sábado, 28 de noviembre de 2015

Ni leer, ni sumar

Nadie duda de los beneficios de la educación. Tan así, hasta se dice que la educación libera. De cierta manera uno crece bajo la consigna de que estudiar es lo que nos va a sacar adelante en la vida. Pero desde hace tiempo que la educación en México no garantiza la movilidad social. Tampoco invertir miles de pesos en educación, garantiza a los padres, y mucho menos a los alumnos, que cuenten con un empleo digno. Ante esa realidad, se asumen las condiciones del mercado, porque sencillamente es lo que hay. Entonces, a pesar de la economía, queda el recurso de la educación. Pero, ¿qué tanto los jóvenes que ahora estudian en la primaria o secundaria salen bien preparados? ¿Cuánto del empeño en las clases se ve reflejado en los estudiantes?
Recientemente la Secretaría de Educación Pública dio a conocer los resultados de la evaluación de miles de estudiantes en el país. Por medio del Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (Planea, 2015), se aplicaron pruebas a los alumnos de sexto de primaria, tercero de secundaria y del último grado de educación media. De cierta forma, Planea sustituye a la prueba ENLACE, pero como ustedes saben, cada vez que llega un nuevo gobierno, las mismas cosas cambian de nombre. A decir de las propias autoridades, Planea es un versión mejorada de la prueba ENLACE. La evaluación mide dos áreas de competencia fundamentales: lenguaje y comunicación (es decir, comprensión lectora); y matemáticas. Entre los objetivos de la prueba, está en conocer la medida en que los estudiantes logran dominar el conjunto de aprendizajes esenciales al término los cursos. ¿Cuál fue el resultado? Estudiantes que pasan horas y horas sentados, pero que al final de los años, no logran comprender la lectura, aunque sepan leer. A eso súmele un desempeño desastroso en matemáticas. Vayamos a los números. 6 de cada 10 alumnos acaban de terminar la primaria el verano pasado, y sin embargo, no saben resolver problemas matemáticos elementales. 5 de cada 10 batalla para leer textos. En pocas palabras, saben leer, pero no comprenden lo que leen. Difícilmente podremos aspirar a ser un país de lectores, si desde el origen cargamos serios problemas para comprender lo que leemos. Los malos resultados que muestra Planea, confirman lo que ENLACE había documentado en los últimos años.
Al mismo tiempo, la SEP ha insistido también en la evaluación de los maestros, ahora con la novedad de criminalizarlos si no presentan el examen. Más todavía, con la policía por delante, se vigiló la evaluación de los maestros. Pero ¿cuál fue el resultado?, 66 por ciento de los aspirantes a docentes no es "idóneo". Más allá de la Reforma Educativa, que en realidad fue Laboral, la educación en el país parece atrapada en un círculo vicioso entre maestros y alumnos. Así pasan los años, y el avance es insignificante. Al final, la desigualdad educativa sólo se corresponderse a la desigualdad económica. Pero el problema es mayúsculo, y no se resuelve nada más con dinero y tecnología. La OCDE ha demostrado recientemente que el uso de computadoras y tabletas en las escuelas -incluidos los países ricos-, no hace mejores estudiantes. Por lo mismo, en el caso de México, el problema es más elemental: lectura y matemáticas. Quizá entonces, la educación en el país se ha convertido en un negocio de particulares que no se responsabilizan por la calidad del aprendizaje. O quizá, la educación implica entretener a miles de jóvenes sin que eso se traduzca en un aprendizaje efectivo. Paradójicamente el problema no sólo lo enfrentan las escuelas públicas, sino también las privadas.
Mientras tanto, la política reina sobre la educación. Al respecto, es revelador lo que una institución como la SEP afirma sobre Planea: "Es importante señalar que estas evaluaciones de logro no están diseñadas para evaluar la calidad educativa de los planteles o el desempeño de sus docentes. Tampoco deberán usarse para premiar o castigar a estudiantes, docentes o escuelas". En otras palabras: sabemos dónde está el problema, pero no vamos a hacer nada. Mover a México.
25 de noviembre 2015
El Siglo

