domingo, 22 de noviembre de 2015

20 años de Latinobarómetro

Me gustan las mediciones, los números, las estadísticas. Tan necesaria puede ser la narración de una historia, como los números que la acompañan. En el mundo de los estudios sociales, las estadísticas son imprescindibles. Ayudan a dimensionar un problema, a saber dónde estamos. Aunque no siempre, también sirven para mejorar. En el día a día abundan las opiniones, pero las cifras dan un balance a las meras impresiones personales. A pesar de la relevancia de los números, no deja de sorprenderme la ausencia de datos duros en la aplicación de políticas públicas.
Las mediciones dan un perfil. Así como ciertas obras literarias, o estilos musicales distinguen a los países y sus sociedades, las estadísticas también ofrecen una mirada sobre el comportamiento. Recién se acaban de cumplir 20 años de Latinobarómetro, una asociación especializada en medir la democracia en América Latina. El estudio Latinobarómetro inició en 1995 a instancias del reconocido politólogo español, Juan Linz. A partir de entonces, un grupo de especialistas e investigadores desarrollaron la primera encuesta para monitorear las sociedades latinoamericanas. Al principio comenzaron midiendo 8 países y actualmente se incluyen 18. Entre la ciencia política y la sociología, el Latinobarómetro es uno de los principales referentes de estudios comparados en Latinoamérica.
El informe 2015 no sólo presenta los resultados más actuales, sino las series de las últimas dos décadas, de tal manera, que tenemos un panorama sorprendente sobre la región. Es notable que los latinoamericanos, somos los más insatisfechos con la democracia, sin embargo, y a pesar de los malos resultados, existe un apoyo importante de los ciudadanos a dicho régimen. Más en la región latina, que durante buena parte del siglo pasado conoció los horrores de la guerra civil, las guerrillas y las dictaduras. A caso por lo mismo, la democracia tiene vigencia, porque sencillamente lo otro era peor. Mientras la media regional es de 37 por ciento de satisfacción, en México es de 19 por ciento. Este dato se corresponde a la aprobación de gobierno. Mientras en la región promedia 47 por ciento de aprobación, en nuestro país sólo 35 por ciento aprueba al actual gobierno.
No obstante, a la manera de Winston Churchill, 60 por ciento de los mexicanos preferimos la democracia como forma de gobierno, en el entendido de que la democracia es la peor forma de gobierno excepto por todas las demás.
La corrupción es un tema compartido entre los latinoamericanos. Sólo 33 por ciento considera que sí se avanza en combatir la corrupción, pero en México, los datos más recientes que aporta el estudio, nos dicen que apenas 22 por ciento considera que se ha reducido la corrupción. ¿Por qué será?
A pesar de la extendida pobreza en la región, aunado a economías con insuficientes crecimientos, 77 por ciento de los latinos nos sentimos muy satisfechos con la vida. Algo similar corroboran otros estudios sobre la felicidad. Los latinoamericanos estamos jodidos, pero felices. En el caso de México, 76 por ciento está muy satisfecho con la vida. No en vano, el gran Emil Cioran elogió el gran vitalismo de los latinos frente al cansancio de los europeos. ¡Vaya ironía!
Repaso los números del estudio en tres aspectos fundamentales: la vida, la política y el dinero. 76 por ciento de los mexicanos estamos muy satisfechos con la vida, pero sólo a 19 por ciento le satisface la democracia, y peor aún, nada más a 13 por ciento le satisface la economía. Con esas cifras ¿qué estamos sembrando cómo país?, ¿qué conflictos estamos cultivando? Aunque por momentos, los ciudadanos mexicanos parecemos dormidos frente al hartazgo político, no descarten la irrupción de un movimiento que venga a sacudir nuestra vida pública. Como verán, los datos que ofrece el Latinobarómetro no son precisamente alentadores. Y sin embargo, por algo tenemos que empezar.
30 de septiembre 2015 
El Siglo 

El bolso de Escobar

Foto: Reforma
Bien dicen que las cosas se parecen a su dueño. Por lo mismo, aunque no deja de sorprender el comportamiento del gobierno federal (unas modestas casas, una empresa consentida y un fiscal para excusarlo todo), el nuevo nombramiento de Arturo Escobar como responsable de la Subsecretaría de Prevención y Participación Ciudadana en la Secretaría de Gobernación, ratifica la congruencia del gobierno con la narrativa nacional de los últimos dos años: corrupción, pérdida de confianza y muchos triunfos electorales.







