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viernes, 30 de diciembre de 2016

PRI al tercer lugar


La debacle es evidente, pero insisten en tapar el sol con un dedo. Dirán los más encumbrados ¿para qué si tenemos el poder? En la decadencia, prefieren negar la realidad inyectado dinero a los medios, como si eso cambiara las cosas. Cada quien su cuento. Mientras tanto, un ejército prepara despensas y todas las fuerzas federales se vuelcan al último reducto priista de importancia. No Nayarit o Coahuila; sí el Estado de México. Ahí la combinación es perfecta. Enormes poblaciones pauperizadas son la clientela perfecta para las próximas elecciones. Va Rosario Robles a reforzar los programas. Luis Miranda, ahora secretario, camina con despensas en mano. Es el hombre brillante, —la eminencia gris—, que acompaña incondicionalmente al presidente, pero cuando es necesario, recomienda al psiquiatra. Al secretario de Hacienda se le instruye puntualmente para que a Eruviel no le falte nada. De esa manera, castigan a lo estados opositores como Nuevo León, y premian a los que habrán de tener elecciones. Mejor edulcorar la realidad que aceptarla a punta de golpes. Antes de la inauguración de Mexicable, los hombres del presidente se esmeraron en mejorar la apariencia, pues se corre el riesgo que al jefe le afecte la vista. A fin de cambiar las cosas, como extender enormes rollos de pasto artificial. Para qué molestarse en gobernar. Mejor escenografías, piruetas, luces artificiales, simulacros.   
Veamos la otra cara de la moneda: el Partido Revolucionario Institucional. Por ahora, no nos detengamos en el contrasentido del nombre, vayamos directo a la correspondencia entre el partido y el gobierno. ¿Por qué tendría que ser distinto un comportamiento del otro? El gobierno hace, pero el partido también hace. No van por caminos separados, sino uno refleja al otro. Al fin las costumbres se repiten. Por lo mismo, hace unos días, la sesión Solemne de Instalación del VI Consejo Político Nacional ratifica las prácticas del partido. Embebido de una retórica desconcertante, tanto como si proviniera de un genuino partido de oposición, el presidente del partido, Enrique Ochoa Reza, insiste en combatir la corrupción. De origen, la propuesta no sólo parece una broma; lo es. Pensemos por un momento, ¿desde el PRI que significa combatir la corrupción? Para el bromista involuntario que dirige el partido, la primera propuesta de siete, se centra en el combate a la corrupción y la impunidad. ¿Ustedes le creen? Cito textualmente a Ochoa: “Somos un partido político que denuncia a todos aquellos que se apartan de la ética, que le fallan a su partido y que lastiman a la sociedad. Siguiendo las mejores prácticas internacionales en la materia, estamos construyendo al interior del partido una Comisión Anticorrupción, que nos permitirá actuar de manera preventiva ante esos lamentables casos. Además, para vencer el doble cáncer de corrupción e impunidad hay que tener sistemas anticorrupción, creíbles y confiables, estatales y nacionales, que tengan la participación de la ciudadanía” (27 de noviembre 2016).
Con Javier Duarte en fuga y la finanzas quebradas de Veracruz, con la crisis de Chihuahua y su prominente banquero, César Duarte. La lista es larga… pero sin duda destaca la protección y deferencia que le guardan a Humberto Moreira. El exgobernador de Coahuila, adquirió una deuda de miles de millones de pesos con documentos falsos, pero es un hombre que llama al honor. ¿Cómo podría pasar inadvertido tan destacado miembro del partido? Por supuesto, no dudaron en ratificarlo como consejero. Su palabra, y sobre todos, sus secretos son bien apreciados en el PRI. Después de todo, más vale tenerlo cerca, que suelto por ahí. No obstante la quiebra financiera de Coahuila, ha sugerido regresar en las próximas elecciones. Sólo falta que lo propongan para dirigir la Comisión Anticorrupción. ¡En mejores manos no podría estar!
¿Hay diferencia entre el PRI y el gobierno? Más que diferencia, existe congruencia. Durante la sesión, el presidente Enrique Peña Nieto también se pronunció: “respaldo que al interior del partido se luche contra la corrupción y se sancione a quienes han traicionado y lastimado a nuestro instituto político” (27 de noviembre 2016). ¿Sabrá dónde está el enemigo número uno de Veracruz? El presidente repite una frase incomprensible en el “adn” priista: “en el PRI no tenían cabida, ni la tienen, ni la corrupción, ni el encubrimiento, y mucho menos la impunidad”. ¿A qué se refiere ese galimatías?
Por lo pronto, rumbo a la presidencia, el PRI va al tercer lugar.

