De vez en vez, siempre aparece algún personaje con una declaración, un ademán o una actitud que nos dice mucho de nosotros como sociedad. ¿Cómo olvidar a San Canaca y su lazo de cochino? ¿Quién no recuerda a las “ladies” de Polanco insultando a la policía? ¿Al despreciable Miguel Sacal humillando y golpeando a un empleado de valet parking? ¿O cómo olvidarnos de Ángel Verdugo, quien llamó en otro momento a aplastar a los ciclistas? ¿Será que en la intolerancia, la abyección o en la estulticia nos sentimos más cómodos?
Lejos de reconocer, confrontar o aceptar la diferencia, preferimos cortar de tajo aquello que no es como nosotros. Por eso son significativas las palabras de un conductor de radio en Saltillo, Pablo Garduño, quien en su programa del 17 de agosto, apresuró una técnica contra los ciclistas.
La ocasión del personaje fue para comentar la campaña del gobierno federal, Piloto por la seguridad vial, donde el presidente Felipe Calderón insistió en la cultura vial y de último minuto llamó a que los automovilistas respeten a los ciclistas (vayan al minuto 19:40).
No es relevante criticar al presidente, pero consciente de su lugar como automovilista, Garduño cuestionó: “Señor Calderón ¿Las autopistas fueron creadas para los automóviles o para los ciclistas? Perdón eh, discúlpeme pero hasta donde yo sé es para los automóviles. ¿No?”
Pero la sentencia de Garduño, refleja en realidad la prioridad de muchas ciudades en México: “Las calles son para los automovilistas, no para los ciclistas. No le haga caso al señor Calderón”.
En su comentario Garduño vuelve sobre lo mismo: “No le haga caso al presidente Felipe Calderón, si usted ve a un ciclista en la calle ¡Pítele para que se haga a un lado! Porque las calles son para los automóviles, no para los ciclistas”.
Periodista o no, la estulticia no exclusiva de ningún oficio:
“¿Quieren andar en bicicleta?... En Saltillo hay una ciclovía, ahí si respételo (al cliclista) por favor, pero si usted lo ve en la calle quítelos, ¡sacarrájelos (sic) del lugar! ¿Por qué? Porque esta arriesgando la vida de él y su integridad de usted como automovilista. Porque si el ciclista, hay unos muy burros, se llega a caer y usted lo mata, el que va a tener la culpa es usted por una estupidez de un ciclista”.
La técnica que esgrime Garduño es muy sencilla y singular: “¡Sacarrájelos! Las calles son para los automóviles, no para los ciclistas”
Ya sabemos que en la ciudades mexicanas, como en tantas otras, el automóvil es el monopolio de la ciudad. Son los ciudadanos los que se adaptan al auto, y no el automóvil a los ciudadanos. Por eso siempre se hará un puente, un gran bulevar o un paso a desnivel, antes que hacer inversiones para los peatones y ciclistas. En esa lógica, lo normal es excluir a éstos últimos de las calles. Por fortuna, bajo la supremacía del monopolio, todavía no hemos reformado la constitución para declarar a su majestad el automóvil, como el único digno de transitar por las calles.
A pesar de los Garduños, cada vez más hay grupos organizados de ciclistas como los Bicles en Saltillo o Ruedas del Desierto en La Laguna, dispuestos a reivindicar el dignísimo lugar de peatones y ciclistas en la ciudad.
pd. la increíble defensa de Garduño en su cuenta de Twitter @PabloGCadena:
29 de agosto 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9157267
viernes, 31 de agosto de 2012
No sólo a balazos
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| Acta de cabildo, 1917. Fuente: AMT |
En diciembre de 1916, Pancho Villa ingresó nuevamente a Torreón. En esa ocasión no venía con un ejército multitudinario para enfrentarse contra el gobierno, simplemente llegó para “saquear” la ciudad. En la toma express, quemó la mayor parte de los archivos de gobierno local. De esa manera se perdió el archivo del ayuntamiento, que se había constituido como tal en 1893. Al siguiente año, el Cabildo dejó su testimonio en una de las actas, donde dio cuenta de las “hordas vandálicas” que destruyeron los archivos. Todavía hoy, en los archivos del municipio, sobreviven algunos papeles y libros con huellas de aquella irrupción violenta. No había copia de los archivos, ni tampoco un mejor resguardo para la preservación de los papeles oficiales. Así se perdieron los libros de cabildo entre 1893 y 1916. Con ello también se perdió una fuente invaluable para conocer la historia de los primeros años del municipio de Torreón.