domingo, 22 de noviembre de 2015

Las lecturas de los mexicanos


Continuamos con las formas de leer y la frecuencia con que leemos los mexicanos. La semana anterior hablamos solamente de los jóvenes. En esta ocasión, toca a los mexicanos en general. ¿Leemos poco o mucho? ¿Qué leemos? ¿En relación a quién? La Encuesta Nacional de Lectura y Escritura 2015, propuesta por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, nos ofrece un perfil actual de los libros, la lectura y los lectores en México. Ya en 2006, la misma institución financió la Encuesta Nacional de Lectura, por lo que ahora, tenemos algunos puntos comparativos. En ese sentido, el estudio es una referencia básica para promotores del libro, educadores, académicos, pero sobre todo, para quienes desde el gobierno o la iniciativa privada tienen interés en la lectura y los lectores.
La encuesta es una brújula; una referencia. Podemos opinar y especular; o basarnos en números, porcentajes y datos duros. Pero vayamos a los resultados. En nuestro tiempo libre, la principal actividad que hacen los mexicanos es ver televisión. 52 por ciento adora la pantalla. Le sigue el deporte, la convivencia familiar, escuchar música, y en quinto lugar, la lectura. 21 por ciento lee libros en su ratos libres.
Al respecto, hay tres datos significativos de los pocos que sí leen. Para el 40 por ciento de los universitarios, leer libros es una actividad recreativa. 41 por ciento de las personas con ingresos superiores a 11 mil pesos (aunque lejos estamos de ser un país de clases medias), gustan de la lectura. Entre los jubilados, 33 por ciento frecuenta la lectura de libros.
Para los niños, dos figuras son relevante en el hábito de la lectura: los padres y los maestros. Es más factible que un niño lea en el futuro, si en su casa ve de manera cotidiana el gusto por lectura en sus padres. 56 por ciento registró que cuando fueron niños, había libros en su casa. Pero un 42 por ciento declaró que no tenía libros. En promedio, las familias donde hay lectores en el país, tiene 40 libros en su biblioteca casera.
¿Qué tipo de libros tienen los mexicanos en su casas? El libro más común en los hogares es el libro de texto, presente en el 45 por ciento de hogares. En más del 40 por ciento de los hogares mexicanos se reportó libros con tema religioso. Le siguieron los cuentos, las enciclopedias y libros de historia. La novela queda en sexto lugar, con 29 por ciento de las preferencias.