Ante el polémico nombramiento, diversas y prestigiosas organizaciones civiles denunciaron que Arturo Escobar "carece de los conocimientos necesarios" para ocupar la Subsecretaría de Prevención del delito y Participación Ciudadana. Pero su pronunciamiento se quedó corto al describir la trayectoria de Escobar. Al mismo tiempo, surgió una iniciativa que juntó firmas para solicitar la destitución del recién nombrado subsecretario.
¿Pero quién es Arturo Escobar? ¿Por qué tanta indignación? Bajo el sello del Partido Verde Ecologista, Escobar ha desempeñado diversos cargos como diputado local en la Asamblea del DF, diputado federal, senador y presidente nacional del Verde. Entre sus flamantes iniciativas, destacó una sobre la pena de muerte, que además sirvió de campaña nacional a ese partido, que hoy por hoy, es la quinta fuerza electoral en el país. Pero si hay en México, un partido despreciable entre los despreciables, ese es el Verde Ecologista. Repasemos brevemente su historia. Administrado por un familia, primero Jorge González Torres y luego su hijo, el célebre Jorge Emilio González, el Verde se abrió paso como un partido útil en la coalición presidencial del 2000 con PAN y posteriormente, junto al PRI. Actualmente el Verde Ecologista funciona como un subpartido del PRI, que le permitió alcanzar la mayoría legislativa en la Cámara baja. De la misma manera, el Verde Ecologista aportó los votos que le faltan al PRI, para que éste mantenga el poder.
El negocio del Verde como partido, supera los 444 millones de pesos para ejercer durante el año 2015. ¡Más de un millón de pesos diarios! Conscientes del negocio, durante las pasadas elecciones, hicieron todo lo posible para posicionarse, incluso rompiendo la ley. Contrataron espacios publicitarios directamente contraviniendo la ley electoral. Pagaron a celebridades para promover el partido, aun después de suspendidas las campañas. Regalaron mochilas a diestra y siniestra por todo el país, no obstante de que las reglas electorales restringieron el uso de materiales plásticos. Transfirieron dinero de su bancada en el Congreso hacia el partido. Todas estas faltas eran causales suficientes para quitar el registro al Verde. Pero cuando el Instituto Nacional Electoral quiso apretar, unas oportunas grabaciones telefónicas, expusieron al presidente del INE, Lorenzo Córdova, quien "comprometido" con la democracia, se echó para atrás. No sólo perdonaron al Verde, además dijeron que no fue tan grave su violación. En el mismo tono, el Tribunal Electoral fue tan generoso, que condonó las multas e hizo descuentos al Verde. ¡Mejor no la podían tener!
Como líder del partido, Arturo Escobar fue el operador de esas campañas, pero también de todas esas violaciones sistemáticas a la ley (aunque en un país como México, a nadie le importa eso). Escobar es el promotor de ilegalidades y ahora es la cara del gobierno federal para la prevención del delito. ¡Y no es broma! Sí, el promotor de la pena de la muerte, es el nuevo encargado de la participación ciudadana con organizaciones civiles de la talla de México Evalúa, Causa en común, México Unido Contra la Delincuencia, IMCO, INCIDE Social. Lejos de ser contradictorio, el nombramiento de Escobar, muestra la congruencia del gobierno de Enrique Peña Nieto, con la narrativa nacional de los últimos dos años: corrupción, impunidad, falta de confianza, escasa aprobación de gobierno. Con todo eso, en México todavía no estamos al nivel de Guatemala, y mucho menos, al nivel democracias funcionales que sí logran sancionar y echar a sus gobernantes. Acá gozan de absoluta impunidad. Por lo mismo, Arturo Escobar, fue el hombre que detuvieron en el aeropuerto de Chiapas con un millón 100 mil pesos en efectivo, bien guardado en su bolso Louis Vuitton. Hoy es el encargado de prevenir el delito.
23 de septiembre 2015 
El Siglo