En febrero de 2011 se anunció el arranque del proyecto denominado Monitor del Cabildo para el ayuntamiento de Torreón. Fue gracias a la apertura del alcalde Eduardo Olmos, que se aprobó el desarrollo y la aplicación del Monitor. Por entonces me di a la tarea de diseñar el proyecto y conceptualizar los principales puntos para ampliar la transparencia a la mayor autoridad del municipio: el Cabildo. Tradicionalmente la recientísima historia de la transparencia en México había insistido en abrir archivos, publicar información en internet y abrir mecanismos a los ciudadanos para solicitar información. Pero en el centro de los gobierno locales, se habían dejado de lado los cabildos. Entonces la carencia llevó a la innovación. En los siguientes meses trabajé en coordinación con los regidores y síndicos, la Secretaría del Ayuntamiento y la Dirección de Informática para desarrollar el Monitor.
La propuesta despertó mucha expectativa, y desde luego no faltaron también las críticas. El proyecto exigió paciencia, constancia, y confieso que en ocasiones hubo momentos difíciles (algunos técnicos, otros administrativos). Finalmente el Monitor se abrió en noviembre de 2011, lo que sentó un precedente en la transparencia gubernamental del país. A través de Monitor los ciudadanos pueden acceder literalmente al cajón de los regidores. No sólo quedan los documentos oficiales, sino que el ciudadano accede a una base documental que le permite conocer y evaluar el trabajo de los regidores y el Cabildo en general. Quien lo desee puede hacer clasificaciones como: la comisión más productiva, el regidor más faltista o incluso conocer cómo se gastan los dineros públicos.
Ahí están los documentos abiertos para quien busque involucrarse en la corresponsabilidad de la vida pública. Más aún: el acceso virtual nos permite salvaguardar los archivos de un siniestro o un Villa contemporáneo.
Desde su apertura el Monitor ha funcionado de manera regular e incluso ha mejorado palpablemente el proceso de gestión administrativa al interior de la Secretaría del Ayuntamiento. Durante estos meses no podía escribir sobre la aportación del Monitor. Tampoco era el indicado. Ahora el tiempo y el reconocimiento lo permite. El pasado 19 de agosto, el Monitor del Cabildo ganó el segundo lugar en la categoría municipal del Premio a la innovación en transparencia para la mejora de la gestión institucional. Entre 101 proyectos, sólo ganaron 14, entre ellos destaca la experiencia creada en Torreón. El jurado que calificó al Monitor refiere a los principales expertos de la transparencia y gobierno en el país: Eduardo Bohórquez, de Transparencia Mexicana; Sergio López Ayllón del CIDE; Edna Jaime, de México Evalúa; Ricardo Uvalle del INAP; Diego Antoni Loaeza, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo; el politólogo Alfonso Zárate; el periodista Gabriel Guerra Castellanos; entre otros.
El premio al Monitor también es buen motivo para reconocer que no todo en Torreón son noticias negativas o lamentables hechos de violencia. Hay talento y capacidad en la ciudad, pero es necesario canalizarlo adecuadamente, fijar agendas comunes y asumir compromisos. Porque más que decir, hay que hacer.
Durante el anuncio del premio, el pasado martes 21, el alcalde de Torreón se comprometió a institucionalizar el Monitor a través de la reforma al reglamento interior. Entonces sí, la aportación a la transparencia no será buena voluntad, sino institución. ¡Enhorabuena!
26 de agosto 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9156998
Entre Vargas y Calderón
Fin de sexenio. Fin de los privilegios. Dijo, me dijeron. Exhibo, me exhiben. Son ellos, no nosotros. El escándalo de MVS, la concesión, la periodista y todo lo demás, no podía darse en mejor tiempo político. Mejor tiempo sin duda porque el presidente Felipe Calderón ya no pagará ningún costo político por el conflicto. Al fin su partido ya está en el tercer lugar. Él ya se va y por más que se grite y se denuncie, su tiempo ya pasó. ¿Para qué molestarse en contestar personalmente los desplantes de Joaquín Vargas? Dirá: que vayan los segundos al mando, para eso se les paga. La respuesta de la vocera presidencial, Alejandra Sota, situó el lugar de Carmen Aristegui: “es Joaquín Vargas y no el gobierno federal quien atenta contra la libertad de expresión de sus comunicadores”. ¿Se vale todo para mantener la concesión?