¿Por qué razón dicen no leer los mexicanos? 52 por ciento afirma que no tiene tiempo. 49 por ciento no le alcanza para comprar libros. 39 por ciento declara que le falta concentración para leer. En pocas palabras, sabemos leer como acto mecánico, pero no entendemos lo que leemos. ¡Así ni cómo!
En cuanto a los hábitos de lectura, la encuesta aporta datos que son para reír, llorar y celebrar. 46 por ciento deja los libros a la mitad. 40 por ciento toma notas y subraya en las hojas del libro. 27 por ciento lee mientras escucha música. 15 por ciento lee con la televisión prendida. Al respecto, no puedo menos que recordar al gran Marx, por supuesto, Groucho Marx: "Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro". Sólo 13 por ciento declara leer varios libros al mismo tiempo. La gran mayoría de los que lee, 94 por ciento, lo hace en casa. 12 por ciento lee en parques o plazas públicas. 12 por ciento lee en el transporte. Una pequeña minoría, 4.9 por ciento, acostumbra leer en una biblioteca. ¿No les parece que ya es hora de replantear el papel de las bibliotecas?
Entre quienes leen, 57 por ciento procura libros. 55 por ciento lee periódicos. 44 por ciento lee en las redes sociales, 16 por ciento consume comics e historietas. Para los lectores de libros, 60 por ciento lee al menos una vez a la semana y sólo 31 por ciento, lee diario. Y la pregunta del millón, ¿me podría decir el título del último libro que leyó? Por favor agárrense y contengan la carcajada. Para no quedar en ridículo, 8 por ciento, dijo que la Biblia (¿se acordaron de nuestro presidente? 1.5 por ciento, leyó Cincuenta sombras de Grey; 1.1 por ciento, Cien años de soledad; 1 por ciento, El principito (¡ya si no!); 0.8 por ciento, leyó Crepúsculo. En el invisible 0.5 por ciento: ¿Quién se ha llevado mi queso?; Harry Potter; El Alquimista; Sinsajo; Los cuatro acuerdos… Ya mejor ahí le paramos. Al final, querido lector, no perdamos de vista que estas cifras se enmarcan en una: los mexicanos leen en promedio 5.3 libros al año. Ahora sí, ahí la dejamos.
Posdata. Finlandia, 47 libros al año; España, 10.3; Chile, 5.4; Argentina, 4.6; Colombia, 2.2.
18 de noviembre 2015 