30 de noviembre
El Siglo https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1287731.pri-al-tercer-lugar.html

Alí Babá y los veinticinco ladrones



Alí Babá anda suelto y también veinticinco, o quizá cuarenta ladrones. Van vienen a la cueva. Salen. Se esconden. Cada día, durante las mil y una noches del sexenio, robaron el tesoro de Durango. “Ábrete, sésamo”. Y el dinero salía a raudales. Tanta veces fueron por el tesoro, que hizo falta más, y luego más. Insaciables, también fueron por las arcas de los municipios. Tomaron 15 millones de la capital. 40 millones de Gómez Palacio. Y siempre algo más... Un buen día, el dinero se acabó, y entonces, los ladrones recurrieron a los préstamos apresuradamente. Al final del sexenio ya se habían llevado 14 mil millones de pesos… y la cuenta seguía corriendo. Pero un buen día, corrieron vientos de cambio, y la fórmula mágica para abrir la puerta del tesoro, ya no funcionó. “Ciérrate, sésamo”. Ante los hurtos desmedidos, la nueva administración quitó las llaves, cambió las chapas y se propuso detener a los ladrones. Curiosamente, tras la primera detención, la noticia corrió como pólvora y el temor invadió a los que antes, impunes, saquearon el tesoro. 
Me gusta la sabiduría popular, porque en pocas palabras, resume todo un comportamiento. Un famoso dicho de raigambre medieval, nos dice: “excusa no pedida, acusación manifiesta”. Cuando sucedió la detención de Leonor Gutiérrez la ex subsecretaria de egresos del gobierno del estado de Durango, inmediatamente una multitud corrió a ampararse.  ¿A que le teme esa banda?  Ese día,  Alí Babá estuvo en vigilia. Angustiado por la situación, buscó protección, pero ya no en la cueva, sino fuera de ella. El ex gobernador Jorge Herrara, hizo fila desde las cinco de la mañana para obtener su amparo. Apresurada, luego siguió la banda: María Cristina Díaz Herrera, exsecretaria de Finanzas; César Guillermo Rodríguez Salazar, exsecretario de Comunicaciones y Obras Públicas del Estado; Eduardo Díaz Juárez, exsecretario de Salud, y una veintena más. Aunque al paso que vamos, podrían ser cuarenta o más los amparados que nos recuerdan al cuento del lejano oriente.
Pero este cuento duranguense  apenas empieza. Sin duda, un acierto del nuevo gobierno en Durango, a cargo de José Rosas Aispuro, es mandar un mensaje fuerte y claro sobre los abusos del gobierno anterior. Urgía una señal. Por lo general, es costumbre en los gobierno mexicanos, dejar en el cargo a un hombre de “confianza” para tapar las triquiñuelas, los desfalcos y la corrupción del gobierno saliente. Pero la fórmula no funcionó, porque en las pasadas elecciones en Durango, los ciudadanos se manifestaron a favor de la alternancia. ¡Cuánta falta hacía! Ahora nos estamos enterando del boquete que dejaron a los ciudadanos. Tan sólo movió una ficha el gobernador Aispuro, y rápido brincaron las ratas. ¡Perdón! Los amparos. Sin aspavientos y alardes, como el fallido gobernador de Nuevo León, el gobernador de Durango desencadenó una  fiebre sorpresiva por el amparo. Toda una pasión constitucional. Al respecto, la alcaldesa de Gómez Palacio, Leticia Herrera, quien fue un factor fundamental para el voto diferenciado, cuestionó con claridad: “Si se amparan es por algo”.
Llama la atención cómo los saqueadores que llamamos gobernadores, tejen redes de corrupción que implican los cargos más relevantes y estratégicos en la administración pública. Más todavía, queda la impresión, que no hay otro motivo, más que saquear, cuando conocemos los  casos de los Duarte en Veracruz y Chihuahua, de Borge en Quintana Roo, o de los Moreira en Coahuila. Ni qué decir de Sonora con Guillermo Padrés, ahora tras las rejas. ¿Cantará como Javier Solís, Las rejas no matan?
Pero estas historias apuntan un comportamiento identificable en nuestra República. Ser gobernador en México, tiene un propósito muy claro: saquear las arcas hasta que no quede nada. Tan bien establecido el objetivo, que lo primero es nombrar a un secretario de finanzas; otro de obras públicas, y así la cosa, hasta que se complete la red. Por si faltara algo más, todavía se puede nombrar a heredero, como recientemente lo mostró el “desaparecido”, Javier Duarte. ¿Qué camino siguieron en Durango? ¿Una combinación de Coahuila con Sonora? ¿Acaso siguieron el método chihuahuense o aplicaron  una técnica veracruzana? Por lo pronto, la multiplicación de los amparos lo dicen todo: “excusa no pedida, acusación manifiesta”. Alí Babá y los veinticinco amparados. 