Tomado así no sólo parece un favor para La Televisora, sino ciertas facilidades para el próximo presidente: lidiar con el espinoso trámite de quitar una concesión. Desde luego, ya no será él quien pague las críticas, los reclamos, los dimes y diretes. En poco tiempo eso será cosa del pasado. ¡Menos mal que el poder es temporal!
Pero más allá de la superioridad moral que en estos casos suelen presentar los medios, la disputa entre el gobierno y la empresa ha mostrado la naturaleza político-empresarial del conflicto. No es Vargas el primero que se dice víctima de la voluntad del presidente. En 2006, después de la contienda presidencial, José Gutiérrez Vivó, a razón de periodista-empresario, se dijo víctima del veto presidencial y el boicot comercial.
Pero más allá de la superioridad moral que en estos casos suelen presentar los medios, la disputa entre el gobierno y la empresa ha mostrado la naturaleza político-empresarial del conflicto. No es Vargas el primero que se dice víctima de la voluntad del presidente. En 2006, después de la contienda presidencial, José Gutiérrez Vivó, a razón de periodista-empresario, se dijo víctima del veto presidencial y el boicot comercial.
Mientras
esta disputa y otras se dan en un reducidísimo
número de actores, el resto de los ciudadanos carece de un mercado
auténticamente competitivo en telecomunicaciones. Mientras uno le recrimina a
otro, el fondo es un Estado mexicano preocupantemente acotado por otros
poderes, y no precisamente de interés público.
24 de agosto 2012
miércoles, 22 de agosto de 2012
Hasta pronto María
1988 fue un año decisivo, donde de la mano de Luis Donaldo Colosio, de las Heras aplicó técnicas y desarrolló las propias para conocer las tendencias electorales y los problemas expresados por los ciudadanos. “Ahí entramos en escena los encuestadores; todavía no salíamos en la televisión, ni nos entrevistaban en la radio. Además no había periódico alguno dispuesto a invertir un quinto en nuestro trabajo”.
Para quienes trabajamos con modelos de azar y error, la aportaciones de María para conocer la llamada “opinión pública” dejaron huella en la forma de investigar. Su partida se da en un momento de profundo desprestigio para las grandes casas encuestadores del país, que optaron en su mayoría por la propaganda, en vez ofrecer análisis duros y honestos. Por eso, no fue circunstancial que su última encuesta antes de las elecciones presidenciales del mes de julio, fuera con mucho la más certera. Su resultado quedará para los anales de las elecciones, que a pesar de los encuestadores mañosos, en México sí lo hay serios y comprometidos con el análisis.
De lejos, sus trabajos siempre fueron referencia para la brújula de mis primeros estudios de opinión. Más aun, fue un enorme honor y sobre todo, reto, la comparación de resultados en los cuartos de guerra de varios candidatos donde he participado como encuestador de sus campañas.
Polémica, crítica, cuestionadora. No asumía las encuestas como inamovibles. Advirtió siempre que pudo, sobre los riesgos de confundir la “opinión pública” como “la voz de la sociedad”. Hace años, ante el público lagunero en el Teatro Isauro Martínez, nos recordó esos riesgos.
En su cuenta de Twitter ella se describió como “Encuestadora de oficio, comentarista de radio por afición y tequilera por diversión”. No faltaba humor ni sabiduría proverbial en los informes de sus estudios. En la página electrónica de su empresa, Demotecnia, están compilados un buen número de encuestas realizadas entre 2007 y 2012. Un archivo de referencia para quienes están interesados en las encuestas, y el difícil arte de interpretar entre los ciudadanos y los hombres públicos que toman decisiones.
22 de agosto 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9156627
domingo, 19 de agosto de 2012
En sentido contrario
A simple vista, el crecimiento de una ciudad como Torreón es signo de desarrollo. Lejos quedó el pequeño núcleo urbano que podía ser recorrido fácilmente a pie. En los últimos quince años creció la ciudad con nuevas colonias, fraccionamientos cerrados y grandes centros comerciales. Difícilmente pensamos en caminar. Al igual que otras ciudades mexicanas, crecemos horizontalmente. Tan plana es nuestra geografía como la arquitectura de la ciudad. Pero ese crecimiento tiene sus límites. Al perder densidad, la ciudad también perdió eficiencia, encareció los servicios públicos y deprimió su centro histórico. Se recorren más distancias, se consume más tiempo y energía. En consecuencia, tenemos auténticas islas urbanas. Inconexas, segregadas y prácticamente alejadas de las rutas de fácil acceso, a no ser que se vaya en automóvil. Bajo ese modelo horizontal, la cobertura policiaca siempre será estrecha.