Formas de leer


En las últimas semanas, varios estudios y evaluaciones, nos regresan a la dudosa relación de los mexicanos con los libros y la lectura. Por lo general se acepta que los mexicanos no leemos, máxime si nos comparamos con los países europeos. Pero entonces, ¿quiénes leen? Hace algunos meses, la editorial española Gredos agotó toda una colección de libros de filosofía. Paradójicamente la mayor demanda no provino de España, ni tampoco de Argentina, sino de México. ¡Sí, de México! Cómo explicar entonces que los mexicanos no leen y al mismo tiempo agotan sesudos libros de Platón, Aristóteles, Kant, Hegel, Marx, Descartes y Kierkegaard. "Se agotaron en tres horas", afirmó una directiva de la empresa que distribuye los libros de Gredos en México. Hasta Juan Villoro se sorprendió por el auge de la filosofía en los kioscos de la ciudad de México. Al buscar un libro de Nietzsche en esa colección a un precio de gana (130 pesos), el vendedor le contestó: "Ni lo intente, joven, la filosofía es demasiado popular".
Recientemente, la asociación civil IBBY México, que promueve la literatura infantil y juvenil en nuestro país, alentó un estudio para conocer las prácticas de los jóvenes mexicanos en cuanto a la lectura. Hablamos de jóvenes entre 12 y 29 años. Interesados en conocer qué leen, financió la Encuesta Nacional sobre Consumo Digital y Lectura 2015. A grandes rasgos, uno de los hallazgos relevantes del estudio contradice la afirmación de que los mexicanos no leen. Con seguridad no todos, pero entre los jóvenes existe una relación interesante. Otro hallazgo significativo está en la lectura por placer, más que por obligación. Pero no perdamos de vista que se trata solamente de los jóvenes.
8 de cada 10 jóvenes expresa gusto por la lectura. Pero no todo es libros, sino también lecturas en internet. Específicamente libros, 66 por ciento de los jóvenes sí lee. 34 por ciento acepta que sencillamente no lo hace. Le aburre. Esta cifra se incrementa claramente entre quienes van a la universidad. 84 por ciento de los universitarios lee libros, no obstante, hay quien va a la universidad y se resiste a leer. De los que leen, ¡52 por ciento lee literatura! Ya sea novelas o ciencia ficción.
Entre los jóvenes parece inseparable el acceso a la red, sobre todo por medio de los llamados teléfonos inteligentes. La gran mayoría de los jóvenes cuenta con un teléfono celular Smartphone para su uso personal, lo que es más frecuente entre universitarios. Le sigue en medio de acceso la computadora portátil. A Internet, 7 de cada 10 jóvenes accede a través del teléfono. Es tan importante ese medio, que hasta le asignan un alto valor emocional. En promedio, pasan más de cinco horas diarias conectados a la red. Leen, ven videos, escuchan música, chatean con sus amigos, revisan correo, y ven una y otra vez las redes sociales. Por supuesto, esto de la lectura en la red no necesariamente implica lecturas convencionales o libros a la manera tradicional.
8 de cada 10 expresó que sí le gusta leer, aunque no necesariamente libros. Pesan las redes sociales, los contenidos en línea, las comunicaciones personales, pero no lecturas de libros. Sólo 27 por ciento de los jóvenes lee libros en Internet. Pero entre los universitarios, la lectura de libros electrónicos se dispara a 41 por ciento. 42 por ciento de los universitarios frecuenta las bibliotecas digitales. En otras palabras, en Internet, los jóvenes sí leen, no demasiados libros, pero sí mucho Facebook, WhatsApp, Instagram. Los contenidos que más se leen en línea es información noticiosa, y sobre todo, artículos cortos, reseñas, tutoriales y recomendaciones. Por el contrario, para textos literarios como la novela o cuentos, los jóvenes prefieren los impresos.
Entre las conclusiones del estudio, se apunta un comportamiento del Smartphone para los jóvenes: "es probable que la popularidad de este dispositivo digital esté modificando los hábitos de consumo de información y lectura de los jóvenes, cada vez más acostumbrados a contenidos muy breves y mucho más visuales y diversificados, además de tener un uso más acotado del Internet como medio de entretenimiento y relación social".
Tanto acceso, en realidad limita las lecturas prolongadas, los textos extensos a la manera del libro tradicional. ¿Limita también la compresión? ¿La complejidad de una lectura convencional? Roger Chartier ha estudiado admirablemente las formas de leer. Desde la red nos advierte de lecturas fragmentadas. Sin duda, los mexicanos jóvenes tienen mejores accesos, pero a la vez un pensamiento disperso. Quizá en un futuro no muy lejano, esa generación joven cambie la estima por los libros y la lectura en México. Ojalá así sea.
11 de noviembre 2015
El Siglo 