16 de noviembre 2016
El Siglo
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1283353.ali-baba-y-los-veinticinco-ladrones.html

lunes, 26 de diciembre de 2016

Duarte sí ¿y Moreira?

"Honestidad"

Veracruz tiene para todo. Tan generosa es la entidad, que da para  lujosas casas en Estados Unidos, grandes cuentas bancarias y poder sin límites. Woodlands es la zona favorita de Houston para los políticos. Así, tanto ha dado Veracruz por la patria, que alcanza para un generoso heredero, facturas millonarias de empresas fantasmas, e incluso, una casa para la suegra en la exclusiva zona residencial del momento. Javier Duarte, todavía gobernador, sustituyó a La maestra, como el villano favorito. El más visible, el más odiado. Tanto así, que hasta su partido ya reniega, o al menos finge repudiarlo. En la ignominia, hasta el ex candidato del PRI a la gubernatura de Veracruz, Héctor Yunes Landa, apoya que Duarte sea expulsado del partido. Por su parte, Enrique Ochoa Reza, el bromista involuntario que lidera al PRI, no se cansa de pronunciar un discurso absolutamente contradictorio. ¡Combatir la corrupción! Para muestra, suspendieron los derechos políticos de Duarte y su camarilla. En seguida Duarte defiende su dignidad a través de los diputados federales y locales. Todo sea por el honor. Como parte de esa cruzada increíble —el PRI contra la corrupción—, Ochoa Reza acusa filtraciones de sus adversarios, como la indemnización millonaria que recibió el ex director de la CFE.  
No obstante, a pesar de las evidencias, los desfalcos millonarios, la deuda impagable, Duarte goza de impunidad. En la lógica de la corrupción democrática, el gobernador asume que él es corrupto, pero siempre hay un corrupto más grande que él: el presidente. Para citar a un clásico de la política mexicana, César Camacho, ¿con qué calidad moral acusan? Lo revelador del proceso interno del PRI contra Duarte, que en realidad no es nada, es la ausencia de su maestro: Humberto Moreira. El veracruzano sólo imitó. Endeudó al estado hasta la inoperancia financiera, desvió recursos millonarios, se fue a invertir a Texas, y por si fuera poco, también tuvo una casa para la suegra. En plena precampaña para renovar la gubernatura de Coahuila hacia 2017, el PRI ya le hizo la mitad de la campaña al PAN.
Como parte de una investigación, el gobierno de Estados Unidos, acusó a la suegra de Humberto Moreira, de comprar una muy buena casa en San Antonio con dinero ilícito. En aquella ocasión, hará casi un año, el abogado de la suegra, declaró: “Fue comprada de manera limpia, ella es la dueña de esa casa y el Gobierno de Estados Unidos está tratando de robársela”. ¿Pero quién trata de robar a quién? Hace uno días, la suegra entregó finalmente la casa, valuada en 602 mil dólares, unos 12 millones de pesos. Ya solo es cuestión de tiempo, para que el gobierno estadounidense la venda como hizo con  los bienes incautados a Javier Villarreal. Por supuesto, en Coahuila el gobierno no reclama los bienes, que según las autoridades gringas, fueron compradas con dinero “robado” al gobierno estatal. ¡Coahuila avanza!
Pero curiosamente, ni Morera I, ni Moreira II van a Estados Unidos. Cada vez más, el círculo se cierra gracias al gobierno gringo. También, ya acaban de anunciar que la audiencia para dictar sentencia a Javier Villarreal, un genio financiero, fue pospuesta para el 12 de abril del siguiente año, justo cuando las campañas por la gubernatura estén en pleno apogeo. A los gringos no les enseñamos política.
Para no alejarnos del relato, hace unos días, el diario Reforma reveló que el gobierno de Coahuila ha pagado millones de pesos a empresas fantasma. Consultoras que venden pollo. Negocios que no existen y jugosas facturas que suman millones y millones de pesos. Hasta portales de internet inexistentes. Hasta ahí, nada que sea anómalo o extraño al gobierno de Moreira II. Más aún, el monto de las facturas es poca cosa, a lado de la deuda de Coahuila. Sin embargo, por todos lados hay atracos y ningún responsable. El paradigma es la deuda, los documentos falsificados y la defensa de la impunidad. Pero de ahí para abajo, lo mismo se “pierde” el dinero de las pensiones de los maestros, al Tribunal lo roban y no hay ningún responsable por el daño. Ahora, un escándalo más revelado por Reforma. ¿Quién va a dar la cara? Ismael Ramos Flores, el contralor que no vio nada con Moreira I,  ahora Secretario de Finanzas con el hermano. Sin duda, ¡Coahuila avanza!