En esa tendencia de crecimiento no se vislumbra otro camino por ahora. Olvidémonos de la mano invisible, que sólo en la literatura económica tiene crédito. Lo que tenemos en las ciudades es la mano visible, muy visible del gobierno y de otros grupos de la sociedad. Ahí tenemos una de las claves para desarrollo (o subdesarrollo) de las ciudades. Recientemente, el presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Desarrollo y Promoción de Vivienda (Canadevi) en La Laguna, Carlos Anaya Finck, opinó que la política federal para redensificar las ciudades a través de la vivienda vetical, “ha significado un error en las regiones pues no funciona, ya que si bien, se busca una redensificación, se corre el riesgo de que suceda todo lo contrario, es decir, encontrar edificios desocupados ya que no se toma en cuenta el aspecto cultural y la realidad local”.
En ese mismo sentido, Jorge Castañeda, ha escrito en Mañana o pasado (por acá mi reseña), sobre la resistencia de los mexicanos a la vivienda vertical:
“Nadie quiere utilizar el mismo elevador ni la misma escalera, el bote de basura o el estacionamiento, el mismo portero o la misma entrada, los mismo espacios verdes o la misma seguridad… el individualismo mexicano es completamente disfuncional”.
Desde el actual paradigma de ciudad, hemos construido una ciudad disfuncional. Es lo que Onésimo Flores, ha descrito como un “futurama región 4”. La publicación de los últimos indicadores urbanos del IMCO, nos dicen que vamos en sentido contrario. No es casualidad que en dos de los principales índices hay alertas negativas sobre el rumbo de la región. Como ciudad-región nuestra competitividad es media baja. Esto quiere decir que mucho antes están otras ciudades en la mira de las inversiones. Otro dato no menos grave es el alto grado de vulnerabilidad climática. Entre 373 municipios, Toluca y La Laguna ocuparon los primeros lugares de mayor riesgo por el cambio climático. Insisto: en esto no parece haber casualidades.
No obstante la tendencia, hay mucho en lo que sí pueden contribuir los gobiernos locales y los grupos organizados de la sociedad. Desde luego esto implica el compromiso de una agenda regional que trascienda la política. En otras palabras, una mano visible para enderezar el rumbo. ¿Será mucho para los laguneros o habrá que resignarnos con la próxima crisis?
19 de agosto 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9156360
En esa tendencia de crecimiento no se vislumbra otro camino por ahora. Olvidémonos de la mano invisible, que sólo en la literatura económica tiene crédito. Lo que tenemos en las ciudades es la mano visible, muy visible del gobierno y de otros grupos de la sociedad. Ahí tenemos una de las claves para desarrollo (o subdesarrollo) de las ciudades. Recientemente, el presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Desarrollo y Promoción de Vivienda (Canadevi) en La Laguna, Carlos Anaya Finck, opinó que la política federal para redensificar las ciudades a través de la vivienda vetical, “ha significado un error en las regiones pues no funciona, ya que si bien, se busca una redensificación, se corre el riesgo de que suceda todo lo contrario, es decir, encontrar edificios desocupados ya que no se toma en cuenta el aspecto cultural y la realidad local”.
En ese mismo sentido, Jorge Castañeda, ha escrito en Mañana o pasado (por acá mi reseña), sobre la resistencia de los mexicanos a la vivienda vertical:
“Nadie quiere utilizar el mismo elevador ni la misma escalera, el bote de basura o el estacionamiento, el mismo portero o la misma entrada, los mismo espacios verdes o la misma seguridad… el individualismo mexicano es completamente disfuncional”.
