jueves, 16 de diciembre de 2010

Don Alejo e Isabel

Sin duda las personas del año en México son Don Alejo Garza Tamez e Isabel Miranda de Wallace. Ambos ciudadanos representan un punto en común: la incapacidad, la ausencia del Estado para brindar seguridad, para preservar la vida de sus ciudadanos.

Don Alejo no dudó en jugar su vida para defender su patrimonio, al final, como dice el corrido, murió matando. Tomó las armas en defensa propia. Por el contrario, el caso de Isabel Miranda, también es heroico por la valentía y fuerza para dar con los secuestradores y asesinos de su hijo, incluso confrontándolos cara a cara, lo cual podría haber terminado en justicia por la propia mano.
Miranda de Wallace no accedió a ese seductor canto, sino que decidió ir por la vía civil para procurar justicia. Su camino llevó a la captura de los delincuentes, pero también a la gestión para aprobar una Ley del secuestro.

Los caminos de Don Alejo e Isabel resultan asombrosos, heroicos. Desde la individualidad, son los extremos de la sociedad, la minoría. Indican la urgencia de un cambio, algo que colectivamente no hemos logrado empujar. Quizá cuando las cosas se deterioren aún más, entonces sí, los diversos grupos de la sociedad civil, incluyendo esa pequeña minoría de la política, se decidan a ir a la raíz, en vez de andar por las ramas.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Brechas en la educación


Buena noticia sin duda, aquella que dio la Cámara de Diputados esta semana al aprobar una reforma en materia educativa, la cual obligará a los jóvenes a cursar estudios de nivel preparatoria. Así, el impacto de esta política lo estaríamos conociendo en el largo plazo, tal vez en una generación durante los próximos quince años. Sin embargo, para que el avance legislativo logre relevancia, tendrá que ir acompañado de una mejora sustancial en la calidad de la educación pública, y esa es la parte donde se dispersan los esfuerzos por hacer de la educación un motor para el desarrollo. Por eso, ya no estoy seguro de la reacción causada, ante una noticia difundida en la semana, sobre un narco que cobra, o más bien, aparece en las listas de la SEP. Ya también dudo, si es que la duda era un beneficio, sobre la eficiencia de nuestros servicios de “inteligencia”, máxime cuando nos enteramos de casos como el de la “Tuta”, o de otros en Procampo.

Pero más allá del inagotable asombro que ocasiona nuestro país, en realidad está la tolerancia siempre regresiva de la corrupción magisterial en el país. Porque si no sorprende que narcos fueran maestros, mucho menos sorprende que existan miles de profesores que cobran en uno y otro lado, sin dar clases. Hace algunas semanas se publicó un estudio conocido como “Brechas. Estado de la educación en México 2010”, promovido y realizado por la asociación civil, Mexicanos Primero. El estudio muestra el estado crítico de la educación y señala de forma dolorosa: “La educación en México no transforma a la sociedad; reproduce la desigualdad que existe”. En principio se podría pensar que es un asunto de dinero, pero paradójicamente el gobierno asigna tanto o más como los países de OCDE. Tan sólo para el año que entra, designarán 230 mil millones de pesos para la educación. Se trata de uno de los presupuestos más grandes que destina el gobierno federal, sólo superado por Pemex, IMSS, y la Comisión Federal de Electricidad.

En el presente año 2010, el gobierno federal autorizó 921 mil 357 plazas. Cuando Mexicanos Primero analizó las cuentas, las cifras no cuadraron. En el estudio se encontró que en los gobierno estatales, se pagaron en promedio más de 1 millón 900 mil 514 plazas de maestros durante el primer trimestre del año, lo cual representó más del doble de las plazas autorizadas.
Tras rastrear y comparar un posible censo de maestros en el país, se concluyó la poca confiabilidad de la información oficial proporcionada por los estados, e incluso, hubo entidades como Michoacán, donde no fue posible obtener algunas cifras.
Fuente: Brechas, Mexicanos Primero

Bajo tal oscuridad, en 2008 se detectaron 552 casos de maestros que cobraron simultáneamente en dos entidades distintas, gracias al “don” de ubicuidad.  Por ejemplo, en Coahuila, según el documento, hay 81 superprofesores que cobran más de 100 mil pesos, aunado a un “pequeño” ejército de comisionados que registró 610 beneficiados. ¿Quiénes son esos comisionados? ¿Qué hacen esos 81 superprofesores? Asimismo, prácticamente todos los estados presentaron desfases, algunos muy visibles, como en el DF y el Estado de México, entre las plazas autorizadas y las plazas pagadas. 

Otro ejemplo que refleja el desorden administrativo según el estudio, es el desvío de recursos públicos y el manejo discrecional de las plazas, como la existencia de trabajadores asignados a plazas inexistentes en preescolar y primaria. Coahuila, junto los estados de Morelos y Tabasco, fueron los que más asignaron trabajadores a plazas inexistentes.
Así, lo que alarma no son las excepciones que conocimos esta semana con los profesores narcos, sino el desastre institucional con cargo a los contribuyentes. Porque al final, lo que tenemos es una educación que lejos de contribuir al desarrollo, se ha vuelto una brecha para la desigualdad.