28 de septiembre
El Siglo https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1266943.duarte-si-y-moreira.html

¿Y Humberto?

Foto: http://www.vanguardia.com.mx/articulo/borran-pintas-de-humberto-moreira-como-el-raton-mickey

El cargo de la presidencia del partido, parece serio, digno de todo protocolo y atenciones públicas, pero en realidad, el nuevo presidente del PRI, Enrique Ochoa Reza, lo ejerce como un bromista involuntario. Desde su llegada, no sorprendió a nadie, porque sencillamente nadie lo conocía, en cambio, su discurso contra la corrupción —sí, ¡contra la corrupción!—, lo muestra en abierta contradicción con el partido. Digamos que lo blanco de lo negro. De acuerdo con el priista, “iniciamos una nueva etapa de diálogo, de crítica, autocrítica y propuestas constructivas”. Por donde se le vea, el discurso de Ochoa Reza es increíble. ¿Piensan que es excesivo el señalamiento? 
Vayamos a las acciones recientes. Ante una presidencia de la República sin liderazgo y con la aprobación por los suelos, el PRI anunció que investigará, e incluso, podría expulsar del partido, a tres gobernadores: Javier Duarte de Veracruz, César Duarte de Chihuahua y Roberto Borge de Quintana Roo. Además, en la lista incluyó al exgobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, a quien la “justicia” protege bien, a pesar de que el Bronco lo quiere en la cárcel. Cada uno de esos gobernantes tienen en común un endeudamiento insaciable, por no decir, talento de sobra para la cleptocracia.  Pero lo revelador de la propuesta priista, es la ausencia de Humberto Moreira en la lista.  A todas luces, una figura paradigmática en el partido (“árbol que da moreiras”). Pero ¿qué le debe Enrique Peña Nieto a Humberto Moreira para que nadie lo toque? ¿Qué le sabe Moreira a Peña Nieto para permanecer impune? ¿Cuántos miles de millones de pesos salieron de las arcas de Coahuila hacia la campaña presidencial de 2012? ¿1500 millones? ¿3 mil millones? ¿Cuántos miles de millones más estarán enterrados en las casas de los susodichos?    
Envalentonada, la secretaria general del PRI, Carolina Monroy del Mazo, advirtió esta semana, que “a partir de hoy no permitiremos un solo agravio más al señor Presidente de la República; cada ofensa recibida tendrá respuesta”. Pero más tardó en declarar la secretaria, que Peña Nieto en salir con otra. La “casa blanca”, el departamento de Miami, y ahora el plagio de la tesis. Y pensar que todavía le restan dos años…
Si un partido en México representa la corrupción por excelencia, es el PRI. Aunque para ser precisos, gracias a la alternancia, la corrupción también se democratizó de manera amplia y generosa al resto de los partidos. Hoy por hoy, el PRI ya no es el monopolio de la corrupción, aunque cómo lo distingue. De eso sabemos muy bien en Coahuila. Gracias a la justicia de otro país, Estados Unidos, sabemos santo y seña del gigantesco fraude que conocemos como la “deuda”. Cada vez más, el círculo se constriñe al “conspirador 1”. También esta semana, el gobierno gringo va a subastar bienes incautados a Javier Villarreal, extesoro de Humberto Moreira. Las propiedades equivalen a unos 680 millones de pesos, que de acuerdo con las investigaciones judiciales seguidas a Villarreal, provienen del dinero robado al estado de Coahuila. Hasta el momento es lo que probaron las autoridades norteamericanas. Repasemos la lógica. Si eso se llevó el de abajo, cuánto no habrá detrás del primero. Cuánto más del hermano que después le siguió. Sin embargo, en Coahuila, en México, no pasa nada, salvo la impunidad. Detrás de la deuda, un puñado de políticos y un grupo de burócratas a su cargo, velan porque las cosas se queden como están. 
En 2013, el senador Luis Fernando Salazar solicitó formalmente al gobernador Moreira II, reclamar los bienes incautados en Estados Unidos a Villarreal. Lo mismo hizo ante la Secretaría de Hacienda, pero casualmente ni el gobernador, ni la Secretaría hicieron nada. En otras palabras, avalaron la impunidad. Ahora, esas propiedades valuadas en millones de dólares incautadas a Villarreal, serán subastados en los Estados Unidos. Para tapar el sol con un dedo, el secretario de Finanzas en Coahuila, Ismael Ramos Flores, declaró que “no son recursos de Coahuila”, no obstante que la investigación judicial en Texas, determinó su procedencia ilícita. En Coahuila, las autoridades le dieron “vuelta a la página”. La dirigencia nacional, ni por error habla de Moreira (“Las instituciones no son responsables de los individuos”). Y Peña Nieto ni siquiera se puede controlar tantito, por aquello de que la corrupción es “cultural”. ¡Qué cultos salieron todos!
24 agosto 2016
El Siglo
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1256057.y-humberto.html