Desde el actual paradigma de ciudad, hemos construido una ciudad disfuncional. Es lo que Onésimo Flores, ha descrito como un “futurama región 4”. La publicación de los últimos indicadores urbanos del IMCO, nos dicen que vamos en sentido contrario. No es casualidad que en dos de los principales índices hay alertas negativas sobre el rumbo de la región. Como ciudad-región nuestra competitividad es media baja. Esto quiere decir que mucho antes están otras ciudades en la mira de las inversiones. Otro dato no menos grave es el alto grado de vulnerabilidad climática. Entre 373 municipios, Toluca y La Laguna ocuparon los primeros lugares de mayor riesgo por el cambio climático. Insisto: en esto no parece haber casualidades.
No obstante la tendencia, hay mucho en lo que sí pueden contribuir los gobiernos locales y los grupos organizados de la sociedad. Desde luego esto implica el compromiso de una agenda regional que trascienda la política. En otras palabras, una mano visible para enderezar el rumbo. ¿Será mucho para los laguneros o habrá que resignarnos con la próxima crisis?
19 de agosto 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9156360
¿Cuánto se mata en México?
Muchas son las causas de muerte en nuestro país, pero en el ocaso del sexenio calderonista resalta el homicidio doloso como la multiplicación de los males. Sobra decir que entre bandas criminales o abatidos por la autoridades. Lo cierto es la huella de muerte por doquier. Pero ¿cuál es la cifra de homicidios dolosos en el país? ¿Qué sucede con los registros? ¿Qué tan confiables son?
En el último año del gobierno de Felipe Calderón, ya se habla de 60 mil muertes. ¿Pero cuántos muertos son? Ante la constante de muertes violentas, dos periódicos, Milenio y Reforma, emprendieron hace años el registro de homicidios en el país: el violentómetro, el ejecutómetro. Sin embargo, el registro se quedó corto, además de mostrar evidentes diferencias. Luego las autoridades federales presentaron una cifra mayor a la reportada por los diarios. De esa manera, el periodismo mostró sus límites ante el registro de la barbarie.
Los miles de homicidios llevaron al gobierno a presentar las cifras en el Consejo Nacional de Seguridad Pública. Luego, en un ejercicio inédito de transparencia, se presentó la “Base de datos de fallecimientos ocurridos por presunta rivalidad delincuencial”. De una manera sencilla se presentaron datos desagregados por estados y municipios entre 2006 y 2012. Sin embargo, el registro evidenció diferencias con lo declarado por el CISEN y posteriormente con los registros del propio Sistema Nacional de Seguridad Pública. ¿Con cuál fuente quedarnos?
Veamos un ejemplo. En Coahuila entre 2007 y 2010 la Base de datos reportó en Coahuila 18, 78, 179 y 384 homicidios dolosos. Para los mismos años, la fuente del Sistema Nacional registró 121, 179, 240, 407 homicidios dolosos.Como verán, ningún año de la primera fuente coincidió con la segunda. ¿Dónde quedaron los muertos?
En días recientes, Jaime López Aranda, titular del Centro de Información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, reconoció como fallida la Base de datos: “En mi opinión personal, no como funcionario, esta base fue un muy buen experimento de transparencia, pero fue un experimento fallido. O sea, creo que el Estado mexicano no debe hacer la clasificación de muertos por delincuencia organizada porque desvirtúa profundamente el proceso penal”.
Si ya desechemos la primera fuente oficial, sólo nos queda la del Sistema Nacional, que es más o menos consistente, aún y con la rasuradas que puedan darle las procuradurías estatales. Con todo eso, la cifra de homicidios dolosos ya supera los ¡105 mil! hasta junio de 2012.
Si lo vemos desde la medición de tasas por cada 100 mil habitantes, México está claramente debajo de países como Colombia, Honduras, Venezuela. Pero si observamos lo que pasa en las ciudades y regiones, el problema cobra otra dimensión. Tenemos ciudades entre las más violentas del mundo. Torreón es una de ellas.
Quizá ya nos acostumbramos a la matazón, quizá llegamos a pensar que “es normal”. Curiosamente Juárez registró en junio pasado 49 homicidios, el mes menos violento desde 2008. Torreón fue el extremo con 112. Acaso la mayor cifra de homicidios en el país durante ese mes. No escribo esto sin sentirme profundamente abrumado, sin pensar ¿dónde quedó el Estado?