Subsidio al transporte en Torreón

En la semana, el alcalde Eduardo Olmos anunció un subsidio de 20 millones de pesos al año, para apoyar a estudiantes, personas discapacitadas y de la tercera edad para el transporte. La propuesta tiene sentido, sobre todo, sí conocemos que las personas de bajos ingresos son las que más gastan parte de su salario en la transportación cotidiana. Cálculos del IMCO estiman que hasta un 52 por ciento del ingreso es destinado a pagar transporte. El programa se aplicará el año que entra, sin embargo, apoyos de esta naturaleza, corren el riesgo de abusos o malos destinos. En su momento, la “Tarjeta de la gente”, (ahora del Hogar), fue objeto de abusos e irregularidades millonarias. Lo menos que se puede esperar es transparencia, reglas de operación claras y eficiencia.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

A Pan y agua (diez años con el PAN)








Regresé a las páginas de ese provechoso libro, El Antiguo régimen y la revolución, de Alexis de Tocqueville. El momento lo exigía y acaso, parecía que leía sobre el México actual. Comparto un breve párrafo: “La única diferencia esencial entre una y otra época es la siguiente: antes de la Revolución, el gobierno sólo podía cubrir a sus agentes recurriendo a medidas ilegales y arbitrarias, en tanto que después ha podido legalmente permitirles violar las leyes”.

Y sí, pareciera que Tocqueville no sólo se refería a la república francesa y los tiempos posteriores a la revolución, sino al México del presente. Desde luego que esto no es así, pero las observaciones de Tocqueville son útiles en tanto observador de una sociedad en cambio y permanencia. Por eso, esta semana que el PAN cumplió diez como gobierno al frente de la presidencia, conviene regresar a sus páginas para preguntar: ¿Cuál ha sido el saldo? ¿Qué tanto avanzó el país bajo el sello de los gobiernos panistas? ¿Hasta qué punto cambió la política en relación a los tiempos del partido único?
Sin lugar a dudas, lo más destacado en la década panista es la estabilidad de las grandes cifras. Un manejo del déficit público razonable, reservas internacionales notables que incluso, aguantaron los vaivenes mundiales del 2009. También se reconoce la estabilidad en la paridad peso-dólar, un promedio de inflación del 4.4 por ciento, muy por debajo del 22 por ciento con Zedillo, el 15 con Salinas. Por otro lado, la introducción de la transparencia y el acceso a la información, con todo y los obstáculos que la dificultan, representan aspectos valiosos de los gobierno panistas de Fox y Calderón. Sin embargo, el balance general, a pesar de los reconocibles logros, es decepcionante porque lo sustancial permaneció igual. Una economía estable que no crece, o sólo genera riqueza para una minoría. Dicho en otras palabras, no sólo de democracia vive el hombre, sino del bienestar económico que lo sustenta.

Pero la decepción fue esencialmente política, porque lo cambios que el PAN estaba llamado a hacer no los entendió, no pudo hacerlos o no los quiso realizar. Al final, el blanquiazul encontró “agradable” y muy cómodo el estado de cosas establecido en el viejo régimen. Por lo mismo, no cambió e incluso, terminó acrecentando los vicios, las corruptelas, los arreglos como en los tiempos del autoritarismo. En el mejor de los casos, fue una mala copia del PRI. Del “no nos falles” en el 2000, los votantes han pasado al rechazo del panismo en las elecciones locales y nacionales. Hay alternancia también.

El domingo pasado, Calderón festejó los diez años de gobiernos panistas advirtiendo, como quien mira al abismo, que regresar al pasado es corrupción y pobreza. “México no se merece quedar parado a la mitad del camino y mucho menos regresar a lo antiguo, a lo autoritario, a lo irresponsable”. ¿Lo antiguo? ¿Lo autoritario? ¿Lo irresponsable? Calderón habló para los suyos, con la “magia” que implica un encuentro interno de partido.  Afuera, lo antiguo, lo autoritario, lo irresponsable fue adoptado y reproducido en tantos espacios donde el PAN no fue la diferencia, sino la similitud.

La gente no vive en el pasado, sobre todo, cuando el presente es incierto para millones de mexicanos, o para otros tantos que no viven de la política. Por eso resulta inútil la melancolía, como sugirió esta semana Jesús Silva-Herzog Márquez. Porque quizás, la mayor deuda del panismo como actor central de la alternancia, fue la justicia, la rendición de cuentas. En contraparte, los incentivos a la impunidad permanecieron como en el antiguo régimen y rápido, la intenciones por desmontar lo anterior, se hicieron agua. 

¿WikiLeaks en Torreón?