De la impunidad me encargo yo


Parafraseando a Lord Acton. El poder trastorna, y el poder absoluto trastorna absolutamente. Para el caso, lo difícil no es tener el poder, sino lidiar con su ausencia después de haberse servidor como virrey. Basta con hacer una breve descripción: el dinero público es administrado como un bien privado; las decisiones de gobierno son capricho o puro beneficio personal, eso sí, en nombre “del pueblo”; la justicia y la ley son a modo; cuando hay necesidad de legislar, los congresos están mansamente disponibles; las auditorías y los contralores son juez y parte. ¿Qué más se puede pedir para gobernar?
En la historia reciente del país, mejor momento no han gozado los gobernadores, que a partir de la democracia en el año 2000. En el pasado autoritario, siempre pendía la espada de Damocles sobre los gobernadores, de esa manera el presidente ejercía el poder por encima de todos. Cortar cabezas era el medio para el equilibrio del poder. Tras la alternancia, la impunidad presidencial se democratizó en las gubernaturas del país. Ya no tuvimos un gran tlatoani, ¡sino 32! Y así nos fue.
Cuando se está en el poder, abunda el aplauso y el ditirambo siempre es poco. Como punto de partida, el gobierno se basa en el culto a la personalidad. De esa manera, el ego es la expresión fundamental del estado, el gobierno y la sociedad. Va antes y también después. Por lo mismo, la hora no se mueve, si no la dispone antes el señor del poder. Paradójicamente, el partido de la institucionalización, hizo del poder una representación personal.
En las últimas semanas, lo mismo se habla de Veracruz que de Chihuahua, y tristemente en el camino, Coahuila no deja de aparecer con unas constantes que se resumen en dos palabras: corrupción e impunidad. En un capítulo más de nuestra tragicomedia, se defiende el “honor” a ultranza. Para el caso, el honor es un decir, pero los abogados son muy caros. De eso no queda duda. Así de trastornado puede dejar el poder, no obstante los miles de millones que un día nos cargaron a todos los coahuilenses. Desde su posición, el gobierno de Coahuila es oportuno para callar o defender, tapar o esconder. Ahora mandaron a un segundón de la Procuraduría General de Justicia del Estado a decir que no hubo desvíos de recursos durante el quinquenio del exgobernador innombrable: Humberto Moreira. De acuerdo con Norberto Ontiveros, subprocurador ministerial, “a través de peritajes, no aparece ninguna transacción del Gobierno del Estado a un particular o a una tercera persona. Ni tampoco hubo menoscabo patrimonial, de acuerdo con las indagatorias, como son los peritajes contables”. La defensa raya en lo increíble: “No tenemos ningún medio de prueba que acredite el desvío de recursos. Hay averiguaciones abiertas y otras que concluyeron, en ninguna se establece desvío”. Todos son unos santos y el dinero desapareció solo.
En resumidas cuentas: no pasó nada. No obstante que un buen día de 2011, el mismo estado de Coahuila tuvo que reconocer que la deuda pasó de 323 millones  de pesos en 2005, a la desproporcionada cantidad de 35 mil, 831 millones de pesos. Por supuesto, en medio de esa millonada quedaron firmas y documentos falsos en el mayor impreso literario del estado: el Periódico Oficial. Para coronar el fraude, el Congreso de Coahuila legalizó lo ilegal. Carranza estaría orgulloso. Así, la deuda se fue hasta los 37 mil millones. Con la arrogancia que brinda el poder, apostaron al olvido, en tanto la impunidad ha reinado estos años. Tanto así, que hasta se presume el absurdo financiero. Hace unos días, el secretario de Finanzas, Ismael Ramos Flores, comentó que la deuda bajó mil 19 millones de pesos, para quedarse en 36, 494 mil millones de pesos. ¡Qué gran alivio! Todo esto se parece al garlito callejero de “dónde quedó la bolita”. En plena decadencia del poder, se reafirma un gran eslogan estatal: de la impunidad me encargo yo.  Mientras tanto, Humberto sigue bailando. 