Pecados de la carne


Hasta la cocina llega la política. No sé ustedes, pero ya no extraño el salero en los restaurantes. Aunque el grano de sal da sabor a la vida, no dejan de impresionarme quienes sin probar bocado, ya echaron dos o tres veces la sal. Dados a la hipertensión, el gobierno decidió quitar hace algunos años, los saleros a los mexicanos. Nos dicen que esa política va a ayudar a que menos ciudadanos mueran, sobre todo, cuando hay tantas causas y tan democráticas. Por lo pronto, se ha generalizado la regla de retirarlos de la mesa.







Ya en otros ocasiones nos han advertido sobre el daño del tabaco y el alcohol. De esa manera, incrementan los impuestos, prohíben los anuncios y hasta saturan con campañas necrofílicas las cajetillas de los tabacos. Hasta ahora, se han salvado de esa campaña refrescos, quesos y golosinas. ¿Se imaginan fotos de cadáveres en las gaseosas bajo la leyenda inquisitoria "la azúcar mata"?
Recientemente la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, dependiente de la Organización Mundial de la Salud, advirtió sobre el consumo de carnes y su relación con el cáncer. La OMS evaluó el consumo de carne roja y de carne procesada. El resultado: su ingesta produce cáncer. Cáncer colorrectal. Cáncer de próstata. Cáncer de páncreas.
De acuerdo con un panel de 22 científicos, la carne roja produce cáncer. Más todavía si es procesada. Por lo tanto, si usted quiere vivir cien años, váyase olvidando de cualquier tentación de la carne. Ya sea de res, ternera, cerdo, cordero, caballo y cabra. Prepárese para dejar bifes, filetes, birrias, menudos, cabritos, carnitas y hasta deliciosos caldos de res. También vaya dejando todas esas carnes curadas, ahumadas y hasta fermentadas. Adiós a los chorizos, jamones, patés, salchichas, cecinas, tasajos, hamburguesas, salamis, pepperoni, tocinos y chicharrones. ¡Mejor ni piense en ellos!
Sin tener el monopolio, los norteños gozamos a mansalva las carnes. A la menor provocación hacemos una carne asada. Y no hay reunión que se precie de tal, si el asador no está encendido con tremendos filetes en el fuego. El olor de cadáver asado nos recuerda instintivamente, que fue la carne y no los tubérculos, la que aportó las proteínas suficientes para desarrollar el cerebro. Vaya paradoja, ahora se predica desde el mundo vegano. Si hemos de creer a los científicos, más nos vale renunciar al legendario desayuno norteño: machacado con huevo. No sé ustedes, pero todavía no imagino ese mundo.
Los científicos nos dicen, que hasta la forma de cocinar afecta: "Cocinar a altas temperaturas o con la comida en contacto directo con una llama o una superficie caliente, como la barbacoa o el sartén, produce más de ciertos tipos de químicos cancerígenos". La divulgación de los datos de la OMS corrió como pólvora en los medios internacionales. Justo en esos mismos medios se registró también que la gente muere de accidentes automovilísticos, hambrunas, guerras y hasta fanáticos religiosos que en nombre la fe, asesinan multitudes. Ya en la obviedad, nos dicen que vivir puede llevarnos a la muerte.
Para "tranquilidad" de los mexicanos, una funcionaria de la Cofepris, afirmó que comer carne es seguro. El problema está en las sustancias que le adicionan. Supongo que algo similar se puede decir de los autos. Son seguros, el problema está en la velocidad; en quienes los manejan.
A estas alturas de la historia, ya casi nadie repara que durante siglos, comer carne fue sinónimo de lujo, abundancia y excepción. Ahora los mercados son carnívoros a una escala inusitada. Para millones de personas que salieron de la pobreza a finales del siglo XX, significó agregar a su dieta porciones de carne, que desplazaron cereales, verduras y arroces. Pero ¿cuántas muertes estima la OMS por comer carne roja? Cito el informe: "las dietas ricas en carnes rojas podrían ser responsables de 50 mil muertes por cáncer al año en todo el mundo. Estas cifras contrastan con el cerca del millón de muertes por cáncer al año en todo el mundo atribuibles al consumo de tabaco, las 600 mil por año debido al consumo de alcohol, y más de 200 mil muertes anuales vinculadas con la contaminación del aire". Al final, los 22 científicos nos dicen que es más fácil morir de cualquier otra cosa, que por comer carne. Dicho esto, ¡buen provecho!
4 de noviembre 2015
El Siglo 