Aniversario de Torreón y Don Porfirio

Foto por acá

Hace unos meses se conmemoró el centenario luctuoso de Porfirio Díaz. Abundaron artículos periodísticos, reportajes, ensayos, documentales y hasta una serie de televisión en Discovery Channel con Héctor Bonilla. Nos es para menos, que un personaje histórico de la talla de Porfirio, suscite tanto interés y polémica. Pero más allá del personaje repudiado por la historia oficial, Díaz fue uno de los presidentes de México, que más marcó el país. Su obra e influencia quedaron por todos lados. Hasta un expresidente emanado de la revolución, Álvaro Obregón, declaró con cierta simpatía: "El único pecado de Díaz fue envejecer". Por supuesto que exageraba.
Como en todo, luces y sombras dejó el porfiriato. Por un lado la consolidación del Estado mexicano moderno y el notable auge económico. Por otro, se vivió un retroceso político, seguido de una tremenda desigualad. ¿Notaron que cien años después seguimos hablando de desigualdad?
Nuevamente retomo el tema, no para hablar de Díaz en particular, sino de los efectos de su gobierno en la Región Lagunera, y de manera muy visible en Torreón. Justo este mes, también se conmemora el 108 aniversario de Torreón como ciudad. ¿Qué tiene que ver Díaz con nuestra ciudad?
Torreón le debe mucho al porfiriato por su desarrollo económico sin precedentes. A ojos del gobierno de Díaz, Torreón fue el mejor ejemplo de progreso (para usar la palabra de la época), en el país. Ninguna población del país en esa época, creció de manera tan espectacular y brillante como la población lagunera. A tasas desaforadas, pasamos de un miserable rancho, así lo dijo el mismísimo Francisco I. Madero, a una de las principales poblaciones norteñas. Cuando se inauguró la primera plaza de la población en 1894, todavía éramos una villa, y se le llamó plaza "2 de abril" en honor al héroe de la batalla que lideró y ganó Porfirio Díaz contra los franceses. Después de la revolución, el nombre de la plaza lo cambiaron en 1917, para nombrarla plaza de los "Constituyentes". Hoy simplemente la conocemos como "Plaza de armas," y es uno de los sitios más emblemáticos de la ciudad.
El 15 de septiembre de 1907 las autoridades celebraron de manera oficial (ya con decreto del Congreso en mano) el reconocimiento de Torreón como ciudad. ¿Por qué eligieron ese día? Como en esto de la política no hay casualidades, las autoridades alinearon el cumpleaños de Porfirio Díaz y la celebración del grito de Independencia el 15 de septiembre, con el nombramiento de la nueva ciudad. A la posteridad, Torreón habría de conmemorar su aniversario en la misma fecha que el cumpleaños del Don Porfirio. Mayor reconocimiento no podía haber de Torreón, como una ciudad notable del porfiriato.
En Torreón y en La Laguna hay muchas huellas de Porfirio. Torreón creció como una población ferrocarrilera. De ahí que el ferrocarril fue una de las grandes innovaciones del gobierno Díaz. Otro aspecto relevante, fue la exitosa política de migración y poblamiento que experimentó Torreón en unos cuantos años. Pasamos de unos 2 mil en 1892 (de acuerdo al censo del gobierno estatal), a poco más 40 mil en 1910. ¡Ya se imaginarán aquel hervidero! En pleno porfiriato La Laguna se consolidó como el principal distrito algodonero del país, y todavía nos alcanzaba para exportar fibra a Estados Unidos y Europa. Rápidamente Torreón se transformó en el centro comercial de aquel auge económico, donde brotaron industrias, bancos y comercios. Era el milagro de una ciudad en medio del semidesierto, bañada generosamente por las aguas de los ríos Nazas y Aguanaval.
Así, cada vez que celebramos el aniversario de Torreón, no puedo menos que rememorar la enorme influencia que tuvo el general oaxaqueño en la historia de Torreón.
 POSDATA

Si les gusta la historia y de paso andar en bicicleta, sigan a @BicionariasLag, que en un par de semanas contaremos esta historia en las calles de la ciudad.
16 de septiembre 2015
El Siglo

Mediocridad legislativa

A decir de Milton Friedman, "No hay tal cosa como un almuerzo gratis". Dicho en otras palabras, todo en esta vida tiene un costo. Un costo de oportunidad. Aunque lo "gratis" satisface nuestra psicología, en realidad siempre está asociado a un costo económico, porque de una u otra manera alguien tiene que pagar.