3 de agosto de 2016
El Siglo
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1249388.de-la-impunidad-me-encargo-yo.html

¡Ya nos saquearon! ¡No nos volverán a saquear!


Como en los años setenta, pero del siglo pasado, acabamos de escuchar el perdón del presidente. En otra década, el presidente José López Portillo, ofreció disculpas a los pobres por fallarles. Conmovido, no sólo lloró, hasta golpeó el atril mientras leía su último informe. Para rematar su discurso, expresó: ¡Ya nos saquearon! ¡No nos volverán a saquear! Portillo fue un pésimo presidente. Quebró al país, además de ser un fidedigno representante de la corrupción. Con él inició una larga decadencia de la economía mexicana, y también del sistema político mexicano, que por entonces, era autoritario.
En nuestra defectuosa democracia, pero al fin democracia, el pasado lunes el presidente Enrique Peña Nieto “pidió” (sic) perdón por los sucesos de la casa blanca, un símbolo prematuro de corrupción en su gobierno. Tradicionalmente los escándalos de corrupción estaban reservados al último año, pero Peña adelantó la tradición con notable prisa. Desde entonces ya no pudo levantar su imagen, y mucho menos, mantener un poco de credibilidad; no obstante, las carretadas de dinero para los principales medios de comunicación. ¡4 mil millones de pesos el año pasado!
Para empezar la semana, el presidente anunció el Sistema Nacional Anticorrupción “como el inicio de una nueva etapa para la democracia y el Estado de Derecho en México”. Durante la ceremonia oficial, comentó sobre la casa más famosa del país: “No obstante que me conduje conforme a la ley, este error afectó a mi familia, lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza en el Gobierno. En carne propia sentí la irritación de los mexicanos. La entiendo perfectamente, por eso, con toda humildad, les pido perdón. Les reitero mi sincera y profunda disculpa por el agravio y la indignación que les causé. Cada día, a partir de ello, estoy más convencido y decidido a combatir la corrupción”. 
A pesar del reconocimiento presidencial, está claro que nos indigna la corrupción, pero tampoco la ciudanía se atreve a más como en Brasil o Guatemala.
Cuando las palabras provienen de una figura tan desacreditada como el presidente Peña, el perdón resulta irrelevante, por la sencilla razón de que no hay forma de creerle. Pero si en verdad estamos en el umbral de una nueva etapa con el Sistema Anticorrupción, acaso, ¿tendrían que aplicarse las nuevas reglas contra el mismo presidente? Ese mismo día, Virgilio Andrade renunció a la Secretaría de la Función Pública, aunque antes cumplió cabalmente con tapar al presidente. ¿Alguien le creyó? Para no quedarse atrás, el nuevo presidente del PRI, Enrique Ochoa Reza, construyó un perfecto oxímoron: "El PRI tiene que ser garante de la honestidad de sus gobernantes. Tenemos que ser los primeros en señalar casos donde cualquier funcionario público que venga de las filas del PRI haya traicionado a la sociedad y se haya corrompido”.
De ser así, ¿procederán contra los dos gobernadores Duarte, de Chihuahua y Veracruz? ¿irán tras Roberto Borge? ¿tocarán a los Moreira? Mal humorado y manchado en su “honor”, el ex gobernador de Coahuila demandó al prestigioso académico del Colegio de México, Dr. Sergio Aguayo Quezada. Sin duda estos políticos desearían mandar como en Cuba, Rusia o Corea del Norte. Ya entrado en gastos, sólo falta que soliciten también la derogación del artículo sexto constitucional por ir contra el honor.
Mala señal cuando el problema son las expresiones, y no los actos descaradamente corruptos de la clase política. Para el caso, al estado mexicano le resulta más sencillo detener a Gerardo Ortiz y enviarlo al penal de Puente Grande por su mal gusto como cantante, que ir contra los políticos. Si el estado realmente asumiera el compromiso de gobernar, impondría el imperio de la ley a los gobernantes. ¡El problema es que nos quedaríamos sin clase política! En una de esas, las cosas funcionarían mejor.
20 de julio 2016