Todos marihuanos

Cada vez más surgen voces en pro de la legalización de las drogas, principalmente la marihuana. El Estado de Portugal promueve la política más liberal al respecto, y sin embargo, no llegaron en masa los consumidores. Más bien los regularon. Ahí el menú es el más grande y variado, incluyendo drogas duras. No obstante esa política, nadie habla de un capo lusitano; tampoco la violencia ensombrece las calles de ese país. En 2013, Uruguay legalizó la marihuana con un proyecto amplio no sólo para el consumo, sino para la producción y venta. La propuesta va a la demanda, y a la oferta. Pero desde allá no escuchamos sobre fugas espectaculares de una prisión de alta seguridad. Mucho menos de cárteles que doblegan a ese pequeño, pero respetable gobierno.
Estados Unidos, un país que promueve el combate contra las drogas en el mundo (los ejemplos más sangrientos y desastrosos son Colombia y México), está cambiando de dirección. Más de una docena de estados, ya han legalizado el consumo y hasta la venta marihuana. Con el aval de los votantes en las urnas en 2014, los ciudadanos de Oregon y Washington D.C dijeron sí a la legalización de la cannabis. El mundo no se derrumbó y las cosas siguieron de rumbo.
Recientemente Nick Clegg, exvice primer ministro del Reino Unido, impulsa una campaña en Europa para cambiar las políticas sobre las drogas. Escuchemos sus palabras: "Transformar una política fallida es difícil… En vez de criminalizar a millones de jóvenes y fijarnos objetivos poco realistas, como la erradicación total de las drogas, ha llegado el momento de que los gobiernos busquen alternativas basadas en la realidad" (El País, 2 de octubre 2015).
De acuerdo con el último Informe Mundial sobre las Drogas (ONU, 2014), las muertes ocasionadas por el consume de drogas no superó los 226 mil muertos. El alcohol, una de las drogas legales y predilectas de los consumidores en el mundo, causa la muerte de 3.3 millones de personas al año, según los datos de la Organización Mundial de la Salud. El tabaco mata cada año casi 6 millones de personas (OMS, 2015). El consumo de alcohol y tabaco se ha reducido gracias a campañas preventivas, aumento de impuestos, y hasta prohibición de anuncios comerciales. Sobre las drogas ilegales como la marihuana, pesa el estigma de la prohibición, y peor aún, la criminalización de los consumidores. En el sexenio pasado los mexicanos sufrimos una guerra absurda por el combate a las drogas y el narcotráfico. El rentable negocio no desapareció, pero creció exponencialmente la violencia, el secuestro, las extorsiones y los robos. De la misma manera, la organizaciones criminales han tenido el suficiente poder de fuego y económico para corromper el estado.
En el Congreso de la Unión no ha avanzado un debate serio sobre las drogas y la legalización. Por su parte, el Gobierno Federal, prefiere sacrificar a los ciudadanos, en vez promover una política radicalmente distinta con respecto al consumo, la producción y venta de drogas. Irónicamente, teme contrariar la política exterior gringa, en vez de atreverse a cambiar las reglas del juego. En un suceso inédito, Arturo Zaldívar, ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, va a presentar el próximo 28 de octubre, un proyecto que buscar declarar inconstitucionales cinco artículos de la Ley general de Salud donde se prohíbe la siembra, el cultivo y la posesión de la droga para autoconsumo con fines recreativos. Por momentos, la argumentación del valiente ministro, retoma lo mejor del pensamiento liberal expuesto por John Stuart Mill. ¿Por qué el Estado tiene que decidir sobre el consumo privado del individuo? En su proyecto, el ministro Zaldívar no minimiza los daños por el consumo de la marihuana, pero tampoco criminaliza. Cito el proyecto del ministro: "Este Alto Tribunal considera que pertenece al estricto ámbito de la autonomía individual protegido por el derecho al libre desarrollo de la personalidad, la posibilidad de decidir responsablemente si desea experimentar los efectos de esa sustancia, a pesar de los daños que esta actividad puede generarle a una persona".
Con la legalización no se acaban al día siguiente los problemas del narcotráfico o los problemas de salud pública. Sin embargo, las políticas actuales han sido desastrosas y con resultados adversos para la sociedad. Ya es hora de cambiar el rumbo. Ojalá la Corte impulse esa tendencia.
21 de octubre 2015
El Siglo

¡Se acabaron los desnudos!