En los últimos días surgió una polémica por otra iniciativa en el Congreso de Coahuila. Esta vez asociada al cobro en los estacionamientos comerciales. Los diputados locales Luis Gurza y Shamir Fernández propusieron reformas a la Ley de asentamientos humanos y desarrollo urbano en Coahuila, con la finalidad de que los estacionamientos en centros comerciales sean gratuitos. En principio la propuesta es bien recibida, sobre todo por aquellos que usan automóviles y les resulta molesto pagar por estacionarse cada vez que van a ciertos centros comerciales. Sin duda, la iniciativa genera tal beneplácito entre los automovilistas, que hasta elogios recibieron los diputados: "Por fin trabajan por los ciudadanos"; "Hasta que hicieron algo bueno".
Pero, ¿cuál sería el impacto urbano de prosperar la iniciativa, y sobre todo, cuál es la viabilidad? Por lo general, a los políticos no les interesa la mejor opción, ni la más eficiente, ni la solución técnica más viable, sino el número de votos y aplausos ante la opinión pública.
"Estacionamientos gratis". A primera vista la iniciativa parece positiva, pero paradójicamente, los efectos de este tipo de políticas, terminan con efectos negativos para las ciudades. En nuestro país el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (por sus siglas en inglés, ITDP), ha hecho estudios serios y bien fundamentados sobre el impacto de los estacionamientos en las ciudades. Menciono algunas consecuencias negativas para las ciudades: detrimento del espacio público; encarecimiento de la vivienda; menor densidad urbana (vea cómo hay más espacio para los automóviles, que para las personas en tantas ciudades mexicanas); más autos, más tráfico y por lo tanto, menos ciudad.
Quizá sea mucho pedir a nuestros legisladores locales que lean los puntuales estudios del ITDP como la Guía práctica: Estacionamiento y políticas de reducción de congestión en América Latina (2013); o Más cajones, menos ciudad (2014). Mientras la tendencia internacional en ciudades como Londres, Chicago, Copenhague, Portland, Nueva York, por mencionar algunas, es regular el automóvil para tratar de disminuir los efectos negativos. Con una supuesta ley como la de Coahuila, no sólo estaríamos incentivando el automóvil, sino multiplicando los cajones para estacionamiento. ¡Horror urbano! El prestigioso político y urbanista Enrique Peñalosa ha insistido en que el estacionamiento no es un derecho constitucional. ¿En verdad queremos derechos para el auto como derechos humanos, derecho a la educación, o derecho al agua? ¡Cuán extraviada está nuestra política!
La iniciativa que proponen los diputados Gurza y Fernández para "beneficiar" a los ciudadanos, en realidad estaría trasladando costos negativos a la parte de la ciudad que no se transporta en vehículo. Si esos diputados en verdad quisieran beneficiar a los coahuilenses, tendrían entonces que llamar a cuentas a los responsables de la deuda por más de 35 mil millones de pesos. ¡Corrupción mayúscula! Entonces sí, nos ahorrarían a cada coahuilense pagar más de 12 mil pesos por el impune robo de recursos públicos durante el gobierno de Moreira I. Pero claro, es más fácil inventarse una propuesta sobre estacionamientos que "ahorra" 10 o 20 pesos, que comprometerse a esclarecer el atraco de miles de millones de pesos. Cuidamos los pesos y perdemos los millones.
En su momento, el gobierno del Distrito Federal quiso obligar a los comercios a no cobrar las primeras dos horas, pero a fin de cuentas, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, declaró inconstitucional esa ley. Empresas como Cimaco o Galerías, que cobran por el uso de sus estacionamientos, pueden recurrir a esa jurisprudencia para echar abajo la ley en caso de aprobarse. No obstante, abunda la mediocridad legislativa que busca atender más la publicidad, que la seriedad en las propuestas.
Pero vuelvo al punto: incentivar el uso del automóvil a través de políticas como quitar el cobro en estacionamientos comerciales, termina por transferir los costos asociados al uso del auto, al desarrollo urbano y a la población que no maneja. No hay tal cosa como un estacionamiento gratis.
9 de septiembre 2015
El Siglo

Guatemala, ¿y México?