La presidencia rampante

En las crisis se conoce a los hombres. Por lo mismo, la crisis que vive el partido en el poder, el PRI, muestra las prácticas de los hombres detrás del partido. Se derrumbó el mito de Manlio Fabio Beltrones tras la derrota electoral, pero si algo le quedó al político de la vieja guardia, fue abandonar el barco antes de hundirse en el 2018. Para el relevo en la presidencia del partido, el grupo compacto del presidente Enrique Peña Nieto, impulsó la llegada de Enrique Ochoa Reza, quien sólo llenó un mero trámite de la convocatoria. ¿Quién dijo? ¿Enrique Ochoa? Lo mismo se preguntaron priistas de altos vuelos y de la base del partido. A lado de Beltrones, Ochoa es joven, ágil, y no tiene el perfil tradicional del priista. Por el contrario, es más un técnico que un político. Llega bajo el amparo del señor de los dineros públicos, el desastroso secretario de Hacienda, Luis Videgaray.
Ochoa Reza recién dejó la dirección de la Comisión Federal de Electricidad, que ocupó durante más de dos años. ¿Cuál fue su desempeño? Dejó números negativos en las finanzas de CFE. Aumentó en 20 por ciento la deuda y los pasivos de la paraestatal. Fue operador y artífice de la reforma energética. Pero ¿bajó la luz con la reforma e hizo más competitiva a la empresa? Muy lejos de lo que prometieron las reformas, ya aumentaron las tarifas de luz. Tampoco se puede decir que la empresa sea más competitiva, menos aún, con los pasivos laborales y las pensiones que carga. Para el caso, Ochoa Reza no llega por su flamante desempeño en la administración pública, sino por ser parte de un reducidísimo grupo del presidente. Lejos de traer a un hombre de profusa trayectoria partidista y electoral, llevaron un técnico que no ha pisado tierra en las contiendas electorales. Lo interesante de quien será el nuevo presidente del PRI, es lo que revela de la crisis del partido. Va como candidato único, lo cual nos hace recordar a los viejos tiempos de José López Portillo. El priista Hugo Díaz Thomé ni siquiera cumplió los requisitos. Por otro lado, un grupo de prisitas como Ulises Ruiz y Dulce María Sauri cuestionó severamente a quien será el dirigente nacional del partido. Por si fuera poco, algunos hasta cuestionaron e impugnaron su militancia. De esa manera presentaron el video donde el mismo Ochoa Reza niega la militancia en el 2010. Para desdecirse publicó en Twitter, su vieja credencial firmada por Colosio. Pero más allá de las fisuras internas del PRI, la crisis que carga el partido puede resumirse en dos razones: la corrupción y la ineptitud para gobernar. Hace años, cuando los panistas estaban en el poder, se decía que el PRI era corrupto, pero sí sabía gobernar. A la vuelta de los años, la presidencia es rampante, y además, no ha sabido gobernar. Por lo mismo, no extraña el mimetismo de Ochoa Reza con Videgaray o Aurelio Nuño, quien hizo de la SEP un frente de guerra. En pocas palabras, gobernantes que no llenan el papel de gobernantes. Eso sí, luego aparecen con grandes casas y lujosas propiedades.
Ya casi como presidente del PRI, Ochoa Reza declara que “los gobiernos emanados del PRI deben de ser los principales responsables de tener espacios de transparencia y rendición de cuentas”. Vaya laberinto en el que se metió, justo cuando gobernadores como Javier Duarte en Veracruz y Roberto Borge en Quintan Roo hacen de las suyas. En Chihuahua, la Secretaría de Hacienda se declara incapaz de frenar la deuda. Ahí César Duarte hizo del gobierno una empresa personal de corrupción e impunidad.
Tan sintomática la crisis, que hasta el ex candidato del PRI al gobierno de Veracruz, Héctor Yunes, acaba de solicitar a Javier Duarte, deje el cargo como gobernador, lo cual ya es mucho decir.