17 de agosto 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9156210
En el último año del gobierno de Felipe Calderón, ya se habla de 60 mil muertes. ¿Pero cuántos muertos son? Ante la constante de muertes violentas, dos periódicos, Milenio y Reforma, emprendieron hace años el registro de homicidios en el país: el violentómetro, el ejecutómetro. Sin embargo, el registro se quedó corto, además de mostrar evidentes diferencias. Luego las autoridades federales presentaron una cifra mayor a la reportada por los diarios. De esa manera, el periodismo mostró sus límites ante el registro de la barbarie.
Los miles de homicidios llevaron al gobierno a presentar las cifras en el Consejo Nacional de Seguridad Pública. Luego, en un ejercicio inédito de transparencia, se presentó la “Base de datos de fallecimientos ocurridos por presunta rivalidad delincuencial”. De una manera sencilla se presentaron datos desagregados por estados y municipios entre 2006 y 2012. Sin embargo, el registro evidenció diferencias con lo declarado por el CISEN y posteriormente con los registros del propio Sistema Nacional de Seguridad Pública. ¿Con cuál fuente quedarnos?
Veamos un ejemplo. En Coahuila entre 2007 y 2010 la Base de datos reportó en Coahuila 18, 78, 179 y 384 homicidios dolosos. Para los mismos años, la fuente del Sistema Nacional registró 121, 179, 240, 407 homicidios dolosos.Como verán, ningún año de la primera fuente coincidió con la segunda. ¿Dónde quedaron los muertos?
En días recientes, Jaime López Aranda, titular del Centro de Información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, reconoció como fallida la Base de datos: “En mi opinión personal, no como funcionario, esta base fue un muy buen experimento de transparencia, pero fue un experimento fallido. O sea, creo que el Estado mexicano no debe hacer la clasificación de muertos por delincuencia organizada porque desvirtúa profundamente el proceso penal”.
Si ya desechemos la primera fuente oficial, sólo nos queda la del Sistema Nacional, que es más o menos consistente, aún y con la rasuradas que puedan darle las procuradurías estatales. Con todo eso, la cifra de homicidios dolosos ya supera los ¡105 mil! hasta junio de 2012.
Si lo vemos desde la medición de tasas por cada 100 mil habitantes, México está claramente debajo de países como Colombia, Honduras, Venezuela. Pero si observamos lo que pasa en las ciudades y regiones, el problema cobra otra dimensión. Tenemos ciudades entre las más violentas del mundo. Torreón es una de ellas.
Quizá ya nos acostumbramos a la matazón, quizá llegamos a pensar que “es normal”. Curiosamente Juárez registró en junio pasado 49 homicidios, el mes menos violento desde 2008. Torreón fue el extremo con 112. Acaso la mayor cifra de homicidios en el país durante ese mes. No escribo esto sin sentirme profundamente abrumado, sin pensar ¿dónde quedó el Estado?
17 de agosto 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9156210
A media tabla
Ayer en estas páginas editoriales escribió Gerardo Hernández sobre la decadencia de La Laguna y la crisis de liderazgo. Su texto no podía ser más pertinente al estado de cosas que arrastra la región. Desde hace años que reviso indicadores, estudios y todo aquél material que ayude a situar nuestra región. Debo aclarar que las constantes son decepcionantes.
Hace tiempo que vivimos estancados y a partir de ahí hemos retrocedido. Literalmente estamos de media tabla para abajo. Sé que lo que escribo parecen opiniones personales, casi como estados de ánimo. Pero es una manera más sencilla de resumir cientos de números, estadísticas, mapas, índices y docenas investigaciones sobre la región. Advierto que como historiador, es inútil añorar el viejo empuje lagunero y los valores de pasado. Ni fe, ni unión, ni esperanza, ni tampoco constancia. Hace mucho que La Laguna dejó todo eso atrás.
¿Una raya más al tigre? El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) acaba de publicar su nueva serie de análisis sobre la competitividad urbana. El índice estudia y compara a las 77 ciudades mexicanas y zonas metropolitanas más importantes del país. De acuerdo con el estudio, esas ciudades concentran al 63% de la población nacional, al 80% del talento y producen cerca del 80% del PIB nacional. Pero ya desde el título del índice, se apunta la tesis del problema: “El Municipio, una institución diseñada para el fracaso”.
Bajo un acopio sistemático de información se sitúa a las ciudades desde ámbitos como la economía, medio ambiente, sociedad, gobierno, factores de producción, infraestructura, relaciones internaciones e innovación. Las cinco ciudades más competitivas: Monterrey (a pesar de la violencia), Valle de México, San Luis Potosí, Querétaro y Saltillo. Las cinco peores: Chilpancingo, Acapulco, La Piedad, Cárdenas y Río Verde.