Foto: BBC

Es difícil negar que las comparaciones son odiosas, y sin embargo, ¡cuán útiles suelen ser! Entre los países es frecuente generar índices y tablas comparativas que permiten dimensionar y saber dónde estamos. Ya sea en economía o gobierno, las comparaciones están a la orden del día. Con cierta regularidad aparecen las comparaciones con países ricos. Por ejemplo la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Ahí se dice cómo estamos, qué tan bien o mal andamos… pero muchas veces, aunque deseamos esos buenos niveles, en realidad salimos mal librados. Cercanos a nosotros, las comparaciones resultan más pertinentes con nuestros pares latinoamericanos. Ya sea por idioma, historia, o por calamidades, Latinoamérica comparte unas ciertas características que nos hermanan.
Recientemente he seguido con suma familiaridad el escándalo de corrupción en el gobierno de nuestro vecino Guatemala. Unas serie de llamadas telefónicas exhibieron todo una red de corrupción que implica al nivel más alto de ese país, en la persona del presidente Otto Pérez Molina. El "mero mero" dicen en las llamadas telefónicas. En las últimas semanas el escándalo escaló a tal punto, que no sólo hubo otras marchas para exigir la renuncia al mismo presidente, sino además, otros poderes del gobierno se pronunciaron a favor de que el presidente renuncie.
La Fiscalía y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, lo acusó de estar al frente de una red de corrupción para "administrar" los recursos del Estado desde las aduanas. Ya se imaginarán por dónde va la cosa. Un grupo de funcionarios de alto nivel ser organizan para capturar la renta del Estado. Algo así como impuesto del impuesto. ¿Les suena conocido? Pero si bien, la corrupción hasta la más alta esfera del gobierno guatemalteco no difiere en mucho de la documentada en México, algo que es impensable en el nuestro país, es la intervención de la Suprema Corte. En Guatemala, la Corte Suprema de Justicia avaló realizar un juicio político contra el presidente Pérez Molina. Ya antes habían renunciado seis de trece ministros de su gabinete, así como otros altos funcionarios de gobierno. A los ojos ciudadanos, sólo falta el presidente, quien se aferra a la impopularidad como último recuso de la impunidad.
En las calles se han repetido marchas multitudinarias contra el presidente. Se fueron sus ministros, y hasta la exvicepresidenta Roxana Baldetti ya está en la cárcel condenada por operar la red de corrupción al interior del gobierno. En un gesto de compromiso, el arzobispo de la Archidiócesis de Guatemala, Oscar Julio Vián Morales, también pidió que dimita el presidente. De los obispos en México, mejor ni decimos.
Con amparos, el presidente Pérez Molina gana tiempo, pero lo que no puede ganar ya, es la confianza de los ciudadanos, que viven una vez más la ignominia como marca irremediable de su país. ¿No estamos así nosotros? Más todavía, a pesar de los escándalos de corrupción en México ligados al presidente (recién exculpado por la Secretaría de la Función Pública), todavía otorgamos una mayoría en el Congreso al partido gobernante.
Incapaces de llamar a cuentas al presidente, los poderes divididos en México, parecen el primer frente para proteger la corrupción. ¿Se imaginan a los ministros de la Corte pidiendo la renuncia del presidente? ¿O qué les parece una Auditoría Superior haciendo un informe sin precedentes? Por supuesto, al día siguiente todos esos funcionarios se quedarían sin chamba. Con todos sus defectos, las democracias bien consolidadas ofrecen a los ciudadanos la posibilidad de llamar a cuentas a sus gobernantes, empezando por la figura del presidente.
Lejos de debilitar la democracia, el emblemático escándalo de Watergate que terminó con la dimisión de Richard Nixon, fortaleció el poder de los ciudadanos desde el cual emana el gobierno. Sin duda, es el paso que como democracia no nos hemos atrevido a dar en México. Preferimos aceptar la impunidad como parte de la "cultura" y la "condición humana". En una de ésas, Guatemala nos da el ejemplo.