 




¡Vaya sacudida internacional! La que volvió a provocar el sitio de Internet dedicado a difundir cientos de miles de documentos. La publicación de los cables diplomáticos emitidos por el gobierno estadounidense, ha revelado no sólo chismes, sino la naturaleza de la diplomacia.  
Julian Assange, fundador de la web, es un pirata ultramorderno, un anti James Bond que ha llevado al extremo la transparencia. En Torreón cientos de solicitudes de información realizadas por un grupo de laguneros interesados en la transparencia, están apuntando a un WikiLeaks local. ¿Le interesa saber cómo nuestro gobierno gasta los impuestos? ¿De qué manera toma las decisiones? ¿Y si los millones que gasta tienen un razonable beneficio social? Hay un buen ejemplo para impulsar. 

Ética para Amalia

Las manos del poder...
Quizás mañana ya nadie se acuerde de ellos, salvo algún inoportuno memorioso. Pero nuestros gobernadores o ex gobernadores, llámese Ulises Ruiz, Mario Marín, Emilio González o el nombre que usted complete, gozan hoy por hoy, la mejor posición del sistema político en México. Ejercen recursos millonarios a discreción, mueven y remueven las piezas en sus estados e incluso, aunque se demuestre corrupción, desfalco al erario o abiertamente violaciones contra los ciudadanos, ellos siguen ahí, incólumes, intactos.  Son, sin lugar a dudas, los mayores beneficiarios de la alternancia en México a partir del año 2000, cuando el PAN logró romper el monopolio político del PRI. Por eso, se puede identificar un paradigma de impunidad en el ejercicio del poder público.

El escándalo de la semana, si se puede decir de una manera, tras ventilar las cuentas de Amalia García, ex gobernadora de Zacatecas por el PRD, reafirma lo que tiempo atrás se asomó en su administración: contratos en beneficio privado, sobrecostos en obra pública, irregularidades millonarias en la construcción de las nuevas oficinas de gobierno, y ahora, un presunto faltante por más de mil millones de pesos. Hasta aquí, nada que no se repita dentro de paradigma de impunidad imperante en gubernaturas, presidencias y otros cargos públicos. 

En Zacatecas recién se dio la alternancia a un gobierno priista, a cargo del gobernador Miguel Alonso Reyes. Allá la Contraloría interna encontró irregularidades y tiene la posibilidad de llamar a cuentas a la gobernadora saliente. ¿Lo hará más allá de lo mediático o repetirá el paradigma no escrito de protección a funcionarios? El nuevo gobierno tiene la posibilidad de cambiar ese paradigma. Mucho bien haría a la rendición de cuentas, a la justica y a la confianza de los ciudadanos, pero no es, ni ha sido costumbre de ese partido y de otros, romper con las prácticas del “antiguo régimen”. El mejor caso de comodidad con el pasado fue el PAN tras su conquista de los Pinos.

Antes bien, la defensa por escrito de la ex gobernadora Amalia García, revela esos acuerdos, esas prácticas. Su indignación proviene porque el gobierno en turnó mostró las huellas de su administración: “se falta a la ética al dar a conocer, y con interpretaciones dolosas, juicios sumarios sin haber concluido el procedimiento”. Desde su óptica habría sido ético no dar a conocer que falta solventar por ahí, la friolera de más de mil millones pesos. Lo lógico en transiciones entre un mismo partido, es ocultar los desfalcos del anterior gobernante.

Es difícil pensar en la posibilidad de la rendición de cuentas. Lo dudo de Rafael Moreno Valle, quien encabezó la alianza para sacar al ilustre gobernador Marín de Puebla. Sobre todo, por estar asociada dicha alianza, a la omnipresente Elba Esther Gordillo. Pero acaso, una modesta esperanza surge en Oaxaca ante la posibilidad de que Gabino Cué sí tome en serio la responsabilidad de su triunfo y materialice las demandas de justicia. Allá, las huellas del prócer Ulises Ruiz, apuntan a una situación similar a la expuesta en Zacatecas: obras públicas repartidas entre los funcionarios del propio gobierno, sobrecostos, obras sin concluir pero sí finiquitadas en la tesorería, placas y concesiones “desaparecidas”, y por supuesto, un secretario de Finanzas, asociado a un desfalco por más de mil millones de pesos. 

A pasar a la alternancia en el poder y a la pluralidad de los gobiernos, la esencia del viejo régimen no despareció, por el contrario, se fortaleció a tal grado, que si antes, el poder central del presidente solía ser un balance, ahora es un actor más. A diez años de la alternancia, quienes realmente fueron los ganadores de la pérdida del poder presidencial, no fueron los ciudadanos, sino los gobernadores. 

¿Cuántos Don Alejos más?



 





La profunda dignidad de Don Alejo Garza Tamez me recordó las viejas historias que nuestros abuelos vivieron entre el siglo XVI y el XIX en el extenso, agreste y difícil noreste mexicano.  Sin embargo, la historia de este héroe del siglo XXI, muestra los extremos,  sobre todo, la incapacidad del Estado para defender a sus ciudadanos. Cuando el Estado no puede, entonces surge la autodefensa, la ley del más fuerte. Y ahí sí, la vida no vale nada, porque entonces hay que morir matando.