En el ranking, La Laguna ocupa el lugar 44 entre 77 ciudades y zonas metropolitanas. Su desarrollo en el entorno nacional es “medio bajo”. En otras palabras, estamos fregados. Hay varias claves en los indicadores que nos expresan con claridad dónde estamos estancados y porqué no avanzamos. En materia urbana, la forma en cómo crece la ciudad es en sentido contrario a las tendencias que integrar las mejores ciudades. Hemos construido una ciudad extensiva que encarece sus servicios. Hace unos días un empresario de la vivienda, autodiagnosticó la disfuncionalidad urbana: en Torreón no funciona la vivienda vertical.
Otra clave para entender el éxito o fracaso de una ciudad es lo que hace y deja de hacer un gobierno local. Cito textualmente: “Para elevar la competitividad de las ciudades del país es necesario contar con gobiernos locales profesionalizados, eficaces y estables, capaces de entregar resultados y de trabajar de manera conjunta con otros gobiernos”. Decir más sería un pleonasmo.
No pretendo abordar todos los ámbitos de análisis, pero prometo abordar en los próximos días el punto de la vivienda en la región, sobre todo en Torreón. Por lo pronto, les recomiendo comparar las ciudades donde vivimos. Vayan al sitio desarrollado por el IMCO: www.comparadondevives.org.
15 de agosto 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9156006
Hace tiempo que vivimos estancados y a partir de ahí hemos retrocedido. Literalmente estamos de media tabla para abajo. Sé que lo que escribo parecen opiniones personales, casi como estados de ánimo. Pero es una manera más sencilla de resumir cientos de números, estadísticas, mapas, índices y docenas investigaciones sobre la región. Advierto que como historiador, es inútil añorar el viejo empuje lagunero y los valores de pasado. Ni fe, ni unión, ni esperanza, ni tampoco constancia. Hace mucho que La Laguna dejó todo eso atrás.
¿Una raya más al tigre? El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) acaba de publicar su nueva serie de análisis sobre la competitividad urbana. El índice estudia y compara a las 77 ciudades mexicanas y zonas metropolitanas más importantes del país. De acuerdo con el estudio, esas ciudades concentran al 63% de la población nacional, al 80% del talento y producen cerca del 80% del PIB nacional. Pero ya desde el título del índice, se apunta la tesis del problema: “El Municipio, una institución diseñada para el fracaso”.
Bajo un acopio sistemático de información se sitúa a las ciudades desde ámbitos como la economía, medio ambiente, sociedad, gobierno, factores de producción, infraestructura, relaciones internaciones e innovación. Las cinco ciudades más competitivas: Monterrey (a pesar de la violencia), Valle de México, San Luis Potosí, Querétaro y Saltillo. Las cinco peores: Chilpancingo, Acapulco, La Piedad, Cárdenas y Río Verde.
En el ranking, La Laguna ocupa el lugar 44 entre 77 ciudades y zonas metropolitanas. Su desarrollo en el entorno nacional es “medio bajo”. En otras palabras, estamos fregados. Hay varias claves en los indicadores que nos expresan con claridad dónde estamos estancados y porqué no avanzamos. En materia urbana, la forma en cómo crece la ciudad es en sentido contrario a las tendencias que integrar las mejores ciudades. Hemos construido una ciudad extensiva que encarece sus servicios. Hace unos días un empresario de la vivienda, autodiagnosticó la disfuncionalidad urbana: en Torreón no funciona la vivienda vertical.
Otra clave para entender el éxito o fracaso de una ciudad es lo que hace y deja de hacer un gobierno local. Cito textualmente: “Para elevar la competitividad de las ciudades del país es necesario contar con gobiernos locales profesionalizados, eficaces y estables, capaces de entregar resultados y de trabajar de manera conjunta con otros gobiernos”. Decir más sería un pleonasmo.
No pretendo abordar todos los ámbitos de análisis, pero prometo abordar en los próximos días el punto de la vivienda en la región, sobre todo en Torreón. Por lo pronto, les recomiendo comparar las ciudades donde vivimos. Vayan al sitio desarrollado por el IMCO: www.comparadondevives.org.
15 de agosto 2012
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