2 de septiembre de 2015

Peor para los peatones

Fuente foto: http://blogs.lavozdegalicia.es/javiersanz/2012/11/11/ciudades-para-peatones/
Pasada la crisis de violencia en la ciudad, poco a poco surgen otras problemáticas relevantes que también implican la vida. Cada vez más, se discuten problemas urbanos relacionados a la movilidad de las personas y el diseño de las ciudades. Porque nada más cotidiano en la ciudad, que la movilidad en las ciudades. De esa manera, la calidad de vida de una sociedad también se mide por la forma en la que las personas se mueven.
Recientemente no dejan de impactarme la muertes de personas que en el transcurso de sus actividades, pierden de la vida en el traslado. Para no ir tan lejos, retomo dos historias sucedidas en Torreón. Julio. Por la noche salió caminando una madre con sus dos hijos. Ante la poca visibilidad, uno de los pequeños, de dos años, cayó en una alcantarilla sin tapa, una situación que parece normal en la ciudad. ¿Cuántas alcantarillas han visto así en los últimos años? ¿Cuántas trampas mortales en la ciudad? Tristemente el niño falleció y sin embargo, aceptamos que la ciudad es así, que cualquier día un persona muere al trasladarse. Invertimos millones de pesos en bulevares, pavimento y puentes vehiculares, pero no reparamos en la seguridad de los peatones. Mal, muy mal estamos cuando las prioridades son otras, que no el cuidado de la vida.
Agosto. Diez de la noche. Como otros días, caminó para cruzar la Saltillo 400 a la altura de la calle Gómez Morín, para luego encontrar la muerte con un veloz auto. El impacto fue tal, que el vehículo arrastró el cuerpo por más de 60 metros. La escena ya parece común en esas vialidades de la ciudad, donde el "derecho" a la velocidad se vuelve sinónimo de muerte. Y sin embargo, la sola idea de bajar la velocidad en cualquiera de esas vialidades, indigna más a los ciudadanos, que la pérdida de las vidas. Mal, muy mal está una ciudad, cuando privilegia la velocidad de los automóviles, en detrimento de las personas. No es casualidad, que en las últimas semanas muchos ciudadanos se quejaron de los agentes de tránsito y vialidad en la carretera Torreón-San Pedro. Los veloces automovilistas señalan extorsiones de los agentes. Es posible, pero antes pensemos en lo siguiente: para que exista corrupción es necesario dos partes. ¿Acaso se reconocen? Tanto peca el que mata a la vaca, como el que le agarra la pata. Sin embargo, la indignación no provine de las decenas de muertes en esa vialidad por el exceso velocidad. Ni tampoco indigna, los peatones que han muerto en esa zona, algunos ya ni siquiera por cruzar, sino sólo por estar cerca de un percance vehicular. Lo que indigna a tantos automovilistas es no poder ir a 120, o incluso, a 140 kilómetros por hora, porque ahí están los entrometidos tránsitos. Indigna que la autoridad limite la velocidad, que se meta con el gusto de ir más rápido. En esa lógica, lo sagrado no es la vida, sino cuán veloz puedes ir.
Para mi sorpresa, al revisar sistemáticamente más de una década de muertes asociadas al transporte y la movilidad en Torreón, encontré que la primera tendencia la concentran los peatones. La segunda causa de muerte es de automovilistas. ¡Más todavía! Existe una correlación entre ambas causas. ¿No creen que ya es hora de hacer algo? Recupero algunos estadísticas de nuestra tragedia: entre los años 2000 y 2013, murieron 432 peatones, 243 automovilistas, 41 motociclistas y 23 ciclistas. Es decir, ¡739 personas! (Para el caso, el Inegi registra a precisión las causas de muerte).
Pero lejos de tratarse de simples accidentes que se acumulan, o cosas del azar, lo que tenemos es un terrible patrón donde el diseño urbano y las políticas de movilidad, alientan esas tendencias. Cuando leí el extenso "Informe sobre la situación mundial de la seguridad vial, 2013", publicado por la Organización Mundial de la Salud, constaté esa problemática compartida. La OMS identifica que "las lesiones causadas por el tránsito son la octava causa mundial de muerte, y la primera entre los jóvenes de 15 a 29 años. Las tendencias actuales indican que, si no se toman medidas urgentes, los accidentes de tránsito se convertirán en 2030 en la quinta causa de muerte".
Igualmente, otra conclusión del informe acomoda a la perfección a mi ciudad: "Las políticas de transportes olvidan a los peatones y los ciclistas. Los datos existentes constituyen una seria advertencia a los gobiernos respecto de la necesidad de tener en cuenta a los usuarios no motorizados de la vía pública".
Tal vez para la próxima, lo entendamos muy tarde.
12 de agosto 2015
El Siglo 

