales que llevan a miles a migrar a otros países de Oriente medio. Más cerca de nosotros, el drama de la migración se ahonda entre los migrantes centroamericanos que transitan el país rumbo a los Estados Unidos. Pero no todo es motivado por una promesa económica. Los migrantes centroamericanos también huyen de la violencia entre sus mismos habitantes. 

Bandas y pandillas han extendido un terrible negocio de extorsión entre familias pobres de Guatemala, Salvador y Honduras. Es la degradación que refleja la ausencia estado, ahí donde el gobierno es "un decir". Recientemente en los Estados Unidos se reconoció que existe una "crisis humanitaria" por la migración de miles y miles de niños que intentan cruzar la frontera. Tan sólo en el Valle de Texas, unos 170 mil inmigrantes llegaron en los últimos siete meses de 2014, de los cuales, se calculan 50 mil niños, que muchas de las veces viajan solos. Con todo y lo empático que puede resultar el presidente Barack Obama, se ha convertido en los hechos, en un gobernante que logrado expulsar por miles, a los migrantes ilegales que llegan a Estados Unidos. Por estos días, el gobierno nacional gringo anunció más centros de detención. Pero el gobierno de Texas ha ido más allá, al solicitar el gobernador Rick Perry, 1,000 soldados para tratar de contener los cruces ilegales. Lo cierto es que con todo y muro, las fronteras siguen siendo porosas. Parece el destino de nuestros tiempos: unos luchando por levantar muros y cerrar fronteras, y otros abriéndolas como se pueda. En esa tensión, México es el paso de los migrantes centroamericanos, que en su camino, son maltratados, robados, extorsionados e incluso asesinados, cómo sucedió en aquel triste lugar de San Fernando, Tamaulipas. ¿Pero qué puede hacer uno cuando sabemos de esos problemas? ¿Cómo podemos ayudar a quienes van de paso? Aunque es fácil caer en la indiferencia, siempre hay formas de colaborar con nuestro granito de arena.
El sábado pasado, gracias al colectivo de ciclistas mujeres, Bicionarias Laguna, visitamos la Posada del peregrino que pertenece a Cáritas de Torreón. De esa manera, los ciclistas que participamos llevamos alimentos, ropa y hasta calcetines. De viva voz conocimos el importante trabajo de la Posada del peregrino para dar alberge a los migrantes que transitan por nuestra región. Nos enteramos cómo en su paso por México, muchos centroamericanos son asaltados por bandas criminales, e incluso, por autoridades que abusan de los migrantes. Los despojan del poco dinero que llevan, e incluso, como nos narró un migrante hondureño, lo primero que les quitan son los zapatos. Proveniente de Honduras, nos platicó que lleva un mes viajando desde que salió de su país y que su estancia en la Posada del peregrino, fue por mucho, el mejor descanso que ha tenido en su tránsito hacia el sueño americano. Una cama limpia, comida y descanso le han permitido recobrar energías hacia su difícil paso.
Pita Campa, entusiasta de los paseos ciclistas de @BicionariasLag y directora del Banco de Alimentos de Cáritas, nos explicó que diariamente llegan 40 migrantes a la Posada del peregrino en busca refugio, alimento y descanso. El lugar tiene una capacidad para 96 personas que pasan en promedio tres días y continúan con su paso. Gracias a la digna labor de la Posada, los migrantes reciben tres comidas, ropa limpia y atención médica. Algunos han llegado enfermos, otros mutilados por el ferrocarril. No obstante las vicisitudes que viven los migrantes, en La Laguna tienen un digno espacio que los conforta en su camino. Gracias a la Posada del peregrino por compartir esta experiencia de dignidad a la cual podemos sumarnos.
El Siglo de Torreón
23 de julio 2014
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1019228.honduras-en-la-laguna.html