Por donde lo veamos, no hay cultura sin desnudo, ni civilización sin desnudez. Si en el principio fue el Verbo, lo que se siguió después fue el desnudo. ¿O acaso alguien nace vestido? Mucho antes de la conciencia represora, el Génesis (2:25) nos dice: "Los dos estaban desnudos, hombre y mujer, pero no sentían vergüenza". Así, en las culturas más primitivas, la representación de los cuerpos desnudos se repite una y otra vez. Hay una fascinación por los desnudos, y toda una mitología alrededor. Ya sea en objetos, figurillas o en las pinturas de las cavernas, aparece el hombre desnudo. Como un hechizo primigenio, el desnudo se vuelve una representación simbólica inevitable: de la Venus de Milo a los desnudos de Modigliani; del Discóbolo al canon anatómico de Leonardo.
Entre griegos y romanos abundaron las esculturas desnudas como la imagen misma de la perfección. De la misma manera, los egipcios no se quedaron atrás en eso del desnudo, aunque a estas alturas, los restos de la historia parecen una amenaza para los fundamentalismos religiosos. Ya ven como le fue a las ruinas de un viejísimo templo en Palmira, y eso que no tenía desnudos. En su estudio sobre la evolución del comportamiento humano, el zoólogo Desmond Morris, partió desde el mono desnudo. ¿Habría otra manera? Sin ser su principal tema, el desnudo recorre la provechosa historia de la belleza y la fealdad de Umberto Eco. En la historia, la percepción del desnudo también cambia con las sociedades y el tiempo.
Tampoco es difícil llevarse por el encanto de los desnudos en el arte sacro. ¡Sí! Ese que parte de la religión. En la enorme tradición cristiana encontramos numerosas escenas de inocencia, erotismo y piedad donde el desnudo es se vuelve esencial. Sin embargo, Lorenzo Bernini ni siquiera tuvo que llegar al desnudo, para plasmar el profundo éxtasis de santa Teresa. ¡Pura maestría!
Nada más cercano a los orígenes mismos, que la desnudez. Por lo mismo, la Capilla Sixtina es el más extraordinario tributo al cuerpo desnudo. Ahí, hasta el mismo Dios está hecho a imagen y semejanza del hombre. ¡Por favor no me excomulguen! Con el tiempo, no faltó la orden de vestir algunos cuerpos del magnífico fresco. Y esa es precisamente la otra parte del desnudo: lo oculto.
Ya por pudor, gazmoñería, escándalo, tradición o simple protección, no faltan las ganas de cubrir todo el cuerpo. Visto así, sorprende cómo la más ortodoxa representación femenina encuentra notables similitudes en el vestido: la burka y el hábito de monja. En eso de los gustos se rompen géneros. Para gozo de la vista, el gran Francisco Goya nos legó dos majas: una vestida y la otra desnuda. En algún momento, la maja desnuda fue confiscada por el Tribunal de la Inquisición. El pecado: considerarla una "pintura obscena". En una ciudad de Norte del México, había una serie de desnudos que adornaban las calles. Un buen día, el alcalde en turno mandó quitar los monumentos por considerarlas "obras de arte pornográficas". Vaya criterio.
Para mi asombro, hace tiempo llegó a mis manos un viejo libro de arte, que perteneció a un jesuita pudoroso. Como no soportaba los desnudos en las pinturas, mejor decidió taparlas a rayones. Quizá con eso evitó los malos pensamientos. Nunca se sabe.
Alrededor del mundo, Spencer Tunick ha convocado multitudinarios desnudos en plazas públicas, campos y hasta algún museo. Su fotografía une los cuerpos en un solo cuerpo, logrando imágenes deslumbrantes.
En 1953, un provocativo y visionario empresario, Hugh Hefner, fundó la archifamosa revista Playboy. Si algo le faltaba a la revolución sexual, era una revista en masa. En sus mejores tiempos, Playboy llegó a publicar célebres desnudos en millones de ejemplares. 5.6 millones para ser exactos. La revista más deseada y emblemática de una época, hizo del desnudo, una industria. Celebridades como Marilyn Monroe, Madonna, Sharon Stone o Naomi Campbell, consagraron sus portadas. Pero nada es para siempre. Hoy la revista es irrelevante, tanto así, que su director Scott Flanders, acaba de anunciar que a partir del año que entra, se acabaron los desnudos. Los excesos de imágenes y los accesos casi infinitos en Internet, llevaron a la irrelevancia a la más famosa revista de desnudos. Quien dijera, el desnudo nuca es para siempre.
14 de octubre 2015
El Siglo