Es significativo de la presidencia de Peña Nieto su incapacidad para gobernar. Pero todavía, para controlar a los gobiernos estatales desbocados. En el pasado autoritario, el presidente solía tapar su propia corrupción cortando la cabeza de gobernadores. Tras la alternancia, sólo hemos visto medianía en el poder. Lo más atrevido que ha hecho la presidencia, es impugnar a través de la PGR, unos paquetes de impunidad que casualmente promueven esos tres gobernadores. ¿Y cuándo van hacer algo en Coahuila? Por lo pronto, mejor tomarse la selfie con el presidente.
13 de julio 2016 

domingo, 11 de agosto de 2013

Nos han fallado


La naturaleza del poder no cambia mucho ni tampoco sus aspiraciones. Cambian sí los actores y las circunstancias. Las intrigas, el golpeteo y la cortesía acompañan todo el tiempo. Se puede jugar todo por conseguirlo, y también se suele perder todo cuando no se tiene. Hay una larga literatura que ha descrito las glorias y desgracias. A base de historias, los ejemplos y las comparaciones sobran. Al fin, es también la naturaleza humana.

Algunos hombres de poder suscitan admiración, pero otros, desprecio. Quizá sean los más. No me asombra quien ejerce el poder; es lo que se espera. Asombra quien habiéndolo conseguido, no lo asume ni por asomo. El caso contrario es el poder que desborda. Alguna vez uno, en nuestras modestas tierras, afirmó encontrarse en “la plenitud del pinche poder”. Dicho en otras palabras, en la impunidad absoluta. Pero dadas las condiciones en México, más que democracia, abunda la cleptocracia. En un entorno así, lo relevante es llegar al poder, aunque su ejercicio no pase más allá de los beneficios privados. Es el poder público al servicio de los bienes privados: la república inútil.
Un gran sociólogo alemán caracterizó esos gobiernos como patrimonialistas. En sus vertientes, hay un cierto gobierno notable en el México de nuestros días. Es el de los aspirantes al poder que se conforman con llegar. Ya no preocupa tanto ejercerlo, darle contenido, sino puro usufructo de los bienes públicos. Responsabilidad y resultados salen sobrando. Tampoco extraña una percepción bien extendida sobre este tipo de políticos, que pudiéramos caracterizar como fallidos. Pero no nos engañemos, porque en realidad sólo reflejan a la otra parte: los ciudadanos.

Ustedes escojan el lugar y los nombres, casi encontrarán un patrón de la inutilidad política. Como una expresión común de malestar, retomo dos voces. Una: “Los políticos son los que nos han fallado y nos han llevado a donde estamos. El origen de todo esto que pasó en Guerrero tiene un nudo político, y por eso el Ejército en qué vergüenzas anda cayendo. ¿Cómo es posible?”.

Dos: “El problema es político. Los gobernadores, que, más que gobernar, desgobiernan, no tienen el carácter suficiente para aplicar la ley porque tienen miedo”. Tal vez exista nostalgia del pasado, pero ambas expresiones podría haberlas dicho cualquier ciudadano en las calles, con la particularidad que las expresaron recientemente un par de generales retirados. Lo relevante de la crítica no es que provenga de unos militares, eso es lo de menos. Lo grave es la descripción de un estado común entre políticos mexicanos. Sería absurdo decir que todos, pero a juzgar por los resultados y las responsabilidades, a muchos les dio por llegar al poder para no ejercerlo. En esa lógica, basta conformarse con estar, sin importar el valor público que se genera. Hay mucho de fallido en esa visión que encuentra en el poder un accesorio vacío. Pero también hay mucho de común entre los políticos que nos han fallado.

9 de agosto 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9188410