Soy líder

Es en las adversidades cuando conocemos de qué está hecha una sociedad. En los momentos más difíciles, los mismos ciudadanos quedan a prueba. Enfrentados a sí mismos y su entorno, algunos se repliegan y deciden encerrarse. Levantar muros y cerrar espacios. Otros toman la crisis como una oportunidad. Así lo vivimos en los últimos años en las ciudades de Torreón, Gómez Palacio y Lerdo. Sin embargo, al mismo tiempo que vivimos aciagos años, también surgió lo mejor de la sociedad lagunera a través de iniciativas, propuestas y trabajo paciente en las calles. Laguneros que en vez de irse, se quedaron a construir una ciudad mejor, a salir, a dar la cara cuando la ciudad más lo requería. No es casual que hace algunos años, surgió una institución especializada en medir y evaluar la seguridad en las ciudades laguneras. Me refiero al Consejo Cívico de las Instituciones (@CCILagunaAC), que actualmente es un referente importante, no sólo a nivel local, sino que forma parte de una red nacional. Actualmente es un caso de éxito y de referencia para otras ciudades. Gracias a la aportación de ciudadanos comprometidos, se logró ganar autoridad en esa institución que divulga datos de manera transparente y confiable en materia de seguridad pública.
Más reciente, en julio de 2014, nació la Asociación Cívica de La Laguna, igualmente por iniciativa de ciudadanos y empresarios que con sus aportaciones, no sólo se quedaron en la banalidad de la crítica, sino manos a la obra están apoyando liderazgos decididos a cambiar su entorno desde abajo. Así nació el seminario Soy líder, con la finalidad de "despertar, cultivar y acompañar el liderazgo ciudadano que cada uno llevamos dentro".
En términos generales, los ciudadanos mexicanos no creemos que podemos influir en el gobierno, o que sencillamente cambiar la cosa pública. Para muestra, la Encuesta Nacional sobre cultura política y prácticas ciudadanas, refleja esa falta de confianza de los ciudadanos para transformar su entorno. 55 por ciento, considera que se puede influir poco. 14 por ciento es pesimista y dice que no puede influir nada. Sólo 28 por ciento considera que sí puede influir (ENCUP, 2012).
Como bien sabemos, los grandes cambios no empiezan de un día para otro, tampoco son multitudinarios, ni por arte de magia. Así, el seminario Soy líder que promueve desde hace un año la Asociación Cívica de La Laguna, es un semillero de ideas sociales para transformar nuestro entorno local, y sobre todo, es ya un red de liderazgo comprometida para mejorar su comunidad. Se trata sí de una minoría que paulatinamente está decidida a transformar su entorno inmediato. A la fecha, Soy líder cuenta con 128 egresados que han propuesto esperanzadoras "cascaritas". Es decir, acciones y respuestas a problemáticas específicas. Las cascaritas son auténticos ensayos sociales que buscan incidir en su entorno inmediato. Un vistazo general a los proyectos muestra la inquietud por los más variados temas y problemáticas que van desde el diseño y la intervención urbana, la asistencia social, e incluso, la formación de virtudes cívicas.
Me alienta saber y participar de iniciativas como las que emprende esta asociación cívica, que como su mismo nombre, quiere también recuperar lo más esencial en una sociedad: los líderes que la transforman. Cuando pienso en este trabajo arduo, constante y esperanzador, pienso en lo que implicar sembrar un árbol, cuidarlo, hasta que un día, los frutos y su sombra nos abrazan. La tarea lleva años, pero no tengo la menor duda que esos líderes en formación, y otros ya bien logrados, habrán de mejor en el futuro, esta preciada región.
¿Le interesa? Sigan a la Asociación Cívica de La Laguna en Facebook y también en la cuenta de Twitter, @Soylider_laguna.
26 de agosto 2015
El Siglo