Oda a los puentes peatonales


Es revelador de una ciudad, cuando las autoridades piensan en los peatones. Ahí se refleja una cierta visión de ciudad, una manera de concebirla. Cada vez más, diversas ciudades en el mundo están cambiando su infraestructura vial a fin de hacer espacios más habitables y seguros para sus habitantes. Crean zonas de baja velocidad para los automóviles, integran mejor los cruces peatonales, quitan estacionamientos para ampliar banquetas y hacer ciclovías, aprovechan pequeños lugares para hacer parques de bolsillo. Vamos, hasta una de las grandes y contaminadas capitales del mundo, París, promovió un día sin auto.
En esa tendencias, hacia dónde va una ciudad como Torreón. Hace unos días, las comisiones de urbanismo y hacienda, del Cabildo en Torreón, aprobaron siete concesiones para instalar puentes peatonales en la ciudad. ¿Qué impacto tendrán esos puentes en la ciudad? ¿A qué política atienden? ¿Qué representa esa infraestructura? En principio, cuando las autoridades explican la importancia de los puentes peatonales, supone que están "justificados por la necesidades de los peatones". Así lo dijo un engomado regidor. Pero dejémonos de eufemismos, porque en realidad los puentes peatonales son puentes comerciales. Sirven para la venta de espacios publicitarios. Olvídense de la seguridad de los ciudadanos, de la inclusión de los patones. Por lo mismo, si hay un espacio de exclusión por excelencia en la ciudad, ese lo representa los puentes peatonales. Porque no están hechos para que las personas transiten por ahí, sino para multiplicar los anuncios en las calles. Su instalación es ante todo un negocio. El resto, sólo sirve de falsa justificación a favor de los peatones. Como en otros aspectos, esta situación muestra una política contradictoria e inconsistente de las autoridades municipales. Vemos los puntos. El año pasado, el Ayuntamiento aprobó el Reglamento de Movilidad Urbana. Sin duda un reglamento ejemplar, incluso, hasta de vanguardia a nivel nacional. Consultó a diversos grupos ciudadanos, retomó referencias del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP). Entre otras cosas, ese reglamente prioriza el tránsito. Reconoce en la primera línea de importancia a los peatones, los grupos vulnerables, como niños, mujeres embarazadas y adultos mayores. Al final están los automovilistas.
Sin embargo, ese mismo Cabildo también aprueba la instalación de infraestructura que revierte la importancia de los peatones, para dar paso a su majestad el auto. Hacer más puentes peatonales es una clara medida de segregación. Eso sí, son buen negocio para exhibir publicidad. Lo importante detrás de un puente peatonal no es la seguridad de los ciudadanos, sino vender publicidad. Desde esa óptica, un puente peatonal es bueno porque permite que los automóviles circulen mejor. Sin que los peatones estorben. Otra función de los puentes peatonales, es ofrecer emoción y obstáculos a los ciudadanos de a pie. Emoción porque ahí los ciudadanos pueden ser asaltados y violados en su trayecto. Obstáculos, porque son todo un reto pedestre para niños, mujeres embarazadas y ancianos. Hace no mucho, un niño murió en esta infraestructura publicitaria. ¿Esa es la ciudad qué queremos?
En toda esta situación, es significativo el silencio de la Dirección de Movilidad Urbana y el flamante Instituto Municipal de Planeación (Implan). El municipio de Torreón promueve dos políticas que se contradicen y van en detrimento de la ciudad. Por un lado el Implan, es muy buena institución para organizar reuniones, planes y diagnósticos sobre los problemas de la ciudad. Incluso, ha convocado expertos en el tema de la movilidad como el ITDP. También promueve un loable proyecto llamado "Calle completa" para mejorar la integración y transporte de la población. Sin embargo, el mismo instituto que promueve todas estas políticas, ha sido irrelevante a la hora de influir en mejorar la ciudad. Lo ignora el alcalde. Lo ignora la Dirección de Urbanismo. Lo ignora Obras Públicas. Lo ignora el Cabildo. Más todavía, mientras el Implan promueve un modelo de ciudad más incluyente y funcional, las otras áreas del gobierno van en sentido contrario. En el gobierno municipal conviven dos lógicas como Dr. Jekyll y Mr. Hyde. De esa manera, los nuevos puentes peatonales son el mejor homenaje que la autoridad hace al automóvil. Una elocuente oda a la inequidad, a la disgregación del espacio público. Monumentos a la degradación urbana.
7 de octubre 2015